1.3.06

Villiers de l'Isle Adam


En realidad el hombre se llamaba Jean Marie Mathias Philippe Auguste, comte de Villiers de l'Isle Adam. Un escritor recomendado para, por ejemplo, reemplazar esos productos de la TV con los que llenamos resignadamente una tarde cualquiera.

Si el conflicto entre la nobleza en decadencia y la pujante burguesía puede ser expresado por una vida, es precisamente la de este escritor francés, noble, católico y monárquico.

Villiers de l'Isle Adam nació en 1838 en Saint Brieuc, en la Bretaña, al norte de Francia. Era hijo de un padre noble pero lo suficientemente loco como para embarcarse en miles de aventuras dudosas (búsqueda de tesoros en el culo del mundo, expediciones a América del Sur, esas cosas románticas que la gente pragmática no entiende) que comprometieron seriamente el patrimonio de la familia.

De todas maneras, Villiers de l'Isle Adam fue en su juventud un bon vivant. Frecuentaba los salones del Café de Madrid en París, o los cenáculos de los poetas Xavier de Ricard o Nina de Villiard, y se apuntaba a cuanto baile de sociedad se armaba. Era algo así como lo que hoy diríamos "los boliches y la gente top".

Me corrijo: nada que ver. Lo que la nobleza de aquel tiempo alentaba y fomentaba tenía un vuelo intelectual y un gusto bastante más elevados. Que estuvieran elevados sobre la miseria de multitudes es otro asunto.

El amigo Villiers era un producto de este ambiente.

Pero a partir de 1870, con el estallido de la guerra franco-prusiana, el hombre comienza a quedar en la ruina. Escribía mucho, un poco porque era de esos genios inagotables: rebosaba de ideas, andaba con los bolsillos llenos de papelitos con argumentos, notas y borradores; hasta le fastidiaba escribir y prefería contar y narrar sus ocurrencias. Otro poco porque - sin un cobre - dependía de la escritura para vivir, si se puede llamar vivir a lo que sobrellevaba: una existencia mísera en sucuchos húmedos, a veces escribiendo en el suelo por falta de mesa, o empleando una mezcla de carbón y agua a falta de la tinta que no podía comprar.

Pero por pobre que fuera, Villiers era un noble, y como noble detestaba a la burguesía. El advenimiento de la burguesía dio comienzo a la producción artística de aquello que hoy conocemos como "comercial", teatro y literatura fáciles, de consumo masivo, adaptados a los sueños del burgués: dinero, logros, argumentos lineales, acción directa. El mundo de ese momento vivía deslumbrado por la idea del Progreso y la Máquina, por la idea de lo útil y lo práctico. Nada a lo que no se le pudiera sacar un provecho inmediato valía la pena. El teatro burgués desbordaba "sentido común", obras en las que no se planteaba la menor interrogación metafísica.

Y Villiers era justo todo lo contrario: un tipo interesado en los refinamientos estéticos del decadentismo, los desarrollos filosóficos complejos, las interrogaciones metafísicas, el movimiento simbolista francés y hasta el ocultismo.

En sus cuentos cortos solía hacer una sátira sarcástica del utilitarismo burgués, sus Cuentos Crueles son muy interesantes en esta línea: describe a dos jóvenes hermanas, prostitutas, y censura irónicamente a una de ellas porque comete la locura de enamorarse y dejar de lado el sagrado trabajo y el dinero; propone la creación de una Máquina para generar el alpauso en los teatros (una claque mecánica), etc.

Consecuente en su rechazo del utilitarismo y noble al fin, era malísimo negociando con los editores, que le pagaban muy poco por sus producciones literarias; y a pesar de que disfrutó en vida de cierta fama, le llegó demasiado tarde; el hambre y las malas condiciones de vida le pasaron una factura pesada: cáncer de estómago entre otras calamidades. Murió en 1889 a los cincuenta años.

¿Tenía razón Villiers en su rechazo del mundo burgués? Me parece que sí y no. Preocupado casi exclusivamente por los nuevos valores (o disvalores) que se imponían con el progreso, no vio lo que tenían de inevitable y positivo: sin ese espíritu no hubiéramos conseguido muchas cosas, como internet, sin ir más lejos.

Pero por otro lado Villiers vio más lejos que muchos, denunció la satisfacción de sí mismo, la estupidización, la comercialización a ultranza... digamos que la gansada como valor supremo. La muerte espiritual a la que todavía nos lleva un sistema hace ya mucho tiempo sacado de quicio en el que parece que toda profundidad es impostura y la vida no puede vivirse sin un ojo en la cuenta corriente.

Y si bien el amigo Villiers no fue un camarada, políticamente llegó a sentir ciertas simpatías nada menos que por
La Comuna de Paris (!), a la que se abstuvo de insultar luego de su derrota, como sí hicieron tantos otros miserables.

Así que léanse algo de Villiers de l'Isle Adam, el hombre que dijo: "Mes mots sont pesés dans des balances en toile d’araignée" ("Peso mis palabras en balanzas hechas con tela de araña").

4 comentarios:

werte dijo...

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/fran/villiers/via.htm

Carmen dijo...

No sólo estoy de acuerdo con tu comentario sobre Villiers de l'Isle Adam, sino que aplaudo tu visión sobre la persona y el personaje.
Medea

Alberto Chimal dijo...

Un saludo. Buscando textos sobre Villiers encontré el tuyo, que me parece muy certero. Felicidades y suerte.

Anónimo dijo...

Hola estoy leyendo los cuentos crueles y realmente ¨Vera¨ es una pieza increíble y cautivadora y aunque Villiers se equivocó algunas veces sobre los títulos de nobleza y algunos datos astronómicos, ¡en verdad vale la pena!