Mostrando las entradas con la etiqueta Religión. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Religión. Mostrar todas las entradas

21.1.10

Haití y el cinismo sobrenatural



Primero un hecho que viene a cuento: entre las valiosas personas que están ayudando a gente en Haití hay sacerdotes, creo que incluso uno argentino. También seguramente habrá gente que no es siquiera creyente. Lo que quiero señalar no apunta en principio ni a sacerdotes ni a laicos, sino a gente que creo dominada por una perversa estupidez. O una estúpida perversidad. Como siempre: dependiendo del caso es difícil determinarlo.

En España

Atendamos por ejemplo a lo que dice este sacerdote católico, obispo de San Sebastián, respecto de la tragedia, transcribo exactamente el párrafo para evitar habituales quejas acerca del "contexto":

Existen males mayores que los que esos pobres de Haití están sufriendo estos días… ¿no? Nosotros nos lamentamos mucho de los pobres de Haití, pero igual también deberíamos además de poner toda nuestra solidaridad en ayudar a los pobres, nuestros medios económicos, etcétera; también deberíamos de llorar por nosotros, por nuestra pobre situación espiritual, por nuestra concepción materialista de vida, ¿no? Quizás es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes están sufriendo.

Vale la pena escucharlo, porque Fritz Perls enseñaba a escuchar más allá del significado formal de las palabras.

Se percibirá que escribí el "quizás" de la última oración por mor de exactitud, pero en realidad está apenas susurrado, apresuradamente insinuado. Es evidente que este señor patina velozmente haciendo equilibrio, sabiendo perfectamente que lo que dice es una bestialidad. Primero dispara: Existen males mayores, porque eso es lo que quiere decir: 200.000 vidas humanas son un mal menor respecto de esto que yo afirmo, señores. Y luego el ridículo vaivén de "peros" y "¿no?" y "quzssss". La brutalidad se da la mano con la hipocresía en una torpe muestra de habilidad.

En buena lógica y dada esta escala de valores, los sacerdotes que están colaborando y arriesgando sus vidas en Haití van detrás de un objetivo menor, cuando deberían estar atendiendo la crisis espiritual de las señoras majas de San Sebastián, por cierto una de las ciudades más caras de España.

Me pregunto si este señor se hará alguna pregunta acerca de su propia situación espiritual, lo que sea que eso quiera decir. Yo lo llamaría decoro, o simple empatía humana. Algo así como si un marxista muy retardado dijera: "El terremoto es terrible, pero más importante es la educación revolucionaria de las masas" o alguna gárrula estupidez por el estilo que nos obligaría a hacerlo callar.

Lo peor no me parece esto aún. Frente a la lógica indignación y repudio que despertó este proselitismo desenfrenado, la derecha católica no se arredró: el sacerdote de marras retrucó penosamente adivinen qué... Exacto: que lo sacaron de contexto (no hay premio, era muy fácil). Y la cadena COPE, reducto ultraderechista gestionado por la Conferencia Episcopal denunció adivinen qué... una campaña izquierdista. Otra vez, demasiado fácil. Con esta gente todo es muy previsible.

Pero sirve para confirmar. Bien hubiera estado admitir un fallo en las prioridades, una declaración inoportuna, un error. Nada de eso, ya sabemos que esta gente es infalible.

El imperio

Hablamos de la España bruta, pero ¿qué esperar de ese circo siniestro llamado fundamentalismo yanqui? Aquí la cosa ya... qué se yo qué decir: el pastor evangelista Pat Robertson afirmó muy sereno que Haití hizo un pacto con el demonio y atrajo sobre sí el terremoto. El video es muy, muy repugnante, búsquelo el que quiera satisfacer su morbo. Y ya la estupidez y la perversidad alcanzan un punto muy cercano a la demencia, como es habitual en una sociedad cuya decadencia borra cada día más el sentido de la realidad y del ridículo.

El mundo y después...

Igual de alarmantes son las numerosas alusiones en foros y blogs de internet a "advertencias" divinas, castigos al pecado, advenimientos apocalípticos y muestras del irracionalismo más cerrilmente ignorante disparadas desde posiciones enmarcadas en ese amplio arco que une al fundamentalismo religioso, la new age, la superstición y la literatura para analfabetos.

Todo tiene sin embargo una única raíz, que –pido disculpas, voy a citar mi propio blog un par de veces– creo haber señalado en otras oportunidades: el conflicto insalvable que existe entre el idealismo y el materialismo.

Y aquí sí marco una diferencia: este conflicto sólo toca a los creyentes. La arrogancia del obispo, la demencia del pastor y los balbuceos de la superstición tienen un origen común que es la explicación de los fenómenos reales a partir de causas situadas fuera de la realidad. Supongo que el sacerdote que va a Haití y da una mano, por muy convencido que esté de la verdad de su religión considera sin duda que es más valioso eso que hace que ponerse a rezar; o que al menos ambas cosas están en un mismo plano. Y tiene razón. Cuanto más urgente el problema, cuanto más desesperante es la situación y dolorosa la tragedia, más necesidad tenemos de actuar sobre la realidad, porque el edificio que se derrumba sobre el niño es dolorosamente contundente, pertenece exclusivamente a este mundo.

Me alarma tener que escribir esto: el altísimo costo en vidas y dolor que produce el terremoto tendría que despertar nuestra urgente necesidad no de remediar ninguna "pobre situación espiritual" sino nuestro insuficiente conocimiento respecto de la prevención y detección de estas catástrofes, sin mencionar la escasez de recursos y la pobreza que agravan la tragedia. La mención del espíritu y sus prioridades cuando se está hablando de un terremoto con cientos de miles de muertos, de cuerpos reales que sufren, muestra claramente que lo que deshumaniza no es la razón sino su ausencia.

Lo intangible

Se dirá que la solidaridad es un valor inmaterial, que hay una disposición necesaria para ayudar y que esa disposición es espiritual, intangible. Responderé que la razón es igual de intangible, pero está formada a partir de la praxis concreta: sé lo que es el dolor porque puedo imaginarlo, y puedo imaginarlo porque yo mismo soy capaz de experimentar dolor. Cuando sufre el prójimo, todos sufrimos algo no por ninguna voluntad trascendente sino porque compartimos con él una realidad.

La única forma de insensibilizarnos frente a ese dolor es rebajarlo a la categoría de un fenómeno producido por fuerzas misteriosas contra las que nada podemos hacer, o que no nos es permitido enfrentar, o que expresan una voluntad trascendente que en última instancia es misteriosamente justa: se lo merecían por sus vidas pasadas, porque hicieron pactos con el demonio, o no es para tanto porque lo importante es la vida futura. De allí al cinismo hay nada.

Lo que aquí se llama "intangible" o "espíritu" o acaso "moral" es la razón bien entendida: actuar aquí y ahora, curar la enfermedad, enfrentar el caos, corregir. Por eso el mal y la estupidez son siameses casi imposibles de separar, aunque el perverso sea muy inteligente en realidad es profundamente estúpido. También por eso lo que llamamos "inteligencia" es en última instancia imposible de medir, porque involucra valores.

Y ya que estamos...

Me gustaría que alguien mencionara ahora el famoso "diseño inteligente". Dada esta catástrofe parece que el diseño tiene fallas serias. Y actuar aquí y ahora no es otra cosa que (insistamos) enfrentarlas, corregirlas; según el sacerdote ultra: oponerse al (o al menos omitir temporalmente el) designio divino, palabras con las que define la obediencia a su propia voluntad.

El creyente que actúa de buena fe tiene al menos que poner en un mismo plano el aquí y ahora con el trasmundo; lo escribió una vez un católico que aprecio, que afirmó algo así como que era necesario rezar como si actuar de nada sirviera, y actuar como si rezar de nada sirviera. También escuché a un rabino decir que había que ayudar al prójimo como si no existiera ningún dios, afirmación peligrosamente materialista. Y justa.

Pero ocurre que si se actúa todo el tiempo como si no existieran dioses, uno se convierte sencillamente en un... ateo.

Innecesario, pero necesario

Hagamos algo por Haití, donemos lo que podamos aunque parezca poco. Sí, también: exijamos que la ayuda llegue, que no se la afanen; que haya más comida, más medicinas, y menos tropas.

Pero entretanto compartamos algo de lo que tenemos, que inesperadamente es mucho.

21.10.09

Y dale con el origen


Durante el debate anterior se tocó obviamente la existencia o inexistencia de ese ente tan famoso denominado “Dios”. Tengo ganas de divagar más sobre el tema. Estoy seguro de que el lector sacará mucho provecho de estas lecturas al momento de amenizar sobremesas o intentar algún ocasional levante. Pero como siempre: es mejor leer a los que saben de verdad.

I – Un asunto original

La vieja pregunta acerca del origen de la existencia sigue allí, y en ella se esconden todos los dioses que hemos creado. Pero antes de debatir sobre la respuesta me atrevo a declarar que esa pregunta tiene trampa, que plantea supuestos falsos.

a) La Palabra

El ser humano está acostumbrado a hacer cosas, y también a ver unas cosas desarrollarse a partir de otras. Un alfarero fabrica un jarrón a partir de arcilla, una semilla se transforma en planta, las nubes devienen tormenta, y así. Eso es lo que observamos. Y entonces decimos: el alfarero creó el jarrón, la semilla dio origen a la planta, las nubes a la lluvia.

Percibimos el universo y para transmitirlo de nuestro entendimiento al del prójimo utilizamos unos fonemas representativos llamados “palabras”. Esta práctica es útil, pero tiene trampas que a veces no vemos; por el constante uso que hacemos de ella llegamos a confundir la palabra con la cosa en sí: primer paso a creer en abstracciones como si fueran la realidad.

El misterio del universo se revela a nuestros ojos en todo su esplendor en cuanto nos damos cuenta de que las cosas en realidad no tienen nombre: el perro no se llama “perro” ni el abedul se llama “abedul”. Hemos dado esos nombres a esos entes por cuestiones prácticas pero en realidad no vinieron con ningún nombre. No lo tienen como tampoco nosotros tenemos un nombre aunque nos hayamos acostumbrado a definirnos según algunos casuales fonemas (“ser humano”, “argentino nativo”, “estudiante”, “Alejandro”, etc.)

De aquí esa interpretación para mí pervertida del diálogo socrático que menciona Platón. No son las ”ideas” lo que el hombre busca fuera de la caverna sino todo lo contrario: el encuentro con las cosas reales a plena luz del día es lo que revela la distancia entre ellas y las ideas que se había formado sobre las mismas debido a unas condiciones de percepción deficientes. Para obtener la verdad el hombre va en busca de un contacto más estrecho con la realidad. Sus ideas sobre las cosas están supeditadas a la praxis y cambian con ella. La conclusión lógica del diálogo socrático es que la praxis manda y las ideas reflejan, conocer y aprender no son otra cosa que eso.

b) La Cosa

El famoso “origen” es una abstracción típica: hacemos una separación entre cualquier cosa y su origen; y así llegamos a pensar que en la realidad están tajantemente separadas.

Pero en realidad no se trata de dos entes separados sino de las distintas etapas en un mismo proceso de desarrollo. El alfarero y su jarrón pertenecen al mismo mundo, se mueven dentro de las mismas leyes y ambos forman parte del mismo proceso creativo. Es verdad: podemos distinguir en ellos a dos entes distintos, pero si vamos a ser sinceros ¿en qué momento exacto ese montón informe de arcilla se transforma en un jarrón? No podemos decirlo con precisión porque ese momento no existe, es una mera convención. El jarrón no es más que arcilla modificada mediante un proceso gradual; el alfarero no “creó” realmente cosa alguna, no sacó algo de la nada; sólo modificó los elementos ya existentes en su entorno.

La ciencia corrobora el punto: nadie “crea” una cosa de la nada porque nada se pierde ni se crea sino que todo se transforma. Descubrimiento nada tonto: todo está en permanente transformación, no hay en la realidad “origen” ni “fin”. Inventamos esas palabrejas para distinguir etapas de un proceso que en realidad es un continuum.

Separamos la semilla de la planta sólo para facilitarnos la clasificación del universo, pero como bien decía Borges en El idioma analítico de John Wilkins: en realidad no sabemos qué cosa es el universo. El interesante ensayo muestra los límites de toda clasificación, es decir, de toda abstracción. El examen más atento de la realidad nos dice que en verdad semilla y planta son una misma cosa, que el alfarero tomó elementos de la tierra y les dio otra forma, pero él mismo también es resultado de un proceso de transformación previo. Y a todos los procesos de transformación sucesivos y simultáneos que ocurren desde que tenemos memoria los llamamos “existencia”.

Preguntamos a renglón seguido por el “origen de la existencia” sin darnos cuenta de que el primero es sólo parte de la segunda, y que si la “existencia” tiene un origen, sólo puede ser dentro de otra existencia a la que remitirse. La pregunta es fallida: la existencia no puede tener origen.

II - God strikes again o El elefante tras la rosa

Esta separación fallida entre “origen” y “creación” es la que nos lleva a los dioses, que lógicamente son antropomórficos. Pero en realidad esto no resuelve el problema: si estamos preguntando por el origen de la existencia, entonces estamos hablando de TODA existencia. La religión no es más que un malentendido respecto de la palabra “todo”. El “todo” al que se refiere la religión es un “todo” chiquito, parcial, del cual el dios de turno está excluido rigurosamente: él sí no tiene origen, no tiene fin y es el muro frente al cual se estrella el conocimiento humano, según se enorgullecen las religiones.

Este efecto grandilocuente se logra de manera sencilla: para que los dioses sean inasequibles al conocimiento humano se los coloca cada vez más allá de la realidad: “fuera”, en lo “externo” del cosmos, en lo inasible / inverificable / incognoscible. Los dioses son así iguales al famoso elefante escondido tras la rosa, que prueba no su mera inexistencia sino su habilidad para el escondite. Y cuando uno se encoge de hombros diciendo que tales “existencias” inasequibles a la experiencia son irrelevantes, entonces vuelve el sacerdote a la carga:

- Ah no, mire: dios es así y asá. Hizo esto y quiere aquello, mandó a su hijo, ascendió al cielo, predicó en la tierra, se transformó en llamas…
- Pero caramba, ¿cómo es que sabe Ud. todo eso?
- La fe.

Para poder revelar a los dioses primero es preciso esconderlos del conocimiento normal, si fueran asequibles al conocimiento normal el sacerdote no contaría con ninguna “revelación” para hacer. Hay que poner al dios fuera del alcance de todo conocimiento humano justamente para poder afirmar de él lo que a uno se le cante sin tener que verificar nada. Del dios vendrán luego la legislación y el poder político, bien terrenales ambos. La historia humana está repleta hasta la náusea de leyes, reglas, edictos, mandamientos y poderes caídos del cielo.

Normalmente para justificar a los dioses se recurre a este ejemplo del origen y lo creado, que como vimos es arbitrariedad pura. Y esta es toda la prueba irrefutable que se consigue: como nada surge de la nada, entonces la existencia tampoco puede surgir de la nada ¿nocierto? Inmediatamente se fabrica el famoso origen y se lo llama “Dios”. Pero ¡ay! Resulta que si existe también tiene que tener un origen… Solución inmediata: lo declaramos eterno y decimos que a partir de ahí, pelito para la vieja, no podés indagar más, se acabó: no tiene origen, no tiene fin ¿Su propósito e intenciones? Ya mismo te explico, resulta que…

Cuando uno manifiesta dudas acerca del relato, inmediatamente se vuelve atrás: ¡Pero nada puede surgir de la nada, así que ALGO hay! Ese “algo” se vuelve a revestir con el invisible color de lo ignoto y se le vuelven a otorgar los atributos de lo desconocido para que sea admisible, puesto que todos los seres humanos con una mínima honestidad admitiremos que hay cosas que no sabemos:

- De acuerdo: no sé cuál era exactamente la situación antes del Big Bang
- ¿Lo ve? ¿Lo ve? ¡Ud. admite la existencia de Dios!

No, chantujes: Ud. está llamando “dios” simplemente a lo desconocido. Coloca a su dios bien lejos, fuera del cosmos y luego dice tan pancho que yo no lo puedo negar.

Lo gracioso es que la ciencia avanzó tanto que ya ni la estratósfera ni el espacio son escondites seguros, así que para colocar al dios fuera del conocimiento hay que mandarlo al –perdónenme el galleguismo gruesón– quinto coño de la inasibilidad. Para no ser negado adelgaza tanto que está un paso de negarse solo.

III – ¿Sed de absoluto? Aquí hay uno

Dejando de lado estas maniobritas, me parece que se puede intentar un planteo de esos de cafecito.

La expresión “origen de la existencia” presupone un estado antes del cual no había existencia. Esto es contradictorio con la palabra “origen”: no puede haber ningún origen en la “no existencia”, un origen ya presupone existencia.

- ¡Pero la existencia también presupone un origen, Jack!

Alguno podrá pensar que hemos caído en una trampa tonta, una inútil persecución del huevo y la gallina. A mí en cambio me parece que aquí está precisamente la respuesta.

Si descubrimos que nada se pierde ni se crea, y que en realidad no hay “origen” ni “creación” sino etapas de un proceso de transformación sin principio ni fin… ¿entonces por qué no suponer la eternidad de la materia y la energía?

En la realidad que conocemos nada se crea ni se pierde… Veo ahí un atributo de eternidad que ni pintado queda mejor, mire. No se puede, ninguno de nosotros puede “crear” cosa alguna (hacerla surgir de la nada) ni podemos realmente destruir nada (hacerla desaparecer, borrarla del universo). Ni la creación ni la destrucción son realmente posibles, sólo la transformación ocurre. Todas las “creaciones” (y también las “destrucciones”) que conocemos son en realidad transformaciones que se suceden en un continuum.

Nuestra manía de abstraer declara que el jarrón “no existía” antes de que el alfarero lo "creara", pero sólo se trata de una insuficiencia de nuestro lenguaje: en realidad el “jarrón” ya existía con otro nombre igual de arbitrario: “arcilla”.

Si la realidad está tan a la vista ¿por qué no aceptarla?

Al que me diga que esto es poco razonable, le responderé: menos razonable me parece sostener que –contra toda evidencia y aún contra toda lógica– la existencia tuvo un origen en un ente fuera de la existencia (¿?) que es a su vez eterno y sobre el que nada se puede saber, a excepción de lo que dicen unos señores vestidos con túnicas.

La eternidad de la materia/energía no es menos inconcebible para nuestra mente que la eternidad de cualquier dios, y de hecho es mucho menos arbitraria: puedo constatar que es tan imposible destruirla como crearla: si la eternidad no es eso que me expliquen qué es. Y si al final vamos a caer en la eternidad ¿por qué no reconocerla en aquello que a todas luces y frente a nuestros ojos es eterno?

- Está bien Jack, Ud. Habla de “la realidad que conocemos”, pero puede haber otras…
- Claro, pero de lo que no conocemos nadie puede hablar con autoridad, precisamente porque no lo conocemos ¿vio?

Si alguien anda con ganas de pavear, puedo remitirlo a este otro post mío en el que desarrollo el tema con la habitual mezcla de audacia, disparos en la noche y confusión general.

Pero estos divagues necesitan obviamente del aporte por parte de gente que realmente sepa algo del asunto, así que espero me iluminen.

Buenas tardes.

4.10.09

Trampas y origen de la creencia

Hace unos años hablaba con un judío ortodoxo de… ¿de qué iba a ser?, de religión, claro. No me explico muy bien por qué intentaba detallarme los pormenores de sus creencias ya que tengo muy poca madera de creyente. Le respondía con mis razones, que no son demasiado sofisticadas: no puedo creer en un dios bueno y al mismo tiempo todopoderoso. Basta echar una ojeada al mundo para darse cuenta de que si existe un creador es una cosa o la otra, pero no ambas; me parece que con eso basta para cuestionarlo.

A esto el ortodoxo me respondía que

- Es como si entraras a un cine con la película ya empezada, y te fueras antes de que la película termine. No tenés suficientes elementos de juicio.

La frase me iluminó, pero no en el sentido que él esperaba. Comprendí súbitamente las trampas que nos tiende la creencia.

La razón se parece a un asistente discreto que nos ayuda silenciosamente en todas y cada una de las cosas que hacemos: impide que nos estafen, nos pone en guardia contra la mentira, y nos permite constatar que la Carrió carece de toda coherencia. Aplicada sistemáticamente la razón se transforma en ciencia y permite acabar con la viruela y la poliomielitis.

Pero no somos muy agradecidos con la razón, más bien tendemos a restarle méritos. Una de las causas puede ser el hecho de que vivimos en un mundo competitivo, y no es raro que a nuestro alrededor nos inviten permanentemente a prescindir de nuestra razón. Cualquier curandero, vendedor de baratijas o insolvente consuetudinario que intente aprovecharse de nosotros lo primero que intentará es hacernos renunciar a nuestro juicio crítico, desarmándonos.

Los brujos y los sacerdotes cuentan con nuestro desaliento. Porque la razón es una herramienta, cuanto más la frecuentemos mejores resultados nos ofrecerá; ergo tenemos que poner algo de nosotros: el caletre debe abocarse, la mollera debe pensar. Es un esfuerzo sin duda, pero como ocurre con el ejercicio físico cuesta menos cuanto más se practica, y viceversa. Hoy sabemos más que ayer, ahí está nuestra herencia cultural y sus logros que prueban lo irrefutable: la supervivencia del mono desnudo es obra de su inteligencia.

Pero no nos basta. Queremos soluciones rápidas, inmediatas, cómodas. Y cuanto menos pensamos, cuanto más nos echamos en brazos de la creencia fantástica a la hora de resolver nuestros problemas, menos capaces somos de pensar por nosotros mismos, el juicio crítico se oxida, perdemos el hábito de juzgar según nuestra experiencia… nos comemos cualquiera, bah. Por eso los traficantes de ultramundos nos ofrecen soluciones que no piden de nosotros más que la pura y fervorosa creencia. No pienses hijo mío, la existencia tiene misterios pero yo los conozco porque tengo línea directa con lo Trascendente.

No hay más que salir a la calle para percibir esta sutil subversión de los valores: toda creencia es alabada como enorme virtud, y todo uso del pensamiento racional es defenestrado. En cualquier película de difusión más o menos popular ocurren hechos sobrenaturales que confirman la fe y desmienten a la razón. En el cine barato el sacerdote siempre derrota al científico porque "hay cosas que nuestra razón no alcanza a entender". Se fomenta la creencia de que cerrar los ojos y pegar alaridos es más efectivo para resolver cualquier problema que meditar cuidadosamente en términos reales.

A fuerza de esto la estupidez -me parece- se ha vuelto seductora.

Los antiguos hindúes vivían en una sociedad brutalmente dividida en castas. La movilidad social no existía y los parias -desgraciados entre los desgraciados- eran y aun hoy son oprimidos hasta que sus huesos crujen. La pregunta acude de inmediato: ¿qué mal ha hecho un niño para merecer ese destino adamantino? La respuesta de los opresores es simple: esta no es más que una existencia en un ciclo de muchas; cualquier mal que te alcance tiene su origen en pecados cometidos durante existencias anteriores. Similarmente: todos los privilegios de los que disfruto aquí y ahora me corresponden en recta justicia gracias a que he sido abnegado, sufrido, generoso y justo… en incontables vidas pasadas.

¿No es un caradurismo maravilloso? ¿Y no tiene una graciosa similitud con el ejemplo de la película en el cine? Todas las vidas pasadas y futuras que inventa el opresor demuestran una sola cosa: lo mucho que le importa esta existencia.

Cuando no se puede probar lo que se dice en este mundo, se recurre a otros mundos. El centro de gravedad de la existencia pasa así a estar fuera de la existencia, en el "más allá". Si algo es injusto o inexplicable en términos que podamos entender, entonces hay que justificarlo como una voluntad extraterrena, algo que tiene su explicación en “vidas pasadas” o la tendrá cuando ya estemos muertos. El sacerdote pide un crédito pagadero post mortem, que como todos sabemos es el mejor momento para rendir cuentas.

Se me dirá que la razón no ha resuelto un montón de cosas, que tenemos todavía muchas dudas. Y es cierto. Pero la razón ha desenmascarado ya demasiadas mentiras: una simple vacuna demuestra que la enfermedad y la muerte prematura están lejos de ser voluntad de ningún dios. Las invectivas contra el humanismo prometeico y satánico son los rancios chillidos del sacerdote; quiere seguir haciéndonos creer que él sí sabe y que nosotros no sabemos ni podremos saber nunca si no es por su intermediación munificente y salvífica.

Hija secreta de nuestra desidia, la creencia se alimenta de la impotencia. Los fantasmas se desvanecen allí donde vemos claro, pero prosperan a la sombra de la ignorancia. Atónito he escuchado a algunos creyentes burlarse de las insuficiencias de la razón con una risa crispada y revanchista, como si las derrotas de la razón no fueran también sus derrotas. No puedo evitar asociar a esos infelices con los drogadictos que te llaman “careta” sólo porque uno no comparte sus miserias; lo del opio de los pueblos no deja de ser una definición sorprendentemente certera.

Una demostración vale más que el reino de los persas, decía Demócrito; y yo diría que vale mucho más que cualquier reino. Se me dirá que soy enemigo de la fantasía, y responderé que nada me parece más fantástico que la realidad. Que el mundo ofrece toda clase de maravillas (y espantos) perfectamente reales, y que el deseo de "otra" existencia es más bien una muestra de impotencia para transformar ésta, aquí y ahora.

No sé qué cosa serán los diversos Paraísos, pero digamos que mis aspiraciones son mucho más modestas. Montones de cosas me reconcilian con la existencia y me permiten intuir lo que este mundo podría ser si fuéramos un poquito menos tontos.

Les presento una de esas cosas, Jun Togawa ejerce la belleza:



19.4.09

¡Ajá!

Por fin, un tiro para el lado de la justicia.

Por fin, tantas voluntades anónimas que no encontraban la forma de hacer resonar su voz entre las multitudes, han encontrado una largamente esperada vindicta pública, o como se diga.

Yo –lo digo con orgullo- era uno de ellos. Pero no estaba solo, no. Como yo miles, millones de almas esperábamos lo mismo, queríamos lo mismo. Y no. Y dale. Y otra vez no. La realidad nos daba un sopapo un día sí y otro también. Y nosotros, tensos, con una tenue, obstinada e irreductible esperanza, como el boxeador maltrecho que arremete una y otra vez para que le llenen la cara de dedos, como el jugador compulsivo que se muerde el interior de la mejilla hasta hacérselo sangrar mientras ve que la bola puta cae justo al ladito, justo. Inasequibles a la sensatez, lo nuestro era una religión.

Y ha llegado el mesías nomás. ¡Y fue un millonario! Un millonario con algo de imaginación y buen gusto, miren qué raro. Oigamos su soliloquio al momento de tomar tan sublime decisión: Me sobran unos mangos... Che... ¿qué me compro? El Smart de diamantes ya lo tengo... dos creo que me compré. Una grasada la verdad... ¿y para qué quiero dos? Ehhmmm... ¿otro Porsche? Dejate de joder con los Porsches, además te faltan como cuatro de la colección y los tenés en la playa de estacionamiento acumulando pelusa. Mmmmmmhhh... ehhmmm... perá a ver... voy a poner la tele...

Y ahí se le ocurrió. ¡Esto es lo que quiero, seeeeeeee!. Perfecto. Un par de llamadas y resuelto. Gracias a este luminoso capricho nosotros podemos hoy gozar de esta epifanía:



Sí señores. Los fans del Coyote hemos sido reivindicados. Tomá y tomá.


El coyotismo, fundamentos religiosos.


Efectivamente los hay ¿De dónde proviene nuestra militante simpatía por el Coyote? De que es un tipo de infinito ingenio (aunque a veces descabellado) sistemáticamente saboteado por el Creador, también conocido como Dibujante.

¿Qué esperábamos nosotros de ese dios traidor? Que por una maldita vez dejara de ejercer un tongo tan barroco. Candorosas perspectivas las nuestras. No había ley natural que no fuera cómplice descarada de ese molesto pajarito longilíneo, minimalista, burlón como todo destino ineluctable. Inexpresivo como un robot, el éxito garantizado lo hace monótonamente estúpido ¿para qué va a ser inteligente si el partido ya está arreglado? Su única ventaja sobre el Coyote es la velocidad de escape, habilidad poco gallarda. El Coyote en cambio fracasa triunfalmente, con una inteligencia y una fantasía que pensaríamos lo hacen humano, cuando lo que más humano lo hace es el perpetuo fracaso por voluntad de un dios bastante pelotudo.

Lo que no sabíamos es que el Creador es apenas un dios, y los dioses son meros profesionales al servicio del capital. Tuvo que venir un clarividente y excéntrico millonario a convencer al Creador de poner ese punto final que perversamente nos negaba. El Universo del Coyote y el Correcaminos es (¿era?) muy simple: Inmenso desierto. Largos caminos por los que nadie pasa, sólo dos maniáticos actores cuya existencia parece tener como único fin agotar las variaciones del fiasco.

No tan diferente de lo nuestro, si vamos al caso. Nuestro mundo es más variado pero no menos fallido que ese del Coyote y el Correcaminos, que parece una especie de esquema, de réplica muy suscinta del nuestro.

El Mesías ha llegado pues, si no a nuestro mundo, al menos a aquél. Un tipo con billetes, miren qué sencillo, logra ese advenimiento del Fin de los Tiempos, que por otra parte es el que la mayoría estaba esperando ya sin esperanza - ¿Sabés cuándo me va a pagar ese, no? El día que el Coyote se coma al Correcaminos.

Error ingenuo el de todas las religiones ese de rezarle a un mero obrero manual, a todas luces novato si tenemos que juzgar la calidad de un producto que presenta más problemas que los Pérez García. Tendrían que rezarle no a Dios sino a su empleador, alguien que le ponga los billetes sobre la mesa y le dé dos o tres directivas claras. Vamos, que no es tan difícil enumerar unos cuantos males para hacer desaparecer.

Porque como sabemos: el Coyote y el Correcaminos no son reales. Son creaciones de alguien, marionetas, mentiras. Poco importa lo que pase con ellos; el mundo real, verdadero, es el mundo de sus dioses creadores. Sólo ellos existen. Sólo ellos son reales.

10.2.09

Ateos diluídos, creyentes densos

I - ¿Estos son ateos? (o Gente despreocupada)

La verdad es que el ateísmo viene flojín: me alegré durante una fracción de segundo cuando leí que a una asociación de ateos británicos se le ocurrió publicar un lema en los autobuses. Luego me dije que un poco de tímida difusión no vendría mal. Y al final me desanimé enseguida cuando leí el lema:

Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta de la vida.

Me encantaría saber qué clase de ateos son estos propagadores de una frase que... no tiene nada que ver con el ateísmo. Y no me refiero al “probablemente”, que eso no me parece mal después de todo. Me refiero a otra cosa.

La popularidad de los diversos dioses se debe a que hacen exactamente lo que necesitamos: explican nuestra existencia, dan origen del mundo, proveen códigos de conducta, etc. Así que no es muy difícil darse cuenta de que negarlos deja un vacío. Postular la inexistencia de dioses nos hace descubrir un universo al que hay que comprender sin más explicaciones que aquellas que podamos encontrar por nosotros mismos.

Porque admitámoslo: rendirse a la evidencia de un mundo con poca justicia y menos explicaciones es incómodo. Quizás por eso incluso la mayoría de los que no practican ninguna religión se guardan la posibilidad de “creer en algo” que puede ser “la energía” así como otros refritos y jirones religiosos diversos. Para ser ateo hay que admitir que hay cosas para las que al menos aún no se tiene respuestas. Los creyentes tampoco las tienen, pero ellos confían en que Alguien sí, y que les serán reveladas un día de estos; así que yo creo que si alguien puede dejar de preocuparse es aquel que ya tiene claro que hay un creador, se llama Dios y tiene su propio best seller.

Por eso yo más bien hubiera escrito lo contrario: “Dios no existe, así que mejor empecemos a buscar soluciones.” Si quisiera dejar de preocuparme ya hay cientos de religiones que se ofrecen para eso, para darme una respuesta y un sentido.

Con esto no quiero decir que los creyentes sean gente sin la menor duda o inquietud, me parece que los creyentes tienen muchas dudas también, aunque las admiten menos porque claro: la duda y la fe son difíciles de mezclar. Supongo que los más lúcidos de entre ellos se preguntarán – al margen de sus ritos – qué cosa es todo esto. Pero me parece indudable que el creyente, en tanto que tal, al menos tiene a quién remitir sus interrogaciones, espera que un día todo se aclarará, que existe al menos la posibilidad de una revelación. En cambio un ateo sabe que lo que no averigüe en el curso de esta vida muy probablemente no lo averiguará nunca.

Por eso la actitud de “dejar de preocuparse” si no es necesariamente creyente, me parece mucho menos una postura típica del ateo. La ausencia de dioses crea curiosidad y hace de todo un misterio bastante fascinante, al menos para mí. No pasa un día sin que mire perplejo este curioso artefacto en el que escribo, estas extrañas criaturas que somos, este sorprendente fenómeno de percepción y estas reglas con las que se mueve el mundo.

Quizás la frase quiere dar a entender que bueno, tampoco te rompas la cabeza buscando respuestas: ni las que dan los dioses ni las que da la ciencia humana. O sea: tomate un tinto del bueno. Y no es que esto me parezca mal, digo nada más que es irrelevante, que tomarse un tinto está muy bien pero tiene poco que ver con ser ateo o creyente sino más bien con qué tantas preguntas se haga uno, y que hilando fino el ateo me parece que se hace muchas más preguntas. Para decir algo tan lavadito como “Bueno, podría ser cualquier cosa así que mejor lo dejamos y seguimos con lo nuestro”, daba lo mismo publicar: Quizás hay un dios, así que deja de preocuparte y disfruta la vida.

Que parece decir lo contrario pero al final dice lo mismo.

En definitiva: si lo que querían decir es que hay que tomarse la vida con calma podían firmar como ateos, pero también como budistas, o como hinchas de Banfield, o como santiagueños; daba igual.

II - Estos parece que son creyentes (o ¿Sos ateo? ¡me agredís!)

Mención aparte para la iglesia española, que supera las exhibiciones de miseria pública con creciente éxito. El cardenal de Madrid, Antonio Rouco Varela no pudo contenerse. A gente como esta dan ganas de rogarle que mejore el ejercicio de su hipocresía, que nos da un poquito de impresión esa exhibición de odio mal digerido y torpemente disimulado. Resulta que estos intrascendentes anuncios son según este señor “un abuso” que “condiciona injustamente el ejercicio de la libertad religiosa”. Sic.

No, esperen que hay más: ”... los medios públicos no deberían ser utilizados para socavar derechos fundamentales, tampoco el de los creyentes a no ser heridos y ofendidos en sus convicciones. No es justo obligar a quienes tienen que hacer uso de esos espacios, sin alternativa posible, a tener que soportar mensajes que hieren su sentimiento religioso”.

O sea, para ponerlo más claro: aún esta tímida afirmación los pone de los nervios, quieren de nosotros silencio absoluto.

Muy especialmente la iglesia tiene esta divertida costumbre de insultar al prójimo y luego denunciar que se la persigue, pegar la puñalada y luego gritar como si la hubiera recibido, robarle permanentemente a la sociedad el espacio y el dinero públicos con una agresividad que va pareja a la histeria ante la simple discrepancia. La iglesia tiene toda la libertad para sostenerse con dinero de los ciudadanos, usar a su antojo los espacios públicos para manifestarse políticamente, sabotear obras indeseables, meter crucifijos en los colegios o llamar “enfermos que hay que encerrar en una isla” a quienes tengan hábitos privados no aprobados. Frente a eso nadie puede ni debe ofenderse, porque es amor.

Pero ¡cuidado con proclamarse ateo en el espacio público! ¿No ve que la pobre gente tiene la piel muy sensible? Basta un cartel que ponga en duda la existencia de su dios para que empiecen a pintarse como neomártires, hablar de las heridas que se les inflingen y la persecución feroz a la que se los somete. El Circo Máximo otra vez.

Parece que les cuesta mucho entender que el derecho que tienen ellos a la palabra también lo tienen los otros. No terminan de tragarlo, así que la palabra del otro la transforman mágicamente en “agresión hacia mí y hacia mi fe”. Quizás por eso a veces optan por la doctrina del ataque preventivo.

El señor Rouco tiene poca vergüenza. Disimula mal esa rabia viejuna y dice que se “condiciona el ejercicio de la libertad”, lo cual a su modo es verdad: no tiene libertad para amordazarnos, y esa imposibilidad lo atormenta como a todos los espíritus mezquinos.

Pero la iglesia sí hace uso de su libertad de expresión, cómo no. El que quiera sentirse salpicado por la generosa aspersión de amor que desparrama la iglesia católica en España no tiene más que escuchar la radio de la Conferencia Episcopal (COPE), a la que ya se le ha dedicado aquí un post.

En contraste con la tosca y brutal agresión atea que sobrellevan los sufridos creyentes, regálense ustedes esta delicada combinación de amor, inteligencia y elocuente bien decir que la radio de los obispos derrama a diario en su prédica salvífica:



Sé que no todos los católicos son así, pero si a iglesia les da voz a estos no es mi culpa. Esta morbosa preocupación por la caca y el culo y el semen me provoca exactamente el mismo rechazo que el que me provocan los Perlongher de turno.

Al fin y al cabo los lúmpenes, los delincuentes sexuales y los moralistas comparten numerosas aficiones. Qué digo: las comparten todas.

Buenas noches

16.12.08

Mt. 25, 14-30

Como ya he mencionado, el diario Público de España me gusta. Especialmente porque merodea por ahí un tipo que contesta el correo de lectores y que hace algo aparentemente olvidado: razona. No sólo razona sino que además se le nota una placentera inquietud intelectual desprovista de arrogancia tanto como bien provista ella misma.

El tipo se llama Rafael Reig, escritor al que mi menesterosa formación literaria eludía pero que ya tengo en la lista de próximas adquisiciones, y como dije se encarga de contestar el correo de lectores. Hay que decir que es un poco perverso, no siempre pero varias veces se nota que elige con delectación la carta más imbécil que le pueda haber llegado y se dispone a contestarla con una nítrica corrección. A veces me pregunto si encontrar ese tipo de cartas le cuesta mucho o poco, no sin alarma.

Por supuesto, no todo lo que escribe me parece igual de bueno, como pasa con cualquiera; pero no puedo resistir la tentación de transcribir esta respuesta que da el día 10/12/08. La misma va dirigida a un desprevenido lector de Catalunya que desde sus convicciones católicas se lamenta del estado actual de cosas y ofrece como ejemplo nada menos que la famosa Parábola de los talentos. Madre mía.

Reig logra esa envidia que surge en todo escritor salvaje que llevamos dentro. A veces hemos oído repetidamente algo y nos incomoda, nos indigna, nos parece ridículo, pero nunca nos hemos puesto tranquilamente a escribir lo que pensamos de eso y por qué nos molesta. Entonces un día lo vemos escrito... por otro.

Así que sépanlo: esto lo escribió Rafael Reig, pero me hubiera gustado escribirlo a mí:

Más de una vez he hablado de esa parábola (Mt. 25, 14-30), que es una de mis favoritas: describe perfectamente la economía capitalista. "Pues todo el que tiene se le dará y andará sobrado, pero al que no tiene, incluso lo que tiene se le quitará". Escalofriante: Jesucristo sin duda era visionario. Cada día los países pobres son más pobres (se les quita incluso lo poco que tienen) y cada día los ricos son más ricos (sólo el que tiene ganará más). En España por ejemplo, la diferencia entre los salarios más altos y los demás aumenta cada año.

Hay un tío entregado al préstamo con intereses de usurero, y presta a sus esclavos (no da, no es ningún don) diferentes cantidades. El de los cinco talentos "se fue a negociar con ellos y gano otros cinco". El que sólo había recibido uno, lo escondió, para poder devolvérselo, atemorizado, porque "supe que eras un hombre duro, que cosechas donde no sembraste"; un tipo que sólo busca el beneficio sin trabajar, es decir, un explotador. ¡Y tan duro! El amo insaciable le dice: "Tenías que haber entregado mi dinero a los banqueros, y yo al llegar habría recobrado lo mío con intereses. Así que quitadle el dinero y dádselo al que tiene los diez talentos". Lo mío, dice: ¡menudo don! Lo mío más la plusvalía, que también es toda suya, cómo no. Y al "esclavo inútil", es decir, al que no aumenta el beneficio a gusto de su amo, lo arroja "in tenebras exteriores".

Esta historieta inmoral, cruel y repulsiva, ¿de verdad la leen en las iglesias? Yo confiaba en que sólo se leyera en los consejos de administración de los bancos.


No creo que haya mucho más que agregar.

22.4.08

Psicología, comunión y masticación (je)

I - Psicololós

Recientemente en el blog del camarada Severian se inició una interesante discusión acerca de la psicología y el psicoanálisis. Para los que militamos en las filas del pensamiento racional visto como bien cada vez más escaso, debatir con un psicololó posmoderno es como debatir con un creyente, con la salvedad de que al menos el creyente tiene claro que lo suyo es creencia, mientras que el psicololó no tiene claro absolutamente nada, pero hace de la inevitable incoherencia una virtud.

Así las cosas, uno se empeña en rescatar de la psicología - y aún del psicoanálisis - aquellos aspectos compatibles con el pensamiento racional; pero como sucede siempre que uno se mete con cualquier secta - y más si se trata de una secta lucrativa - se ve expuesto a críticas tan feroces en la forma como insustanciales en el contenido. Estas críticas no merecen nuestro interés ya que están más dirigidas a atacar que a razonar.

II – Psicología de verdad

Pero quiero romper una lanza por una corriente de la psicología que me parece interesante, y tanto más interesante me parece por el esfuerzo que pone en la coherencia y la racionalidad. Sacerdotes y malos poetas ya tenemos demasiados, pero yo quiero hablar de la gestáltica.

Antes de continuar aclaremos: en la gestáltica pueden también asilarse miles de chantas, como en cualquier disciplina. Y más tratándose de disciplinas cuyo objeto de estudio es algo tan complejo como el ser humano, rondado siempre por la filosofía y en peligro constante de caer en la metafísica ante la falta de datos consistentes. Pero me atrevo a decir que será mucho más difícil encontrar chantujes en la gestáltica que en el lacaneo macaniano.

La gestáltica intenta explicar el comportamiento humano a partir de un modelo aparentemente sencillo: toda conducta humana está destinada a resolver una tensión. Las tensiones que convergen sobre un individuo pueden ser nuevas o de antigua data, total o parcialmente convergentes o divergentes, contradictorias, débiles o fuertes, pueden representar amenazas reales o ficticias, deseos imposibles, antiguas o recientes frustraciones; pero de la resultante entre todas esas tensiones surge nuestra conducta y nuestras sensaciones. La gestáltica no desecha analizar el pasado del sujeto o sus sueños si es necesario, pero no bucea obsesivamente en ellos por principio; más bien se centra en el "aquí y ahora" del individuo e intenta dejar claras cuáles son las tensiones no resueltas que le hacen gastar un montón de energía inútilmente, y que son las que normalmente derivan en depresiones, ansiedades, derrumbes, etc.

Sin demagogia, la gestáltica pone al sujeto frente a sus propios problemas e intenta que el sujeto mismo los enfrente con entera libertad, pero también con entera responsabilidad, combinación poco frecuente. Para pintar en pocas palabras a la gestáltica digamos que su fundador y principal teórico Fritz Perls decía jocosamente que "El psicoanálisis es una enfermedad que pretende ser una cura".

III – Loquitos

Voy a contar un pequeño episodio en el que la gestáltica me iluminó sorpresivamente. Hace unos años, al sentarme en una mesa de la vereda a tomar un cortadito encontré un volante sobre la mesa, y como yo leo hasta los cartelitos de cerrajeros le pegué una ojeada. El contenido había sido escrito por uno de estos grupúsculos católicos ultramontanos que combinan una mística extenuante con la grisura intelectual más depresiva, nada nuevo hasta aquí. Entre imágenes de estampita y alaridos estilísticos de esforzada redacción ("¡Quien no quiera conocer la verdad, que no me siga!") los iluminados de marras planteaban - entre variados desvaríos - una urgente cuestión: la del modo correcto de comulgar.

No soy ducho en estas cuestiones y creo que recibiré correcciones, pero grosso modo y tal como lo entiendo el acto de comulgar consiste en recibir del sacerdote una delgada porción de masa (llamada hostia) que el fiel ingiere. Este alimento representa el cuerpo de Cristo. Ahora bien, existen dos formas de recibir este sacramento: la hostia puede ser dada por el sacerdote directamente en la boca del fiel, o bien el fiel puede tomarla en su mano e ingerirla él mismo.

Más de uno se preguntará a santo de qué todo esto, yo replicaré que esperen, que tiene su miga. Síganme, no los voy a defraudar.

Resulta que al parecer la última práctica (tomar la hostia con la propia mano) es acerbamente criticada por los sectores más tradicionalistas de la iglesia (a pesar de que curiosamente dicha práctica es en realidad más antigua, y este detalle tiene su importancia). El volantucho de marras advertía contra esta práctica de manera tonante con argumentos de peso, como por ejemplo que "al recibir la hostia en la mano, un falso fiel puede no ingerirla sino llevársela en el bolsillo para practicar luego con ella ritos satánicos". Según esta gente la hostia debía tomarse con la boca directamente de manos del sacerdote según el uso que se ha vuelto tradicional.

Entiendo que los lectores estarán adivinando que quien garrapatea estas líneas es un masoquista conceptual, un perverso que se regocija en la demencia y un cultor de manías malsanas. Algo de eso hay. Pero fíjense que yo no estaba menos atónito que los lectores. Pensaba - porque soy de los que piensan que todo tiene una explicación - qué habría en la cabeza de esta gente, ¿cuál podría ser la razón de semejante delirio? La insania mental me parecía una explicación muy fácil, había demasiada energía puesta en semejante gansada. "Gansada será para Ud." me dirán los creyentes, "Jack, déjese de huevadas o le va a agarrar la demencia a Ud. también" me dirán otros. Esto último es más o menos lo que pensé en el momento y arrojé el volante suspirando mientras revolvía el cortadito.

IV – Psicología rumiante

Tiempo después, y olvidado ya el volantito leí un interesante artículo de Fritz Perls en el que hablaba de un acto tan cotidiano como el de comer. El hombre decía esto: cuando nacemos no tenemos dientes, nuestra forma de incorporar alimento es mediante una succión de la mama. Este hecho refuerza la falta de separación clara entre el hijo y la madre: en el útero el niño está unido a la madre por el cordón umbilical a través del cual le llega alimento, constituyendo más o menos un solo cuerpo. Al nacer la relación cambia, pero permanece sutilmente similar: el alimento pasa de la madre al hijo ahora por vía oral, pero de manera casi igual de directa. No hay masticación, no hay ningún proceso de transformación: la leche pasa de la mama a la boca, el bebé succiona y traga.

Perls decía que la aparición de los dientes y el acto de masticar constituyen una afirmación del individuo, porque ya no incorpora el alimento de manera directa sino que antes lo mastica, es decir: lo procesa. Masticar es transformar algo que viene de fuera para poder incorporarlo dentro nuestro, y es por eso un acto de individuación. Cuando el niño comienza a masticar ya no está más unido a la madre por la mama sino que es capaz de tomar alimentos sin procesar, procesarlos él mismo e ingerirlos. Tal habilidad lo reafirma en su sensación de identidad, porque comienza a actuar como un individuo que debe decidir lo que es bueno para él y lo que no.

El acto de masticar además permite algo tan importante como la degustación. La degustación nos indica si lo que comemos es agradable y apto o no, esto es: entrena nuestro juicio crítico. No hay ninguna diferencia con el pensamiento. Nietzsche decía que el espíritu es como un estómago, y tenía razón. Una idea debe ser procesada e incorporada por nosotros. Tenemos que degustar las ideas, analizarlas, percatarnos de que son buenas antes de hacerlas parte de nosotros, de nuestro sistema de valores. Las ideas deben masticarse.

De hecho en el lenguaje se han incorporado numerosas expresiones que vinculan el masticar con el juicio: “tragarse” una mentira o “comerse” un verso es un sinónimo de no haber ejercido el propio juicio crítico. Decir de alguien o algo “no lo trago” significa que no acabamos de aceptarlo. Tener buen o mal “gusto” significa gozar o no de cierto discernimiento estético. “Rumiar” una idea significa exactamente eso: procesarla mientras decidimos si es aceptable o no. Estas expresiones son válidas incluso en otros idiomas.

Para hacer todas estas cosas tenemos que ser adultos, tener un juicio crítico formado, tener dientes y muelas conceptuales tan robustos como los de la boca. Tenemos que masticar las ideas si queremos entenderlas y decidir, tenemos que rumiar los juicios para poder calificarlos.

V – No tan loquitos, my friend…

Y hete aquí que un día en el que comentaba estas interesantes teorías de Perls con una dama a la que intentaba conquistar con estos modestos entretenimientos, recibí el siguiente dato: “Al tomar la comunión una de las reglas que debe seguir el fiel es que la hostia debe tragarse sin masticar”.

Ajá, pensé yo, mire qué cosa tan interesante. Si alguien quiere aprender algo de psicología puede conversar un ratito con cualquier sacerdote de la religión que sea. Y luego reírse del tío Sigmund.

La hostia no se mastica, esto es: se recibe tal y como viene de la mano del sacerdote y se traga. Sin masticar, sin procesar, sin degustar ni analizar. Lo que se le exige sutilmente al fiel – y muy especialmente al niño – es que suspenda su juicio crítico, que se trague lo que viene así como viene y punto. El que crea que este simbolismo no es fuerte y no tiene consecuencias tiene poca visión para el detalle, y es en el detalle donde se trabaja para la sumisión. Trágate esto, hijo mío. Y calla.

Por eso el temita de comulgar en la mano o no tiene su trasfondo ideológico, y está relacionado con el poder del sacerdote. No es raro que los sectores más histéricos de la religión teman que alguien “practique ritos satánicos”, al fin y al cabo la definición de “satánico” es “desobediencia al sacerdote”. Se recibe de la mano del sacerdote y se traga sin masticar, así como viene.

VI - Pero... ¿qué es lo que se traga?

Cuando Jesús ofreció el pan y el vino como su carne y su sangre obviamente no se refería a lo material, no intentaba confundirse con una baguette. El significado profundo de la palabra “comunión” significa compartir e incorporar una serie de valores, un cuerpo de doctrina, hacerlos carne e identidad. De hecho la palabra “comulgar” se utiliza en el lenguaje no religioso para indicar que se comparten o no determinadas ideas.

La pregunta es entonces ¿masticamos o no? Y yo creo que la respuesta es: sin masticación no hay comunión verdadera posible. Para comulgar es necesario masticar, procesar, someter a juicio crítico, analizar y cuestionar. Sólo así estaremos seguros de que compartimos el mismo pan

Propongo esta modesta idea para su masticación.

17.3.08

El Estado alienígena

En Francia se está dando otro caso: Chantal Sebire, una mujer de 52 años padece un cáncer terminal cuya evolución además de ser muy dolorosa provoca una progresiva deformación de la cara. La mujer pide al estado el derecho al suicidio asistido.

La mujer tiene opciones, varios países de Europa permiten legalmente el suicidio asistido, pero ella quiso crear un precedente. El hecho en sí es irrelevante por cuanto estas opciones podrían no estar - y de hecho muchas veces no están - al alcance de cualquiera. La respuesta del estado es plenamente esquizofrénica:

"La petición de la señora Sebire, que es comprensible en términos humanos, no puede tener éxito en la ley", dijo el tribunal en su sentencia.

Mientras el deterioro físico de la señora Sebire merece compasión, bajo la ley francesa el juez debe rechazar la petición".


Esto es interesantísimo: la petición se considera razonable "en términos humanos", me pregunto entonces quién ha denegado la petición, supongo que una computadora, o un alienígena que "comprende" a las inferiores criaturas humanas y su sentimentalismo.

La segunda frase nos lo explica con claridad: la mención de la compasión lejos de mostrar algún lado humano del emisor refuerza la situación de miseria de aquella frente a "la ley francesa". Estoy interesadísimo en cómo se considerarán legalmente las implicancias del también muy francés caso de Jerôme Kerviel y el Banco Societé Generale. No estoy muy seguro si la ley será también en este caso una fría y desapasionada computadora ya que varios millones de euros suelen tener un costado humano mucho más fuerte que un cáncer terminal.

La iglesia... ¿es necesario decir nada? Digamos que sí: la iglesia dijo claramente que "la santidad de la vida está por encima de ningún otro factor". Y esto es curiosísimo, porque la iglesia habla de la santidad de algo, pero no de la propiedad de ese algo. O mejor dicho: sí habla muy claramente de la propiedad... vamos, no habla de otra cosa. La vida pertenece al Dios Nuestro Señor que la iglesia proclama, dios que seguramente no es el que proclama la Sra. Sebire. Es evidente que el dios en el que crea la Sra. Sebire es un dios inferior, secundario, impotente. Los dioses más fuertes siempre someten a los dioses más débiles.

Porque ya sabemos: ¿cuánto puede valer el dios de la Sra. Sebire, sus creencias, sus valores, su opinión? ¿Cómo osa esta simple mortal disponer de esa vida, que como todos sabemos no le pertenece sino a la Santa Madre Iglesia Católica?

Nuevamente se plantea el mismo problema: ¿por qué intentan influir en los poderes públicos cuando no existe duda de que no hay derechos de terceros implicados? Se trata de la decisión - seguramente una de las pocas - que sin duda atañe no principalmente, sino únicamente al interesado. No se entiende de ninguna manera la necesidad de violentar la voluntad de otro sino por un afán retorcido de someter la conciencia y el ser de los demás a su propio capricho. La Sra. Sebire no puede disponer de su vida, debe sufrir; y no por su decisión sino porque alguien, vaya uno a saberse con qué autoridad, ha dispuesto en su lugar de su vida.

Ante esto nadie contesta seriamente nada. Hay que contentarse con débiles ridiculeces:

a) Alusiones al nazismo, cuando es la iglesia la que hace lo mismo que los nazis: quitar al individuo la decisión sobre su propia vida. Pronto nos convencerán de que seis millones de judíos se han suicidado con permiso del III Reich.

b) Slogans baratisimos acerca de la "cultura de la muerte".

c) Ejemplos de gente que pasaron situaciones "peores" (al indudable juicio del ejemplificador) sin suicidarse. Como si esas personas estuvieran amenazadas por los nazis inventados en el punto a).

Preguntas simples que no se pueden responder: ¿Qué autoridad cree sinceramente tener Ud. sobre mi vida? ¿Ud. puede prohibirme mediante la ley suicidarme? ¿Y Ud. dice tener buenas razones? ¿O al menos honestas, fundadas, serias razones? Si las tiene ¿por qué no intenta exponerlas para disuadirme de mi propósito y quedar en paz con su conciencia? ¿Al menos sabe Ud. que lo que hago no le concierne más que si yo le doy permiso ya que se trata de mi existencia, nada menos? ¿Ud. prentende saber más que yo sobre mi vida? ¿Ud. ignora que necesita mi permiso para meterse con mi vida? ¿Y Ud. pretende la virtud de la humildad? ¿No se le pasa por la cabeza la efímera posibilidad de que Ud. tenga mi vida en sus manos sin ningún derecho? ¿No sabe que Ud. puede estar equivocado porque es humano? ¿No sabe que si a alguien compete el fin de mi vida es a mí mismo y a nadie más antes que yo?

Porque ignorar esto para mí es casi un rasgo de locura.

Buenas noches.

25.1.08

Los católicos irlandeses

Toda religión sirve para sublimar, ése es un fuerte atractivo.

¿Cómo juzgamos una acción? En principio por su relación con la realidad. La realidad material si se me permite: lavarse los dientes con virulana es una acción mas bien tonta, pegarle un garrotazo al prójimo es una acción violenta, y así.

Sublimar es – sin ánimo de abusar del viejo Freud – valorar una acción no en el contexto de su realidad material sino en un contexto que se declara real pero no lo es. Un contexto superior, sublime.

Esto es sumamente útil, por ejemplo: imaginemos a un rey. Ahora pidámosle que nos explique por qué razón esta ahí en el trono. El hombre podría decir esto: "Mire jovencito, estoy sentado aquí porque he maniobrado hábilmente en el mundo de la política, fui más astuto, más hábil y ciertamente más hijo de puta que varios.". También podría decir: "Estoy sentado aquí porque soy el hijo del trompa anterior ¿vio?". Y si es aún menos sutil también podría decir: "Yo soy el reinaldo y vos sos el cuatro de copas, gil".

Cualquiera de estas explicaciones respondería a la realidad material, cualquiera de ellas es verosímil y probable... y todas ellas son políticamente muy poco útiles para mantener el poder.

¿Qué responderá el rey entonces? Obviamente: "Soy el rey por mandato divino, mi reinado es voluntad de Dios, ¿capito?". Esta es la respuesta correcta, precisamente porque sublima: saca los hechos de su contexto real y los pone en un plano trascendente; hay algo más importante que nuestras viles personas, hay un plan divino y oponerse al plan divino es desatar la ira de los cielos, es pecar contra una voluntad que nos trasciende.

Los faraones egipcios, los reyes asirios, los zares rusos, los monarcas europeos y los mandarines asiáticos. Los condes, marqueses, sátrapas y delegados imperiales. No hay uno sólo que no se haya agarrado de los cielos para sostener su posición.

Observemos Europa: la iglesia anglicana no es más que el resultado de la posición geopolítica altamente favorable de Gran Bretaña que le permitió prescindir de Roma con relativa comodidad. Francia en cambio no llegó a tanto, pero Bossuet tensó la cuerda con la Declaratio credi gallicani. Las tendencias separatistas de la iglesia galicana no eran otra cosa que la expresión de la independencia que esgrimía la otra potencia europea frente a Roma, que tuvo que tolerarla algunos siglos antes de condenarla definitivamente (precisamente cuando políticamente el galicanismo ya tenía muy poca fuerza).

Declarar los intereses reales que originan estas maniobras sería impráctico. Se hablaría públicamente no de herejías ni de pecados ni de errores religiosos sino simplemente de la verdad: intereses, poder, dinero; todo lo cual afearía la imagen de tantos ambiciosos.

Con el advenimiento de la burguesía la religión siguió ligada al poder, pero bajo otras formas. La iglesia católica tuvo que aceptar el sufragio universal, el protestantismo en sus diversas variantes hizo su apología de los buenos negocios y santificó la plusvalía, etc. etc.

Hoy el Islam es el gran protagonista, y la gente se pregunta si es una religión de paz o si siempre predicó el uso de la espada. La pregunta es ociosa: el Islam sirve – como toda religión – para cualquier cosa. Sirve para justificar a los inútiles reyes sauditas, sirve para bendecir a los suicidas desesperados y servía para que los reyezuelos de Al Andalus llevaran una envidiable vida de dandys.

En un post reciente me encontré con una buena muestra de lo polivalente que puede ser la religión y de lo estrechamente ligada que está a la ideología y las posiciones de clase. Un comentador ocasional de este blog, de ferviente talante católico conservador, ensayó un notable panegírico nada menos que de Maggie Thatcher.

El elogio en sí mismo es poco importante, lo curioso es de quién a quién va dirigido. No porque Margarita sea protestante – o no sólo por eso en todo caso – sino porque esta vetusta y tenaz asesina tiene las manos manchadas con sangre de muchos católicos devotos.

Quien camine por el barrio de Falls Road, en Belfast, Irlanda del Norte, verá dos cosas. La primera será que es un barrio de gente humilde, con una amplia mayoría de trabajadores. La segunda será que la devoción católica de esa gente es muy profunda. Respetan el domingo, van a misa, y proclaman con orgullo su condición de católicos practicantes. Una enorme cantidad de murales recuerda no sólo a los combatientes del Sinn Fein y el IRA, sino también a los muertos en huelgas de hambre, a los torturados por las fuerzas militares británicas o los paramilitares unionistas; y también hay murales de María, de Jesús crucificado y de la cruz.

Si en este barrio se menciona el nombre de Maggie Thatcher será imposible escuchar otra cosa que odio y desprecio. Muchas familias católicas recuerdan a sus muertos cuando ven su jeta roedora en la televisión. Y Maggie fue una digna continuadora de las brutalidades que los protestantes británicos inflingieron históricamente a los católicos irlandeses.

Cada año los protestantes del Ulster – que se declaran fervorosos hijos de Maggie – celebran el desfile de la Orden de Orange, organización abiertamente anticatólica que pasea desafiante por los barrios católicos de Belfast o Londonderry. La Orden de Orange promovió numerosas masacres contra católicos irlandeses en 1795. Sus herederos, los unionistas de extrema derecha a los que Maggie financió generosamente llaman al papa de turno "Old man red socks".

Y sin embargo no hay de qué sorprenderse: es totalmente coherente que al autor del panegírico la vida de los católicos irlandeses le importe menos que la cholula admiración que siente por Margarita la de Hierro. Cualquier católico conservador argentino se sentirá indudablemente más cómodo en los barrios protestantes, con sus murales militaristas, su orgullo fanáticamente pro británico y su burla al papa de turno que en Falls Road donde la asistencia a misa se combina con la protesta social a la orden del día y la cotidiana exigencia de justicia.

En cambio para un marxista es imposible no sentir una profunda simpatía por los católicos irlandeses. Porque es fácil ver que su catolicismo es mucho más que un ritual, tiene contenido; un contenido que es precisamente externo al catolicismo mismo. Ese contenido humano profundo es la lucha de los irlandeses pobres contra la opresión. Porque "católico" en Irlanda del Norte significa simplemente "pobre". El catolicismo es sólo una forma histórica de sublimar esa lucha, porque los oprimidos también subliman sus acciones por medio de la religión.

Sólo que los oprimidos no tienen necesidad de sublimar nada. Porque la lucha de los oprimidos es siempre justa.

Buenas noches.

14.1.08

Si te descuidas te provocan

La iglesia nunca se rinde en su búsqueda de un mundo mejor. Hoy vamos a deleitarnos con las declaraciones del obispo de Tenerife, un señor que se llama Bernardo Alvarez.

Durante el curso de una entrevista este ilustre obsequió a los lectores con sus reflexiones acerca de la homosexualidad y el abuso de menores brindándonos un interesante contraste. Respecto de la primera el amigo Alvarez desgranó las consabidas monsergas condenatorias. Y con esa sutileza que caracteriza a estos finos psicólogos que son los sacerdotes, vinculó alegremente la homosexualidad con el abuso de menores.

Esto llevó lógicamente al tema de marras. Aquí normalmente uno se espera las aguadas alusiones de rigor: hace mucho tiempo que el abuso sexual infantil preocupa a la iglesia mucho menos que el condón o el matrimonio gay. Pero con la iglesia no hay que descuidarse porque si algo logra es sorprender siempre. Tanto que - lo que es la dialéctica - ya no sorprende.

Para no "sacar de contexto" vamos a publicar la última parte de la entrevista tal cual apareció:

Periodista: -¿Hay que orientar la sexualidad?

Obispo: -No se puede dejar a las personas a lo que salga, ¿por qué no hacemos lo mismo con la violencia u otros impulsos del ser humano? Además, sólo un 6% de los homosexuales se debe a cuestiones biológicas. No hay que confundir la homosexualidad como necesidad existencial de una persona, con la que es practicada como vicio. La persona practica como puede practicar el abuso de menores. Lo hace porque le atrae la novedad, una forma de sexualidad distinta.

P: -La diferencia entre relación homosexual y un abuso está clara.

O: -Por supuesto. Pero, ¿por qué el abusador de menores es enfermo?

P: -Para empezar, un abuso es una relación no consentida.

O: -Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan. La sexualidad es más compleja de lo que parece.


Si te descuidas te provocan. Era hora de que alguien dijera esta valiente verdad, qué tanto. La culpa es de los pibes, che. Se te ponen ahí, se insinúan... y claro, uno no es de fierro tampoco ¿no? Hay que entender al Sr. obispo, la sexualidad es compleja, mire...

Si algo hay que agradecer a la iglesia y la derecha españolas es que su perversidad viene frecuentemente acompañada de una estupidez tan cerril y persistente que los hace casi transparentes, cándidos en su brutalidad. No son sólamente degenerados, algunos además son imbéciles, cosa que bien puede verse como un lado positivo: nadie se puede hacer el tonto frente a semejante declaración.

Bah. Me hago ilusiones. Hacerse el tonto es un ejercicio largamente practicado y en el que ciertas gentes han desarrollado una habilidad sin límites. Seguiremos asistiendo a marchas, declaraciones y sermones católicos contra el preservativo, contra la anticoncepción y contra la homosexualidad. En cambio es notable que la pederastia ya no suscite un rechazo de plano y encontremos estas divertidas componendas conceptuales para relativizar el fenómeno. La sexualidad es muy compleja, macho, abusar de niños está mal pero hay que ver el contexto ¿no? ¡Tampoco nos vamos a poner en inquisidores!

El problema es que no se trata de "sexualidad". La pederastia no es una preferencia sexual sino un crimen que la iglesia practica y encubre con entusiasmo. Ahora también lo justifica culpando a las víctimas, o sea que se puede esperar cualquier cosa.

No pediremos que se lo tire al mar con una piedra de molino atada al cuello, pero la impunidad es peligrosa. Hay que atajar a esta gente. Yo francamente no me creo que cualquier hijo de vecino pueda hacer estas declaraciones públicas sin que la justicia actúe. Pero se trata de un obispo, y ya sabemos que la santa madre iglesia tiene sus privilegios. Y mucho dinero.

Buenas tardes.

18.10.07

Les Amours d'Abeilard et d'Abeilard

El asunto es así, miren: monseñor Tomasso Stenico es un alto cargo de la Congregación para el Clero del Vaticano. Resulta que el hombre fue filmado sin que lo supiera mientras le decía a un joven que era "atractivo" y que la homosexualidad no era pecado.

Lo interesante es la explicación que dio: dijo que no es homosexual sino que fingió serlo para "aprender" sobre los homosexuales que dañan a la iglesia desde dentro y "desenmascararlos". También dijo que lo hizo para "redimir a las victimas" del pecado.

Muy bueno.

El video es verdadero. El sacerdote soy yo, pero se ha tratado solo de una banal equivocación que espero aclarar lo antes posible ante mis superiores

Pretendí ser homosexual, un ladrón entre ladrones, para entrar en contacto con aquellos que dañan la imagen de la Iglesia con prácticas homosexuales dentro y fuera del Vaticano

¡Qué digo! Buenísimo.

Ya sabemos que el sacerdocio es precisamente un sacerdocio. Y exige sacrificios. Hay que aprender del enemigo, y para eso qué mejor que meterse en su piel, en sus hábitos, hasta en sus mínimas actitudes.

Y no debe el santo varón arredrarse: hacerse habrá lo necesario para mejor desenmascarar a Satanás. Medias con ligas, tacones, mucho rimmel y ahí va Tomasso, santo varon mezcla de agente secreto y moderno templario, a las tres de la matina derechito hasta abajo del puente donde lo esperan los muchachos.

Durante afanosas horas, simulando pecar estará en realidad estudiando detenidamente las costumbres de los que practican las más escabrosas aberraciones contra madre natura, desde la sodomía alcoholizada hasta la cambiadita vuelta y vuelta. Ni las más repugnantes prácticas habrá de ahorrarse este verdadero mártir de la fe, a las horas en que las familias de bien duermen el sueño de la bendita ignorancia.

El problema es – si los muchachos de la cruz me permiten una alarmada opinión – que el ejemplo cunda. Que el celo por ejercer de esta sacrificada forma la defensa de la cristiandad prenda como un incendio entre el clero y los portadores de hábitos salgan en tropel a invadir hasta los más recónditos garitos, a aventurarse en los abismos carnales más fétidos y a no privarse ni de los ravioles con tuco como doble forma de celo en la piedad y severa mortificación de la carne.

En fin.

El hábito de la mentira lleva muchas veces al ridículo. Una experiencia casi bimilenaria en el poder y la seducción de las almas no borra el hecho de que quien miente una y otra vez termina degradando su escala de valores hasta un punto en que cree que el resto del mundo es tan estúpido como para creerle. Y creer estupido a todo el mundo estupidiza.

Debe ser penoso vivir así.

Pero vamos a quedarnos con lo simplemente gracioso, con el amigo Stenico intentando levantarse a un muchacho y luego saliendo a dar su ingenua cátedra. Al fin y al cabo eso no hace mal a nadie. Por eso es gracioso.

El problema es que la mentira puede servir para ocultar cosas sobre las que definitivamente no se pueden hacer chistes.

La pederastia por ejemplo.

Buenas tardes.

5.10.07

Multiculturalidad si, pero no.

Hace unos días hubo que soportar otra de esas polémicas sin seso que desatan todos los lugares comunes posibles en Europa. Se trata de una niña hija de árabes a la que no querían dejar ingresar al colegio mientras usara el hiyab, una prenda de vestir con forma de pañuelo que cubre la cabeza de la mujer.

La progresía

Los primeros balbuceos correspondieron a cierta progresía europea que oculta su desprecio por los inmigrantes detrás de la lucha contra un supuesto fanatismo religioso. Gente que quisiera que los inmigrantes fueran chics y moderrrrnos como nosotrossss ¿vistes?. Así que se subieron al caballito de batalla de "No dejemos penetrar la religión en la escuela pública" del brazo con los católicos reaccionarios "No dejemos entrar al Islam en la escuela pública" y los skinheads "No dejemos un inmigrante vivo". Muy bello.

Alguno dirá "Pero no dejar entrar la religión en la escuela pública ¿no es una política de izquierda"? Yo creo que la pregunta revela falta de sentido fino en un tema peliagudito como la educación, cuyo análisis lo reclama.

La primera reflexión que cabe es preguntarse por el límite entre lo religioso y lo cultural. El hiyab tiene un origen religioso, es cierto, como tantas otras cosas que hoy pertenecen a la cultura. El que diga que las fronteras entre ambas cosas es confusa (sobre todo en ciertas culturas) estará posiblemente en lo cierto, pero conviene aplicar un poco de ojo e inteligencia. En Europa no es raro ver chicas con la prenda de marras combinada con unos vaqueros, así que querer darle un significado religioso absoluto es tirar de los pelos a la realidad.

Pero hay algo más alarmante, y es que si se expulsa a esta chica lo que está haciendo la escuela pública es sabotearse a sí misma. En EEUU – país demencial si los hay – existe una fuerte corriente que apoya la home education, es decir, educar a los chicos en el hogar, quitarle al estado la posibilidad de integrar a la población mínimament; y enseñarle a los hijos cualquier chifladura que se le ocurra a los padres, acrecentando las desigualdades, el egoísmo, la fragmentación social y ya que estamos la locura general.

Echar a esta chica ¿no es empujar a los padres a enviarla a una escuela religiosa y fomentar el particularismo cultural? Los padres le ponen el hiyab, pero al mismo tiempo la mandan a la escuela pública, lo que ya es un rasgo de integración ¿por qué negársela?

La lucha contra el atraso es necesariamente una tarea difícil para la que se requiere un sistema educativo muy capacitado, capaz de aceptar a todas las personas tal y como vengan de su familia.

Y aquí viene la respuesta a aquello de si hay que dejar entrar la religión o no a la escuela: existe una diferencia grande entre hacer proselitismo religioso en una escuela y traer consigo un bagaje de costumbres - religiosas o no - que vienen de la familia. Prohibir el proselitismo religioso esta muy bien, pero es ridículo creer que se hace algún favor a la educación negando la identidad cultural de cualquiera, porque es desde esa identidad cultural que tendrán que llegar a recorrer otros caminos si pueden, y para eso hay que ofrecerles algo mejor y que lo elijan libremente. Si la escuela no puede aceptar el desafío de integrar a estos chicos ¿entonces para qué sirve?

La feminodia

Faltar no podía la otra pata de la progreseta eurocéntrica: ¡El hiyab es sexistaaaaa!

Claro que no podía faltar.

Fíjense lo que hay que leer en los diarios españoles, disfruten este articulejo que empieza con el título: "No es fe sino doma". Fasten your seat belts… tight.

No hay religión bajo el pañuelo que lleva la niña al colegio, lo que hay es la caspa del machismo eterno.

Hay mujeres a las que se les enseña a taparse, y les hacen creer que es una seña de identidad

¡Qué horror! A casi todos los varones se los obliga a usar corbata bajo amenaza de despido, si vamos al caso. Pero estoy interrumpiendo a la oradora.

Al negarnos a admitir a las niñas y mujeres cubiertas en los centros de enseñanza no vulneramos las costumbres y la tradición de un pueblo al que acogemos sino que defendemos unas libertades que aquí ha costado sangre conseguir…

Me encanta la forma como el feminismo se apropia de las luchas ajenas. No sé a qué sangre se referirá, posiblemente los luchadores antifranquistas murieron en el garrote vil para que las minas burguesas progre pudieran mostrar el culo en Paseo de Gracia. Siempre se aprende algo nuevo.

Para que quede claro:

No hay libertad en el tocado de la niña en la escuela sino doma, adiestramiento y silencio impuestos masculinamente (recontra sic).

Esos paños me espantan. No hablan de fe sino de sometimiento

Es notable el patetismo con el que la menor estupidez es usada como ariete argumental. Nuevamente las variantes del atuendo femenino se equiparan al látigo esclavista con una frivolidad fantástica sin que nadie pida aunque sea un poco de mesura. La desproporción absurda de la propuesta me fuerza a pensar que esta chica en la intimidad fantasea con celosos Otelos.

Aclaremos – por si hace falta – que el hiyab es un simple pañuelo que cubre la cabeza (no el rostro), como los que usan tantas señoras occidentales, no muy diferente de un sombrero si vamos al aspecto funcional.

Pero claro, ya sabemos que todo, (todo es TODO) es interpretable en clave "macho-oprime-fémina". Así que el hiyab también es utilizable como muestra de la brutal opresión que los hombres ejercen sobre las mujeres. Claro que no sirve de nada la opinión de la chica – que por supuesto no quería sacárselo – ya que es fácilmente descartable: la pobre oprimida es una boluda sin voluntad propia y por lo tanto su opinión no cuenta, sino la de la iluminada que represente al lobby feminista.

Lo curioso es que – al menos en Occidente – las restricciones vestimentarias del varón son mucho más fuertes que las de la mujer. La mujer puede usar las prendas que se le ocurran, incluso las masculinas, puede ir a trabajar con las piernas descubiertas, usar corbata, ojotas, y una variedad cromática mucho más amplia que la del varón. Si la vestimenta fuera signo externo de reglamentación – y no deja de ser una hipótesis interesante – es claro que quien está mucho más reglamentado/oprimido en su vestir es el varón, no la mujer. El saco y la corbata en verano, los pantalones largos, el pelo corto son imposiciones sobre la apariencia masculina que jamás han sido recogidas por ningún estudio de género, esos que no dejan de decirnos lo opresores que somos a santo de la menor gansada.

Pero claro, esto no es serio ¿verdad? Declarar al varón oprimido por el hecho de usar corbata, hacer analogías con la soga al cuello... no es serio, no.

Mucho más serio es esto, amén de expresado en fina prosa:

Demasiados años hasta que aquí hemos conseguido enseñar el ombligo – y si fuera necesario el culo – cuando y donde nos da la gana...

Me pregunto si los varones tenemos esa libertad también, ya que estamos...

... y vestirnos como la madre de todas las fulanas si nos place, y echarnos a la noche.

Pero aceptemos todo este valeroso mal gusto y que la mina en cuestión se vista como "la madre de todas las fulanas". Veámosla pasar caminando ampulosamente con una mini provocativa, tacos altos y top descubriendo unos hombros de solarium ¿Ya está? ¿Hemos dejado de ser opresores? ¡Qué ingenuos! El feminismo tiene ya su discurso de recambio:

"El macho opresor obliga a la mujer a exhibirse para el deleite de su vista, somos mujeres-objeto, oprimidas por la publicidad y..."

¿Vieron que fácil? Feminism always wins, my friend... Always

.

27.5.07

El aborto oooootra vez!

Bueno, primero vamos a pelearnos un poco (de otra forma la cosa no tiene gracia, vamos), pero luego intentaremos una idea. Me gustaría en realidad centrarme más en la idea, pero es que algunas conductas realmente no tienen desperdicio y ejemplifican bien la voluntad de "diálogo" de ciertas gentes.

I – Nos peleamos con los "anti"

Bueno, con esto no asombro a nadie, ya sé.

El debate se armó con el pesadito tema del aborto en otro blog, uno de esos con orientación católica. De derecha. Y para colmo ibérica, una derecha que parece cualquier cosa menos europea.

Me expongo al comentario socarrón acerca de esa mala costumbre que tengo de ensayar la razón contra quienes son enemigos de toda razón. ¿Quién me manda a meterme ahí? La única respuesta que puedo dar es que no pierdo la capacidad de asombro. Todavía.

Pero estoy cerca ¿eh?

El post que me ocupa comienza con esos alaridos típicos de la derecha católica sobre el aborto: "La principal causa de muerte en Europa", sin sonrojarse, la típica foto del niñito por nacer y toda la colección de golpes bajos.

Una de las cosas curiosas que constato es el malestar que despiertan en ciertos espíritus la argumentación y el razonamiento. No se los valora. El uso de la palabra para exponer razones es algo que ven como un intento de hacer trampa y la sensación que se tiene es que simplemente desprecian toda demostración, soportan mal cualquier debate y no están interesados más que en exponer su punto a los gritos. Para ellos usar la razón es un demérito, recurrir a un medio más bien despreciable.

Por eso sus razonamientos son en general pobres, cortitos, las alusiones personales son demasiadas, el estilo es confuso, colorido, exaltado y a veces un poquito bobalicón.

Se entiende: siglos y siglos mandando a gente a la hoguera no los han preparado para argumentar, ni siquiera para entender el valor de una demostración, que como decía nuestro amigo Demócrito "vale más que el reino de los persas".

Hay excepciones, por suerte. En el debate de marras hay que decir que hubo una persona con vocación de argumentar desde la razón, un tal loreto a quien no tuve el gusto de tratar antes.

La derecha católica, especialmente en Europa, está muy interesada en fogonear esta caracterización del aborto como un "asesinato" y larvadamente incuba algo muy peligroso: el odio. Europa no es – afortunadamente – como los EEUU. Pero la derecha católica sueña con llevarla a ese estado de imbecilidad, fanatismo y degradación. Ya se escuchan los alaridos contra las clínicas que practican abortos y no faltará mucho para que estas piadosas gentes empiecen a preguntarse si no convendrá empezar a matar.

Cuidado con ellos, porque si algo no le sobra a esta gente son escrúpulos.

Dicen que les importa la vida. Cuesta creerles cuando uno ve que simultáneamente se oponen también a aquello que previene el aborto con la mayor eficacia: la anticoncepción.

Considerarla un crimen no pueden por un limitado sentido del ridículo, pero se mueren de ganas. Cualquier día nos dirán que el espermatozoide y el óvulo son dos medias personas buscando unirse y que impedirlo es un crimen. No se rían: si leen el post verán que no faltó el filósofo explicando que "la anticoncepción evita la vida".

Por supuesto: sus fieles – salvo unas escasas y respetables excepciones de gente honesta y convencida – practican la anticoncepción alegremente (como tantas otras cosas: la homosexualidad, el sexo fuera del matrimonio, etc. etc.), pero ya sabemos que si alguien está exento de las exigencias morales de la iglesia son sus propios fieles. Lo que en realidad quieren estas piadosas personas es que tanto el aborto como la anticoncepción sean privilegios, y no opciones de libre elección para cualquiera más allá de sus medios económicos.

Por supuesto, fue imposible seguir el debate porque en línea con la mejor tradición reaccionaria y con una ingenuidad casi diría conmovedora (la derecha española se caracteriza por ser muy tosca, muy burda, muy berreta) la persona dueña del blog, al ver que no había posibilidad de contraargumentar, simplemente cerró el post y se quedó con la última palabra.

No hacía falta, bastaba con pedirme que me retire.

Pero aquí puede esta persona – si tal es su deseo – expresarse con total libertad ya que a mí me atan ciertos principios entre los cuales está el que una discusión debe ser leal, y que cerrar un debate quedándose con la última palabra es más bien una trampita digna más de políticos barriobajeros que de gente con cierta altura.

¡Ah! Para el que quiera remitirse, el post de marras está
acá.

II – También nos peleamos con los "pro".

En el tema del aborto es complicado encontrarse con opiniones basadas en la razón. Pero no sólo del lado de los antiabortistas, también del lado de los abortistas, a muchos de los cuales el aporte de la ciencia o la posibilidad de que el embrión sea un ser humano los trae sin cuidado. En el último post que recuerdo respecto de este tema en mi blog la nota curiosa fue que los "anti" al menos solían recurrir al dato científico mientras los "pro" se dispersaban en vaguedades y diversas nubes gaseosas.

Uno de los comentarios más geniales fue que la decisión de si el feto era un ser humano o no correspondía a la madre porque es una "cuestión subjetiva" que le concernía sólo a ella.

A veces hay que recoger la mandíbula del suelo.

Curiosamente en el debate sobre el aborto las razones de los "pro" me convencen mucho menos que las de los "anti", por la sencilla razón de que en general parece importarles muy poco si lo que hay ahí es un ser humano o no. Generalmente se cuestiona a la iglesia o se denuncian sus fácilmente identificables hipocresías, pero resulta que eso es desviarse del asunto.

Que la iglesia condene el aborto no basta para justificarlo. Que el niño ya nacido vaya a tener una vida miserable tampoco tiene el menor sentido como argumento a favor del aborto, y hasta es peligroso porque implicaría que sólo los ricos pueden tener hijos.

Y en definitiva, entre uno que aprueba el aborto sin importarle un comino si lo que hay ahí es un ser humano o no, y otro que lo condena sinceramente convencido de que se trata de una persona, me quedo con éste último.

III – Una idea acá por favor...

Lo terrible es que el aborto es uno de los temas que más precisa de la razón. Es indispensable dejar de lado tanto los alaridos como las posturitas de moda y encuadrarlo como uno de los problemas filosóficos y éticos más difíciles e interesantes.

Como frecuentemente viene sucediendo, la opinión más certera, concisa y hasta diría elegante (buena noticia: la verdad no está reñida con la elegancia) fue la de
Severian. El meollo del asunto es la definición de "individuo humano". Los antiabortistas recurren a argumentos más bien burdos: definen al embrión como "vida humana" (la "vida humana" se encuentra en cualquier célula) y recurren a ineptas alusiones al material genético (que también está presente en cualquier célula). Por su lado, a muchos partidarios del derecho al aborto simplemente les importa un bledo si se trata de una vida humana o no mientras no se toque el sacrosanto "derecho de la mujer a decidir".

Resulta que definir "individuo humano" es muy difícil. El proceso que lleva desde un cigoto hasta un individuo es profundamente dialéctico. Es aquí donde puede verse la transformación de cantidad en calidad. Es divertido ver cómo aquellos que postulan la identidad fundamental entre cigoto y persona utilizan frases como "deviene en un ser humano", "se transforma en un ser humano", "da lugar a un ser humano" sin darse cuenta de que con estas frases inadvertidamente admiten lo evidente: que no es un ser humano (justamente por eso "deviene", "se transforma", etc.).

Según
Severian:

Estamos acostumbrados a creer que la palabra "pato" designa algo ontológicamente diferente de la alocución "no pato". Pero el mundo es mucho más complejo que eso. Un pato es un pato cuando vuela sobre la laguna, pero ¿sigue siéndolo cuando un cazador lo mete en su bolsa? ¿luego de horneado? ¿y de digerido? ¿cuando exactamente, en qué preciso instante, dejó de ser un pato?

No sé si
Severian lo sabe pero este es un análisis pura y duramente dialéctico, aunque él lo llama escuetamente "complejidad". Ocurre, me parece, que nada puede definirse sin tener en cuenta su devenir, y el devenir de algo (de cualquier cosa) implica saltos de calidad a partir de variaciones en la cantidad.

Las definiciones formales que utilizamos para cualquier cosa ("gato", "mesa", "jeringa", "mono aullador", "un kilo de azúcar") son útiles para la vida cotidiana, pero en rigor son simples aproximaciones, no las cuestionamos porque a los efectos prácticos no es necesario. Pero a veces nos enfrentamos con problemas para los que la lógica formal no alcanza.

Los antiabortistas suelen chicanear con el planteo: "Si el cigoto no es un ser humano, ¿cuál es el punto exacto en el que deviene humano?". La respuesta es que el famoso punto exacto no es determinable, entre otras cosas porque no sabemos cuáles son las características que definen a un individuo humano, tenemos que definirlas nosotros. Pero la misma pregunta puede hacerse para cualquier cosa: la mesa de madera fue antes un árbol, el jugo de naranja fue en algún momento una semilla. Todo deviene y se transforma, toda definición humana es una mera convención basada en la experiencia. Y aunque digo "mera" debería decir "nada menos", ya que eso pone en nosotros una responsabilidad.

Tranquilamente podríamos decir que la semilla es una planta, pero el hecho es que discernimos una de otra porque hemos decidido que las características diferenciales de ambas justifican tal discriminación.

Si el almacenero va a vendernos un kg de azúcar y retira un grano no vamos a inquietarnos. Si retira otro tampoco. Si retira diez tampoco. Pero si sigue retirando granos es seguro que llegará un punto en el que para nosotros ya no será un kg de azúcar ¿Cuál es ese punto? Depende ¿De qué? De nuestros parámetros, que en el caso de un kg de azúcar indican que un grano menos no establece a los efectos prácticos una diferencia significativa en la cantidad de mates a endulzar. Pero si se tratase de otro compuesto químico es posible que una ínfima variación fuera determinante.

También conviene señalar que el "proceso" es en realidad infinito: si el cigoto es una persona, entonces ¿por qué no decir lo mismo de cualquier pareja "óvulo – espermatozoide"? ¿Es el espermatozoide media persona buscando su otra mitad?

Caemos en la cuenta de que no hay una sola cosa del universo que antes no haya sido otra: la mesa de madera antes fue un árbol, el caballo que galopa en la pradera deviene comida para buitres y abono para la tierra, ese jugo de naranja alguna vez fue una semilla ¿Dónde y cuándo una cosa deja de ser lo que es para ser otra? La pregunta – planteada con insidia por más de un antiabortista respecto del cigoto (¿cuándo es que se transforma en er humano, eeeeehhhhh?) – vale en realidad para cualquier cosa que intentemos definir.

Así que como señala
Severian, somos nosotros los seres humanos quienes ponemos un criterio para definir lo que es humano. Esta libertad implica en realidad una responsabilidad. Nuestra responsabilidad. Una responsabilidad jodida si se quiere, pero necesaria.

Desde ya aclaro algo, los chistecitos ineptos del tipo "Mirá este tipo, compara una mesa o un pato con un ser humano" son precisamente eso: chistecitos ineptos que demuestran la incapacidad para establecer la identidad fundamental entre dos ejemplos. Si se cae un perro de un quinto piso las fuerzas que operan sobre él son las mismas que operan sobre un ser humano, y decir esto no establecer identidad alguna entre un perro y un contador.

Salute para todos. No se atropellen.