Un par de posts más abajo divagábamos sobre el origen de la riqueza y caímos inadvertidamente en la teoria del valor-trabajo de Marx.
Si alguna conclusión podemos sacar creo que es esta: es indudable que la sociedad humana está construída sobre el trabajo humano, y que sin él la formidable transformación que supone la interacción del hombre con la naturaleza no sería posible: la interacción del hombre con la naturaleza es trabajo.
Recordemos, la teoría del valor-trabajo de Marx dice que:
Si se prescinde de la propiedades naturales –del valor de uso de las mercancías– sólo les queda una cualidad: la de ser productos del trabajo.
(...)
Resultantes de un gasto de fuerza humana en general, muestras del mismo trabajo indistinto, las mercancías revelan que en su producción se ha gastado una fuerza de trabajo. De otro modo: que en ellas se ha acumulado trabajo. Las mercancias son valores en tanto que son materialización de ese trabajo, sin analizar su forma. Lo que se observa de común en la relación de cambio o en el valor de cambio de las mercancias es su valor.
Este planteo recibió un montón de objeciones. Y es entendible ¿Es el trabajo la única medida de valor? ¿No es una proposición un poco rígida? ¿No hay excepciones?
En primer lugar me importa señalar que a un servidor la ortodoxia le importa nada, lo que me parece la premisa de todo pensamiento racional. Objetar no sólo es interesante sino que es indispensable ya que es la única forma de probar el valor de la regla. Presento entonces las objeciones más serias:
I – El tiempo de trabajo socialmente necesario.
Si el tiempo de trabajo es lo que hace valiosa a una mercancía, entonces ¿a más tiempo más valor? Esto sería bastante pavitonto, ya lo señaló Luk@s. Marx habla del trabajo socialmente necesario. Las personas y las empresas no trabajan todas de la misma manera, ni con la misma eficiencia. El tiempo de trabajo socialmente necesario es el promedio del tiempo que emplean los productores de la mercancía X en el mercado. Si alguien inventa un método para producir la mercancía X en menos tiempo (supongamos: dos unidades en el tiempo que se tardaba en fabricar una) entonces el promedio de ese tiempo (el tiempo de trabajo socialmente necesario) disminuye porque aumenta la productividad.
Aunque gracias a un aumento de la productividad se produzcan en el mismo tiempo dos vestidos en vez de uno, cada vestido seguirá teniendo la misma utilidad que antes de duplicarse la producción, pero con los dos vestidos se pueden vestir dos personas en vez de una; así pues hay un aumento de la riqueza material (el subrayado es mío). Sin embargo, el valor del conjunto de objetos útiles sigue siendo el mismo: dos vestidos hechos en el mismo tiempo que antes en hacer uno, no valen más de lo que precedentemente uno sólo
¡Y tiene razón! Precisamente por esto hay un aumento de la riqueza material. El valor de los artículos ha disminuído por unidad porque ha disminuído el trabajo necesario para hacerlos.
- Pero si los vendo al mismo precio que antes... ¿no gano más guita?
Sí, pero ojo, porque el precio no es el valor, sino otra cosa que ya vamos a ver más adelante...
II – Los Beatles
El amigo Dolmancé planteó una objeción interesante: la fortuna de un artista que gana guita con los derechos de autor ¿no es una anomalía de acuerdo a esta teoría? El tiempo de trabajo socialmente necesario que lleva hacer una canción ¿cuál es?
Una de las objeciones a la teoría del valor-trabajo es que calcular el famoso tiempo socialmente necesario para producir una mercancía “es imposible”. Si es posible o imposible calcularlo con precisión me parece irrelevante, basta probar que existe. Y en el caso de un producto artístico como una canción es perfectamente posible establacer comparaciones, aunque parezca algo mucho más etéreo e inasible que una silla.
En primer lugar hay que tener en cuenta que cuando compramos un CD no estamos comprando el producto del trabajo del artista. El artista suministra una materia prima –la canción– para elaborar un producto –el CD–. Los artistas actúan como proveedores de materia prima a las discográficas, materia prima con la cual se elabora un producto que consiste en la canción grabada en un soporte físico que se reproduce y distribuye en forma masiva. Todo este trabajo de grabación y distribución lleva... adivinen qué: trabajo.
La materia prima que suministra el artista es una materia prima bastante particular. Si hablamos de cemento, un proveedor de cemento debe crear esta materia prima cada vez que la constructora quiere hacer un nuevo edificio; pero una canción basta ejecutarla una vez para que su grabación y distribución se puedan hacer en forma indefinida gracias a la industria de la música, no es necesario que el artista la cante de nuevo. Como el artista sabe esto se asegura que al vender su materia prima a la discográfica quede establecido en el contrato que recibirá una parte de las ganancias resultantes de cada copia que se haga en lo sucesivo aunque él no mueva más un dedo. Pero estas ganancias provienen de un trabajo de grabación y distribución que debe hacerse para obtenerlas.
Sin embargo la producción de la canción exige un trabajo de parte del artista también. Y aquí lo que importa desde el punto de vista de la discográfica es que sea vendible, no importa la calidad artística (que además es un terreno bastante resbaladizo). Los artistas se presentan a las distribuidoras como mercaderes que ofrecen sus canciones como materia prima. Algunos artistas hacen muchas canciones muy vendibles en poco tiempo (o sea, son fabricantes de hits), otros sólo pegan un hit cada tanto, o acaso uno sólo en toda su carrera (¿alguien conoce alguna canción memorable de Mr Mister que no sea Broken Wings?). O sea que si el tiempo socialmente necesario para producir una canción vendible es acaso vertiginosamente difícil de calcular, es perfectamente concebible el hecho de que hay grupos más productivos en términos de canciones vendibles que otros, y que existe por lo tanto un promedio.
III – Lomo vs. bofe.
Esta es otra objeción que presentó Aníbal: cortar un kilo de lomo cuesta el mismo trabajo que cortar un kilo de bofe, sin embargo no tienen el mismo precio en el mercado ¿No contradice esto la ley del valor-trabajo?
En términos marxianos el lomo y el bofe tienen el mismo valor porque el trabajo socialmente necesario para producirlos es el mismo. Lo que no tienen es el mismo precio ¿Por qué? Karlitos también lo explica:
Supongamos que un saco de trigo se produce en un tiempo de trabajo valorado en cinco pesos. Por el momento dejemos de lado cómo se valoran las mercancías –entre ellas el trabajo– en dinero, y consideremos los términos “dinero” y “oro” como equivalentes. El subrayado es mío:
Aunque las condiciones de producción no varíen siendo necesario el mismo tiempo de trabajo, si se presentan circunstancias que permiten estimar el saco de trigo en siete pesos u obligan a bajarlo a dos pesos, en este caso siete pesos y dos pesos son expresiones que aumentan o disminuyen el valor del saco de trigo, y sin embargo son sus precios, porque expresan la relación de cambio del trigo y la moneda.
(...)
En el precio, es decir, en el nombre monetario de las mercancías, su equivalencia con el oro no es aún un hecho consumado (...) Para producir en la práctica el efecto de un valor de cambio, la mercancía debe dejar de ser oro simplemente imaginado y convertirse en oro real y tangible. Para darle un precio basta con declararla igual a una cantidad de oro puramente imaginaria; pero hay que sustituirla con oro efectivo para que preste a su poseedor el servicio de procurarle las cosas que necesita mediante el cambio.
La forma precio sólo revela que las mercancías son alienables y en qué condiciones su poseedor quiere enajenarlas. Los precios son como miradas amorosas que las merancías dirigen al dinero. Para que éste se deje atraer por las mercancias, es preciso que su valor útil esté reconocido.
Es decir que el precio es la condición que el vendedor establece para intercambiar la mercancía en el mercado, pero que esa condición sea aceptada dependerá de la voluntad del comprador. Ahora bien, en atención a su valor de uso, es decir: de la utilidad que la mercancía presta al ser humano, el poseedor de la misma puede fijar un precio superior al de otra mercancía cuyo valor –desde el punto de vista del trabajo necesario para producirla– es el mismo. Sin embargo esto no contradice la teoría del valor-trabajo. El precio puede variar por muchas razones, y no necesariamente estará en relación estricta con el valor-trabajo.
Sin embargo hay dos cosas evidentes: 1) sin el trabajo ni el bofe ni el lomo llegarían a convertirse en mercancías, y 2) si el precio de la mercancía está por debajo del trabajo necesario para producirla, entonces se produce una pérdida de valor.
En una economía ideal (es decir: dirigida a satisfacer las necesidades de todos los seres humanos por igual) el trabajo se dirigiría a producir sólo aquellas mercancias que la humanidad demandara en las proporciones de esa demanda. Ejemplo: si el 70% de la población prefiriera el lomo, entonces se cortaría más lomo, y menos bofe. O posiblemente no se cortaría más bofe porque a nadie le interesaría, o su valor de uso sería para alimentar animales, etc. En una sociedad ridículamente dividida en “clases” (como si hubiera “clases” de seres humanos) la explotación hace que mucha gente se resigne a comer peor con lo que el valor de uso de muchas mercancías está en realidad distorsionado.
IV – La calificación del trabajo
Otra objeción interesante es que el tiempo de trabajo de un albañil no vale lo mismo que el de un arquitecto, así que el tiempo de trabajo contenido en las mercancías que producen uno y otro podrá ser el mismo, pero no su valor.
Esto es verdad, pero parte de una visión un poco acotada, ya que supone al albañil y al arquitecto como salidos al mismo tiempo de un huevo. Lo cierto es que el trabajo humano tiene que ser visto desde una perspectiva total: el trabajo es en sí mismo una mercancía, una mercancía especial pero una mercancía al fin.
Capacitar a un albañil es relativamente sencillo. Los conocimientos que se necesitan para preparar una mezcla y colocar ladrillos son fáciles de transmitir (aunque ojo: levantar una pared decente tampoco es una pavada). Es decir que la formación de un albañil... demanda poco tiempo de trabajo. Aprender y enseñar a hacer un trabajo es también un trabajo... ¡El trabajo que forma la mercancía trabajo! Formar un arquitecto en cambio demanda mucho más. Develar las leyes físicas, determinar la durablidad y resistencia de los materiales, documentar ese conocimiento y enseñarlo de forma sistemática en universidades implican una acumulación de trabajo muy superior. El arquitecto al hacer su trabajo está poniendo en práctica un conocimiento cuya adquisición demandó... más trabajo. Por eso su trabajo-mercancía es más caro.
V – Objeciones bienvenidas
Como ya dije, todo este debate no implica una defensa de la pureza ideológica, ni una necesidad obsesiva de defender a Marx. Al contrario: las objeciones (las de buena fe al menos) ponen de relieve aspectos interesantes del trabajo y permiten abarcarlo en toda su dimensión, que a veces se nos escapa; entre otras cosas porque existe un interés muy fuerte en hacer al trabajo irrelevante, y si es posible invisible. El poder siempre se ha presentado ante nosotros como legitimado por las fuerzas del cielo que nos trascienden y ante las cuales nada podemos hacer, así que está muy interesado en hacernos olvidar que sin nuestro trabajo no existiría.
En tiempos durante los cuales parece que el dinero y el poder son el resultado de la magia de unos vivos, conviene recordar que todo lo que no se consigue con el propio trabajo es porque se arrebató al trabajo de otro; y que este mercadeo de humo, ingeniería financiera, pases de mano y transacciones especulativas no es más que una máscara para esconder lo que se arranca a millones de personas por la fuerza.
26.6.09
Objeciones a la teoría del valor-trabajo
6.6.09
Melancolía tecnológica
En Euterpe escribí un post sobre unos estonios que hacen jazz. Y el amigo Peste dejó, refiriéndose al sitio web desde donde se ofrece la discografía, este comentario:
...vean que el sitio esta hosteado en la Politecnica de Tallinn, y da muestras de haber sido abandonado hace a#os. Donde el responsable se vaya, el material desaparece de un dia para otro...
Aunque vivimos la prehistoria de Internet el crecimiento vertiginoso que ha tenido hace que ya existan sus lugares abandonados, sus páginas que ya nadie visita, sus barriadas llenas de escombros. Ya podemos hacer arqueología, tropezar con lugares extraños y preguntarnos qué cultura extinguida y fugaz representaban... Me pregunto yo qué ocurrirá con un blog una vez que su autor no exista más, y me magino a un montón de gente dejando comentarios para alguien que ya no podrá leerlos, o conversando entre sí sin que el autor pueda ya intervenir, como si se hubieran metido en la casa abandonada del difunto y aprovecharan para charlar un rato, o hacer una fiesta.
Para estudiar hechos históricos solemos tropezar con el problema de la falta de datos: unas runas desdibujadas, una piedra trunca con dudosos caracteres cuneiformes. En el futuro ocurrirá lo contrario: el problema será no la falta de datos sino su infernal abundancia, la imposibilidad de ordenarlos y jerarquizarlos; si hoy ya no cuesta mucho encontrar sitios web de cuyos autores nos cuesta entender lo que quieren decir. Imaginemos a sufridos investigadores futuros intentando reconstruir este presente con las toneladas sin peso de lo virtual. Podemos proyectar ya la búqueda de lo vintage, de incunables, ¿de obras de arte? ¿Por qué no? ¿Por qué no podrían salir de Internet los clásicos de mañana? No lo impide nada.
Lo curioso es el hecho de que cuanto más veloz es el desarrollo de cualquier cosa, más rápido envejece, así que la melancolía aparece allí donde uno menos lo esperaría: recuerdo algo tan viejo como una TK85 cuyo tamaño era igual al de un notebook actual de 160 Gb de disco, pero que tenía una memoria de 16 K. Recuerdo entrañables softwares como el Beta Basic para la Spectrum, que ampliaba el poder del Basic hasta hacerlo una sofisticadísima herramienta con la que podía, por ejemplo, dibujar un círculo y llenarlo de color, fah! Y todo esto ha envejecido hasta la conmovedora ineptitud en muy pocos años, históricamente nada.
Estas reflexiones acaso no tienen más que el dudoso valor de la melancolía, pero me parece que no se habla mucho de una asociación algo curiosa como esta. Lo veloz no es más que una estela de múltiples lentitudes.
27.5.09
¿Por qué las clases?
Dediqué algunos posts a hablar de la trampa identitaria, esto es: al apoderamiento que las diferentes burguesías practican respecto de las identidades culturales de los pueblos, para usarlas en beneficio de su agenda política.
Y una pregunta frecuente de parte de no marxistas (o antimarxistas) es: "¿OK, pero acaso la clase no es una identidad tan artificial como la nacionalidad o la religión? ¿Por qué una sí y las otras no? Yo me siento más argentino (o católico, o esquimal) que perteneciente a una clase social".
Establezcamos primero una premisa: toda ideología política debería ser fruto de un ejercicio de reflexión, y no una elección similar a la de un club de fútbol. El que escribe es marxista simplemente porque entiende es lo más lógico y justo, no por simpatías familiares o historias personales. Las identidades nacionales culturales o religiosas pueden y suelen ser heredadas, pero las políticas deberían hacer entrar en juego el juicio crítico. Así que lo que intento no es evangelizar ni establecer un dogma, que eso es aburridísimo, sino ejercer nuestro derecho al pensamiento.
I - ¿Por qué?
¿Por qué identidades no y clases sí? La pregunta es buena porque plantea un problema importante: averiguar el origen real de los conflictos, establecer sus orígenes es el primer paso para entenderlos. Se comprende que haya intereses muy poderosos que busquen enmascararlos frente a la opinión pública. Un viejo axioma dice que la primera víctima de toda guerra es la verdad.
Si esta buena pregunta no está bien respondida, una buena porción de responsabilidad la tiene la izquierda política, que si algo no sabe hacer es explicar sus ideas al común de la gente. Una de las características del militante de izquierda poco formado es engolosinarse con términos ejerciendo el placer infantil de quien maneja una jerga profesional que otros ignoran. He visto a militantes competir ridículamente entre sí para ver no quien es capaz de explicar a Marx en un lenguaje llano sino quién es capaz de hacerlo más incomprensible. La realidad ya es suficientemente compleja como para que le agreguemos jerga sin entenderla nosotros mismos.
Y no digo que yo logre explicarlo mejor, pero al menos que sea por torpeza, porque no me da la mollera; y no por la voluntad gansa de parecer inteligente a fuerza de ser abstruso.
II - El poder
Propongo ponernos de acuerdo en un primer punto: en el mundo hay diferencias respecto del poder. En otras palabras: hay muy poderosos, gente que lo es menos y gente que no lo es en absoluto, esto me parece muy fácil de constatar. Ahora bien ¿el poder de dónde surge? Yo creo que si menciono el dinero no nos resultará muy difícil ponernos de acuerdo en que es un factor importante: más guita en el bolsillo es algo a lo que en principio nadie dice que no.
¿Qué es el dinero? Diría que no pretendamos ahora mismo hilar demasiado fino en esta definición y nos contentemos con lo que nos dice el sentido común: el dinero es una representación simbólica de los diversos bienes tangibles o intangibles que se pueden adquirir en el mercado (olvidemos por el momento las fluctuaciones de su valor, de sus diversas denominaciones, etc.) Consideremos iguales el hecho de poseer dinero o poseer bienes intercambiables por dinero.
Alguien mencionará también el poder militar, ya que ¿cómo se asegura la propiedad de los bienes? El arma en la mano es un elemento fuertemente disuasorio. Esto es cierto, pero no es menos cierto que –contrariando esos discursos sabihondos que hablan de la "naturaleza humana"– lo cierto es que el ser humano no es más estúpido que cualquier animal, el conflicto directo es el último recurso. Antes de recurrir a la violencia el ser humano procura agotar todas las vías posibles. Si se tiene una perspectiva de desarrollo personal razonable y digna (hogar, trabajo, educación, etc.) cualquiera prefiere una existencia tranquila antes que el azaroso camino que supone tomar las armas. Lo único que hace al ser humano recurrir a la violencia es... procurarse bienes, o sea: dinero. Cuando Pompeyo se retira al sur de Roma para reagrupar sus legiones contra Cayo Julio César, confía en derrotarlo porque tiene consigo a la mayor parte de las divisiones... hasta que pierde el tesoro que había confiado a sus mejores hombres. Sin dinero, Pompeyo se da cuenta de que las legiones no lo siguen a él sino porque confían en que tiene dinero para pagarles. Sin paga... que se mate otro, macho.
Por eso una sociedad con fuertes desigualdades es por definición una sociedad violenta.
III - Bien, Jack, pero todavía no dijo una palabra sobre "burguesía", "proletariado" o "medios de producción", ¿no?
Es verdad, por el momento me contento con llegar hasta aquí.
Ahora ¿de dónde sale el dinero? ¿De la maquinita? Ciertamente no. Yo podría ponerme a acuñar millones de monedas con la firma "Jack Celliers" y con eso no lograría pagarme ni un tinto chico.
A diario leemos y oímos hablar de millones de dólares, euros y rupias como de cosas que tienen el poder mágico de comprar bienes, servicios y voluntades. Ahora imaginemos que estamos en una isla desierta y que no hay dinero, ni bienes, ni nada ¿Qué deberíamos hacer para subsistir? Obviamente trabajar. Construir refugios, herramientas, sembrar, cosechar, armar cigarros, etc. Eventualmente intercambiaremos esos bienes por otros que necesitamos y así surgiría el mercado. El dinero en sí mismo no es nada sino un medio de facilitar el intercambio en el mercado.
Creo que podemos entonces acordar en un nuevo punto: la fuente del valor, lo que hace que algo sea valioso es el trabajo. Incluso para obtener la fruta del árbol hace falta agregar el trabajo de subirse al árbol y cortarla. O sea que la base de toda la riqueza humana no es otra cosa que el trabajo humano. Todo lo que nos rodea: la cama sobre la que nos acostamos, la silla sobre la que nos sentamos, la computadora con la que nos conectamos a Internet, Internet, etc. es fruto del trabajo de alguien, y lo hemos adquirido intercambiándolo por nuestro propio trabajo. Incluso si queremos apropiarnos de algo sin trabajar tendríamos que robarlo... y robar es también un trabajo, consideraciones éticas aparte.
Hete aquí que cuando gracias al intercambio en el mercado un individuo logra acumular una cierta cantidad de bienes (o su equivalente en dinero), es capaz de adquirir el trabajo de otra persona. El trabajo se transforma él mismo en mercancía.
O sea que la fuente de todo poder es en realidad el trabajo humano. Trabajo que puede venderse, comprarse... y acumularse en la forma de su representación simbólica: el dinero. Toda esa guita de la que oímos hablar a diario no es más que el fruto del trabajo de millones de personas, ya sea trabajo realizado o trabajo que se realizará: ninguna inversión funcionaría si no se tuviera la certeza de que habrá gente dispuesta a trabajar para darle sentido. Si todo el mundo dejara de trabajar la economía simplemente dejaría de funcionar y el dinero se convertiría en algo tan útil como las monedas "Jack Celliers".
Las famosas clases sociales se estructuran alrededor de esta premisa: quiénes tienen la capacidad de comprar trabajo y quiénes tienen sólo la capacidad de vender su propia fuerza de trabajo. Las identidades culturales, religiosas o nacionales no otorgan al individuo un poder real; no se puede vivir de ser argentino, o de ser judío, o de tener la piel amarilla. Todo ser humano está sujeto a la lógica del trabajo sin importar si es chino o finlandés, si cree que el mundo fue creado en siete días o lo sostiene una tortuga gigante. Sin trabajo humano no hay valor, y por lo tanto no hay poder. Cada uno de nosotros experimenta esta lógica cada día de su vida; es su elección estar o no de acuerdo con ella, pero no es su elección escapar a ella, simplemente no se puede. Incluso si nos vamos a vivir a una cueva apartada o a una isla desierta tendremos que trabajar para subsistir de una u otra forma.
IV – Aquí es cuando viene Karlitos
El "dogma" marxista parte de la observación de este fenómeno. Los dogmas religiosos hablan de diversas realidades imaginarias, las identidades nacionales aluden –como decía Borges– a queridos recuerdos y a símbolos comunes; pero la cultura de cualquier pueblo (que ni siquiera está delimitada por las fronteras nacionales) se desarrolla sin escapar jamás de lo que es ni más ni menos que un hecho: la subsistencia humana depende del trabajo. No hay dios, ni patria, ni raza, ni cultura que no cambie, se desarrolle y eventualmente desaparezca. Pero la realidad del trabajo humano permanece y permanecerá inmutable en tanto el ser humano no logre eso que Diógenes señaló con tanta agudeza: ¡Ojalá el hambre pudiera ser aliviada con sólo frotarse el estómago!.
La política es intereses, y los intereses se estructuran alrededor del poder. El poder depende del trabajo, de tal forma que la verdadera base de la política es la gestión del trabajo humano. Si el ser humano no necesitara trabajar para vivir, si pudiéramos subsistir sin necesidad de mover un dedo y todo lo que deseamos nos fuera dado mágicamente, entonces no existiría eso llamado "economía" ¿para qué? Y como consecuencia tampoco existiría eso llamado "política".
En cambio mientras no desaparezca la necesidad de trabajar para subsistir, en el mundo podrían desaparecer las nacionalidades, podrían desaparecer las diferencias étnicas, y podría haber una sóla religión, o ninguna; pero el problema del trabajo, de su intercambio y acumulación seguirían tal como ahora, ergo la economía seguiría existiendo así como la política. Los intereses en conflicto permanecerían idénticos, sólo que ni la etnia, ni la nacionalidad ni la religión podrían utilizarse como máscaras.
Pero el conflicto subsistiría, asi que ya se encontrarían otras...
23.5.09
Clarín forma parte de un Mundo Perverso
Este blog explica que ha subido a youtube una serie de videos con información pública importante, y que el grupete Clarín intenta establecerse como canal exclusivo de la información. Internet ha saboteado graciosamente los monopolios burgueses de información y cultura, y los intentos por controlarla chocan con la obstinada resistencia de los usuarios para quienes internet es un medio para conocer, compartir y difundir.
Los invito a adherirse, no por el blog o su postura política -que es lo de menos- si no por el hecho de defender la libre circulación de la información, sobre todo la relevante.
Salute.
16.5.09
Resistentes
Los Shministim son jóvenes israelíes que se niegan a servir en el ejército burgués. Se trata de pibes que terminan sus estudios secundarios y se enfrentan con la opción que generosamente les ofrece el fascismo sionista: ejército o cárcel.
Quien piense que un muchacho de 18 años es necesariamente un descerebrado, que piense nuevamente. Estos jóvenes israelíes se bancan la cárcel por no traicionar aquello que creen justo. Sería fácil para ellos evitarlo: el riesgo de participar en la masacre de los territorios palestinos es bajo, pero la degradación ética a la que esto los sometería es algo que no están dispuestos a aceptar.
Estos muchachos dan un cachetazo al fascismo. De hecho dos: uno al fascismo israelí y otro al fascismo criollo de los que quieren achacar la masacre de los territorios palestinos a "los judíos".
Recomiendo este lugar a quienes quieran hacer algo al respecto, y este lugar para descubrir que es mentira que Israel represente a "los judíos del mundo". Israel representa los intereses de una burguesía cuyos intereses dependen de servir diligentemente como gendarmes de Medio Oriente. La gente que tiene conciencia sabe bien que la trampa identitaria es el cebo con el que el poder intenta engañarnos, manipularnos y usarnos como carne de cañón.
Observemos un poco el rostro de quienes tienen valentía y conciencia:
Salud.
19.4.09
¡Ajá!
Por fin, un tiro para el lado de la justicia.
Por fin, tantas voluntades anónimas que no encontraban la forma de hacer resonar su voz entre las multitudes, han encontrado una largamente esperada vindicta pública, o como se diga.
Yo –lo digo con orgullo- era uno de ellos. Pero no estaba solo, no. Como yo miles, millones de almas esperábamos lo mismo, queríamos lo mismo. Y no. Y dale. Y otra vez no. La realidad nos daba un sopapo un día sí y otro también. Y nosotros, tensos, con una tenue, obstinada e irreductible esperanza, como el boxeador maltrecho que arremete una y otra vez para que le llenen la cara de dedos, como el jugador compulsivo que se muerde el interior de la mejilla hasta hacérselo sangrar mientras ve que la bola puta cae justo al ladito, justo. Inasequibles a la sensatez, lo nuestro era una religión.
Y ha llegado el mesías nomás. ¡Y fue un millonario! Un millonario con algo de imaginación y buen gusto, miren qué raro. Oigamos su soliloquio al momento de tomar tan sublime decisión: Me sobran unos mangos... Che... ¿qué me compro? El Smart de diamantes ya lo tengo... dos creo que me compré. Una grasada la verdad... ¿y para qué quiero dos? Ehhmmm... ¿otro Porsche? Dejate de joder con los Porsches, además te faltan como cuatro de la colección y los tenés en la playa de estacionamiento acumulando pelusa. Mmmmmmhhh... ehhmmm... perá a ver... voy a poner la tele...
Y ahí se le ocurrió. ¡Esto es lo que quiero, seeeeeeee!. Perfecto. Un par de llamadas y resuelto. Gracias a este luminoso capricho nosotros podemos hoy gozar de esta epifanía:
Sí señores. Los fans del Coyote hemos sido reivindicados. Tomá y tomá.
El coyotismo, fundamentos religiosos.
Efectivamente los hay ¿De dónde proviene nuestra militante simpatía por el Coyote? De que es un tipo de infinito ingenio (aunque a veces descabellado) sistemáticamente saboteado por el Creador, también conocido como Dibujante.
¿Qué esperábamos nosotros de ese dios traidor? Que por una maldita vez dejara de ejercer un tongo tan barroco. Candorosas perspectivas las nuestras. No había ley natural que no fuera cómplice descarada de ese molesto pajarito longilíneo, minimalista, burlón como todo destino ineluctable. Inexpresivo como un robot, el éxito garantizado lo hace monótonamente estúpido ¿para qué va a ser inteligente si el partido ya está arreglado? Su única ventaja sobre el Coyote es la velocidad de escape, habilidad poco gallarda. El Coyote en cambio fracasa triunfalmente, con una inteligencia y una fantasía que pensaríamos lo hacen humano, cuando lo que más humano lo hace es el perpetuo fracaso por voluntad de un dios bastante pelotudo.
Lo que no sabíamos es que el Creador es apenas un dios, y los dioses son meros profesionales al servicio del capital. Tuvo que venir un clarividente y excéntrico millonario a convencer al Creador de poner ese punto final que perversamente nos negaba. El Universo del Coyote y el Correcaminos es (¿era?) muy simple: Inmenso desierto. Largos caminos por los que nadie pasa, sólo dos maniáticos actores cuya existencia parece tener como único fin agotar las variaciones del fiasco.
No tan diferente de lo nuestro, si vamos al caso. Nuestro mundo es más variado pero no menos fallido que ese del Coyote y el Correcaminos, que parece una especie de esquema, de réplica muy suscinta del nuestro.
El Mesías ha llegado pues, si no a nuestro mundo, al menos a aquél. Un tipo con billetes, miren qué sencillo, logra ese advenimiento del Fin de los Tiempos, que por otra parte es el que la mayoría estaba esperando ya sin esperanza - ¿Sabés cuándo me va a pagar ese, no? El día que el Coyote se coma al Correcaminos.
Error ingenuo el de todas las religiones ese de rezarle a un mero obrero manual, a todas luces novato si tenemos que juzgar la calidad de un producto que presenta más problemas que los Pérez García. Tendrían que rezarle no a Dios sino a su empleador, alguien que le ponga los billetes sobre la mesa y le dé dos o tres directivas claras. Vamos, que no es tan difícil enumerar unos cuantos males para hacer desaparecer.
Porque como sabemos: el Coyote y el Correcaminos no son reales. Son creaciones de alguien, marionetas, mentiras. Poco importa lo que pase con ellos; el mundo real, verdadero, es el mundo de sus dioses creadores. Sólo ellos existen. Sólo ellos son reales.
15.4.09
Leo en el diario
Pfizer, próspera empresa multinacional farmacéutica, ha llegado a un acuerdo con el estado nigeriano por el cual pagará al mismo unos 55 millones de euros.
¿El motivo? Una pavada: en 1996 Pfizer recogió a 200 niños nigerianos para usarlos como cobayos en ensayos de Trovan, un medicamento supuestamente creado para combatir la meningitis. De estos niños 11 murieron y 181 sufrieron graves daños.
Este medicamento jamás fue aprobado en EEUU para ser usado en niños, se aprobó su uso sólo en adultos y con severas restricciones debido a sus numerosos efectos secundarios. El medicamento fue definitivamente prohibido en la Unión Europea en 1999.
Bueno, todos sabemos que estas cosas ocurren. Además no olvidemos que se trata de Nigeria, un país que apenas cuenta ¿Quién manda a esos chicos a nacer en Africa? Otra cosa sería si esto ocurriera en un país con seres humanos, como Canadá, ponele.
Bien, no hay mucho que agregar. Como todos sabemos el capitalismo es el único sistema que existió siempre, el dinero es la única cosa que mueve al ser humano, y si para hacer dinero hay que matar a las crías de unos semisalvajes... vamos, no es momento de vacilaciones. Espíritu emprendedor, audacia, rapidez, y a llegar primeros al mercado que lo demás viene solo ¿Las víctimas? Elemental, mi querido Pfizer: se trata de gente pobre, el mercado manda: para gente que gana un dólar por día, 1000 dólares es una fortuna ¿O no? Oferta, demanda, si te gusta bien y si no, hay una cola así de larga de gente que espera detrás tuyo. Esta es la idea de mundo deseable que tienen algunas personas por las que nunca dejaré de sentir una mezcla de lástima y desprecio.
Además no me jodas: Africa queda en el culo del mundo, a mí eso no me va a pasar nunca, ¿no?
12.4.09
¡Música!
Enjoy it.