12.4.06

Chesterton y una modesta reflexión sobre la conversión



Leo a Chesterton relatando su vida antes de su conversión al catolicismo:

"A la edad de doce años era yo un poco pagano, y a los dieciocho era un completo agnóstico, cada vez más hundido en un suicidio espiritual".

"Lo que yo llamo mi temporada de locura coincidió con un período de ir a la deriva y no hacer nada. Una época en la que alcancé la condición interior de anarquía moral, sumiéndome cada vez más en un suicidio espiritual..."

"...ahondé lo suficiente para encontrarme con el demonio, incluso para reconocerle de manera oscura."


Con el tiempo, nos dice que:

"Después de haber permanecido algún tiempo en los abismos del pesimismo contemporáneo, tuve un fuerte impulso interior para rebelarme y desechar semejante pesadilla."

Más adelante afirma, en su evolución hacia el catolicismo "seguir unido a los restos de la religión por un tenue hilo de gratitud: daba las gracias a cualquier dios existente", y también que en sus épocas de estudiante había llegado a "un estado de melancolía enfermiza y ociosa".

Ya convertido, llama al paganismo y al mundo antiguo "enfermo de desesperaciones incurables" y afirma que "Cuando la gente me pregunta '¿por qué ha ingresado usted en la Iglesia de Roma?', la primera respuesta es: para desembarazarme de mis pecados. Pues no existe ningún otro sistema religioso que haga realmente desaparecer los pecados de las personas."

Y a propósito de uno de sus mejores amigos, converso como él, Chesterton escribe: "Los dos hemos hablado con un gran número de personas sobre cantidad de asuntos importantes, hemos contemplado parte del mundo y de sus filosofías, y no tenemos ni sombra de duda sobre cuál ha sido el acto más inteligente de nuestras vidas".

Hasta aquí Chesterton, a quien he tomado como ejemplo entre tantos posibles, más que nada por su elocuencia y talento. Con mucha más sencillez (y hasta diría candor) un católico practicante que conozco me preguntó hace poco a quién se dirigía un ateo en caso de desesperación, pregunta que debería responderse nada más que con una sonrisa más o menos perpleja.

Es curioso que frente a este discurso de Chesterton contraste mi experiencia con el ateísmo. Coincidiendo con Chesterton en sentido contrario, puedo decir que el ateísmo no me ha aportado ninguna solución, me ha planteado un montón de problemas sin resolver y por consiguiente ha amenazado y amenaza siempre con arrastrarme hacia los vacíos espirituales que Gilbert Keith menciona.

Más aún, y para corroborar lo que Chesterton afirma: antes de ser un ateo consciente yo estaba lejos de preguntas corrosivas, no me atormentaba la menor problemática acerca del orden del Universo y, como la mayoría de las personas, creía difusamente en un dios. Podría haber practicado una religión ahorrándome los abismos que GKCH enumera.

Pero precisamente lo que me resulta asombroso de la gente que relata sus conversiones a una religión cualquiera es la admisión de ese carácter de remedio, de salida de emergencia, de "decisión inteligente" por la cual felicitarse. No es difícil ver el sentido de conveniencia que sobrevuela todas estas afirmaciones.

Me asombra cómo Chesterton y otros tantos pasan por alto el hecho – para mí más bien evidente – de que la descripción de sus abismos espirituales, de su melancolía y desesperación previas hace un flaco favor a la idea de la verdad intrínseca en su conversión. La elección de un espíritu postrado por aquello que lo saca de la postración no puede menos que ser sospechosa, y en el mejor de los casos no es un criterio de verdad, a menos que se considere que una postura frente al mundo debe ser reconfortante para el individuo.

Otras religiones son mucho más sutiles, quizás por ser más antiguas. El judaísmo por ejemplo.

He conversado con algunos judíos seculares a los que un buen día les dio por practicar la religión. Ninguno me habló de crisis previas, ni de ataques de agnosticismo angustioso, ni de dudas carcomiendo su alma. Posiblemente los hayan tenido, pero se cuidaron muy bien de mencionarlas, de caracterizar a la religión que adoptaron como el "remedio" que los sacó de un pozo.

Precisamente porque saben que – lejos de ser un mérito – tal cosa es más bien un elemento de sospecha, que mencionar la postración espiritual previa a la adopción de una religión es un recurso pobre, casi un argumento de venta. Las sectas lo utilizan con mucho menos vuelo, sutileza y decencia, dirigiéndolo muchas veces a problemas de tipo más mísero: dinero, salud, prosperidad general, etc. Pero el principio no varía.

Quizás por eso el judaísmo ha llegado a ser más bien reticente a la conversión de otros y refractario a todo tipo de evangelización, rasgo que lo hace mucho más interesante.

El ateísmo, el mío por lo menos, no es la elección de un espíritu postrado, ni abismado, ni sumido en la melancolía. Claro que puede llevar allí (Nietzsche decía que el ateísmo es una bebida para estómagos fuertes), pero eso no habla de su verdad o ética intrínseca, en realidad ni a favor ni en contra. Porque la ética de los principios, como la de los actos no tiene nada que ver con el efecto reconfortante o aniquilador que puedan tener sobre nosotros. Ese es un aspecto irrelevante que no puede ser tenido en cuenta, aunque la experiencia enseñe que la verdad es más bien un trabajo duro que una gracia.

Me parece que cualquiera que hable de una doctrina elogiándola o denostándola por lo bien o mal que le haya ido personalmente con ella se desvía de la cuestión principal que es la verdad, esa entidad ingrata a la que le importa tan poco nuestro bien o malestar.

21 comentarios:

Niño Barroco dijo...

a mi la verdad medio que me chupa un huevo por momentos, momentos en los que tengo los huevos llenos de los profetas de cualquier ciencia o religión que digan "tengo la verdad"...así que estamos como un poco a mano si a ella le importa poco mi felicidad...

Jack Celliers dijo...

Bueno, pero yo no hablo de profetas. Digamos que cuando me dicen que la ley de gravedad hará que me estrole si me tiro del quinto, elijo simplemente darle bola, y eso no me transforma en una oveja del rebaño.

Un servidor dijo...

Puede decirse que el gordo le hurtó el cuerpo (en realidad el alma) a la desesperación Kierkegaardiana o, un opco peor, al existencialismo agnóstico. En definitiva (y según se deduce) debió de haber muerto feliz y expectante.

Milkus Maximus dijo...

Que yo sepa, no existe un manual con reglas o pautas determinadas para la conversión. De hecho, no lo existe para ningún cambio o toma de conciencia en el corazón humano. A veces las motivaciones más fuertes en un principio, terminan siendo las irrelevantes cuando se madura una decisión.
En cuanto al comentario del "servidor": desconozco cuáles son los fundamentos para su afirmación, pero lo invito cordialmente a que me explique la parte "hurtativa", cómoda, o poco existencial del catolicismo.
Yo, como católico, todavía no la encontré. Me haría un favor, caballero.
Mr. Jack: lo sigo leyendo con tanto respeto como disenso.

Un servidor dijo...

Digo, al final de la cuenta, nuestro amigo Chesterton encontró el camino de salvación en Dios Nuestro Señor. Ello lleva al comentario "jocoso" de decir que "le hurtó el cuerpo" (esquivó) morirse hundido en la desesperación de la nada o, si Milkus me lo permite, en la angustia de no estar con Él por toda la eternidad.
Y Máximus, por favor concédame que el Catolicismo nada tiene que ver con el Existencialismo (digamos... Sartriano, le parece?).

Milkus Maximus dijo...

Le concedo, pero mi respuesta va en privado. Si me da su e-mail ... prefiero no debatir entre dos en Blog ajeno. No me parece ...

Jack Celliers dijo...

Milkus, apreciado camarada, ¡no se prive de debatir aquí si lo desea! Un blog es para eso. La deriva existencialista de Un Servidor es interesante y en una de esas hasta quizás aprendo algo.

En cuanto a mi planteo, no exijo manuales de conversión. Simplemente señalo que me parece extraña esa insistencia de Chesterton (y en general de los conversos, tengo otros ejemplos) en ponderar las virtudes entre el "antes" y el "después".

Digo que es extraña porque no es criterio de verdad. En realidad tampoco de falsedad, pero sí de sospecha.

Para ponerlo más claro: una doctrina que me aporte paz espiritual no tiene por qué ser verdadera... ni falsa, es cierto. Pero en lo que a mí respecta que alguien afirme: "Yo estaba tan mal... hasta que me convertí a X ¡y ahora salí de todo eso!" no constituye la mejor carta de presentación, así esté hablando de ideas con las que concuerdo.

¿Por qué? Porque cuando analizo ideas no las juzgo por su capacidad para sacarme del abismo interior, no se supone que ese sea su objetivo.

Y si tengo que juzgar de acuerdo a la experiencia humana, la verdad no es algo sencillo ni complaciente, por lo que una doctrina que devele la verdad ante mis ojos (sobre todo en un mundo que no anda precisamente bien) más bien debería tender a hundirme que a salvarme.

Simplemente apunto que ese tipo de raccontos - como el de Chesterton - más me provoca rechazo que simpatía. No es que preferiría necesariamente una doctrina que me ofrezca hundimiento, más bien pienso ese tipo de dato - qué tal le fue a cada uno siendo católico, o budista, o lo que sea - no deberia ser el centro de la cuestión. Eso es más bien apropiado para electrodomésticos que para la búsqueda de la verdad.

De mis abismos espirituales prefiero ocuparme yo sólo. Si viene dios, o cualquirea de sus representantes, a ofrecerme la paz y el sosiego, responderé que hay millones de personas que no morfan, con lo cual sería yo muy mezquino si accediera a concederle importancia a mi vacío existencial.

Váyase dios a ocuparse de aquellos que realmente lo necesitan, y no lo digo con soberbia, es que realmente en el mundo hay gente que sufre mucho y tiene sin duda prioridad sobre la melancolía abismal de Chesterton, o el sufrimiento de mi alma.

Jack Celliers dijo...

Una post data:

"Sufrimiento del alma" suena dramático cuando justamente significa lo contrario: preferiré mil veces el sufrimiento del alma al del cuerpo, y todos los abismos existenciales y los suicidios espirituales son lujos que se dan las personas a las que no les falta un plato de comida en la mesa.

Hilario dijo...

Vea como son las cosas, los católicos querellando entre sí en este reducto marxiano. Vea que su blog da para todo. Sobre la fe de los conversos, parece que una explicación plausible puede estar tan fuera de lo filosófico como dentro de lo psicológico. ¿Habrá escrito el maestro vienés (SF) alguna línea sobre estas cosas?; a veces, permitame el elogio, quisiera tener su erudición (otras no, desde luego).

fede dijo...

NO SE SI ESTO APARECERA DOS VECES PASA QUE ESCRIBI Y NO LO VI DESPUES CON LOS DEMAS COMENTARIOS.
mE GUSTARIA QUE LEYERAS EL ULTIMO COMENTARIO SOBRE GABRIEL RUIZ DE LOS LLANOS, LO ESCRIBI YO.
Un abrazo, tu blog esta muy bueno.

Jack Celliers dijo...

Don Hila:

Mi blog da para casi todo, le ruego excluya festejar campeonatos de River.

Mi humilde aproximación al tema es mas filo que psico. elaciones entre psico y religión recomiendo Jung (El Hombre y sus Símbolos, por ejemplo). Casi lo entendí, así que lo puede entender cualquiera.

Le agradezco la erudición que generosamente me atribuye, es un descubrimiento para mí.

Fede: leí tu comentario y lo contesté en el post de referencia. Gracias.

reuben dijo...

Interesante leer todo esto. Si se insiste en ponderar las virtudes del antes y del después, es probable que sea para tapar el hecho de que no hay diferencia entre el antes y el después.
El converso podría tener una idea demasiado alta, inabarcable de lo que es la Verdad. Pasa de una verdad inalcanzable a otra; ejemplo de querer tomarse todo el alcohol, a considerarse actor de un mandato divino. Como su idea de verdad es tan elevada, suelen permitirse 'pequeñas' maldades para una finalidad tan alta. Pero no creo que esto tranquilice. También por eso suelen ser grandes mentirosos, lo que no vendría mal para un novelista, aunque no para el caso, digamos, de Bush.
En cuanto a usted, mi estimado, y sin ánimo de etiquetar a nadie (salvo a Bush) dígame que es también un ateo inconciente, que a veces es divertido.

Jack Celliers dijo...

Mi ateísmo es consciente. Otras cosas que hago son del todo inconscientes, pero no es el lugar para hablar de eso acá, che.

leonbloy dijo...

Me parece bien (con salvedades) el argumento, me parece mal el ejemplo.

Es verdad: evangelizar diciendo: "Antes de convertirme a la religión X, yo era era muy desgraciado, me sentía mal, dejenmequelescuente blablabla " no dice mucho en favor de la religión X, y dice bastante en disfavor del apologista. Sobran ejemplos, y analogías. En el mejor de los casos, esto diría algo sobre la eficacia de la religión X para hacerte sentir bien (y esto, condicionado a que uno pueda confiar en el testimonio: que no nos engaña y que no se engaña; y que además hay razones para considerar al caso como regla más bien que como excepción), pero poco y nada diría sobre la verdad de la religión X. Está bien. Y concedo de buen grado que montones de apologistas católicos caen en esto. Bien. Pero objeto:

Primero: Chesterton no es buen ejemplo. La selección de textos que traés es raramente sesgada y muy poco chestertoniana. Veo , googleando, que al parecer las sacaste de acá; me pregunto si lo hiciste por comodidad (por no tipear) o si en realidad tu evaluación de Chesterton está basada en la lectura de ese artículo (que no me gusta mucho más que a vos). En cualquier caso, Ch. era (como buen inglés) muy reacio a hablar de sí mismo, a un punto que a mí (lector voraz de diarios intimos u afines) me resulta chocante; su autobiografía es de lo menos autobigráfico que he leido. Y a la hora de defender al cristianismo, a la hora de dar los motivos por los que es cristiano, no apela al factor "remedio contra la postración y la depresión", sino a la razón. Si leíste sus ensayos (Ortodoxia; o Santo Tomás de Aquino), verás que no hace otra cosa que dar razones; buenas o malas, pero razones. Chesterton es un caso de conversión más bien intelectual (y no que éste sea el tipo legítimo de conversión, para nada; cada cual tiene su historia). Encima, ni siquiera es muy claro (y el artículo citado no lo aclara, más bien lo oscurece) que pueda hablarse de "conversión". Chesterton se alejó joven del cristianismo, sin llegar a ser un ateo declarado, para volver poco después de los veinte, paulatinamente y en buena medida por la influencia de su mujer, Frances, anglicana. Poco o nada de "conversión" (en el sentido usual de la palabra) acá. Se hizo católico mucho más tarde; pero tampoco tiene sentido aplicar la palabra "conversión", en este contexto, a eso: toda su cosmovisión, toda su ensayística o apologética cristiana ya estaba asentada y reconocida antes de eso (los católicos lo seguiríamos queriendo, casi igual, si no hubiera dado ese demorado salto ...). El artículo, en la línea de esa apologética dudosa a mi ver, mezcla los tantos y da una imagen falsa del asunto. En un rincón, Chesterton ateo desesperado, en el otro rincón, Chesterton cristiano (o católico?) feliz. Miserias de la propaganda, en todos lados se cuecen habas (y además, Chesterton tiene renombre, tiene prestigio, le gustaba a Borges... hay que usarlo). Por mi parte, me recuerdo, agnóstico de 18 o algo así, que leí un parecido apologista que arguía que los ateos terminaban viendo el universo con disgusto, todo se trasnforma en "una náusea, como en Sartre"; y recuerdo mi furia y mi desprecio (en ese entonces estaba yo conociendo justamente a Sartre). Nada nuevo bajo el sol.

Segundo: La apologética de Chesterton es mucho más inteligente y fina que la mayoría, sí... pero es apologética. No culparé a quien se sienta repelido por ella; y ciertamente, no esperaré que convenza a nadie. Porque, para empezar, no me convenció a mí cuando lo leí -con gusto, sin embargo- en mis tiempos pre católicos. Y porque, aunque no parezca, no está hecha solamente para convencer. También, con sus altos y sus bajos, está hecha -creo- para confirmar en la fe a los hermanos, y (para dejar constancia (cada cual tiene su historia; bueno, esta es mi historia) y, más que dar razones: dar gracias.

Tercero: Dejemos a Chesterton. Leon Bloy se mofaba del lugar común burgués (de su tiempo) de que "la religión es tan consoladora", y Simone Weil se quejaba de los que defendían el el cristianismo como si fuera una pastilla revitalizadora (las "pastillas Pink" *); Dios no es consuelo, es luz -decía ella. No se trata de bienestar sino de verdad, decís vos. Está bien. Sólo que hay verdades de distinto orden; y la verdad religiosa es muy distinta de la -por ejemplo- matemática, es mucho menos pasible de cercar, atraviesa todos los niveles de la existencia. Quiero decir que, si convertirse al cristianismo implica reconocer una verdad como una certeza interna, no sólo implica eso: por el tipo de verdad de que se trata, implica algo vivencial (con perdón de la palabra) y, por más intectual que fuera, es indisociable de esas cosas tan insignificantes como mis emociones, mi historia y mi vida. Si se tratara de entender una verdad como el teorema de Pitágoras, todo esas cosas estarían de más. Como se trata de lo que se trata, resulta que nada está de más. Que yo me sienta fantásticamente bien después de encontrar la solución del teorema de Fermat... cualquiera lo entenderá, pero sería una impertinencia decirlo en el "paper". Cuando de Dios se trata, sería una impertinencia no decirlo; es parte de la solución. Por lo mismo, lo que decís al final: "la verdad, esa entidad ingrata a la que le importa tan poco nuestro bienestar" parece muy razonable. Pero si al primer sustantivo lo ponés en mayúsculas, resulta que nuestro bien (más que nuestro "bienestar"... palabra flojita si las hay) sí le importa. Le importa a un punto que no te das una idea, y que los cristianos tratamos de hacernos alguna idea; esta semana, en particular.

Perdones por la longitud; y por las beaterías (no del todo necesarias, seguramente).

Jack Celliers dijo...

León, repaso tus puntos, me gustan todos.

Primero: Precisamente por aquello que vos considerás malo es que yo considero bueno el ejemplo. Son ciertas ambas afirmaciones tuyas: Chesterton hablaba muy poco de sí mismo, y sus argumentos a favor del cristianismo son fundamentalmente racionales (endebles hasta la exasperación, y a veces directamente falsos, pero racionales). Y aún así, tratándose de una persona intelectual, analítica, con esa pasión por el common sense tan sajona (y muchas veces un poquito obtusa), el tipo no pudo evitar caer en este tipo de apologética que me desagrada. Así que si hay "sesgo" no es para mostrar a Chesterton como lo que no es, sino precisamente para señalar que hasta Chesterton cae en eso. Mucho más débil hubiera sido el ejemplo de retratar - digamos - a un seguidor del Pastor Giménez.

En cuanto al término "conversión", podés reemplazarlo por "aceptación consciente del dogma X" siendo X la religión que quieras. Ese proceso puede ser tan paulatino, contradictorio y largo como el del mismo Chesterton, o repentino, pero no veo la diferencia: el antes y el después existen ambos de manera manifiesta.

Segundo: Nada que objetar como no sea que "convencer" y "confirmar" son precisamente términos sospechosos cuando no hay razón de por medio. Es un tema más largo, pero tratándose de fe, prefiero justamente aquellas que no buscan (o al menos no abiertamente) convencer ni confirmar. Quizás me gustaría más una que busque ocultarse al posible converso, negársele, dificultarle la tarea. Tomalo como el mero gusto estético de un ateo, cuya opinión en estos temas vale obviamente cero.

Tercero: Un materialista no divide al mundo en dos (verdades de orden A y verdades de orden B) sino que considera al Universo como uno sólo y sus verdades como parte de un único proceso sometido a las mismas leyes. Lo aclaro sólo para que se entienda que partimos de bases distintas, así que difícil que nos entendamos.

Pero sí hay algo que es muy cierto, acaso lo que más me gusta de lo que escribiste: a la Verdad (no puse mayúscula, pero la pensé), no le interesa nuestro bienestar sino nuestro bien. Precisamente mi crítica a este tipo de apologética es que habla más de bienestar que de bien.

Ese bien no es siempre amigo de nuestro bienestar. Diría que las más de las veces no lo es. Si me preguntan si soy feliz respondería que no, que quizás mi felicidad es no ser feliz.

Como dato adicional, sí recurrí al website ese, pero no por fiaca de escribir sino porque he leído las afirmaciones de Chesterton y - mudanzas y viajes de por medio - he perdido la bibliografía original, así que me puse a buscar las frases que recordaba.

Milkus Maximus dijo...

Caramba!! veo que llego tarde al debate (y a otras partes) Adhiero en gran parte a lo que escribió Mr. Bloy.
Respecto a la lectura de Chesterton, creo que un factor importante a no descuidar (ni en él ni en ningún autor) es "a quién" le escribía realmente cuando escribía un libro. Por ejemplo, en el caso de Ortodoxia, es una extensa contestación a lo escrito por G.S. Street.
Pero bueno, como dije, llegué tarde, y en ESTE caso es una lástima Mr. Jack, pues es uno de los pocos debates en su blog en los que todos se han portado como caballeros. Vicio detestable para tanto bloguero contestatario/patoteril que anda dando vueltas por ahí

Jack Celliers dijo...

Es cierto, todo muy correcto che... Es que nos estamos poniendo viejos, vio?

Hilario. dijo...

Si quieren, nos entramos a zarpar; avisen nomás

Hernan dijo...

Dios es amor, y la naturaleza es necesidad; pero esta necesidad, por obediencia, es un espejo del amor. De la misma forma, Dios es alegría, y la creación es desdicha; pero es una desdicha resplandeciente por la luz de la alegría. La desdicha encierra la verdad de nuestra condición. Aquellos que prefieren ver la verdad y morir a vivir una existencia larga y feliz en la ilusión, son los únicos que verán a Dios. Hay que tener voluntad de ir hacia la realidad; entonces, esperando encontrar un cadáver, se encuentra un ángel que dice: "Ha resucitado".
Simone Weil. (de El amor a Dios y la desdicha)

Aunque sonará fastidioso, o soberbio, soy bastante optimista con respecto al destino espiritual del autor de este blog.
Por que? Por esto que dice Weil,o sin ir más lejos, por la máxima evangélica de "el que busca, encuentra". Tengo la esperanza de que el autor no haya dejado de buscar.
Pero, como dije, comprendo que esto suena fastidioso para un ateo.
Abrazo converso.

Ecazes dijo...

Ha sido un gusto leerlos a todos. Gracias

Nathalie X dijo...

Me preocupan un poco más los casos en los que ni siquiera se da una conversión.
En última instancia, la decisión de conversión a cierta edad es consciente y acorde a un sentimiento. No así en gente que es bautiza desde nacer, a la que se le impone el pertenecer a la religión.
Lo sé ¿cuál es el conflicto de ser bautizado y pertenecer si uno elije no hacerlo? me lo planteé muchas veces, pero definitivamente me molesta el insistente discurso de que algo que fue IMPOSICIÓN y NO decisión me haga pertenecer a, especialmente cuando no refiere a algo natural como pertenecer a un país (aunque habrá quienes discutan que no hay nada natural en los límites de los paises) sino a algo que sea "doctrina" con valores establecidos a los que yo -NO- adhiero.

Si tomara la decisión a mis 21 años de convertirme estaría siendo consecuente con un sentimiento, habría una reflexión aunque esta surgiera de la desesperación. En resumen, mucha gente habla de una "experiencia" o "sentimiento" de Dios o de amor (o bueno, para muchos es lo mismo porque Dios es amor, capitulo 4 versículo 8 1ra de Juan).

Pero yo tengo un problema ético.

Nadie me comprobó que Dios existe PERO nadie me comprobó que no exista.

Y en caso de que existiera, nadie me comprobó que lo dicho por una doctrina fuera acorde a lo que él dictaminaría (yo si lo fantaséo, no lo hago como un él sino como una fuerza, prefiero una imagen difusa que se sostendría más en algo sobrenatural que en algo personificable).

Entonces, ¿por qué verme obligada a pertenecer a una doctrina por una decisión de bautizmo que atañe a MI persona pero en la que yo no tuve ni voz ni voto?

En caso de que el existiera, mi pertenencia al catolicismo por haber sido "bautizada" sería una blasfemia.

Lo que me molesta es justamente esa hipocrecía, esa maldita manía católica de hacer pertenecer a su "rebaño" a quienes no tienen conciencia de hacerlo, a quienes no tienen el habla ni la capacidad de comprender que cuestiones implica, muchos que tristemente son criados en "la religión" pero sin poder escindir las cuestiones de manera racional, de ponerlas sobre la mesa, de debatir consigo mismo sus implicancias.

La conversión, por ser una cuestión un poco más conciente, no me parece tan grave en fin, al menos no tanto como el bautismo.