24.6.07

Maurizio, la progresía, la izquierda... ¿Lo qué?

Bueno, es posible que Maurizio quede al frente de la Capital nomás.

Y se escuchan, no podía ser de otra manera, las voces alarmadas de la progresía nacional. Recorriendo blogs, notas y opiniones de la clase media bienpensante es imposible no encontrarse con las voces de espanto: a dónde vamos a parar, cómo es posible, qué horror monona, y dale, y dale, y dale.

Y a mí, qué quieren que les diga, ya me tienen podrido.

Quién es Maurizio ya lo sabemos. El nene de papá, el representante de los negocios privados enriquecidos a costa del sector público, el que pondrá al frente del poder político en forma directa a la clase prebendaria, inútil y parasitaria que hunde al país en la miseria, los que vaciaron históricamente al estado nacional para que todos paguemos sus deudas.

El análisis más lúcido - hasta cierto punto - lo hizo Horacio Verbitsky,
acá y acá. La descripción de Maurizio es acertada. Pero lo que ni Verbitsky ni nadie explica es qué se supone que hay que hacer frente a esto, cuál es la alternativa.

Verbitsky - y toda la progresía - se indignan tanto con quienes apoyan a Macri como con aquellos que no hacen un frente común para votar a Filmus, particularmente - cuándo no - la pobrecita izquierda política, a la que el pensamiento progroide y Verbitsky no cesan de llamar "paleoizquierda", que sencillamente no sabe qué carajo hacer luego de haber vendido todo lo vendible y renunciado a todo lo renunciable.

Unas líneas nomás acerca de lo que llamamos todavía "izquierda". A esta izquierda anémica no se la cesa de escupir, ningunear y burlar. Pero cuando la progresía necesita sus votos frente a la derecha peluda... ¡Ah! ¡Corriendo a pedirle el voto contra el cuco!

Se le critica a la izquierda no tener más programa que la crítica a la situación actual, pero simultáneamesnte ni bien la izquierda deja asomar algo parecido a un programa alternativo al capitalismo le caen encima con que "¡Eso es viejo, Marx ha muerto, todo eso ya está superado, antiguos, bu, buuu, buuuuuu!". Acto seguido la progresía completa su ciclo esquizofrénico quejándose del "pensamiento único" que ella misma ha impuesto y no cesa de imponer.

Como muestra patente, en la nota de marras podemos ver el chistecito de Daniel Paz, sepultando a la izquierda porque al parecer decir que "son todos lo mismo" está mal, que Filmus es mejor que Macri, que los extremos se tocan y que peperepepepepeeeeee.

Presas de su retroceso constante a las tres decenas de partiditos de izquierda no les quedará otra alternativa que pedir a sus bases - en voces más o menos bajitas - que voten a Filmus, aunque sabiendo perfectamente que esto las empuja cada vez más a ese espacio indefinido, vergonzante y pútrido que es la eterna rosca de los partidos burgueses de los que la gente está cada día más asqueada.

La izquierda no comprende que su problema es otro: impotente para presentar ninguna alternativa al capitalismo, habiendo bajado ya todas las banderas posibles, avergonzada de sí misma y habiéndose convertido en un espacio para que hagan carrera todo tipo de chantas, ignorantes y politicastros "alternativos", cuando amaga renunciar a su mimetismo permanente con los partidos burgueses se encuentra con que no puede, con que le es imposible hacerse ningún replanteo ideológico serio sin enfrentar los gritos destemplados de la progresía más ignorante. Y así, con el rabo entre las piernas, la izquierda vuelve a ser rueda de auxilio de la política profesional.

Lo que la militancia de izquierda que aún osa reivindicarse "marxista" no entiende es que toda renuncia que haga es y será insuficiente. No importa cuan aggiornada intente mostrarse, cuántos malabares haga en honor de Negri, Vattimo y la bosta del pensamiento débil, siempre será tildada de paleolítica, antigua y superada. Y la razón es muy simple: al renunciar a su programa la izquierda se coloca ella misma en la posición de confirmar estas críticas y de declarar su propio carácter superfluo.

Pero la presión de las bases, aún en la confusión más absoluta, no cesa. Los miles de hundidos por el sistema, los trabajadores en lucha y los que no quieren someterse a la miseria clientelar no pueden quedarse con el circo de los partidos del sistema, necesitan algo más. La izquierda - a imitación de los partidos burgueses - trata a estos sectores como una clientela electoral, recogiendo sus quejas y pidiéndoles el voto. Para ello no puede menos que denunciar la situación existente, pero como se limita a eso, como no ofrece ni un programa ni una alternativa militante contra el sistema porque lo tiene prohibido, se hunde en la contradicción permanente, se divide en innumerables oficinitas electorales y saca cuatro votos.

El diagnóstico desde la progresía es entonces terminante: "¡No se han aggiornado lo suficiente!" "¡Todavía son demasiado críticos, demasiado molestos, demasiado antiguos!". Desde los suplementos veintitresavos y paginadoceros se insiste con el "dogmatismo" y la "rigidez" de una izquierda que hace rato ya no se atreve a hablar ni de lucha de clases, ni de medios de producción, ni de socialismo en favor de las múltiples multiculturales multipelotudeces y los genéricos estudios de género.

Y fundamentalmente toda este permanente machacar contra la izquierda sirve para ocultar muchas preguntitas que se podrían hacer a la progresía guardiana del sistema. Preguntitas que nadie hace porque la progresía es chic, es linda, es simpática y moderrrrrna.

Por ejemplo: señores ¿qué es lo que nos perdemos si Filmus no gana? ¿Todo este progresismo indolente, clasemediero y pedante no tiene la menor autocrítica que hacerse? ¿No es significativo que Macri haya ganado no sólo en los barrios pudientes sino también en los barrios pobres del sur? ¿Acaso los Macris del país no han hecho negocio tras negocio durante todas las gestiones progres habidas y por haber?

¿Es que con Filmus se acabarán las villas de emergencia, las condiciones de vida precarias, las zonas de la capital sin servicios básicos esenciales, las aberraciones inmobiliarias, los pibes que duermen en la calle? ¿Se va a acabar todo eso? ¿Si? ¿Cuándo, si no es mucha molestia preguntar? ¿Cuánto más de gestión K necesitamos para un objetivo tan simple o tan complicado como acabar con la miseria estructural?

¿No es significativo que el único activo que pueda exhibir la progresía sea simplemente el miedo a que suba Macri? ¿Eso es todo lo que el pensamiento progresista puede exhibir como logro? Y si sube Filmus ¿Macri tendrá que ir a laburar como cualquier hijo de vecino? ¿Pagará impuestos acordes a su fortuna? ¿Se acabarán no ya los subsidios a la parasitaria enseñanza religiosa - que esto es mucho pedir - sino al menos su constante aumento frente al simétrico derrumbe de la educación pública?

¿Alguien puede contestar?

Porque yo creo que no.

Lo que podeos esperar con la progresía en el poder es algún vernissage intelectualoide, subsidios a programitas para "estudios de género", suplementitos culturaletos que hagan sentir a nuestra lamentable clase media bienpensante que "este es nuestro gobierno". Pero los pobres, los miserables, los que no tienen trabajo o tienen cuatro, los que se la rebuscan en los trenes y en la calle, los obreros aplastados por la patronal, esos pueden esperar de Filmus, de Telerman y de Macri lo mismo: nada.

Entonces es hora de que la izquierda empiece a reflexionar, pero no en tiempo de elecciones sino antes, mucho antes. Si la izquierda sigue en su negocio de tratar a los pobres como una clientela electoral, de seducir estúpidamente a la clase media, de utilizar miserablemente el arreglito del semáforo como vía de escape a todo debate ideológico, de ser una simulación baratísima de la política profesional, entonces no tiene nada de qué extrañarse al sacar cinco votos; al fin y al cabo el original es siempre más serio que la imitación.

Sin un programa alternativo al capitalismo que explique qué se va a hacer con los medios de producción y que exprese la voluntad de llevarlo adelante, mejor no existan muchachos.

Porque para rejuntar votos ya tenemos a los partidos del sistema.

17.6.07

La patria y los billetitos

¡Por fin podemos respirar tranquilos! ¡Aprobaron la ley antiterrorista!

Estabamos todos tan nerviosos... Es que en Argentina no se puede vivir con todo este terrorismo. Pregunte Ud. a cualquier argentino cuál es su principal problema, vamos, no es la falta de laburo, ni los precios ni la infación. No señor. Acá lo que no nos deja vivir tranquilos es el terrorismo.

Ahora, lo que es una vergüenza es este gobierno comunista y este parlamento soviético que retrasaron todo lo que pudieron la aprobación de esta ley. Oigamé, ¡una semana! ¡Una semana enterita! ¡Y después quieren negar que el zurdaje en el poder maneja todos los hilos!

Pero por suerte están los nacionalistas argentinos, los guardianes de las puras esencias de nuestra nacionalidad inmarcesible. Debemos esta ley al reclamo de esos aguerridos patriotas: el Grupo de Acción Financiera Internacional. Como todos sabemos estos son desinteresados hombres de bien que reclamaron la ley para que "Argentina sea un país más confiable para las inversiones extranjeras" ¡Ahijuna con la lobuna canejo! ¡Qué sabrán de la patria estos marxistas!

Pero por suerte los gauchos del GAFI amenazaron con declarar a la Argentina "país inseguro para las inversiones" ¿A Ud. le parece señora? Dígame si no es calamitoso que nos consideren inseguros para las inversiones. Lo que es yo, mire, es que no podía dormir, le garanto.

La ley era también reclamada por nuestros amiguitos del Gran País del Norte. El Poderoso Vigía de Occidente nos dijo: "Niños, debéis ser seguros para las inversiones internacionales", y aquí respondimos "Siseñorsí, siseñorsí", y la ley salió derechita a pesar de ese comunista de K, que como todos sabemos puso los medios de producción bajo control obrero ¡Sucio rojo!

En fin...

Los que en Argentina se llaman a sí mismos "nacionalistas" son aquellos que están dispuestos a hacer el trabajo más sucio por el bien del capital financiero internacional. Esa curiosa mezcla de retrasados mentales, chupacirios ultramontanos y lúmpenes enfermos, son los que dieron cobertura ideológica a la desaparición de 30.000 argentinos para que Joe Martinez de Hoz le pusiera bandera de remate al territorio nacional y signara nuestra definitiva decadencia. Y van a ser ellos los que - obedientes como soldaditos - saldrán a reventar a quien esta ínclita ley señale como culpables de perturbar el sacrosanto templo de los negocios internacionales en nuestro país.

Sus voceros son gente de tan límpida estampa como los hadades, los cherashnys y las diversas emanaciones de submundos como la SIDE, lugares a los que difícilmente pueda acceder ninguna persona con un mínimo sentido de la decencia, el olfato y la higiene.

Esta ley fue impulsada también por el Consejo Judío Americano, y apoyada por las dirigencias de la AMIA y la DAIA, que no representan a nadie más que a sí mismos pero que parecen el eco del Departamento de Estado yanqui. Los nacionalitos argentinos suelen ser antisemitas... pero ojo: siempre que se trate de un sastre de Villa Crespo, porque delante de Kissinger o de Wolfowitz se cuadran derechitos, derechitos.

En definitiva: los que hoy y siempre vociferaron contra la "conspiración judeo-liberal-marxista internacional" son los que mañana - y siempre - harán cumplir por la fuerza esta ley, exigida por el Departamento de Estado yanqui, el Consejo Judío Norteamericano y el Grupo de Acción Financiera Internacional. Rosas comes back!

"Nadie es la patria pero todos lo somos", decía Borges. Viendo la mugre con la que hay que amontonarse, a veces conviene trazar una rayita en el suelo y decir: "muchachos, ustedes de aquel lado por favor".

9.6.07

Flojito lo tuyo, pibe



Pese al esfuerzo, el teniente tuvo la sensación de que fue otro quien golpeó su estómago como con una gruesa barra de hierro. Durante algunos segundos su cabeza giró vertiginosamente y no recordó nada de lo que había sucedido. Los doce o quince centímetros de punta desnuda habían desaparecido completamente en su carne y el vendaje blanco, fuertemente sujeto por su puño cerrado, le presionaba directamente el estómago.

Recuperó la conciencia. Pensó que el filo debía haber atravesado las paredes del abdomen. Su respiración era dificultosa, el pecho le palpitaba violentamente y en alguna zona remota, aparentemente desligada de su persona, un dolor terrible e insoportable se alzaba en forma avasalladora como si la tierra se abriera para vomitar un cauce de rocas hirvientes. El dolor se acercó, de pronto, a una velocidad vertiginosa. El teniente se mordió el labio inferior y sofocó un lamento instintivo.

- ¿Es esto el
seppuku
? - pensó. Experimentaba una sensación de caos total, como si el cielo se hubiera desplomado sobre él y todo el universo girara como consecuencia de una enorme borrachera. Su fuerza de voluntad y su coraje, que tan fuertes se manifestaran antes de la incisión, se habían reducido ahora a una fibra de acero del grosor de un cabello. Lo asaltó la incómoda sensación de que tendría que avanzar, asido a esa fibra, con toda su desesperación.

Algo humedecía su puño y, bajando la mirada, vio que tanto su mano como el paño que envolvia la hoja estaban empapados en sangre. También su taparrabos estaba teñido de un rojo intenso. Le pareció increíble que en medio de aquella agonía las cosas visibles pudieran todavía ser vistas y las cosas existentes, existir.

(...)

La transpiración brillaba en su frente. Shinji cerró los ojos para abrirlos luego nuevamente, como quien hace un experimento. Su mirada había perdido todo brillo y los suyos parecían los ojos inocentes y vacíos de un animalito.

(...)

Usando solamente la mano derecha, el teniente comenzó a cortarse el vientre de lado a lado. Pero a medida que la hoja se enredaba en las entrañas, era rechazada hacia afuera por la blanda resistencia que encontraba allí. El teniente comprendió que sería menester usar ambas manos para mantener la punta profundamente hundida en su cuerpo. Tiró hacia un costado pero el corte no se produjo con la facilidad que había esperado. Concentró toda la energía de su cuerpo en la mano derecha y tiró nuevamente. El corte se agrandó ocho o diez centímetros.

El dolor se extendió como una campana que sonara en forma salvaje. O como mil campanas tocando al unísono con cada respiración y con cada latido, estremeciendo todo su ser.

El teniente no podía contener los gemidos. Pero la hoja ya se había abierto camino hasta lo bajo del ombligo. Al advertirlo Shinji sintió un renovado coraje.

(...)

Cuando el teniente pudo, por fin, desplazar la espada hacia el costado derecho, ésta ya cortaba superficialmente y era posible contemplar su punta desnuda resbalosa de sangre y de grasa. Atacado súbitamente por terribles vómitos, el teniente gritó roncamente. Los vómitos volvieron aún más horrendo el dolor, y el vientre, que hasta aquel momento se había mantenido firme y compacto, explotó de repente dejando que las entrañas reventaran por la herida abierta. Ignorantes del sufrimiento de su dueño, las entrañas de Shinji causaban una una impresión de salud y desagradable vitalidad que las hacía escurrirse blandamente y desparramarse sobre la estera...


Yukio Mishima escribió esto en su cuento Yukoku (Patriotismo) en 1960. Está basado sobre un incidente histórico real que ocurrió en Japón en 1936.

Diez años después de escribirlo, y luego de intentar sublevar al ejército Mishima se mataría exactamente de esta forma.

Lo sublime puede estar a un paso del ridículo, es verdad. Y es que todo lo que vale tiene riesgos. Mishima caminó al filo patinando un par de veces ¿por qué ocultarlo? Pero en el balance general sale sobrado.

Y uno se hubiera tomado un cafecito con él antes que con más de cuatro. Seguro.

Acá tienen el cuento completo.

4.6.07

Divagues sobre el arte, la propiedad y todo eso


La cosa empezó en este post de Hargentina, el blog de Tino Hargen, a propósito de unas declaraciones de Josefina Ludmer respecto de la cultura y el plagio.

Es innecesario decir que los debates del medio cultural argentino suelen tener la profundidad de un charco, no voy a aburrir a nadie con eso. Lo que me pareció interesante es el intercambio posterior.

I - El asunto

Las declaraciones de Ludmer hablan del plagio como de algo maravilloso, como un arma contra la privatización del arte:

"No comparto la idea o el mito del autor como creador y la ficción legal de un propietario de ideas y/o palabras. Creo, por el contrario, que son las corporaciones y los medios los que se benefician con estas ideas y principios. El mito del plagio ('el mal' o 'el delito' en el mundo literario) puede ser invertido: los sospechosos son precisamente los que apoyan la privatización del lenguaje. Las prácticas artísticas son sociales y las ideas no son originales sino virales: se unen con otras, cambian de forma y migran a otros territorios. La propiedad intelectual nos sustrae la memoria y somete la imaginación a la ley"

Como dice
Tino, esto tiene mucho de discursito progre de café, ese que frente al robo tiene una actitud de tolerancia o incluso apoyo vocinglero argumentando que se trata de una forma de resistencia a la sociedad capitalista.

Lo que olvidan los libertarios de utilería es el hecho de que el capitalismo se apalanca en el robo como piedra basal. Su reproducción a pequeña escala no hace más que confirmar su esencia. Es cierto que la opinión pública hace foco en el robo pequeño y no en el grande, pero justificar el robo per se es simplemente justificar en última instancia la ley del más fuerte.

Ahora, esto es verdad en tanto el objeto robado sea un bien, la pregunta es si el arte es un bien o no. O en todo caso si es un bien como cualquier otro.

II - Divagues sobre lo que el arte es

En la sociedad capitalista el arte es tratado exactamente como una mercancía. Con un nivel de subjetividad mucho más alto que el que se necesita para una aspiradora, pero mercancía al fin.

Aún así uno se atreve a decir que hacer dinero no es un hecho consustancial al arte, que el arte es expresión, y que el hecho de ganar dinero con él ya es algo que tiene que ver estrictamente con el capitalismo y no con la sensiblidad artística.

Entonces el artista se ve obligado a lidiar con dos impulsos que no tiran necesariamente para el mismo lado, el de expresarse y el de ganar dinero.

En este contexto el plagio es sin duda un robo, decirle a un artista que necesita ganarse el mango: "¡Si lo plagiaron jódase, cerdo burgués!" está fuera de lugar ya que el artista no tiene la culpa de vivir en la sociedad en la que vive. Pero lo que no hay que perder de vista es que se trata de un robo en tanto el arte es tratado como mercancía, y el arte no debería ser una mercancía.

Determinar la propiedad de una obra es una tarea más administrativa que artística. La grandeza de la obra de Oscar Wilde reside en la obra, no en que perteneciera a un señor irlandés cuyo documento rezaba "Oscar Wilde" ¿Esto significa que daría lo mismo el hecho de firmar una obra de Oscar Wilde con el nombre Jack Celliers? En nuestra sociedad no. No sólo el valor económico de una obra está en juego, también el prestigio y el renombre, la fama y otros aspectos, que igual a mí me siguen pareciendo poco relacionados con el arte en sí mismo.

Si acaso es relevante desde el punto de vista artístico conocer que El Retrato de Dorian Gray y Salomé brotaron de la misma pluma y forman parte de un todo.

Ludmer continúa con esto:

"Precisamente uno de los objetivos del plagio es restaurar la dinámica y fluidez del significado, apropiando y recombinando fragmentos de cultura. El significado de un texto deriva de sus relaciones con otros textos".

Esto vale tanto como decir que el objetivo del robo es restaurar la dinámica y fluidez de la circulación de bienes. Me encantaría ver la reacción de Ludmer si un chorro ingenioso le espetara este discursito mientras le afana el sueldo del bolsillo.

Pero Ludmer no se rinde:

"Creo que toda condena de plagio (toda condena de un escritor como 'delincuente' literario) es un acto reaccionario. Y si pienso en una política propia de los que escribimos, la consigna central sería que todo libro editado, como los periódicos, sea digitalizado y puesto en Internet cuando aparece, para que pueda ser leído y usado por cualquiera que pueda acceder libremente."

Como señala
Tino, lo que esta afirmación olvida es que quien plagia tiene el mismo objetivo original que el artista en la sociedad capitalista: ganar dinero con el fruto de su robo, con lo cual no agrega absolutamente nada de bueno.

¿Pero acaso el arte no debería circular libre de restricciones comerciales? Yo creo que sí, pero la libre circulación del arte, aunque objetivo loable en sí mismo no tiene nada que ver con el plagio. El plagio precisamente lo que hace es considerar esencialmente la propiedad del arte por sobre cualquier otra cosa.

III - Divagues sobre lo que el arte debería ser

Bah, lo que me parece a mí que debería ser.

Lo que cualquier robo pone al descubierto es el problema de la propiedad. Nuestra sociedad se basa en la propiedad privada y su representación simbólica: el dinero.

Si puedo tirar un panfleto al aire, León Trotsky hablaba de una sociedad de transición en la que "el dinero deje de elevar al cielo o hundir en el infierno", y que recupere su función de simple medio facilitador del intercambio. La frase me parece resumir de manera exacta lo que persigue una sociedad socialista: que lo material deje de ser un obstáculo, un objeto de nuestra libido y una deidad cotidiana que oscila entre la condena al infierno de la miseria y el premio de la riqueza sin límites.

En el caso del arte es muy evidente: determinar si una obra es plagio de otra, copia servil, homenaje, recreación, etc. es imposible por medios técnicos. El intento de introducir estos parámetros técnicos para establecer las similitudes (cantidad de compases iguales en una canción, formas y colores en un cuadro, etc.) es muy penoso y está más dirigido a establecer una propiedad - esto es: a satisfacer los requisitos del tratamiento mercantil del arte - que a determinar cuestiones artísticas.

En una sociedad en la que el artista no dependiera de su arte para generar ingresos el plagio no tendría sentido. Determinar si una obra es copia de otra o no sería una simple cuestión del gusto público, que podría dictaminar si la nueva obra agrega valor artístico o no respecto del original. En mi debate con Tino puse como ejemplo Pierre Ménard, autor del Quijote, de Borges como muestra de que se puede copiar punto por punto una obra y sin embargo crear otra, con lo que determinar el valor de esta última obra no es posible más que por el gusto artístico y no por meras comparaciones técnicas, porque la obra es mucho más que la obra: es ella y el contexto, que está formado entre otras cosas por su relación con otras obras.

Tino replica que eso no resuelve el problema de la identidad del autor, que una cosa es copiar en el propio nombre y otra adjudicarse la obra de otro. Yo creo que es verdad, pero también creo que en una sociedad en la que el artista no dependiera del dinero esto último sería estéril. Si según Tino incluso en una sociedad de este tipo aún existirían el prestigio y el renombre artístico, yo creo que el estilo no se puede robar, o que en todo caso sería un trabajo inmenso para obtener una recompensa muy modesta.

De hecho la identificación del artista con su obra es algo más bien occidental. En la corte de los antiguos emperadores chinos los artistas eran rentados, y si bien había artistas más reconocidos que otros ese reconocimiento era más similar al de un obrero calificado por su habilidad en una fábrica o un empleado talentoso, se desconoce el nombre de los autores en muchas obras orientales, que son más bien identificadas por su pertenencia a una dinastía determinada que por el nombre del artista, quien normalmente no firmaba sus obras por no parecerle necesario.

Borges , para volver al maestro, recordaba con su sorna habitual el intento de crear una revista literaria en la que nadie firmara ni sus obras ni sus artículos, pero lamentablemente "...nadie quiso renunciar a su nombre, sin duda eufónico y precioso...".

IV - Final con más panfletos

Creo que en definitiva el asunto del plagio revierte sobre el del robo en general. Ante un robo en pequeña escala el debate siempre se enciende en ambos sentidos: desde el costado izquierdo se tiende a justificar debido a la situación de miseria de muchos y la necesidad de socializar, y desde el derecho se condena señalando los sacrificios de quien es afanado y el respeto a su propiedad privada.

Yo creo que los dos puntos son atendibles, y los dos incompletos. Porque en tanto todo nuestro porvenir gire en torno a la posesión de bienes es imposible que el robo no exista como realización de esta ley de hierro.

En el arte es evidente que la propiedad privada es algo artificial, que una idea o una sensibilidad no son nada si no se transmiten y circulan ya que la obra se completa con la percepción: en tanto admiramos un cuadro o leemos un cuento estamos participando también en su creación. Leer es una tarea tan artística como escribir.

Ya sé que una sociedad así es para muchos utopía, sueños, gansadas. Yo diría más bien que - visto como van las cosas - es una necesidad impostergable.

27.5.07

El aborto oooootra vez!

Bueno, primero vamos a pelearnos un poco (de otra forma la cosa no tiene gracia, vamos), pero luego intentaremos una idea. Me gustaría en realidad centrarme más en la idea, pero es que algunas conductas realmente no tienen desperdicio y ejemplifican bien la voluntad de "diálogo" de ciertas gentes.

I – Nos peleamos con los "anti"

Bueno, con esto no asombro a nadie, ya sé.

El debate se armó con el pesadito tema del aborto en otro blog, uno de esos con orientación católica. De derecha. Y para colmo ibérica, una derecha que parece cualquier cosa menos europea.

Me expongo al comentario socarrón acerca de esa mala costumbre que tengo de ensayar la razón contra quienes son enemigos de toda razón. ¿Quién me manda a meterme ahí? La única respuesta que puedo dar es que no pierdo la capacidad de asombro. Todavía.

Pero estoy cerca ¿eh?

El post que me ocupa comienza con esos alaridos típicos de la derecha católica sobre el aborto: "La principal causa de muerte en Europa", sin sonrojarse, la típica foto del niñito por nacer y toda la colección de golpes bajos.

Una de las cosas curiosas que constato es el malestar que despiertan en ciertos espíritus la argumentación y el razonamiento. No se los valora. El uso de la palabra para exponer razones es algo que ven como un intento de hacer trampa y la sensación que se tiene es que simplemente desprecian toda demostración, soportan mal cualquier debate y no están interesados más que en exponer su punto a los gritos. Para ellos usar la razón es un demérito, recurrir a un medio más bien despreciable.

Por eso sus razonamientos son en general pobres, cortitos, las alusiones personales son demasiadas, el estilo es confuso, colorido, exaltado y a veces un poquito bobalicón.

Se entiende: siglos y siglos mandando a gente a la hoguera no los han preparado para argumentar, ni siquiera para entender el valor de una demostración, que como decía nuestro amigo Demócrito "vale más que el reino de los persas".

Hay excepciones, por suerte. En el debate de marras hay que decir que hubo una persona con vocación de argumentar desde la razón, un tal loreto a quien no tuve el gusto de tratar antes.

La derecha católica, especialmente en Europa, está muy interesada en fogonear esta caracterización del aborto como un "asesinato" y larvadamente incuba algo muy peligroso: el odio. Europa no es – afortunadamente – como los EEUU. Pero la derecha católica sueña con llevarla a ese estado de imbecilidad, fanatismo y degradación. Ya se escuchan los alaridos contra las clínicas que practican abortos y no faltará mucho para que estas piadosas gentes empiecen a preguntarse si no convendrá empezar a matar.

Cuidado con ellos, porque si algo no le sobra a esta gente son escrúpulos.

Dicen que les importa la vida. Cuesta creerles cuando uno ve que simultáneamente se oponen también a aquello que previene el aborto con la mayor eficacia: la anticoncepción.

Considerarla un crimen no pueden por un limitado sentido del ridículo, pero se mueren de ganas. Cualquier día nos dirán que el espermatozoide y el óvulo son dos medias personas buscando unirse y que impedirlo es un crimen. No se rían: si leen el post verán que no faltó el filósofo explicando que "la anticoncepción evita la vida".

Por supuesto: sus fieles – salvo unas escasas y respetables excepciones de gente honesta y convencida – practican la anticoncepción alegremente (como tantas otras cosas: la homosexualidad, el sexo fuera del matrimonio, etc. etc.), pero ya sabemos que si alguien está exento de las exigencias morales de la iglesia son sus propios fieles. Lo que en realidad quieren estas piadosas personas es que tanto el aborto como la anticoncepción sean privilegios, y no opciones de libre elección para cualquiera más allá de sus medios económicos.

Por supuesto, fue imposible seguir el debate porque en línea con la mejor tradición reaccionaria y con una ingenuidad casi diría conmovedora (la derecha española se caracteriza por ser muy tosca, muy burda, muy berreta) la persona dueña del blog, al ver que no había posibilidad de contraargumentar, simplemente cerró el post y se quedó con la última palabra.

No hacía falta, bastaba con pedirme que me retire.

Pero aquí puede esta persona – si tal es su deseo – expresarse con total libertad ya que a mí me atan ciertos principios entre los cuales está el que una discusión debe ser leal, y que cerrar un debate quedándose con la última palabra es más bien una trampita digna más de políticos barriobajeros que de gente con cierta altura.

¡Ah! Para el que quiera remitirse, el post de marras está
acá.

II – También nos peleamos con los "pro".

En el tema del aborto es complicado encontrarse con opiniones basadas en la razón. Pero no sólo del lado de los antiabortistas, también del lado de los abortistas, a muchos de los cuales el aporte de la ciencia o la posibilidad de que el embrión sea un ser humano los trae sin cuidado. En el último post que recuerdo respecto de este tema en mi blog la nota curiosa fue que los "anti" al menos solían recurrir al dato científico mientras los "pro" se dispersaban en vaguedades y diversas nubes gaseosas.

Uno de los comentarios más geniales fue que la decisión de si el feto era un ser humano o no correspondía a la madre porque es una "cuestión subjetiva" que le concernía sólo a ella.

A veces hay que recoger la mandíbula del suelo.

Curiosamente en el debate sobre el aborto las razones de los "pro" me convencen mucho menos que las de los "anti", por la sencilla razón de que en general parece importarles muy poco si lo que hay ahí es un ser humano o no. Generalmente se cuestiona a la iglesia o se denuncian sus fácilmente identificables hipocresías, pero resulta que eso es desviarse del asunto.

Que la iglesia condene el aborto no basta para justificarlo. Que el niño ya nacido vaya a tener una vida miserable tampoco tiene el menor sentido como argumento a favor del aborto, y hasta es peligroso porque implicaría que sólo los ricos pueden tener hijos.

Y en definitiva, entre uno que aprueba el aborto sin importarle un comino si lo que hay ahí es un ser humano o no, y otro que lo condena sinceramente convencido de que se trata de una persona, me quedo con éste último.

III – Una idea acá por favor...

Lo terrible es que el aborto es uno de los temas que más precisa de la razón. Es indispensable dejar de lado tanto los alaridos como las posturitas de moda y encuadrarlo como uno de los problemas filosóficos y éticos más difíciles e interesantes.

Como frecuentemente viene sucediendo, la opinión más certera, concisa y hasta diría elegante (buena noticia: la verdad no está reñida con la elegancia) fue la de
Severian. El meollo del asunto es la definición de "individuo humano". Los antiabortistas recurren a argumentos más bien burdos: definen al embrión como "vida humana" (la "vida humana" se encuentra en cualquier célula) y recurren a ineptas alusiones al material genético (que también está presente en cualquier célula). Por su lado, a muchos partidarios del derecho al aborto simplemente les importa un bledo si se trata de una vida humana o no mientras no se toque el sacrosanto "derecho de la mujer a decidir".

Resulta que definir "individuo humano" es muy difícil. El proceso que lleva desde un cigoto hasta un individuo es profundamente dialéctico. Es aquí donde puede verse la transformación de cantidad en calidad. Es divertido ver cómo aquellos que postulan la identidad fundamental entre cigoto y persona utilizan frases como "deviene en un ser humano", "se transforma en un ser humano", "da lugar a un ser humano" sin darse cuenta de que con estas frases inadvertidamente admiten lo evidente: que no es un ser humano (justamente por eso "deviene", "se transforma", etc.).

Según
Severian:

Estamos acostumbrados a creer que la palabra "pato" designa algo ontológicamente diferente de la alocución "no pato". Pero el mundo es mucho más complejo que eso. Un pato es un pato cuando vuela sobre la laguna, pero ¿sigue siéndolo cuando un cazador lo mete en su bolsa? ¿luego de horneado? ¿y de digerido? ¿cuando exactamente, en qué preciso instante, dejó de ser un pato?

No sé si
Severian lo sabe pero este es un análisis pura y duramente dialéctico, aunque él lo llama escuetamente "complejidad". Ocurre, me parece, que nada puede definirse sin tener en cuenta su devenir, y el devenir de algo (de cualquier cosa) implica saltos de calidad a partir de variaciones en la cantidad.

Las definiciones formales que utilizamos para cualquier cosa ("gato", "mesa", "jeringa", "mono aullador", "un kilo de azúcar") son útiles para la vida cotidiana, pero en rigor son simples aproximaciones, no las cuestionamos porque a los efectos prácticos no es necesario. Pero a veces nos enfrentamos con problemas para los que la lógica formal no alcanza.

Los antiabortistas suelen chicanear con el planteo: "Si el cigoto no es un ser humano, ¿cuál es el punto exacto en el que deviene humano?". La respuesta es que el famoso punto exacto no es determinable, entre otras cosas porque no sabemos cuáles son las características que definen a un individuo humano, tenemos que definirlas nosotros. Pero la misma pregunta puede hacerse para cualquier cosa: la mesa de madera fue antes un árbol, el jugo de naranja fue en algún momento una semilla. Todo deviene y se transforma, toda definición humana es una mera convención basada en la experiencia. Y aunque digo "mera" debería decir "nada menos", ya que eso pone en nosotros una responsabilidad.

Tranquilamente podríamos decir que la semilla es una planta, pero el hecho es que discernimos una de otra porque hemos decidido que las características diferenciales de ambas justifican tal discriminación.

Si el almacenero va a vendernos un kg de azúcar y retira un grano no vamos a inquietarnos. Si retira otro tampoco. Si retira diez tampoco. Pero si sigue retirando granos es seguro que llegará un punto en el que para nosotros ya no será un kg de azúcar ¿Cuál es ese punto? Depende ¿De qué? De nuestros parámetros, que en el caso de un kg de azúcar indican que un grano menos no establece a los efectos prácticos una diferencia significativa en la cantidad de mates a endulzar. Pero si se tratase de otro compuesto químico es posible que una ínfima variación fuera determinante.

También conviene señalar que el "proceso" es en realidad infinito: si el cigoto es una persona, entonces ¿por qué no decir lo mismo de cualquier pareja "óvulo – espermatozoide"? ¿Es el espermatozoide media persona buscando su otra mitad?

Caemos en la cuenta de que no hay una sola cosa del universo que antes no haya sido otra: la mesa de madera antes fue un árbol, el caballo que galopa en la pradera deviene comida para buitres y abono para la tierra, ese jugo de naranja alguna vez fue una semilla ¿Dónde y cuándo una cosa deja de ser lo que es para ser otra? La pregunta – planteada con insidia por más de un antiabortista respecto del cigoto (¿cuándo es que se transforma en er humano, eeeeehhhhh?) – vale en realidad para cualquier cosa que intentemos definir.

Así que como señala
Severian, somos nosotros los seres humanos quienes ponemos un criterio para definir lo que es humano. Esta libertad implica en realidad una responsabilidad. Nuestra responsabilidad. Una responsabilidad jodida si se quiere, pero necesaria.

Desde ya aclaro algo, los chistecitos ineptos del tipo "Mirá este tipo, compara una mesa o un pato con un ser humano" son precisamente eso: chistecitos ineptos que demuestran la incapacidad para establecer la identidad fundamental entre dos ejemplos. Si se cae un perro de un quinto piso las fuerzas que operan sobre él son las mismas que operan sobre un ser humano, y decir esto no establecer identidad alguna entre un perro y un contador.

Salute para todos. No se atropellen.

17.5.07

Las esculturas perdidas

En Madrid hay un parque llamado del Retiro, o del Buen Retiro (me pregunto si nuestro barrio de Retiro estará relacionado con esto), donde lo más interesante es el Palacio de Cristal, una especie de invernadero gigante muy bonito. Hay también varios monumentos, un estanque, jardines y algunas fuentes de las cuales la más llamativa es la del Angel Caído, la única del mundo – por lo que sé – dedicada nada menos que a satanás. Lo muestra precisamente cayéndose al pobre con una expresión y una postura dramática muy bien lograda.

Pero lo que más me interesó es una fuente que ni es la más grande ni la más llamativa, se trata de la Fuente de los Galápagos.

Por lo que he averiguado la fuente fue esculpida por un tal José Tomás y Genevés en el año 1832 para celebrar el nacimiento de la futura Isabel II. Del hombre no sé ni pude averiguar nada más.

La fuente está ubicada en la esquina noroeste del estanque y compuesta por una base circular sobre la que cae una cascada. En la base de la columna central hay cuatro ángeles (en realidad no estoy seguro de llamarlos así porque a pesar de que tienen alas tengo entendido que los ángeles no son muy afines al ámbito acuático) que cabalgan sobre unos peces o delfines. Aquí se los ve bastante bien:


Cuando los vi me extrañé bastante, yo ya había visto eso en otro lado.

Varios miles de km al este, en Bucarest, hay un boulevard amplio, el Lascar Catargiu que hace lo posible por ser elegante. Lamentablemente está arruinado tanto por la falta de mantenimiento como por las visualmente estruendosas pantallas de plasma con propaganda que se estilan en las fachadas antiguas. Uno de esos edificios maltrechos conserva una vieja dignidad a pesar de haber sido reconvertido en prosaicas oficinas y comercios que cubren el moho de las paredes con carteles. Y bajo unas ventanas de ese edificio pueden verse estas esculturas:

Tanto el estilo como el motivo son evidentemente iguales. Lo que no entiendo es qué hacen aquí.

Bucarest se caracterizó siempre por sus construcciones de tipo francés, incluso algunos lugares reproducen fielmente ciertos rincones de París (Bucarest fue llamada en algún momento “la París del este”, o “la pequeña París”) por la graciosa circunstancia de que las autoridades contrataron arquitectos franceses que debido a la carencia de presupuesto se limitaron a copiar más que a inventar.

Pero no tenía noticias de escultores españoles en Bucarest, o de gente que haya imitado el estilo, aunque si me apuran diré que las esculturas de Bucarest parecen mejor acabadas y más originales.

Es bastante misterioso y por otra parte interesante reflexionar acerca de los destinos que aguardan a las obras de arte. Las esculturas de la Fuente de los Galápagos son muy conocidas y fáciles de encontrar en cualquier folleto turístico, pero las de Bucarest – que no son menores – están condenadas a un melancólico anonimato y a una silenciosa ruina.

Es imposible no sentir simpatía por esas esculturas perdidas en el este. Con un poco de vanidad podría resaltar el hecho de que las varias fotos que tomé en Bucarest de estas dos esculturas fueron hechas antes de tener la menor noticia de la fuente de Madrid, y felicitarme así por vaya a saberse qué olfato estético.

Pero prefiero pensar que se trató más bien de una pequeña premonición, de alguna fuerza ajena que me hizo alzar la cabeza, presentir vagamente que ahí había algo para rescatar del olvido y aprender que la belleza se esconde en cualquier sombra.

Buenas tardes.

8.5.07

Caramelitos europeos

I - La France sans Gelatina Royal.

¡Ganó Sarkozy! ¡Qué macana! Habría sido tan linda una victoria del Partido (ejem) Socialista, habrían cambiado tantas cosas... Porque digamos la verdad: tener desempleo, exclusión, racismo institucional y total falta de perspectivas mientras los dueños de la torta hacen negocios sería muy diferente teniendo en el gobierno a una mujer dulce y maternal como Ségolène Royal que arrulle a los marginados con la melodiosa monserga progresoide. Los vernissages culturetos y los discursitos acerca de los "valores" de la "izquierda" serían ignorados en los banlieues pero devorados golosamente por la clase media de un oscuro país latinoamericano llamado Palermo Soho.

Además... ¡una mujer! Ya sabemos que una mujer en el poder cambia todo porque tiene otro carisma, capacidad para la relación interpersonal y una visión humana que permite llenar toneladas de papel satinado progrefeminista, porque nosotras, nosotras sí que sabemos lo que es ser una mujer! Eehhhmmm... claro. Se entiende ¿no? Gracias Margaret, gracias Condolezza, gracias Isabelita.

En cambio ganó Sarko (pronúnciese "Sagkó", alargando un poquito la "o"), y claro, no, no es lo mismo. Porque no habrá discursitos ni vernissages ni puñeta. Los dueños de la torta harán negocios y se mantendrá la exclusión, el racismo y la falta de trabajo mientras en el poder habrá un Guasón de sonrisa desencajada y pupilas saltonas que no tiene mucho de francés (oscuros orígenes judeo-centroeuropeos... en fin, nadie es perfecto) si exceptuamos ese cinismo rampante que los parisinos cultivan con delectación. Sarko impondrá mano dura, autoridad, rectitud, basta de joda y a laburar. Claro que laburo no habrá, pero eso es lo de menos, lo importante es enterrar ese nefasto Mayo del '68 que tanto mal nos ha hecho. El resto no importa, Sarko dirá je m'en fous (me importa un carajo, en criollo) y probablemente contrate a Ruckauf como asesor si la cosa se pone demasiado espesa.

Ahora viene el debate en la izquierda, ya se oyen las voces: ¡es que la izquierda es demasiado izquierdista! ¡Pero claro señor! ¡Siguen con esa cosa del estado de bienestar, tan anticuada! ¡Si hasta insisten con el seguro de desempleo! ¿Cuándo van a dejar estos rojos rabiosos la ideología marxista? Basta. No se puede tolerar que hoy, en la era de la revolución informática, el iPod y el Big Mac de soja un partido se llame a sí mismo "socialista". Hay que acercarse más al centro, y si es posible al microcentro, a la city, ahí está lo moderno.

Ojo, Ségolène lo intentó, pobre. Se había declarado admiradora de Tony Blair, que sería la tercera vía entre el capitalismo a secas y el capitalismo social de mercado, o sea: el cuarto carril entre el capitalismo sociocultural de género, el capitalismo neoliberal tecno y el capitalismo popular con un poquito de capitalismo compasivo pero rayándole la puerta al capitalismo salvaje, pasando justo justo por el costadito del centro. Uf. Es que correrse a la derecha está cada vez más difícil porque el bondi va muy lleno, con decir que al final la pobre Ségolène intentó incluso ponerse un poquito fascistona, agitar la banderita, la identidad nacional y modular un francés impecable, pero nadie le creyó, claro.

Bueno, no importa. Al menos no ganó Le Pen, eso sí que sería terrible. Le Pen es espantoso porque propone exactamente lo mismo que todos los otros, pero a los gritos.

II - La España de las esencias y la caspa.

En Pamplona hay un arzobispo, Fernando Sebastián parece que se llama; muy inteligente el hombre, que acaba de postular una tesis interesante: dijo que el voto de los católicos debería estar cohesionado ya que "La dispersión y la falta de unidad hace que los políticos no nos tengan en cuenta y no acepten nuestros puntos de vista". Muy bien.

¿Hacia dónde debe dirigirse ese apoyo? Bueno, sabemos todos que la iglesia es una bolsa de gatos en la que cabe cualquier cosa peeeeeero atenti: mientras se tire para el lado de Roma, nada de hacerse los locos.

La jerarquía católica suele ser por eso más bien ambigua, feminoide, resbaladiza... pero sabe tirar las puñaladas cuando hace falta. Y el arzobispo de Pamplona tiró la suya y se mandó ultraderechito: afirmó que "...hoy en España hay algunos partidos que quieren ser fieles a la doctrina social de la iglesia en su totalidad, como Comunión Tradicionalista Católica, Alternativa Española, Tercio Católico de Acción Política y Falange Española de las JONS", y pidió el voto nomás para ellos.

Por si hace falta aclararlo: se trata de partiditos de ultraderecha, reivindicadores de Franco, el hacha, la espada y los dorados tiempos del garrote vil. Estos serían los fieles intérpretes del pensamiento católico traducido a la política.

Gracias Fernandito, ya lo sabíamos.

Por mucho menos que esto a Leonardo Boff le pegaron una soberana patada en el tujes, y eso que los pobres católicos progres o meramente conscientes han hecho todos los gestos de sumisión posibles. Pero ya se sabe que los principios hay que dejarlos en casita y pedir explicaciones es un ejercicio más bien olvidado.

Para mayor abundamiento, Fernandito instó a los católicos a no votar opciones que "...amenazan el derecho a la vida de los seres humanos desde su concepción hasta la muerte natural, alteran esencialmente la concepción del matrimonio..." y bla bla bla.

No dijo nada acerca de pertenecer a organizaciones que toleran, protegen y encubren el
abuso sexual infantil. No soy un experto en la doctrina social de la iglesia católica, pero quizás en este punto la doctrina de marras sea un poco más flexible y practique una saludable tolerancia.

En fin... que las cosas se están poniendo cada vez más pesadas. Mientras a la izquierda nos la pasamos discutiendo cómo ser más modernitos, más livianitos, más tragables y correctitos a la derecha los muchachos tienen un saludable desprejuicio y no temen lanzarse con el cuchillo entre los dientes.

Yo creo que sería mejor esperarlos con calma, y hasta con cortesía. Pero sin moverse del sitio.

3.5.07

El fantasmal "postfordismo"

Bueno, seguimos tirando munición. Como siempre, se trata de pavadas que escribe mi amigo en El Combatiente nro. 24 (todavía no lo subieron pero ya está a la venta). Una revista chic, no como esas grasadas de D' Mode.

Allá vamos.

I – Presentación del "postfordismo"

El término de referencia suena con insistencia entre los teóricos de la izquierda posmoderna, esa que insiste en "superar" a Marx. El término viene generalmente asociado con otros conceptos como "producción inmaterial", "fin del paradigma en el trabajo", "sociedad postindustrial" y otro montón de "fin" y "post" que parecen querer convencernos de que algo se ha acabado.

Lo problemático es que ni bien uno se acerca a analizar qué es lo que se ha acabado, y qué es lo que ha empezado, estos teóricos de la izquierda (y la derecha) no pueden precisar exactamente de qué se trata. Primero intentaremos unas definiciones y luego recurriremos nuevamente a estos esclarecidos intelectuales para analizar los términos que nos proponen y qué significan.

II - Definiciones

El término "postfordismo" refiere obviamente al "fordismo". Así que entonces ¿qué es el fordismo? Se hace referencia con esta palabra al modelo que impuso Henry Ford en las líneas de producción de sus fábricas automotores. Henry Ford no fue probablemente el inventor de este método, pero sí fue su exponente más claro. El modo de producción fordista se aplicó a una gran cantidad de bienes de uso de origen industrial: automotores, lavadoras, televisores, etc.

El modelo fordista de producción tuvo su comienzo en los años '30 y se indica su crisis en los '70. Trazado en sus líneas generales puede resumirse así: transformación del esquema industrial a partir de la especialización en maquinaria y en mano de obra, lo que conduce a una alta especialización técnica, instauración de cadenas de montaje y producción en serie a bajo costo. Esta reducción de costos y optimización del tiempo / ejecución permitió la producción masiva de bienes con alto valor agregado a bajo precio, posibilitando una estrategia de expansión de mercado que los hizo llegar a (y alentó la formación de) una clase media relativamente próspera.

Ahora bien, esta reducción de costos, al contrario que en el taylorismo, se logra no mediante la hiperexplotación del trabajador, sino que apuesta a vender masivamente a bajo costo en un mercado con cierto poder adquisitivo. Como es fácil comprender, cualquier modo de producción está indisolublemente vinculado con el mercado al que se dirige, para que tenga éxito debe estar adaptado a dicho mercado. Y el mercado a su vez está vinculado a la política que lleva adelante el estado burgués.

III - Origen y razón de ser del "fordismo"

Entonces ¿qué política fue esta? ¿Se había vuelto el estado burgués humanista? ¿El capitalismo que explotaba el trabajo infantil hacía no muchas décadas había comprendido al fin lo inmoral de semejante práctica? ¿Por alguna razón cambió de idea?

El modo de producción fordista exige expansión de mercado, pero no puede producirla por sí mismo, es necesario articular una política de estado, y esta política tiene un origen. Si observamos el nacimiento y desarrollo de el modo de producción fordista, vemos que tuvo lugar al mismo tiempo que se imponían en el capitalismo las ideas de John Maynard Keynes, precursor de la intervención activa del estado en el mercado capitalista como regulador a través de numerosas medidas como la expansión del crédito, la creación de industrias estatales y entes de regulación, etc. Esto generaba una amplia redistribución de los beneficios y la consiguiente financiación a la capacidad de consumo de los asalariados. Esta política fue conocida como welfare state o "estado de bienestar" y Keynes fue su teórico más lúcido.

Estas ideas no cayeron del cielo ni fueron aplicadas por capricho. El crack económico-financiero del año '30 y la conversión de la URSS en un poderoso estado obrero industrial (salido prácticamente de la nada) llevaron al la gran burguesía a un verdadero terror frente a los conflictos de clase.

Keynes no hizo otra cosa que tomar algunos aspectos de la economía planificada para amortiguar el impacto de conflictos masivos que hubieran puesto en jaque al capitalismo en un momento crítico. El welfare state no fue nunca una graciosa concesión que la burguesía haya hecho de buen grado a los trabajadores debido a su talante humanista sino un producto de la lucha de clases internacional en un momento de debilidad de la burguesía frente al ascenso del socialismo real, que incluso con todas las taras de la burocracia stalinista mostraba a las claras que podía transformar en un tiempo histórico prácticamente nulo un estado precapitalista feudal en una potencia industrial.

IV - Origen y razón de ser del "postfordismo"

El keynesianismo fue una concesión de la gran burguesía frente al ascenso de las luchas de la clase trabajadora, y el fordismo su modo de producción asociado. Desaparecida la causa, desaparece el efecto: este ascenso no desembocó en una toma del poder por parte de la clase obrera; por el contrario, la clase trabajadora inició – precisamente en los '70 – un repliegue a escala mundial.

Una causa no menor de este descenso hay que buscarla en la política vacilante – cuando no traidora – de la burocracia stalinista frente a las luchas internacionales del proletariado, la constante iniciativa de pactar con el capitalismo la "coexistencia pacífica" (recordar la crisis de los misiles en Cuba, la traición del PC boliviano al Che, el abandono de Patrick Lumumba frente a los imperialistas belgas y yanquis en el Congo, la traición a la clase obrera que significó el compromesso istorico del PC italiano, y la vergüenza criminal del PC argentino – a instancias de la política exterior de la URSS – frente a Videla) provocaron que pasada la crisis y la II Guerra la gran burguesía internacional recuperara la iniciativa.

Y esta iniciativa tomó un impulso salvaje con la caída del socialismo real. Es natural que – desaparecido el peligro del bloque comunista – la burguesía se lance nuevamente a acabar con toda conquista obrera: extensión de la jornada laboral, abolición de conquistas históricas, precarización, desocupación masiva, etc.

En otras palabras: el estado actual de cosas es fruto de la lucha de clases que se inclina desfavorablemente respecto de la clase trabajadora a escala mundial. Este y no otro es el origen del famoso "cambio de paradigma".

V - Los "intelectuales" nos explican todo... al revés

Pero la principal característica de los teóricos de la "nueva izquierda" (y derecha) es la rendición ante los hechos consumados. Este cuadro de situación es pintado por ellos no como un producto de la lucha de clases (y por lo tanto reversible en sus términos) sino como algo caído del cielo, o en el mejor de los casos atribuible a causas inevitables. Ya que el marxismo ha sido "superado" escuchemos a quienes han logrado esta hazaña y analicemos sus argumentos, a ver si aprendemos algo.

V.1 - Post... ¿qué?

Pero antes es importante aclarar un aspecto importante, que por sí solo pone en cuestión toda la perorata sobre el "postfordismo": el fordismo, como fenómeno asociado a la política keynesiana, fue un fenómeno circunscripto a los países desarrollados. Contando con mercados en los que introducir bienes con valor agregado a cambio de commodities (materias primas a bajo costo provistas por el tercer mundo), la gran burguesía de los países centrales se aseguraba y se asegura aún hoy la colocación de sus excedentes de producción. Esto permite el empleo de gran cantidad de trabajadores especializados en industrias cuyo marco de competencia es relativamente reducido: las burguesías del tercer mundo no pudieron implementar ni estuvieron nunca interesadas en el modo de producción fordista más que en ciertos aspectos muy limitados, ya que la Argentina – por poner un ejemplo – no exportó nunca masivamente bienes de origen industrial a EEUU.

Por esto el impacto del modo de producción fordista en los países de la periferia fue mucho menos pronunciado o inexistente. Hablar entonces de "postfordismo" en EEUU. es entendible, en Argentina el término ya es mucho menos aplicable, y en Bolivia es una broma casi divertida.

Sin embargo hay gente con ganas de divertirse. Escuchemos a Paolo Virno, filósofo italiano de profusa imaginación, la suficiente como para ser calificado de "intelectual", etiqueta que le permite afirmar cualquier disparate con toda seriedad. Ante la lógica pregunta:

"Si la clave de la época es el paso del fordismo al postfordismo, ¿qué sucede en países como Argentina, donde el fordismo fue precario; donde hoy, más que el trabajo comunicativo, el rasgo dominante es un pavoroso nivel de desempleo?"

La respuesta de Virno es:

"Si bien cada caso es particular, mi impresión es que allí donde el fordismo fue precario, se da un pasaje al postfordismo sin el precedente fordista." (1)

Muy claro: se acabó el fordismo... que nunca existió. Es dudoso que a un estudiante le permitan contestar de esta forma en un examen, pero ¿desde cuándo un "intelectual" se rebaja a la lógica? Si en el primer mundo pasamos del trabajo seguro al trabajo precario, aquí pasamos del trabajo precario al trabajo más precario. Muy sencillo, vamos.

V.2 – La "producción inmaterial"...

Otro fetiche es el "impacto de las nuevas tecnologías" y la "producción inmaterial". Sobre esto se han levantado edificios teóricos enteros que se podrían resumir así: la producción de software y la intervención del conocimiento en los procesos productivos habría modificado la necesidad de mano de obra, lo cual se reflejaría en el fin del modelo fordista de producción standardizada.

En primer lugar hay que puntualizar que las herramientas informáticas tienen una aplicación mucho más inmediata a la administración, precisamente porque optimizan el procesamiento de información; su empleo en la producción directa es con creces más complejo y limitado, los costos y la necesidad de control en la manufactura industrial hacen que la robótica en las líneas de montaje sea lo suficientemente acotada como para desmentir los delirios del "fin de la industria".

Pero no hace falta discutir el impacto de la informática en la producción, simplemente se puede formular esta otra pregunta: ¿acaso la línea de montaje fordista no fue en su momento una innovación tecnológica de enorme magnitud, perfectamente comparable a la revolución informática?

Si las famosas nuevas tecnologías sirvieron en su momento para expandir el mercado y mejorar aunque sea relativa y limitadamente la calidad de vida de la clase trabajadora ¿por qué razón hoy sirven para lo contrario? ¿Ayer la tecnología permitió el bienestar y hoy trae la miseria? La respuesta es simple: la tecnología de producción no tiene absolutamente nada que ver con la distribución del ingreso, dicha distribución es el resultado de una puja entre las clases en conflicto. Lo fue ayer, y lo sigue siendo hoy.

Sin embargo se insiste machaconamente con el fetiche: André Gorz, "filósofo social" austro-francés, publicó en 1967 un libro que previsiblemente se llamaba Socialismo y revolución. El mismo autor en 1985, no menos previsiblemente publicó otro libro llamado Adiós a la Clase Obrera. Y hoy – este señor es muy previsible – afirma que

"...vamos seguramente hacia la empresa sin salarios permanentes (porque) ¿Qué producen y venden los grandes y pequeños Bill Gates? Productos intangibles cuyo costo es imposible de evaluar y cuyo precio depende del monopolio que logren asegurarse durante un tiempo dado." (2)

Cualquier capitalista sonreiría ante esta afirmación. El costo de una mercadería intangible es tan fácil (o difícil) de evaluar como el de una tangible, podemos apostar sin temor a que Bill Gates conoce perfectamente y de memoria sus costos de producción. En cuanto al precio de una mercadería tangible ¿de qué depende? Casualmente: del "monopolio que el capitalista logre asegurarse durante un tiempo dado".

Como se ve, las reglas de mercado son iguales para bienes tangibles e intangibles desde hace mucho tiempo, pero al parecer la "intangibilidad" sirve para justificar cualquier cosa.

Por último Paolo Virno vuelve, superándose a sí mismo:

"El hecho decisivo fue el fin de la fábrica fordista y su línea de montaje, y el advenimiento del intelecto, la percepción, la comunicación lingüística como principales recursos productivos." (3)

Es decir que las heladeras, los lavarropas y los automotores ya no se hacen con líneas de montaje sino con... intelecto y comunicación lingüística. Preguntas de simple sentido común: ¿no hay ya líneas de montaje en las fábricas? ¿El intelecto no tenía ninguna participación en la "fábrica fordista"? ¿No existían la planificación, el marketing ni el diseño en las décadas del '40, '50, '60? Lo de la "comunicación lingüística" es asombroso, uno pensaría que las fábricas en décadas pasadas funcionaban con obreros, capataces y empleados mudos.

V.3 - ...y las "nuevas clases"

Toni Negri, viejo conocido, nos explica que este impacto ha creado "nuevas clases" que han desplazado a la clase obrera:

"Decimos que la clase obrera no es ya el motor fundamental porque forma parte de un conjunto de fuerzas productivas igualmente explotadas, a veces aún más todavía. (...) Se encuentran en el trabajo inmaterial ligadas a la revolución informática. Son gente que trabaja en los servicios y produce mercancías intelectuales e inmateriales." (4)

Que un programador o un trabajador de servicios sea "más explotado" que un obrero industrial es por lo menos discutible. Pero Negri simplemente interpreta un espejismo. El trabajo intelectual existió siempre como parte de la producción.

El avance de la tecnología combinado con la pérdida de posiciones de los trabajadores en la lucha de clases lleva a que la burguesía cuente con herramientas formidables para aumentar sus beneficios, incluso a costa de la pequeño burguesía. Parte del espejismo se explica porque las tareas intelectuales vinculadas a la planificación, la administración, la producción y el marketing eran antes tan existentes como ahora, la diferencia es que antes se trataba de profesiones liberales que expertos de origen pequeño burgués desarrollaban del lado del capital, mientras que hoy en día esos mismos profesionales se cuentan como asalariados, o pseudo profesionales, (facturando como "independientes" cuando en realidad trabajan a tiempo completo para una sola empresa).

Esto es lo que lleva a muchos intelectuales a afirmar que "la producción se ha convertido en inmaterial". Es un simple error de percepción: el trabajo intelectual necesario para esta producción existe hoy igual que ayer, sólo que los trabajadores intelectuales también han perdido posiciones frente a los dueños del capital, asemejándose más a un asalariado corriente. Muchos analistas de sistemas, o de marketing, programadores o consultores funcionales hoy están no muy por encima de un trabajador administrativo. Esto no cambia el carácter de la producción, simplemente hay un reposicionamiento más desventajoso de sus actores.

V.4 - ¡Fin del trabajo!

Pero siempre se puede ir más lejos. Al cerrar los ojos ante la lucha de clases como fundamento del cambio en la relación de fuerzas sociales, los teóricos de la impotencia tienen que describir las transformaciones que ven como tendencias caídas del cielo y por lo tanto inmodificables cuyo rumbo es imposible de torcer. Así que nos auguran que el trabajo ya no es necesario, que evolucionamos hacia una sociedad en la que la tecnología ha suprimido a la mano de obra y nos proponen... lamentarnos.

Por ejemplo, oigamos a Jean-Paul Maréchal, maestro de conferencias e investigador en ciencias económicas de la Universidad de Rennes:

"Los problemas económicos a los que nos enfrentamos no son los de una crisis. Corresponden más bien a los efectos negativos de una mutación que se está realizando cuyo recurso principal es la revolución informática." (5)

El norteamericano Jeremy Rifkin, economista y asesor de varios gobiernos europeos y del suyo propio titula uno de sus libros sin sutilezas: El Fin del Trabajo, en el que afirma redondamente que los robots reemplazarán a las personas y que

"Estamos ante el fin de la clase obrera y del trabajo mismo." (6)

Leamos a Jürgen Habermas, teórico burgués "de izquierda" de escaso rigor pero de fuertes apoyos editoriales. Según él, el paradigma marxista de la producción (el hombre actúa sobre el medio que lo rodea para satisfacer sus necesidades) está acabado:

"El trabajo ya no es una categoría de explicación dominante en nuestra sociedad (porque asistimos al) final históricamente previsible de la sociedad basada en el trabajo." (7)

Hay muchos autores más para nombrar (Claus Offe, Dominique Méda) pero todos discurren de la misma manera, citándose unos a otros y repitiéndose con términos más o menos pedantes. No hay necesidad de aburrir al lector.

VI – Efectos de la prédica

El problema no es tan grave en Europa. Dado que la burguesía tiene en los estados imperialistas una política de relativa redistribución de ingresos (ya que es mucho más sensible a la inestabilidad que causa la lucha de clases en los países centrales que en la periferia) lo que se discute allí es el acortamiento de la jornada laboral para paliar el desempleo (si bien dicha discusión tiene un impacto casi nulo en lo concreto), habida cuenta del formidable aumento tanto de la productividad como de la desocupación. En Francia, por ejemplo, el aumento de la productividad de 1974 a 1998 fue de un 60%, mientras el total de horas trabajadas cayó un 12% (8).

El problema más grave lo constituyen quienes repiten estos disparates en Latinoamérica. La desgracia del "intelectual" colonizado es que reproduce acríticamente un discurso venido de Europa, con lo que deja de hacer lo mínimo que se le puede pedir a un intelectual: pensar.

Si el lector es un obrero o un empleado podría ensayar el siguiente experimento: presentarse ante su patrón y anunciarle que pretende cobrar el mismo sueldo a cambio de trabajar menos, o no trabajar en absoluto ya que unos señores importantes han publicado un montón de libros afirmando que nuestra sociedad ya no está basada en el trabajo. El autor de la presente nota no se hace responsable de los resultados, antes bien sugiere dirigir reclamos al Sr. Habermas, al Sr. Rifkin, o a cualquiera de sus repetidores locales.

Mientras un montón de ilustres pensadores nos dicen que el trabajo se ha acabado y que su papel como generador de valor está en decadencia las jornadas laborales se extienden a 10, 12 o hasta 14 horas, se reducen las vacaciones y se pierden los sábados y aún los domingos.

Un marxista explicaría que esta situación se debe simplemente a que la derrota de la clase obrera ha posibilitado a la burguesía el forzar a un trabajador a hacer el trabajo de tres por el mismo salario. El trabajo necesario no se ha reducido, simplemente se ha reducido la mano de obra, y se reducirá todo lo posible con el objeto – totalmente sensato dentro del capitalismo – de maximizar las ganancias como sea: con tecnología, con hiperexplotación o con trabajo esclavo, como se hace en las factorías que fabrican en Indonesia o la India las zapatillas de marca que se usan en los barrios pudientes. Pero ya sabemos que el marxismo ha sido "superado".

VII – Conclusión y perspectivas

Pensar en términos de lucha de clases es desagradable, es mejor ignorar los conflictos y mirar para otro lado buscando explicaciones mágicas y fatalistas. Ese es el secreto de la "superación" del marxismo. Cabe preguntarse por qué extraña razón a Marx hay que matarlo tantas veces si con una debería bastar. Seguiremos escuchando a decenas de gurúes emitiendo certificados de defunción una y otra vez de aquello que sigue estando vivo y presente.

David Leon

Notas:

1) Entrevista diario Clarín Entre la desobediencia y el éxodo, Paolo Virno, 19/01/2002.
2) Entrevista Le Monde, André Gorz , 06/01/1997.
3) Ídem 1).
4) Entrevista L’Humanité, A. Negri, M. Hardt, 23/01/2005.
5) Revista ESPRIT, artículo, Jean-Paul Maréchal, 08-09/1995.
6) El Fin del Trabajo, Jeremy Rifkin, Editorial Paidos 1996 p. 23.
7) El Discurso Filosófico de la Modernidad, Jürgen Habermas, Editorial Taurus 1989 p.104. También Autonomy and Solidarity, Interviews with Jürgen Habermas, Peter Dews, Paperback 1992 pp. 140 ss.
8) Fuente: Insitut National de la Statistique et des Études Économiques, Francia.

19.4.07

Antonio Negri, John Holloway o Teoría y Praxis de la Impotencia

Bueno acá va una notita que leí por ahí. La escribió un amigo mío así que no creo que se enoje por el plagio (además ya se la copiaron en un par de sitios...), je.

I – Breve panorama de la resistencia al capitalismo

La influencia de propuestas nefastas en los movimientos de resistencia al capitalismo es hoy uno de los problemas principales con los que se enfrentan. Los rasgos más característicos que se pueden enumerar son:

1) Cuestionamiento y dudas respecto del papel de la lucha de clases.

2) Desconfianza hacia el surgimiento de cualquier dirección.

3) Elogio y exploración del espontaneísmo, la fragmentación y la falta de centralización tanto organizativa como estratégica y aún táctica.

4) Como extensión de lo anterior: desconfianza hacia la idea misma de una ideología, una agenda o un plan de acción determinado.

5) Tendencia a evitar todo enfrentamiento directo con el poder, intentos de "separarse" del modo de producción capitalista mediante "alternativas paralelas", y como consecuencia: cuestionamiento del concepto mismo de "poder", que desemboca en la aceptación más o menos consciente de convivencia con el poder establecido.

6) Aún más allá, y afectando ya áreas que se alejan del pensamiento marxista propiamente dicho: cuestionamiento de la razón humana en sí misma, dudas acerca de su capacidad para hacer concebible la realidad y actuar sobre ella, rechazo de toda certeza como imposible y/o peligrosa, etc.


Es muy útil observar la curiosa coincidencia en la dirección involutiva que forman todos estos puntos. Todos ellos están en mayor o menor medida presentes en el pensamiento que podríamos llamar "altermundialista" y es difícil que se formule uno de ellos sin caer en el resto. La razón es que todos tienen un origen común, que podemos cifrar en dos hechos:

a) La caída del socialismo real en los países del este como consecuencia de la nefasta política de la burocracia stalinista.

b) La derrota de los movimientos revolucionarios en el Tercer Mundo durante los ’70.

En alguna medida esta confusión e inseguridad es entendible en las masas, en los trabajadores no conscientes, en la pequeño burguesía y en el pueblo en general, ya que toda derrota trae su reflujo y su lógica necesidad de recomposición.

Mucho menos entendible es en personas que se autodenominan intelectuales marxistas. El intelectual revolucionario debería justamente señalar la confusión y el retroceso como lo que son: problemas. Sólo así se los puede tomar como punto de partida para una reformulación o desarrollo crítico.

Pero el sistema alienta a "intelectuales" que se limitan a reformular en términos teóricos la impotencia y la confusión para legitimarlas. Estas personas – no importa cómo se autodenominen – trabajan así objetivamente de forma consciente o inconsciente para el poder.

Es también muy interesante constatar que toda esta producción teórica es presentada como "alternativa", "heterodoxa" y supuestamente superadora del marxismo "oficial", "ortodoxo", "dominante" y por supuesto "obsoleto". Pero mientras este "nuevo marxismo" o nuevo pensamiento de izquierda se presenta como "lo alternativo" la realidad es que de alternativo tiene muy poco: sus libros, artículos y opiniones tienen una difusión ensordecedora, es imposible no topárselos en cualquier revista, programa o librería. Los medios masivos los publicitan desaforadamente y cualquier crítica a sus postulados es tachada inmediatamente de sectaria o pasada de moda. El marxismo ortodoxo en cambio no tiene el menor espacio.

Así que analicemos a dos destacados exponentes de esta brillante superación del pensamiento marxista y veamos qué nos pueden aportar:

II - Antonio Negri

Es uno de los más conocidos teóricos europeos. Dice ser marxista, lo cual – visto cuánto se ha manoseado a Marx a lo largo de la historia – no debería alentar la inmediata aprobación de nadie.

Es difícil desentrañar teóricamente a Negri, no porque sus planteos sean complejos sino sencillamente porque son vagos, imprecisos y tienen tantas lagunas que uno se pregunta si ha leído bien. De esa vaguedad e imprecisión es difícil separar conclusiones teóricas de meras afirmaciones banales, tópicos y clichés repetidos que pueden clasificarse fácilmente entre los seis puntos anteriormente mencionados.

Veamos una de sus tesis: la decadencia del estado-nación, que es la que daría origen a su "nuevo sujeto histórico", la "Multitud", que vendría a reemplazar al proletariado.

"Estados Unidos no constituye - y en realidad ningún Estado-nación puede hoy constituir - el centro de un proyecto imperialista. El imperialismo ha terminado. Ninguna nación será líder mundial como lo fueron las naciones europeas modernas" (1)

Nótese en principio la alegre autonomía de este postulado respecto de la realidad: en estos momentos EEUU lleva a cabo un feroz unilateralismo belicista mundial que ha abolido lo poco que quedaba incluso de las apariencias de un derecho internacional, sostiene dos guerras imperialistas al mismo tiempo (Irak y Afganistán), amenaza con nuevas y alberga – junto con Europa – al 75% de las grandes corporaciones multinacionales que tienen allí sus centros de operaciones. Es imposible no ver la vinculación de los estados imperialistas con la OMC, las Rondas Comerciales Doha, el Banco Mundial y el FMI, organismos a través de los cuales ejercen su política.

Un marxista diría que el estado es un instrumento de la gran burguesía, adaptado a los intereses de esta y sujeto a sus contradicciones. Pero Negri – frente a quien todo parece difuminarse – ha descubierto que las clases también están desvaneciéndose misteriosamente:

"El potencial comunista de la multitud es infinitamente superior a la del proletariado" (2).

Cabe preguntarse qué cosa es el "potencial comunista" y por qué es mayor en la "multitud" que en el proletariado. Obsérvese – recordando los puntos citados arriba – la tendencia a la vaguedad, la imprecisión y la impunidad para dejar de lado cualquier pregunta lógica: ¿Cómo se resuelven los intereses de clase dentro de la propia "multitud"? ¿En virtud de qué interés material actúa la multitud si no es un interés de clase? El concepto mismo de "multitud" por oposición a "proletariado" no puede tener otro objeto que negar la importancia de éste como clase y negar el interés de clase como fuerza motora de la acción política. ¿Qué queda de Marx luego de esto?

Por otra parte esto no tiene nada de nuevo más que en su terminología: la célebre "multitud" negriana cumple la misma función que el "pueblo" en las distintas ideologías populistas tomado como sujeto histórico exclusivo para subsumir al proletariado en las masas, negándole su papel dirigente. Incluso el concepto "multitud" representa un retroceso en este sentido. Negri, como tantos intelectualoides posmodernos, presenta una visión vulgar, desecha el análisis y borra diferencias. Esto se conoce hoy día como análisis "superador", quizás porque entiende superada la necesidad de analizar nada.

En cuanto a la organización política de la "multitud" Negri aboga por la horizontalidad reticular, la microrred, el rizoma y otras seductoras definiciones copiadas del posmodernismo europeo:

"Este modelo democrático es lo que Deleuze y Guattari llamaron un rizoma, una estructura en red no jerárquica y sin un centro". (3)

Podemos proponer subir la apuesta: ya que se trata de horizontalidad y de acabar con todo centro jerárquico formemos grupos lo más reducidos que sea posible: una persona. Actuar cada uno por su cuenta, ejemplo perfecto del respeto por la "singularidad" y la organización horizontal / reticular / microrrizomática, sin odiosas imposiciones ideológicas ni centralismos autoritarios. Cada uno en su casa haciendo lo que quiere y le gusta ¿qué puede ser más democrático que esto?

Pero Negri ni siquiera pretende que esta multitud luche contra la gran burguesía. Fiel a la praxis que ya había propuesto al proletariado italiano en los ’60, Negri – junto a todo el posmodernismo teórico – quiere que la oposición al capitalismo se centre en una multitud de pequeñas resistencias, microrredes, horizontalidades reticulares y demás nombres que hoy recibe la impotencia. Disfrútese de esta joya:

"En la posmodernidad, (...) La resistencia se da como difusión de comportamientos resistentes singulares. Si se acumula, lo hace extensivamente, en la circulación, en la movilidad, en la fuga, en el éxodo, en la deserción multitudes que resisten difusamente, escapan de los grilletes cada vez más estrechos de la miseria y del comando. No hay necesidad de toma de conciencia colectiva: el sentido de la rebelión es endémico, atraviesa toda conciencia y la hace rebelde. (...) Así la rebelión no se puntualiza ni se uniforma, pero corre en el espacio del común y se difunde como omnilateralidad incontenible de los comportamientos de las singularidades. Así se define la resistencia de la multitud." (4)

Asombroso: la resistencia al poder se da a través de... ¡la fuga, el éxodo y la deserción! Este es el efecto más perverso de la prédica en la izquierda posmoderna: hacer de la necesidad virtud. Estas "multitudes que resisten difusamente" son evidentemente las víctimas del capitalismo incapaces de organizarse y unirse, aisladas, sin programa, sin herramientas, huyendo como pueden del desastre. Esto es lo que Negri presenta como una cosa excelente ya que la "multitud" es así una suma de "singularidades", en criollo: gente aislada o como mucho en grupitos chiquitos. Para más hundimiento: "no hay necesidad de toma de conciencia colectiva".

Uno no puede menos que coincidir: es verdad, para la fuga y el éxodo no hace falta ninguna toma de conciencia. Basta con vestir la catástrofe de términos seductoramente pedantes como "omnilateralidad" cuyo significado – nuevamente en criollo – es claro: corremos todos para cualquier lado.

¿El gran capital? Preocupadísimo.

III - John Holloway

Es aún menos serio, si cabe. Tiene la innegable virtud de ir aún más lejos que Negri y tomar valientemente el toro por las astas. Desde el título de su libro Holloway nos espeta: Cambiar el Mundo sin Tomar el Poder. Nada de medias tintas, declaración de principios desde el vamos.

Pero antes de que nadie invierta su tiempo leyéndose las más de 300 páginas de su libro en busca del "cómo", Holloway y la crítica laudatoria nos advierten que el suyo no es un libro de recetas – ¿qué es eso de andar buscando respuestas? – así que en la anteúltima página del libro el autor se pregunta "¿cómo cambiamos el mundo sin tomar el poder?" para responderse: "no lo sabemos". Y más adelante: "ya no sabemos que significa revolución (...) hemos perdido toda certeza" (5).

Poco queda sino agradecer al maestro.

Nuevamente aquí podemos ver en toda su claridad esta perversa forma de "fomentar el debate": se comienza postulando una tesis, pero en cuanto alguien pregunta por qué y cómo (que se supone eso es debatir) la respuesta es un despreocupado: "no lo sabemos", "las certezas son peligrosas", "buscamos incitar a la reflexión más que dar recetas". Bien, Holloway y cía, si las certezas son peligrosas entonces ¿por qué mejor no se abstiene Ud. de afirmar las suyas?

En el fondo este libérrimo libertarismo esconde un autoritarismo profundo, ya que postula alegremente cualquier tesis sin necesidad de fundamentarla y al mismo tiempo refuta severamente cualquier punto de vista opuesto acusándolo de no querer el debate. Precisamente queremos debatir, así que si se nos va a sugerir un curso de acción nos encantaría entender el por qué. Si la respuesta es un simple encogimiento de hombros entonces por favor, deje paso a quienes sí tienen una idea.

Holloway niega al estado: "Un mundo digno no se puede crear por medio del estado" (6). Demás está decir que esta negación radical – que parece muy revolucionaria – es otro grosero emborronamiento histórico. Sin duda para Holloway el estado feudal, el estado democrático burgués y el estado obrero son más o menos lo mismo. Un poder revolucionario y un poder reaccionario no se diferencian en nada, por lo que Idi Amin, Kirchner, Fidel Castro o Luis XVI no merecen que se los diferencie. Aquí los modos de producción no cuentan, y por lo tanto tampoco las clases. Pero eso sí: Holloway se declara un "marxista autónomo", lo que sea que eso quiera decir.

Holloway, como Negri, intenta también obviar la importancia de la clase obrera en el desarrollo histórico, al menos el actual, recurriendo al caballito de batalla de su "declive numérico", su menor peso social o la aparición de nuevas formas de "producción inmaterial". Este repetido argumento es un viejo conocido pero perfectamente refutable. Baste decir que ni el trabajo inmaterial es nuevo en el capitalismo, ni puede obviarse que el declive del proletariado en ciertas industrias de producción directa está compensado con el crecimiento en los sectores relacionados con la circulación de mercancías, la proletarización de numerosos trabajadores en sectores de servicios o la aparición de proletariados en otras áreas del mundo, como el sudeste asiático. Cualquiera que mire a su alrededor y se pregunte cuáles de los bienes que lo rodean no han sido hecho por la intervención directa de un trabajador puede contestarse fácilmente la pregunta sobre el famoso "peso social".

En cuanto a las estrategias de lucha, no deja de ser más de lo mismo, a tal punto que es tentador preguntarse qué tan necesarios son Holloway, Negri, Zizek, Hardt, si basta que uno hable para escucharlos a todos. Como muestra gratis Holloway nos recomienda una experiencia que todos conocemos en Argentina: el Club del Trueque:

"¿Cómo conectar estos proyectos alternativos, entre sí y con la sociedad en general? Si se hace a través del mercado, terminan dominados por el mercado. No se puede hacer a través de la introducción de una planificación central porque esto supone estructuras que no existen y que no pueden existir en este momento. La articulación se tiene que hacer desde abajo, de forma experimental. En Argentina actualmente, el movimiento de trueque en sus mejores manifestaciones es un intento de desarrollar otras formas de articulación entre productores y consumidores (prosumidores), pero todavía está en sus inicios." (7).

Atención: ni el mercado ni la planificación centralizada; obsérvese en cambio lo preciso y científico de la definición "desde abajo", la referencia al chanta reaccionario Alvin Toffler (inventor de los "prosumidores"), y la cauta aclaración de que la experiencia "aún está en sus inicios".

No está demás una breve reseña de esta brillante experiencia. Empecemos por describir lo que es: el Club del Trueque no es más que un mercado capitalista precario dentro de un mercado capitalista subdesarrollado, imagine el lector las perspectivas. No hacen falta muchas luces para entender que este sub-mercado heredará todas las miserias del principal, y hasta es posible que ninguna de sus ventajas.

Y así ha sido efectivamente: los créditos o moneda circulante del trueque no tardaron en generar inflación, falsificación, estafas y avivadas varias. El Club del Trueque murió aproximadamente al año mismo de nacer, pero Holloway no pudo enterarse claro, porque para ese entonces estaba dando entrevistas en Italia. Hizo bien sin embargo en aclarar que la cosa "está en sus inicios" como para cubrirse de las posibles críticas de los marxistas obsoletos que no nos dejan soñar tranquilos.

Es desolador ver como el inicio se parece tanto al fin.

IV - Conclusiones

El movimiento "altermundista" no llegará absolutamente a ningún sitio mientras no se plantee las desagradables verdades que la presión de los sectores pequeñoburgueses le impone ignorar: no hay espacio para fantasías, ni para imprecisiones pedantes disfrazadas de teorías para fomentar la autocomplacencia. La fuerza del legado de Marx ha impulsado siempre a multitud de chantas ansiosos por "superarlo", por "ir más allá" y por ejercer interminablemente una erudita ignorancia en su nombre.

Desenmascararlos es urgente, necesario y algunas veces hasta podría llegar a ser divertido, si no hubiera problemas tan graves de por medio.

David León

Bibliografía:

1) Imperio, Antonio Negri, Michael Hardt, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2002 pág. 15.

2) Entrevista L’Humanité, A. Negri, M. Hardt, 23/01/2005.

3) Imperio, Antonio Negri, Michael Hardt, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2002 pág. 278.

4) Kairos, Alma Venus, Multitudo: nove lezioni impartite a me stesso, Antonio Negri, Manifesto Libri, Roma, 2000. pág. 91-92.

5) Cambiar el Mundo sin Tomar el Poder, John Holloway, Revista Herramienta, Buenos Aires, y Universidad Autónoma de Puebla, México, Octubre de 2002 2da. Edición, pág 308.

6) Contrapoder. Una Introducción - Doce tesis sobre el anti-poder, John Holloway, Editorial De mano en mano, Bs. As. 2001, pág. 73 además de numerosas entrevistas.

7) Entrevista de Vittorio Sergi - Semanario Carta, John Holloway, 04/03/2002.

10.4.07

Otra víctima de la represión

La frase es un lugar común, ya sé, pero que se haya convertido en un lugar común es lo... ¿cómo decirlo? ligeramente inquietante.

Menos mal que tenemos un gobierno progresista y de izquierda y peperepepé. Si llegamos a tener un gobierno reaccionario no me quiero imaginar: condecoraciones al cana asesino, se decreta día de fiesta... no sé.

Es muy gracioso, si cabe el término, ver al presidente hablar de Neuquén como si fuera otra república. La esquizofrenia argentina es maravillosa, como lo único "de izquierda" permitido es el discursito, persisten las estructuras económicas ergo persiste la defensa de los intereses, ergo persiste el conflicto, ergo persiste la represión. Pero hay un discursito instalado, eso es lo bueno.

Y esta esquizofrenia lleva a compartimentar todo de una manera genial, el presidente es el presidente del discursito y lo demás lo manejan otros: la policía es incontrolable, cosa del gobernador, el ministro, el intendente, vaya uno a saber. Que alguien muera durante la represión es criticado por el presidente como si no tuviera la menor responsabilidad. Parece que matar a alguien o no no es una cuestión de estado sino más bien materia de política provincial, problemitas locales. Las leyes de tránsito son más homogéneas a nivel nacional que las políticas de represión.

Si un policía torturador puede permanecer en su puesto y matar a un manifestante por la espalda entonces cabe preguntarse qué clase de gobierno se tiene y qué es lo que se vota en las elecciones.

Y si la vida es tan importante y la violencia es lo que nos inquieta entonces ¿no cabría empezar a debatir qué tan útiles son las armas en manos de la policía? Me interesaría muchísimo saber cuántas muertes ha evitado en los últimos - digamos - veinte años y cuántas ha provocado. Como para hacer un balance de costo-beneficio. Porque a tenor de las declaraciones que hay que oír parece que la vida humana vale menos que la circulación de automotores.

Eso sí: por favor, que no vuelva la violencia ¿eh? La violencia es mala, muy mala, menos mal que vivimos en paz, aunque los que ya fueron asesinados no estén ya para disfrutarla.