19.4.06

Gracias, don Alfredo Zitarrosa


Con su apariencia gardeliana, pero de la que estaba ausente la sonrisita canchera, con su voz profunda y neta. Voy a cometer la imprudencia de presentar a don Alfredo Zitarrosa.

Tuve que pensar mucho para escribir este post. Qué digo para escribirlo... para decidirme a escribirlo. Escribir cualquier cosa sobre don Alfredo es difícil. En primer lugar porque dijo tanto y lo dijo tan bien que es inevitable caer en la tentación de copiarlo textualmente para no sentir que se le hace poca justicia a su figura, ya sea por adulación, plagio, o cualquier otro síntoma de torpeza flagrante que sabrán soportar.

Información sobre su vida y obra se puede encontrar en varios sitios. Yo sólo quisiera decir que este artista es de los muy pocos que merecen el calificativo de artista popular y revolucionario en el sentido más profundo y entrañable del término.

Este hombre empezó como locutor de radio, periodista y escritor. Dueño de una prosa elegante, erudita e irónica sin petulancia, no se consideraba apto para el canto. Después de escucharlo cantar y recitar, ese juicio se transforma en el más sorprendente... y más luego de escuchar a más de cuatro.

En Latinoamérica las raíces populares de la música fueron castradas. El folclore o canto popular se estancó en una copia boba, sosa y repetida del folclore antiguo, y pocos fueron los que pudieron hacer evolucionar sus temas y formas. Zitarrosa fue uno de ellos, al punto que dio una fantástica definición de la milonga campera (su género preferido y casi excluyente) diciendo que podía evolucionar hasta ser un "auténtico jazz del sur", lo que significa desarrollar nuestra música popular como lo hicieron los géneros en los países desarrollados (el jazz es un buen ejemplo de música popular devenida clásica). Y escuchar a Zitarrosa es encontrarse con una música tradicional y al mismo tiempo moderna, popular y al mismo tiempo culta, profundamente nacional y por eso universal.

Para mí es imposible escucharlo sin emoción. Habla de su patria oriental. Habla de la dictadura feroz que asesinó a sus compañeros y que intentó asesinarlo a él con la sencilla gravedad de quien busca simplemente justicia, sin dejar de hacer críticas certeras, incluso al pueblo que ama: "Dice mi padre que el pueblo en su inmenso dolor / hoy se niega a beber en la fuente clara del honor" (Adagio de mi país), frases que no son simples versitos sino permanentes llamadas a esa conciencia que parecemos perder con facilidad.

Lacayos de uniforme, hombres pequeños que nadie recuerda, asesinaron a sus amigos, encarcelaron a otros, y lo persiguieron en su patria y en la nuestra. Cuatro años resistió tozudamente, ya que amaba a su Uruguay. Su crimen fue sostener que todo ser humano, por el sólo hecho de nacer, tiene derecho a una vida digna y transformar este principio en militancia, algo que debería ser lo normal y natural en todas las personas, pero que nuestro cinismo – que no es otra cosa que capitulación ante los hechos consumados – ha convertido en mera utopía.

Para quien quiera descubrir a este verdadero artista, a este hombre por el que siento un respetuoso afecto y que jamás conocí personalmente, recomiendo joyas musicales como El violín de Becho, Doña Soledad, Adagio de mi país, El candombe del olvido, Milonga pa’l que se va, composiciones menos conocidas como Triunfo de los vencidos o el impresionante poema Guitarra negra.

Zitarrosa demuestra que el verdadero artista popular es aquel que ofrece a su pueblo la más alta calidad en su arte. Y digámoslo de paso: esta es una concepción marxista del arte, ajena a la barata idea populista (y también reaccionaria) de que el refinamiento es patrimonio de las clases acomodadas y lo popular sinónimo de chabacanería y mal gusto. Popular y culto, tradicional y moderno, nacional y universal no son opuestos sino parte de una síntesis dialéctica. Basta escuchar una fracción de Zitarrosa para entenderlo.

Para finalizar, un par de frases del mismo Zitarrosa, como él, sencillas y militantes:

"Lo que queremos es una humanidad justa, una sociedad de hombres dignos de ser hombres entre los hombres. Es decir, en la que haya auténtica justicia, igualdad, incluso en el sentido cristiano; yo pienso en eso. La revolución es un acto de amor a la justicia, de amor al hombre, a la verdad, a la sociedad humana."

"Escribo porque sé y porque me gusta. Me inspiro en la música y los versos. Más allá de todo eso, no puedo evitar de estar vivo y abierto, por dentro y por fuera, a la vida y a la muerte; a los demás, especialmente a los humildes; atento a los malos, a los mentirosos y falsarios, que me inspiran una curiosidad irresistible, cerrado a cal y canto para los peores, del libertino al ladrón, del egoísta al torturador, del demagogo al adulón, del nazifascista al cobarde, al ideólogo del no te metás".


Y un fragmento de Guitarra Negra, ese poema musical que nos hace percibir "el envión sombrío y generoso de su voz" como dijo el poeta Washington Benavides. Una obra que he cometido la torpe injusticia de recortar a la mitad (unos ocho minutos de los dieciséis totales), con la única disculpa de animar a quien la escuche a buscar la otra mitad. Recomiendo oírla... escuchando.



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Una reseña de su vida, insuficiente como todas, pero interesante:

8 comentarios:

Minerva dijo...

No entiendo cómo un tipo con semejante voz podía insistir en que odiaba escucharse cantar. A mí me emociona tremendamente. "Adagio en mi país", "Si te vas", "Qué pena"... Y sí, además era un escritor de aquéllos, alguna vez tuve la oportunidad de leer alguna prosa; supongo que en la red habrá algo, pero que yo sepa no existe nada publicado.

paula dijo...

ue poesia.
todito.
y luego vino mateo, eduardo, lo escuchaste?
uma manga de corazones dle uruguay
capital buena de la rpeublica argentina !!etc

Roberto Bobrow dijo...

Un artista que justifica por sí solo la existencia de un país. Empecé a imitarlo ya por el '68 pero recién pude verlo cuando volvió en el '84 a Obras;¡qué emocionante!

Unos años después pude conocer a uno de sus guitarristas. Puchereaba en la estación Once del subte A y acompañando a algún cantorcito de tangos en fiestas.

Este blog me está gustando un poco más cada vuelta. Acá te dejo un enlace a la payasada que intenté grabar por primera vez. Un abrazo.

http://www.castpost.com/Lib/playm2.php?filename=Zitarrozeando.mp3&url=http://gloriamundi.castpost.com/

Roberto Bobrow dijo...

No, ya veo que así no sale el enlace. Veamos ahora:

http://gloriamundi.castpost.com/

Jack Celliers dijo...

Eeeeesssaaaaaaa Robert! A mi me parece que no lo hace mal! Yo creo que a Ud. el maestro lo perdona.

A mi seguro que no, por eso no lo intento.

Ceci dijo...

gracias por tan lindo post.
se me eriza la piel y se me escapó una lagrima.

cuando escucho "El candombe del olvido" sobre todo, no puedo evitar la emoción


un gusto

Natheliè S dijo...

Debería de decir, cabeza gacha, que me ha gustado un género que suele desagradarme.

Pura ignorancia, luego de oir esto.

Evidentementente.

Natheliè S dijo...

Gracias por el regalo.

(y por todo, al fin y al cabo)