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26.12.08

Pasa esto


Demoliendo tus ojos, demoliéndote.

Demoliendo tus sonidos y tus silencios, demoliendo tu lengua
Demoliendo tus dolorcitos y tus penitas de amor
Demoliendo el vestidito de tu erudita ignorancia
Demoliendo todas tus palabras
Demoliendo tu diplomacia y tu perro y tus galletitas de las cinco
Demoliendo al noticiero y los eternos discursos
Demoliendo el kioskito de tus esperanzas
Demoliendo ese gol que una vez metiste, demoliendo tus sueños
Y demoliendo tus días.

Demoliendo tu estragón y tu iPod y tu triste adulterio after six
Demoliendo la escuela
Demoliendo los dibujos delicados del placer

Demoliendo lo bueno y lo malo, lo bello y lo sucio y lo templado
Demoliendo las dudas y las certezas

Demoliendo la mentira de estas palabras
que medran ciegas en la ira.



6.2.08

Chesterton contra los estetas

I - Chesterton vs. Omar Khayyam

Entro a un restaurante persa. En una vitrina no muy alta veo un ejemplar y pregunto

- ¿Es el Rubaiyat?

Me contestan que sí. Y de pronto pienso en Chesterton. Paso toda la comida pensando más en Chesterton que en otra cosa. Luego me daría cuenta del por qué.

Recuerdo haber leído a Omar Khayyam cuando era muy chico. El Rubaiyat es un libro extraño. Yo sólo recuerdo haber sentido una intensa simpatía por Omar Khayyam. A pesar de su pesimismo, a pesar de sus protestas nihilistas y bohemias. Yo las rechazaba impetuosamente, pero sin embargo - o quizás misteriosamente por eso - no dejaba de simpatizar con el borracho. Una simpatía dolorosa y exasperada.

Más tarde leí la crítica que Chesterton hace de Khayyam y del decadentismo esteticista en general ¿Qué nos dice Chesterton, ese genial católico de origen pequeño burgués y miradas de largo alcance? Nos dice que la filosofía del placer por el placer mismo, el carpe diem, son en realidad síntomas de una profunda infelicidad. Que el verdadero placer puede sentirse como una punzada fugaz, pero que en el instante de gozarlo no pensamos en ese momento como un momento, no al menos si poseemos cierta salud espiritual, digamos. Pensar en el momento del goce que se trata de una fracción de nada en un universo sin sentido arruina el goce. Incluso la sensación de placer más física tiene ecos de eternidad que si se arrancan de ella la dejan angustiosamente vacía.

Chesterton menciona este pasaje del Rubaiyat y nos dice de Khayyam:

"Drink," he says, "for you know not whence you come nor why. Drink, for you know not when you go nor where. Drink, because the stars are cruel and the world as idle as a humming-top. Drink, because there is nothing worth-trusting, nothing worth fighting for. Drink, because all things are lapsed in a base equality and an evil peace" So he stands offering us the cup in his hand. (1)

Le opone, como hace más o menos siempre, las virtudes terapéuticas de la religión con algo muy seductor:

And at the high altar of Christianity stands another figure, in whose hand also is the cup of the vine. "Drink," he says "for the whole world is as red as this wine, with the crimson of the love and wrath of God. Drink for the trumpets are blowing for battle and this is the stirrup-cup. Drink, for this my blood of the new testament that is shed for you. Drink, for I know of whence you come and why. Drink, for I know of when you go and where." (2)

Y si me preguntan cuál prefiero, respondería que se me hacen imposibles de diferenciar. No por gusto de sorprender, yo soy el primer sorprendido con el descubrimiento. Chesterton y Khayyam me parecen ambos muy preocupados por el problema de cómo mejor lidiar con el mundo. Ambos giran alrededor de la ilusión y sus efectos, malos o buenos. Ambos prescriben terapéuticas, formas de vérselas con la realidad para sentirse mejor.

Quizás se vea mejor aquí:

II – Chesterton vs. Wilde

Chesterton a continuación la emprende contra Wilde, Pater y el esteticismo decadentista más o menos con los mismos argumentos: que no representan felicidad alguna sino que en el fondo son muestras de desesperación.

Nuevamente la pregunta que surge en el espíritu inquieto: ¿Quién tiene razón, Wilde en representación del esteticismo puro o Chesterton, que nos propone escudriñar la eternidad?

Y nuevamente creo que ambos y ninguno. Extrañamente leer a Chesterton es comprobar lo preocupado que está por el placer, mientras que leyendo a Wilde podría decirse que no le interesa otra cosa que la trascendencia. El esteticismo despreocupado de Wilde es tan universal que parece la respuesta definitiva que hay que dar al Universo, mientras que Chesterton pondera la religión como un estado de salud espiritual, y la prueba de esa salud es simplemente el bienestar del momento. Curiosamente Chesterton propone la eternidad como medio para pasar bien el instante, mientras Wilde por el contrario se sumerge en el instante porque cree encontrar en él el secreto de la eternidad.

Ambos están muy preocupados por jugar el partido en el campo del otro, si se me permite una metáfora inelegante. "Nada bello puede surgir si suprimimos lo trascendente" parece decir Chesterton; "Nada trascendente puede surgir si suprimimos lo bello" propone Wilde. No parece que haya aquí un desacuerdo demasiado profundo.

Chesterton nos habla extensamente de los pueblos sencillos y sensatamente bárbaros, religiosos y alegres a quienes basta con las creencias y las costumbres. Pero no es difícil comprobar que él no forma parte de ellos. Nadie como él ha razonado tan profusamente contra la razón, mientras que el antiguo celta cuyos alaridos admira jamás se hacía esos planteos. Sólo un intelectual es capaz de atacar el intelecto, y generalmente se debe a una razón: que ha sido decepcionado por él, que quiere volver a pegar alaridos como consecuencia de las paradojas tortuosas de la razón que lo agotaron. Pero se trata de alaridos completamente distintos a los del antiguo celta, es fácil ver por qué: porque regresar no es lo mismo que no haberse ido nunca.

III - So?

Leyendo a todos ellos yo siento que falta algo. Y eso que falta es aquello que va más allá de nosotros. No me refiero al ultramundo sino simplemente a lo que trasciende los límites de nuestra sensación. Bebe porque las estrellas son crueles, bebe porque beber da placer, bebe porque Jesús te conoce y te ama. Beber por estar feliz o beber por estar triste ¿No estamos demasiado preocupados por nosotros mismos? ¿Qué hay de otros placeres que vayan un poco más allá de lo que sólo nosotros necesitamos? ¿Qué hay de los demás?

Yo siento placer con un cigarro y un café. Siento placer analizando un profuso tablero de ajedrez o las extrañas evoluciones del go. Soy muy feliz escuchando la extraña hipnosis de Ligeti, o Bruckner en compañía de mi dama. Y sí: siento también que en todo lo que existe hay algo de eterno, reconozco el placer que me provoca dejar de lado toda beligerancia del intelecto frente al universo y aceptar que hay verdades incuestionables y al mismo tiempo misteriosamente inaccesibles.

Pero ninguno de esos placeres me alcanza, porque ¿qué importa mi placer? ¿Qué importa realmente lo mal o bien que yo me pueda sentir? Mi placer me interesa, pero también (quisiera creer que más) me interesan otras cosas.

Y esto es por algo muy tonto: el mundo no es tan justo como yo quisiera. Hay gente que sufre, y el sufrimiento o el dolor de una sola persona en el mundo alcanza para poner un signo de interrogación sobre todo lo que existe.

Frente a ese hombre al que se carga de cadenas – como decía Nazim Hikmet – la eternidad empieza a importar un bledo tanto como la copa de vino. Ni quienes postulan a la divinidad ni quienes postulan el arte me responden esta pregunta, que es la única que realmente me importa.

El resto es pasarla más o menos bien. Yo ya me puedo ocupar de eso sólo.

Buenas tardes.

-o-

Traducciones muy menesterosas:

1) "Bebe, pues no sabes de dónde viniste ni para qué. Bebe, pues no sabes cuándo te irás ni a dónde. Bebe porque las estrellas son crueles y el mundo es tan ocioso como una peonza. Bebe, porque no hay nada digno de confianza, nada por lo que valga la pena luchar. Bebe porque todas las cosas han caído en una igualdad vil y una paz maligna."


2) Y en el mayor altar de la cristiandad hay otra figura de pie, en cuya mano también hay una copa de vino. "Bebe," dice "pues el mundo entero es tan rojo como este vino, con el carmesí del amor y la ira de Dios. Bebe, pues las trompetas están llamando a la batalla y ésta es la que se bebe con el pie en el estribo. Bebe, por esta mi sangre del nuevo testamento derramada por ti. Bebe, pues yo sé de dónde vienes y por qué. Bebe, pues yo sé cuándo te irás y a dónde."

9.6.07

Flojito lo tuyo, pibe



Pese al esfuerzo, el teniente tuvo la sensación de que fue otro quien golpeó su estómago como con una gruesa barra de hierro. Durante algunos segundos su cabeza giró vertiginosamente y no recordó nada de lo que había sucedido. Los doce o quince centímetros de punta desnuda habían desaparecido completamente en su carne y el vendaje blanco, fuertemente sujeto por su puño cerrado, le presionaba directamente el estómago.

Recuperó la conciencia. Pensó que el filo debía haber atravesado las paredes del abdomen. Su respiración era dificultosa, el pecho le palpitaba violentamente y en alguna zona remota, aparentemente desligada de su persona, un dolor terrible e insoportable se alzaba en forma avasalladora como si la tierra se abriera para vomitar un cauce de rocas hirvientes. El dolor se acercó, de pronto, a una velocidad vertiginosa. El teniente se mordió el labio inferior y sofocó un lamento instintivo.

- ¿Es esto el
seppuku
? - pensó. Experimentaba una sensación de caos total, como si el cielo se hubiera desplomado sobre él y todo el universo girara como consecuencia de una enorme borrachera. Su fuerza de voluntad y su coraje, que tan fuertes se manifestaran antes de la incisión, se habían reducido ahora a una fibra de acero del grosor de un cabello. Lo asaltó la incómoda sensación de que tendría que avanzar, asido a esa fibra, con toda su desesperación.

Algo humedecía su puño y, bajando la mirada, vio que tanto su mano como el paño que envolvia la hoja estaban empapados en sangre. También su taparrabos estaba teñido de un rojo intenso. Le pareció increíble que en medio de aquella agonía las cosas visibles pudieran todavía ser vistas y las cosas existentes, existir.

(...)

La transpiración brillaba en su frente. Shinji cerró los ojos para abrirlos luego nuevamente, como quien hace un experimento. Su mirada había perdido todo brillo y los suyos parecían los ojos inocentes y vacíos de un animalito.

(...)

Usando solamente la mano derecha, el teniente comenzó a cortarse el vientre de lado a lado. Pero a medida que la hoja se enredaba en las entrañas, era rechazada hacia afuera por la blanda resistencia que encontraba allí. El teniente comprendió que sería menester usar ambas manos para mantener la punta profundamente hundida en su cuerpo. Tiró hacia un costado pero el corte no se produjo con la facilidad que había esperado. Concentró toda la energía de su cuerpo en la mano derecha y tiró nuevamente. El corte se agrandó ocho o diez centímetros.

El dolor se extendió como una campana que sonara en forma salvaje. O como mil campanas tocando al unísono con cada respiración y con cada latido, estremeciendo todo su ser.

El teniente no podía contener los gemidos. Pero la hoja ya se había abierto camino hasta lo bajo del ombligo. Al advertirlo Shinji sintió un renovado coraje.

(...)

Cuando el teniente pudo, por fin, desplazar la espada hacia el costado derecho, ésta ya cortaba superficialmente y era posible contemplar su punta desnuda resbalosa de sangre y de grasa. Atacado súbitamente por terribles vómitos, el teniente gritó roncamente. Los vómitos volvieron aún más horrendo el dolor, y el vientre, que hasta aquel momento se había mantenido firme y compacto, explotó de repente dejando que las entrañas reventaran por la herida abierta. Ignorantes del sufrimiento de su dueño, las entrañas de Shinji causaban una una impresión de salud y desagradable vitalidad que las hacía escurrirse blandamente y desparramarse sobre la estera...


Yukio Mishima escribió esto en su cuento Yukoku (Patriotismo) en 1960. Está basado sobre un incidente histórico real que ocurrió en Japón en 1936.

Diez años después de escribirlo, y luego de intentar sublevar al ejército Mishima se mataría exactamente de esta forma.

Lo sublime puede estar a un paso del ridículo, es verdad. Y es que todo lo que vale tiene riesgos. Mishima caminó al filo patinando un par de veces ¿por qué ocultarlo? Pero en el balance general sale sobrado.

Y uno se hubiera tomado un cafecito con él antes que con más de cuatro. Seguro.

Acá tienen el cuento completo.

4.6.07

Divagues sobre el arte, la propiedad y todo eso


La cosa empezó en este post de Hargentina, el blog de Tino Hargen, a propósito de unas declaraciones de Josefina Ludmer respecto de la cultura y el plagio.

Es innecesario decir que los debates del medio cultural argentino suelen tener la profundidad de un charco, no voy a aburrir a nadie con eso. Lo que me pareció interesante es el intercambio posterior.

I - El asunto

Las declaraciones de Ludmer hablan del plagio como de algo maravilloso, como un arma contra la privatización del arte:

"No comparto la idea o el mito del autor como creador y la ficción legal de un propietario de ideas y/o palabras. Creo, por el contrario, que son las corporaciones y los medios los que se benefician con estas ideas y principios. El mito del plagio ('el mal' o 'el delito' en el mundo literario) puede ser invertido: los sospechosos son precisamente los que apoyan la privatización del lenguaje. Las prácticas artísticas son sociales y las ideas no son originales sino virales: se unen con otras, cambian de forma y migran a otros territorios. La propiedad intelectual nos sustrae la memoria y somete la imaginación a la ley"

Como dice
Tino, esto tiene mucho de discursito progre de café, ese que frente al robo tiene una actitud de tolerancia o incluso apoyo vocinglero argumentando que se trata de una forma de resistencia a la sociedad capitalista.

Lo que olvidan los libertarios de utilería es el hecho de que el capitalismo se apalanca en el robo como piedra basal. Su reproducción a pequeña escala no hace más que confirmar su esencia. Es cierto que la opinión pública hace foco en el robo pequeño y no en el grande, pero justificar el robo per se es simplemente justificar en última instancia la ley del más fuerte.

Ahora, esto es verdad en tanto el objeto robado sea un bien, la pregunta es si el arte es un bien o no. O en todo caso si es un bien como cualquier otro.

II - Divagues sobre lo que el arte es

En la sociedad capitalista el arte es tratado exactamente como una mercancía. Con un nivel de subjetividad mucho más alto que el que se necesita para una aspiradora, pero mercancía al fin.

Aún así uno se atreve a decir que hacer dinero no es un hecho consustancial al arte, que el arte es expresión, y que el hecho de ganar dinero con él ya es algo que tiene que ver estrictamente con el capitalismo y no con la sensiblidad artística.

Entonces el artista se ve obligado a lidiar con dos impulsos que no tiran necesariamente para el mismo lado, el de expresarse y el de ganar dinero.

En este contexto el plagio es sin duda un robo, decirle a un artista que necesita ganarse el mango: "¡Si lo plagiaron jódase, cerdo burgués!" está fuera de lugar ya que el artista no tiene la culpa de vivir en la sociedad en la que vive. Pero lo que no hay que perder de vista es que se trata de un robo en tanto el arte es tratado como mercancía, y el arte no debería ser una mercancía.

Determinar la propiedad de una obra es una tarea más administrativa que artística. La grandeza de la obra de Oscar Wilde reside en la obra, no en que perteneciera a un señor irlandés cuyo documento rezaba "Oscar Wilde" ¿Esto significa que daría lo mismo el hecho de firmar una obra de Oscar Wilde con el nombre Jack Celliers? En nuestra sociedad no. No sólo el valor económico de una obra está en juego, también el prestigio y el renombre, la fama y otros aspectos, que igual a mí me siguen pareciendo poco relacionados con el arte en sí mismo.

Si acaso es relevante desde el punto de vista artístico conocer que El Retrato de Dorian Gray y Salomé brotaron de la misma pluma y forman parte de un todo.

Ludmer continúa con esto:

"Precisamente uno de los objetivos del plagio es restaurar la dinámica y fluidez del significado, apropiando y recombinando fragmentos de cultura. El significado de un texto deriva de sus relaciones con otros textos".

Esto vale tanto como decir que el objetivo del robo es restaurar la dinámica y fluidez de la circulación de bienes. Me encantaría ver la reacción de Ludmer si un chorro ingenioso le espetara este discursito mientras le afana el sueldo del bolsillo.

Pero Ludmer no se rinde:

"Creo que toda condena de plagio (toda condena de un escritor como 'delincuente' literario) es un acto reaccionario. Y si pienso en una política propia de los que escribimos, la consigna central sería que todo libro editado, como los periódicos, sea digitalizado y puesto en Internet cuando aparece, para que pueda ser leído y usado por cualquiera que pueda acceder libremente."

Como señala
Tino, lo que esta afirmación olvida es que quien plagia tiene el mismo objetivo original que el artista en la sociedad capitalista: ganar dinero con el fruto de su robo, con lo cual no agrega absolutamente nada de bueno.

¿Pero acaso el arte no debería circular libre de restricciones comerciales? Yo creo que sí, pero la libre circulación del arte, aunque objetivo loable en sí mismo no tiene nada que ver con el plagio. El plagio precisamente lo que hace es considerar esencialmente la propiedad del arte por sobre cualquier otra cosa.

III - Divagues sobre lo que el arte debería ser

Bah, lo que me parece a mí que debería ser.

Lo que cualquier robo pone al descubierto es el problema de la propiedad. Nuestra sociedad se basa en la propiedad privada y su representación simbólica: el dinero.

Si puedo tirar un panfleto al aire, León Trotsky hablaba de una sociedad de transición en la que "el dinero deje de elevar al cielo o hundir en el infierno", y que recupere su función de simple medio facilitador del intercambio. La frase me parece resumir de manera exacta lo que persigue una sociedad socialista: que lo material deje de ser un obstáculo, un objeto de nuestra libido y una deidad cotidiana que oscila entre la condena al infierno de la miseria y el premio de la riqueza sin límites.

En el caso del arte es muy evidente: determinar si una obra es plagio de otra, copia servil, homenaje, recreación, etc. es imposible por medios técnicos. El intento de introducir estos parámetros técnicos para establecer las similitudes (cantidad de compases iguales en una canción, formas y colores en un cuadro, etc.) es muy penoso y está más dirigido a establecer una propiedad - esto es: a satisfacer los requisitos del tratamiento mercantil del arte - que a determinar cuestiones artísticas.

En una sociedad en la que el artista no dependiera de su arte para generar ingresos el plagio no tendría sentido. Determinar si una obra es copia de otra o no sería una simple cuestión del gusto público, que podría dictaminar si la nueva obra agrega valor artístico o no respecto del original. En mi debate con Tino puse como ejemplo Pierre Ménard, autor del Quijote, de Borges como muestra de que se puede copiar punto por punto una obra y sin embargo crear otra, con lo que determinar el valor de esta última obra no es posible más que por el gusto artístico y no por meras comparaciones técnicas, porque la obra es mucho más que la obra: es ella y el contexto, que está formado entre otras cosas por su relación con otras obras.

Tino replica que eso no resuelve el problema de la identidad del autor, que una cosa es copiar en el propio nombre y otra adjudicarse la obra de otro. Yo creo que es verdad, pero también creo que en una sociedad en la que el artista no dependiera del dinero esto último sería estéril. Si según Tino incluso en una sociedad de este tipo aún existirían el prestigio y el renombre artístico, yo creo que el estilo no se puede robar, o que en todo caso sería un trabajo inmenso para obtener una recompensa muy modesta.

De hecho la identificación del artista con su obra es algo más bien occidental. En la corte de los antiguos emperadores chinos los artistas eran rentados, y si bien había artistas más reconocidos que otros ese reconocimiento era más similar al de un obrero calificado por su habilidad en una fábrica o un empleado talentoso, se desconoce el nombre de los autores en muchas obras orientales, que son más bien identificadas por su pertenencia a una dinastía determinada que por el nombre del artista, quien normalmente no firmaba sus obras por no parecerle necesario.

Borges , para volver al maestro, recordaba con su sorna habitual el intento de crear una revista literaria en la que nadie firmara ni sus obras ni sus artículos, pero lamentablemente "...nadie quiso renunciar a su nombre, sin duda eufónico y precioso...".

IV - Final con más panfletos

Creo que en definitiva el asunto del plagio revierte sobre el del robo en general. Ante un robo en pequeña escala el debate siempre se enciende en ambos sentidos: desde el costado izquierdo se tiende a justificar debido a la situación de miseria de muchos y la necesidad de socializar, y desde el derecho se condena señalando los sacrificios de quien es afanado y el respeto a su propiedad privada.

Yo creo que los dos puntos son atendibles, y los dos incompletos. Porque en tanto todo nuestro porvenir gire en torno a la posesión de bienes es imposible que el robo no exista como realización de esta ley de hierro.

En el arte es evidente que la propiedad privada es algo artificial, que una idea o una sensibilidad no son nada si no se transmiten y circulan ya que la obra se completa con la percepción: en tanto admiramos un cuadro o leemos un cuento estamos participando también en su creación. Leer es una tarea tan artística como escribir.

Ya sé que una sociedad así es para muchos utopía, sueños, gansadas. Yo diría más bien que - visto como van las cosas - es una necesidad impostergable.

11.3.07

Macedonio


Creía yo

No a todo alcanza Amor, pues que no puede
romper el gajo con que Muerte toca.
Mas poco Muerte logra si en corazón de Amor su miedo muere.
Mas poco Muerte logra, pues no puede
entrar su miedo en pecho donde Amor.
Que Muerte rige a Vida; Amor a Muerte.

Macedonio Fernández. Poemas, 1953

Poema responsable de una de esas fugaces y perdurables magias, en algún momento en que yo era chico.

Verlo en Wikipedia con una traducción al inglés espantosa me hizo intentar mejorarla, junto al original que tenía - entiendo - ciertos errores (el mucho más prosaico "porque no puede" en lugar de "pues que no puede").

No sé si me la aceptarán, es ciertamente más eficaz que la que había, pero seguramente no deja de ser lamentable:

I Believed

Love reaches not all, for it can not
break the shoot Death touches with.
But little Death gets
if in heart of Love its fear dies.
But little Death gets, since it can not
put its fear into chest where Love.
Since Death rules Life; Love rules Death.

Se me ocurrieron varias cosas, como que "in heart of Love" preserva mejor la cadencia del original castellano que el demasiado sajón "in Love's heart", y otras aún menos valiosas.

A veces, nada tan agradable como el irresponsable diletantismo.

14.2.07

Masacre de estilo

No ha faltado aquí quien me haya irónicamente señalado que escribir un blog es – por el momento – gratis, y que en ese hecho debería cifrarse la razón y el origen de la existencia de éste.

Para confirmar este aserto con el que coincido plenamente, y con la alegre impunidad de siempre vamos a hacer esta vez un poco de crítica de estilo. De todas formas estoy seguro de que si rebuscan con un poco de esfuerzo podrán encontrar cosas incluso peores que esta nueva reflexión, escrita con la habitual incompetencia pero también con el indudable encanto de la audacia, así que ya casi me siento perdonado.

La razón de este post es preguntarse si no se estará perdiendo el gusto por la palabra. En España, por ejemplo, más allá de algunos gracejos, es cada vez más frecuente toparse con errores y feísmos verbales que dan escalofríos.

Y en Argentina, me parece, lo que se impone es un lenguaje que combina por partes iguales lo torpe y lo incoloro. Y no digo que yo no sea un ejemplo. Pero ¿qué esperar del pasajero entretenimiento que distrae a un borroneador de blogs si dentro de lo que se da en denominar “literatura argentina” es posible encontrarse inopinadamente con el espanto?

Hace poco en Buenos Aires ojeando distraídamente un suplemento de Página/12, me encontré con un textito que me dejó petrificado. El autor es un tal Carlos Chernov, al parecer escritor. Digo “un tal” y “al parecer” no para ningunearlo con mi desconocimiento, ya que mi ignorancia en literatura – sobre todo contemporánea – es dramática. Así que es posible que el Sr. Chernov sea un escritor de puta madre. Dense pues desde ahora mismo por aceptadas todas las críticas, denuestos y pullas que mi insolvencia merezca.

Ahora bien, el texto de marras – que espero cuanto menos se trate de una improvisada respuesta oral y no de un escrito – discurre así:

Trato de que lo que escribo pueda circular, no que produzca rechazo o vómito. Por eso utilizo una prosa clásica. Siempre hay algo cuando uno escribe que es disruptivo y duro, y la vida también es dura. No sé qué es lo light, pero el arte tiene que estar en contacto con ciertas verdades. La literatura está a mitad de camino entre la materia, la perversión y el lenguaje humano, el conocimiento, o sea, el lado tranquilo de la vida. Una buena literatura tiene que hacerte sentir algo en el cuerpo tuyo, real.

Lo que me produjo leer esto fue un asombro mudo no exento de alguna incomodidad. La incomodidad creció hasta parecerse un poco a una ligera indignación. Comencé a preguntarme qué es lo que en Argentina se considera hoy un escritor.

Me justifico:

Trato de que lo que escribo pueda circular...

Ya creo que empezamos mal. Si un escritor se enfrenta a la hoja en blanco pensando en que lo que escribe pueda “circular” me parece que estamos menos ante un escritor que ante un oficinista.

Wilde decía que el artista no debe nunca pensar en el público. Y si de todos modos nos resignamos a hacerlo (porque bueno, concedamos que el arte es el arte pero el mercado es el mercado) ¿cuesta mucho decir simplemente “trato de que lo que escribo pueda ser leído con placer” o “fácilmente”? ¿Qué necesidad hay de utilizar el atroz verbo “circular”? El creador nos informa su intento no de lograr que algo sea sentido, comprendido, gustado o disfrutado sino de que “circule”. Incluso “trato de que lo que escribo se venda” hubiera sonado igual de menesteroso, pero al menos más cínico y osado.

...no que produzca rechazo o vómito.

Bueno, digamos que el remate de la frase le confiere una única y débil virtud: la contradicción. La palabra “vómito” era totalmente innecesaria y provoca precisamente ese temido rechazo que se proponía evitar.

Por eso utilizo una prosa clásica.

Nueva declaración de principios administrativos. Hoy voy a utilizar la prosa clásica, el cepillo de dientes y acaso el matafuegos. La prosa de un escritor, hasta donde sé, es un producto de su tensión interna, de su pathos, bah. Uno escribe lo que puede y lo que le es propio, por eso la prosa es personal. Suponer que se puede “utilizar” una prosa, y clásica para más datos, es dar la idea de un cajón lleno de prosas que el autor puede seleccionar como si se tratara de abrochadoras: la clásica, la romántica, la realista, y así.

Es verdad que el escritor de recursos puede variar su estilo dentro de ciertos límites, que pueden ser muy amplios, pero se trata de su propio registro de la realidad que se ha ampliado gracias a sus virtudes y su percepción, no de la “utilización” de una prosa u otra, sino de dejar fluir las variaciones que ha adquirido su propia forma de escribir.

Por otra parte no hay tal cosa como “una prosa clásica” a priori, ya que esas son clasificaciones posteriores. Adscribirse conscientemente a una escuela o estilo (o simétricamente, intentar sustraerse a ella) es más bien un acto de afiliación partidaria que de creación. Shakespeare no sabía nada de literatura shakespereana, como ya lo había señalado agudamente Borges.

Sigamos, por favor:

Siempre hay algo cuando uno escribe que es disruptivo y duro, y la vida también es dura.

Esto quizás es cierto, quizás no. No aporta demasiado y es más bien banal e impreciso. Pero bien, sin haber sacado demasiado provecho digamos que sí, que bueno, y continuemos con esto:

No sé qué es lo light, pero el arte tiene que estar en contacto con ciertas verdades.

Tuve que leerlo varias veces. La relación entre la primera proposición de la frase y la segunda, unidas por la conjunción “pero” es tan misteriosa que sugiere un repentino esoterismo o un error de edición. Propongo otras frases que encajarían tan bien – o mal – como ésta:

“No entiendo nada de yogures, pero la psicología no es una ciencia exacta.”

“No hay arreglos en el sentido de la vida, pero si me mandan voy.”

“Mi tía patea calefones.”

“Mi abuelo cabecea pan dulce.”

Si alguien puede explicar lo que quiso decir, adelante. Yo he agotado las posibilidades. Sigo a tientas:

La literatura está a mitad de camino entre la materia, la perversión y el lenguaje humano, el conocimiento, o sea, el lado tranquilo de la vida.

¡Qué linda frase! “el lado tranquilo de la vida” . Este postulado parcial sugiere que la vida tiene “lados”, de los cuales uno sería “tranquilo”. Creo natural suponer entonces la simétrica existencia de un lado “nervioso” de la vida.

En el tranquilo, si entendí bien esto, estarían el conocimiento y el lenguaje humano, mientras que en el nervioso encontraríamos a la materia y la perversión. En el medio de ambos estaría la literatura.

Esta enteramente arbitraria disposición tiene casi algo de onírico, pero creo que no logra emerger de la ineptitud, aunque sí demuestra que la mediocridad puede superar en extravagancia al más refinado decadentismo.

Por último:

Una buena literatura tiene que hacerte sentir algo en el cuerpo tuyo, real.

La tentación del chascarrillo fácil sugeriría que algo tan tuyo y real en el cuerpo como un dolor de cabeza (o alguna otra dolencia vulgar o infame) pueden ser efectivamente provocadas por ciertas lecturas.

Pero digamos sólo que eso de “una buena literatura” es – otra vez – muy feo ¿Por qué no simplemente “un buen libro”, o “un buen cuento”? Imagínense diciendo: “Ayer leí una buena literatura”. En el afán de rebuscar los términos y evitar hablar como cualquiera se coloca a las palabras en posiciones incómodas, se las fuerza a cumplir tareas que no son las suyas, se las maltrata.

Es curioso lo difícil que es hablar mal.

Ya sé que yo no soy un buen crítico de estilo; mejor dicho: no soy un crítico de estilo ni siquiera malo, pero me atrevo a decir que aquí he dado cerca o en el blanco un par de veces al menos. Y eso es precisamente lo grave: que un pazguato como yo pueda hacer puntería con tanta facilidad en semejante festival cacofónico brindado por alguien que dice ser escritor.

Repito: el Sr. Chernov me es desconocido y seguramente debe tener muchos más méritos que yo, pero no puede dejar de llamarme la atención que alguien supuestamente habituado al trato con la palabra sea capaz de ejercer la fealdad con tanta contundencia.

Y después nos quejamos de Tinelli.

24.1.07

Introducción al esperanto.

Bueno, hoy vamos a atacar con un plato distinto. A ver cómo me sale.

El origen y los antecedentes.

Allá por los años 1860 y pico un judío polaco, el doctor Ludwig Zamenhof, tipo muy pobre, más bien ingenuo e idealista pero de una tenacidad e intelecto notables comenzó la tarea de crear lo que hoy se conoce como esperanto.

No vamos a contar la historia de Zamenhof precisamente porque es muy interesante y merece un post aparte.

El esperanto es un lenguaje que fue inventado para ser una lengua universal. Su nombre lleva implícito el ideal de Zamenhof: esperanto significa "esperanzado" (precisamente en esperanto) pseudónimo adoptado por Zamenhof, dado que suponía que la creación de un lenguaje internacional con pocas reglas sencillas e invariables y gran acople de significados a casi todas las lenguas importantes del mundo serviría para anular la incomprensión humana, acallar el estruendo de las guerras y lograr la hermandad universal. Una bienintencionada confusión de causa con consecuencia, probada por el hecho de que el esperanto, a pesar de sus ventajas, ha tenido muy poca difusión, aunque Internet lo ha revitalizado bastante.

Ha habido intentos previos: el Volapük del holandés Johann Martin Schleyer, o las Interlinguas (la de Peano y la moderna). Borges nos habla también del lenguaje analítico de John Wilkins (escrito que recomiendo), pero creo que ninguno llega a la elegancia, economía y sencillez del esperanto.

Así que vayamos al esperanto. Como se dijo se trata de un lenguaje con pocas (16) reglas fijas e invariables, 100% fonético y especialmente accesible a los hablantes de lenguas romances. Pero lo más interesante que tiene es la elegancia y economía de recursos para crear significados con muy poco esfuerzo.

Conjugando al toque.

Por ejemplo, tomemos los verbos y conjuguemos en presente del indicativo el verbo esti = ser o estar.

Mi estas
Ci estas
Li estas

Ni estas
Vi estas
Ili estas


No hay conjugaciones, verbos irregulares ni defectivos. Las personas son invariables y para crear el pasado y el futuro la regla es sencilla: muta la vocal de la terminación:

"a" para el presente (estas).
"i" para el pasado (estis).
"o" para el futuro (estos).

Con esto ya podemos conjugar de memoria tres tiempos del verbo esti y de cualquier verbo que se nos proponga (kanti = cantar, legi = leer, etc.); todo esto ya al primer contacto con el idioma.

Participe del participio.

Pero las lindezas cancheras del invento son otras. Veamos lo que pasa con el participio en cualquier lengua. Hasta donde conozco, en todas las lenguas importantes (inglés, francés, español, italiano, rumano, alemán, ruso) el participio es siempre pasado, estamos acostumbrados a eso. Observemos como se dice "casa construida" en esperanto:

Domo konstruita.

Hasta aquí nada del otro mundo. Pero por la misma sencilla regla de vocales enunciada más arriba es posible crear los participios:

Domo konstruata = (participio presente) "casa que se está construyendo".
Domo konstruota = (participio futuro) "casa por construirse" o "a construir".

Y saltan a la vista los penosos esfuerzos e ineptas piruetas que tienen que hacer el castellano y otros idiomas para lograr un resultado muy impreciso allí donde el esperanto gasta dos palabras en expresar lo mismo con toda claridad: si hay participios pasados, ¿por qué no presentes y futuros?

Así ya a esta altura es facilísimo hacer frases como:

La domo estas konstruata = La casa está siendo construida.
La domo estos konstruita = La casa estará construída.
La domo estis konstruota = La casa estaba por construirse.
La domo estos konstruota = La casa estará por construírse.

Y así.

Fíjese en los sufijos.

Sigamos: Vimos algunos ejemplos de verbos, y la regla invariable es que toda palabra terminada en "i" es un verbo en infinitivo. De la misma forma:

Toda palabra terminada en "o" es un sustantivo.
Toda palabra terminada en "a" es un adjetivo.
Toda palabra terminada en "e" es un adverbio.

Juno = (sustantivo) juventud.
Juna = (adjetivo) joven.
June = (adverbio) juvenilmente.

Maljuno = (sustantivo) vejez.
Maljuna = (adjetivo) viejo.
Maljune = (adverbio) viejamente, de manera vieja.

Ebrio = (sustantivo) ebriedad.
Ebria = (adjetivo) borracho.
Ebrie = (adverbio) ebriamente, borrachamente.

Obsérvese la confusa variablidad del castellano para transformar adjetivos en sustantivos (terminaciones "ud", "ez", "ad") mientras que en esperanto cualquier adjetivo es fácilmente "sustantivable" y aún "adverbiable" sin esfuerzo.

El esperanto cuenta con un sistema de prefijos y sufijos que permite hacer cosas muy interesantes. Veamos algunos:

ul = Sufijo que designa a un individuo poseedor de una característica, así como en español los adjetivos pueden usarse también como sustantivos. El esperanto hace una diferenciación clara:

Nigra = (adjetivo) negro.
Nigrulo = (sustantivo) un negro.
Ruga = (adjetivo) rojo.
Rugulo = (sustantivo) un rojo (podría ser un comunista, uno de independiente, etc.)

E igualmente:

Ebriulo = (sustantivo) un borracho.
Junulo = (sustantivo) un joven.
Maljunulo = (sustantivo) un viejo.

Veamos otros sufijos:

st = Sufijo que designa a quien ejerce la acción, por profesión u oficio.
em = Sufijo que indica amor o afición por algo.

Así que:

Laboro = (sustantivo) trabajo.
Laboristo = (sustantivo) trabajador.
Labora = (adjetivo) trabajoso, laborioso.
Laborema = (adjetivo) laborioso, que ama el trabajo.

Por ejemplo: en español el concepto "joven trabajador" es ambiguo. Como no sabemos el papel de cada término (adjetivo o sustantivo) no sabemos si se trata de un joven que ama el trabajo, o simplemente un trabajador joven. En esperanto en cambio:

Juna laboristo = trabajador joven.
Laborema junulo = joven laborioso.

Otro sufijo interesante es aĉ = Sufijo despectivo ("ĉ" se pronuncia como "ch" en castellano)

Ĉevalo = (sustantivo) caballo.
Ĉevalaĉo = (sustantivo) caballo malo, matungo.

Ebria = (adjetivo) borracho.
Ebriaĉa = (adjetivo) en pedo mal.
Ebriulaĉo = (sustantivo) Un borracho mal, un borracho del orto.

Junulaĉo = (sustantivo) pendejo.
Junaĉe = (adverbio) pendejamente.

El esperanto es un lenguaje de reglas más que de términos, y esto es precisamente lo que permite deducir y aún crear estos últimos con enorme libertad. Un buen ejemplo se encuentra en la frase:

La ebriulo aĉe insultis. = El borracho insultó groseramente.

El término aĉe es en realidad la mera combinación de dos sufijos: "aĉ" (sufijo despectivo) y "e" (adverbio) que dan la idea de despectivamente, malamente.

Así también, usando el sufijo em que indica afición podemos decir:

eme = (adverbio) aficionadamente, con apego.
ema = (adjetivo) apegado, aficionado.
emulo = (sustantivo) un aficionado.

Lo notable es que estas palabras son deducibles sin necesidad de haberlas aprendido, la mayoría de ellas yo las "inventé" sin haberlas leído en ningún sitio.

Engendrando criaturas verbales. Mójele la oreja a Lacan.

Los lenguajes naturales se han desarrollado en el reino de la necesidad y sobre la marcha. El hombre primero empezó a nombrar las cosas y luego extrajo los conceptos comunes generales que le permitieron sistematizar el lenguaje. Por eso la estructura lógica de las lenguas modernas es el resultado de la lucha entre la sistematización y la costumbre.

Pero el esperanto está desde el principio orientado a conceptos de orden general, así que todos sus términos responden a las reglas establecidas. Esto permite la creación de algunos monstruos verbales perfectamente lógicos desde el punto de vista conceptual que en otros lenguajes no se pueden sintetizar en términos que no queden artificiosos.

Por ejemplo:

Konstruito: (sustantivo) si tomamos el participio pasado konstruita (construido) pero lo terminamos en "o" se convierte en sustantivo. He aquí el posmodernísimo vocablo "constructo" (que en español, además de no existir, suena a "eructo"). La realidad es un constructo creado por el discurso, licenciado Bernardez.

Pero el esperanto, si quisiéramos realmente sobrepasar a todo el posmodernaje en el fetichismo de la palabra, nos brinda recursos de elegante economía que nos permiten lindezas como estas:

Konstruato: (sustantivo) Lo que está siendo construido. Más de un Lacan de Villa Luro ha forzado al castellano a parir un contrahecho equivalente: "construendo".

Konstruoto: (sustantivo) Lo que está por construirse, "lo a construir". Orgasmo de Derrida.

Y podemos desvariar con el participio que se nos ocurra:

Lerni = (verbo) aprender.
Lernita = (participio pasado) aprendido.
Lernito = (sustantivo) lo que se aprendió.
Lernato = (sustantivo) lo que se está aprendiendo.
Lernoto = (sustantivo) lo que se aprenderá.

Los esperantistas suelen teñir el uso de esta lengua con algunas alusiones ingenuotas al porvenir de la humanidad, y algunas huevadas políticamente correctas de poco o ningún valor. Pero el aspecto puramente lingüístico del esperanto es más que interesante.

El único defecto que le encuentro es que no es nada eufónico, su elegancia técnica contrasta con un sonido que parece una mezcla cocoliche de tano alcoholizado y turco.

Bien, vistos los resultados del post anterior creo que con éste llegaremos al tema que me interesa realmente que, como habrán adivinado, es el peso político de la patota sindical peronista.

Buenas tardes.

20.11.06

Breve intervención de Yukio Mishima



No, no es un post sobre Yukio Mishima. Algún día me mandaré un post sobre él. Algún día en el que me sienta capaz de resumir el talento de un tipo como éste en menos de 5.000 palabras y sin tener la sensación de no agregar nada.

Digamos por ahora nomás que Yukio Mishima es uno de los escasos autores de los cuales he leído más de cinco libros sin experimentar en ningún momento la sensación de que podría haberse ahorrado una frase. Tengo la tentación de usar la expresión "uno de mis muy pocos referentes", pero me parece un poco pedante e insuficiente.

Si no lo conocen, y sabiendo que los gustos son algo muy misterioso e imprevisible, me atrevería a sugerir que intentar abordarlo es una inmejorable inversión de tiempo.

Hoy me voy a detener en un parrafito del hombre. El parrafito dice esto:

In its essence, any art that relies on words makes use of their ability to eat away – of their corrosive function – just as etching depends on the corrosive power of nitric acid. Yet the simile is not adequate enough; for the copper and the nitric acid used in etching are on a par with each other, both being extracted from nature, while the relation of words to reality is not that of the acid to the plate. Words are a medium that reduces reality to abstraction for transmission to our reason, an in their power to corrode reality inevitably lurks the danger that the words themselves will be corroded too. It might be more appropriate, in fact, to liken their action to that of excess of stomach fluids that digest and gradually eat away the stomach itself.

Taiyo no Tetsu - Sun and Steel (1970)

Ya que la lengua original no es el inglés me puedo animar a traducir ineptamente:

En su esencia, cualquier arte que se apoye en las palabras hace uso de la capacidad de éstas para erosionar, de su capacidad corrosiva, tal como el grabado depende del poder corrosivo del ácido nítrico. Aunque el símil no es totalmente adecuado ya que el cobre y el ácido nítrico usados en el grabado están en un pie de igualdad, siendo ambos extraídos de la naturaleza, mientras que la relación de las palabras con la realidad no es la del ácido con la plancha de metal. Las palabras son un medio que reduce la realidad a una abstracción para posibilitar la transmisión de la misma a nuestra razón, y en su poder de corroer la realidad inevitablemente acecha el peligro de que las palabras mismas sean también corroídas. Podría ser más apropiado, de hecho, asimilar su acción a la del exceso de fluidos estomacales que digieren y gradualmente erosionan el estómago mismo.

Taiyo no Tetsu - Sol y Acero (1970)

Si este conceptito tan lleno de posibilidades hubiera sido mejor conocido / comprendido nos hubiéramos ahorrado toneladas de papel impreso con fatigosas y aburridas huevadas en los últimos veinte años.

Y tendríamos unos cuántos árboles más.

2.11.06

Che, una cosa...

¿...alguien sabe algo de este muchacho Da Vinci?

¡Tengo una idea genial para un libro!

8.6.06

Demolición y reconstrucción de A.P.

Pecado mortal: (esto que voy a decir, digo). Puta, ahora el paréntesis, los dos puntos, en fin. Digo: el problema tuyo, Ale, era que no eras lo suficientemente fea.

Si hubieras sido un gramo más fea, un micrón, un desarreglo más. Si tu apariencia hubiera sido algo más tosca, más desmañada aún... ¡Ah! Mucho mejor, claro que si. Si, si... Sin duda. Madame La Mort no te habría tentado tanto, como te tentaba ese tipo que nunca estaba ahí, lo suficientemente cruel. No habrías soñado, habrías sido una de esas que no son nunca más que una de esas que son.

Ese tipo no. No existe. Oficialmente borrado de. Igualmente digamos la verdad: nunca estaba, no existía, usaba un chaleco de seda. Mentía diciendo la verdad. No lo veías, pero pensabas. ¡Ah! Sí que pensabas. Ale, querida. Eras fea. Pero no lo suficiente.

Mujeres también, claro, pero tipos también, y mujeres; y salías con tipos además, y con mujeres también salías. Salías con todos. Y la verdad es que debías ser bastante imbancable, mi amor. Te adoraban. Estaban pendientes de vos. Debías ser bastante pesadita. Te admiraban. Imbancable. Inestable. Yo Estoy Mal. Uf. Destructiva. Te amaban.

Mientras te daban un beso añorabas una patada. Podías escribir muy bien, pero preferías escribir mal antes que complacer. Y está bien, nada de complacer. Pero se termina complaciendo, mirá: legión de seguidoras que te ponen por las nubes. Minas casi todas. Algunos darkies. Te daría risa. Vos no. ¿Nubes? Risa. Levantabas árboles retorcidos y hacías signos misteriosos de tan transparentes. Gritabas bah. No se entendía. Demasiada ingenuidad la ambición de ser ingenua. No se te perdona, se te erige. Carol sí que sabía, se hacía el gil. Macho y Futerina te asesinaron, se reían sarcásticos, no los lograste como personajes pero sí como seres.

Enorme negocio montado a tu alrededor. Los intelectuales, qué asco ma chère. En un rincón del mundo, en un país que se llama ridículamente Argentina, un espacio para vos, ya no clandestino porque como te dije: le dan y le dan a la matraca, y dale con Pizarnik, y dale con las obras completas, completísimas, posta posta, incluyendo las cartas que le escribiste a tu tía, incoordinadas y semilúcidas. Y lo mismo, lo mismo, lo mismo, lo mismo: Pizarnik y el tallercito literario. Estoy podrida, mirá, lo digo por vos.

Yo te habría regalado una flor de todos modos. Una rosa roja, un augurio siniestro y diáfano. Sonrisa. Te habría regalado esa flor y callado que sos fea, pero no lo suficiente. Te habría dicho: No. Ese punto inacabado de crueldad no satisfecha, esa imposibilidad de resignarse. Hijo de puta. Sí. Es que hubieras sido hermosa ¿sabés? No. Hubieras. Habrías. Hermosa. Palabras. Más.

-o-

A ver... a ver... dejemos la prosa poética de lado, que bastante mal lo hacemos. Lo que quiero decir es que hay que rescatar a Alejandra Pizarnik. Nadie lo hizo en vida y por eso se dio con ese Seconal y dijo: chau. Por eso el psiquiátrico. Tenía esa manía de autodestruírse principalmente porque le encantaba que le den bola. Y la asqueaba al mismo tiempo ese público que la desilusionaba eternamente. Hay gente que se cansa de sí misma, de tan imbancable que se vuelve.


Lo peor que ha dejado Alejandra Pizarnik es su propio ghetto. Hordas de gansas y gansos que la imitan hasta el hartazgo, juegan a suicidarse, a estar loquitos/as, a ser incomprensibles. Grupetes darkies y lesbianas necesitadas de un ícono que la hicieron una santa, a ella precisamente que era flor de chiflada y jodida como ella sola, que se acostaba con lo que se le pusiera a tiro y detestaba las etiquetas.


Su legado ha sido rapiñado por arpías incompetentes, alternativos de novena, huevonas con morralito. Pusieron la foto de Pizarnik para reemplazar la de Hello Kitty.


Eso es lo que tiene de malo Pizarnik: su público. Semejante horda de nabos/as es la que hace que no se la considere una escritora seria, como si la pobre tuviera la culpa. Al mismo tiempo hay un gran interés en mantenerla en el ghetto, ese es el negocio, mi querido Watson. Y el puterío alrededor de sus diarios, y uuuuffffff...


Hay que rescatar a Alejandra Pizarnik de sus admiradores. Ya. Váyanse al carajo los mandarines y las mandarinas de Pizarnik. No entienden nada. De nada. ¡Gracias!

23.5.06

Literatura basura I: ¿Y si aflojamos con Da Vinci?


La recomendación de leer es muy frecuente. La lectura es un buen hábito, dicen. Disfruto mucho de ciertas lecturas, y creo ser lo que Borges decía: "un sensible y agradecido lector", pero – o precisamente por eso – el consejo me parece deficiente. Hay lecturas y lecturas.

Tengo a la vista un pequeño catálogo de propaganda con best sellers recomendados: el primero se llama La Ecuación Dante.

Ya empezamos.

Primero fue El Código Da Vinci, éxito abrumador. Así que ahora repetimos la misma pavada: mezclar un elemento lógico o matemático con algún personaje del Renacimiento; ya no basta con copiar la recetita para el guión (intrigas nacidas hace 600 años, esoterismo de cuarta, conspiraciones, laberintos religioso-científicos, etc.) no... ¡Hay que copiar la formulita para el nombre también, hermano! Código = Ecuación, Da Vinci = Dante ¡Brishante!

Por si hacía falta, me explican: "El libro que recomiendan leer en Estados Unidos luego de El Código Da Vinci" ¿Recomiendan? ¿Quiénes recomiendan? ¡Y en Estados Unidos, voto a Analfabesis, diosa del best seller! Si vamos a ser snobs por lo menos decime que lo recomiendan (los expertos, los asistentes a cócteles, los editores sobre todo) en Francia o Bélgica, qué sé yo... un poco de glamour al menos.

Me voy a prender, ya tengo un montón de títulos: El Criptograma Michellangelo, El Cifrado Greco, El Códice Brunelleschi, El Crucigrama Alberto Olmedo... no entiendo cómo no me llené de verdes hasta ahora.

Pero por suerte hay alternativas, por ejemplo éste: El Último Secreto de... ¿a que no adivinan de quién? Resignémonos: de Da Vinci. El comentario ilustra: "Una novela apasionante (ese adjetivo ya me convenció) que descubre la relación entre Leonardo Da Vinci y la Sábana Santa". No quiero yo preguntar qué cosa es la Sábana Santa, se me ocurren una docena de respuestas ingeniosas y un poco escabrosas que me voy a reservar; quizás se refiera al famoso santo sudario, pero a quién le voy yo con cuestiones de estilo...

Veamos qué más hay, un tal René Chandelle se despacha con Más allá del (no, no puede ser...) Código Da Vinci (aaaaarrrggghhh!!) y se anuncia como "La verdad tras la ficción del best seller". Claro. El que ya te compraste era mentira, boló, ahora comprate éste que es la posta posta.

Ignorando que ya ardo en deseos de incluirlo en mi biblioteca me machacan con que aquí encontraré "... lo esencial para entender los temas que distintas generaciones se han preguntado (obsérvese por favor la elegante sintaxis: los temas "se preguntan") Los últimos documentos en torno a Jesucristo (otra bella expresión: "documentos en torno" ¿pagarés, boletas de luz, contratos de locación?), los apóstoles, María Magdalena, la estirpe de los merovingios, los cátaros, los templarios y la búsqueda del Santo Grial, el Priorato de Sion, los rosacruces, los masones...", no comprendo cómo olvidó a los vikingos, los Testigos de Jehová, la Secta Moon, Marylin Manson, las Walkyrias y la barra brava de Racing, total... entusiasmo es lo que sobra.

En la tapa el "Más allá del" se lee bien chiquito, seguido de "Código Da Vinci" en tipografía de título. Claro, saben bien con qué público están tratando: gente que más que leer lo que busca es atiborrarse. Más de uno se lo llevará pensando que es el otro, y cuando se dé cuenta se lo tragará igual, como se traga todo.

Como un volumen no basta vienen dos: el título del segundo reza: "Más allá del Código Da Vinci II, entre Da Vinci y Lucifer". Me rindo.

¡Me rindo demasiado pronto! Porque el tal Chandelle está muy interesado en el más allá: Más allá de Angeles y Demonios. Y dale: "La verdad que se esconde tras la ficción (¡otra vez!) de Angeles y Demonios, el último best seller del autor del Código Da Vinci. La clave para descubrir cómo las sociedades secretas pretenden dominar el mundo". Las sociedades secretas deben estar que trinan con este tipo; justo iban a dominar el mundo y Chandelle les escupe el asado... así que tranquilos amigos: ¡el mundo sigue sin estar dominado por nadie!

Pero el franchute insiste: Mas allá de Los Pilares de la Tierra, "¿Qué enigmas ocultan las catedrales góticas? (el que sea, ahora está al alcance de cualquier pazguato). Todo lo que Ken Follett no quiso o no pudo contar en Los Pilares de la Tierra." Una de dos: o este muchacho Chandelle está muy bien arreglado con Ken Follett y Dan Brown, o me pa que en cuaquier momento le rompen la cara.

Pero no todo es Chandelle, otros también tienen que morfar: Jesucristo o la historia falsificada, "¿Todo lo que se ha contado sobre Jesucristo es falso? Descubra hasta dónde llega la impostura". Sobre la tapa una banda insiste: "Todo lo que se sabe sobre Jesús podría ser falso". Es cierto, como poder podría ser verdadero también. Sin ir más lejos, este blog podría ser escrito por Mirtha Legrand ¿nunca lo pensaron? No deja de ser interesante fomentar la duda y el misterio.

Pero esperen, no se vayan; hay otro libro titulado El Legado de Jesús, este ya viene fuerte: "El mayor secreto de la humanidad: la dinastía de Jesús y su supervivencia" ¡Paaaaaaaaaa... jarito! Debajo, en tipo menor... adivina quién viene a cenar: "El diario secreto de Da Vinci" ¡Leonardito, tanto tiempo! ¿Qué tendrá que ver Da Vinci con los descendientes de Jesús? ¡Qué pregunta! ¡Elemental, mi estimado! Decididos a exprimirle todavía unos mangos al maltrecho Da Vinci, lo subieron al bondi de prepo: "¡Dale, vos metelo en la tapa que ya nos vamos a arreglar para encajarle algo!" ¡No me van a decir que no les interesa conocer el mayor secreto de la humanidad!

Tampoco se queda atrás La Conspiración del Grial. Ah, si, el Grial no podía faltar. En la tapa leemos: "¿Sería posible clonar a Jesucristo?" Claro, ¿para qué perder el tiempo con ovejas? Por clonar, clonemos en grande che. "Una apasionante (naaaaa, ¿en serio?) novela de intriga donde se entrelazan sociedades secretas, cultos satánicos, conspiraciones mundiales, intereses ocultos del Vaticano, la leyenda del Santo Grial y la clonación genética. Si le gustó el Código da Vinci (perdón ¿si me gustó cuál...?) esta novela le encantará".

Obsérvese que ya el mismo estilo se encarga de tratar al lector como un niño un poco tarado: este libro tiene toooooodo lo que te gusta ¿Querías cultos satánicos? Acá tenés, ¿Sociedades secretas? Tomá, ¿Intereses ocultos del Vaticano? También le metimos ¿Te gustó la otra? Bueno, esta es igual. Hasta parece que con una conspiración mundial no bastaba así que incluye varias "conspiraciones mundiales" juntas, imagínense el kilombo.

¿Uno más? Siiiiii, cómo que no. Éste es audaz, sin temor al delirio: María Magdalena ¿El primer Papa? "¿Fue Maria Magdalena el primer Papa? ¿Quién era María Magdalena? Esta impresionante investigación nos revela la verdadera María Magdalena y nos hará reconsiderar la historia del cristianismo.". Estoy por rendirme de nuevo.

Y de nuevo me doy cuenta de que soy un gil, hacer guita es facilísimo. Hay que tomar cualquier idea medio delirante y salir a defenderla con toda la jeta. Se me ocurren estos títulos: El beso picarón de Judas "¿Eran Jesús y Judas una pareja gay? Impresionante investigación que lo hará caerse de tujes ¡También aparece Da Vinci!". Los Templarios Vuelven. "Descubra la gran conspiración mundial. El autor ha descifrado antiguos documentos y una compleja red de mensajes cifrados escuchando en sentido inverso numerosos temas de cumbia cabeza. Da Vinci anda por acá también". El apóstol Santiago era una mina ¿Mito o realidad? Los Rosacruces y el Imperio Coca Cola ¿Quién da más?

Sin duda es un negocio floreciente: decenas de títulos que hablan de lo mismo, es evidente que la cosa vende. Escapar a esta marea no me hace sentir mejor sino inquieto. Como si viviera en un mundo de zombis.

¿Somos tan pocos los que nos damos cuenta de esta estupidez? Y si no soy yo y unos pocos más ¿me explican por qué la manada de gente que se deja tomar el pelo va y compra interminablemente estas gansadas? ¿Tan fácil es engañar a la gilada? ¿Ninguno tiene dos dedos de frente para aunque más no sea sospechar de toda esta grasada? ¿No se sienten utilizados, engañados, esquilmados, comprados con baratijas para intelectos infra? ¿Tan difícil es ver estos trucos transparentes, burdos, tontos?

Comprar libros es cambiar el propio dinero por cultura, información, imágenes del mundo. No deja de ser importante. La gente que cae en esto debe aplicar los mismos criterios (o la ausencia de ellos) al elegir cosas de similar calibre. Más de cuatro de estos boludos deben ser los que después hablan mal de la gente sin recursos y lo fácilmente que se la manipula.

No quiero decir que cualquiera que compre El Código Da Vinci sea automáticamente un tarado. Pero es evidente que semejante marea de libros cortados exactamente sobre la base del mismo patrón no puede ir a parar a manos de gente con un cociente intelectual medio demasiado alto.

Escribí "cociente intelectual" y no me satisface, quizás sea algo más importante que eso: la voluntad de leer y ver claro, de juzgar con un mínimo rigor, de no dejarse engatusar. Esta avalancha de bosta parece proponer al lector el juego perverso y dulzón de no pensar, de tragar sin rigor, de convertir al lector en un niño medio ganso que se complace en fantasear y – a fuerza de creérsela – termina contentándose con sensaciones baratas, chillonas, fáciles.

Aceptar la mentira ya es dar un paso hacia la estupidez, que creo es siempre voluntaria. No se es estúpido por falta de capacidad intelectual sino por interés y comodidad.

Posiblemente yo sea intelectualmente limitado a rabiar, y engañado más de cuatro veces, pero intento que a quien sea que intente engañarme le cueste un poco.

O al menos que sepa escribir.

Salud.

12.4.06

Chesterton y una modesta reflexión sobre la conversión



Leo a Chesterton relatando su vida antes de su conversión al catolicismo:

"A la edad de doce años era yo un poco pagano, y a los dieciocho era un completo agnóstico, cada vez más hundido en un suicidio espiritual".

"Lo que yo llamo mi temporada de locura coincidió con un período de ir a la deriva y no hacer nada. Una época en la que alcancé la condición interior de anarquía moral, sumiéndome cada vez más en un suicidio espiritual..."

"...ahondé lo suficiente para encontrarme con el demonio, incluso para reconocerle de manera oscura."


Con el tiempo, nos dice que:

"Después de haber permanecido algún tiempo en los abismos del pesimismo contemporáneo, tuve un fuerte impulso interior para rebelarme y desechar semejante pesadilla."

Más adelante afirma, en su evolución hacia el catolicismo "seguir unido a los restos de la religión por un tenue hilo de gratitud: daba las gracias a cualquier dios existente", y también que en sus épocas de estudiante había llegado a "un estado de melancolía enfermiza y ociosa".

Ya convertido, llama al paganismo y al mundo antiguo "enfermo de desesperaciones incurables" y afirma que "Cuando la gente me pregunta '¿por qué ha ingresado usted en la Iglesia de Roma?', la primera respuesta es: para desembarazarme de mis pecados. Pues no existe ningún otro sistema religioso que haga realmente desaparecer los pecados de las personas."

Y a propósito de uno de sus mejores amigos, converso como él, Chesterton escribe: "Los dos hemos hablado con un gran número de personas sobre cantidad de asuntos importantes, hemos contemplado parte del mundo y de sus filosofías, y no tenemos ni sombra de duda sobre cuál ha sido el acto más inteligente de nuestras vidas".

Hasta aquí Chesterton, a quien he tomado como ejemplo entre tantos posibles, más que nada por su elocuencia y talento. Con mucha más sencillez (y hasta diría candor) un católico practicante que conozco me preguntó hace poco a quién se dirigía un ateo en caso de desesperación, pregunta que debería responderse nada más que con una sonrisa más o menos perpleja.

Es curioso que frente a este discurso de Chesterton contraste mi experiencia con el ateísmo. Coincidiendo con Chesterton en sentido contrario, puedo decir que el ateísmo no me ha aportado ninguna solución, me ha planteado un montón de problemas sin resolver y por consiguiente ha amenazado y amenaza siempre con arrastrarme hacia los vacíos espirituales que Gilbert Keith menciona.

Más aún, y para corroborar lo que Chesterton afirma: antes de ser un ateo consciente yo estaba lejos de preguntas corrosivas, no me atormentaba la menor problemática acerca del orden del Universo y, como la mayoría de las personas, creía difusamente en un dios. Podría haber practicado una religión ahorrándome los abismos que GKCH enumera.

Pero precisamente lo que me resulta asombroso de la gente que relata sus conversiones a una religión cualquiera es la admisión de ese carácter de remedio, de salida de emergencia, de "decisión inteligente" por la cual felicitarse. No es difícil ver el sentido de conveniencia que sobrevuela todas estas afirmaciones.

Me asombra cómo Chesterton y otros tantos pasan por alto el hecho – para mí más bien evidente – de que la descripción de sus abismos espirituales, de su melancolía y desesperación previas hace un flaco favor a la idea de la verdad intrínseca en su conversión. La elección de un espíritu postrado por aquello que lo saca de la postración no puede menos que ser sospechosa, y en el mejor de los casos no es un criterio de verdad, a menos que se considere que una postura frente al mundo debe ser reconfortante para el individuo.

Otras religiones son mucho más sutiles, quizás por ser más antiguas. El judaísmo por ejemplo.

He conversado con algunos judíos seculares a los que un buen día les dio por practicar la religión. Ninguno me habló de crisis previas, ni de ataques de agnosticismo angustioso, ni de dudas carcomiendo su alma. Posiblemente los hayan tenido, pero se cuidaron muy bien de mencionarlas, de caracterizar a la religión que adoptaron como el "remedio" que los sacó de un pozo.

Precisamente porque saben que – lejos de ser un mérito – tal cosa es más bien un elemento de sospecha, que mencionar la postración espiritual previa a la adopción de una religión es un recurso pobre, casi un argumento de venta. Las sectas lo utilizan con mucho menos vuelo, sutileza y decencia, dirigiéndolo muchas veces a problemas de tipo más mísero: dinero, salud, prosperidad general, etc. Pero el principio no varía.

Quizás por eso el judaísmo ha llegado a ser más bien reticente a la conversión de otros y refractario a todo tipo de evangelización, rasgo que lo hace mucho más interesante.

El ateísmo, el mío por lo menos, no es la elección de un espíritu postrado, ni abismado, ni sumido en la melancolía. Claro que puede llevar allí (Nietzsche decía que el ateísmo es una bebida para estómagos fuertes), pero eso no habla de su verdad o ética intrínseca, en realidad ni a favor ni en contra. Porque la ética de los principios, como la de los actos no tiene nada que ver con el efecto reconfortante o aniquilador que puedan tener sobre nosotros. Ese es un aspecto irrelevante que no puede ser tenido en cuenta, aunque la experiencia enseñe que la verdad es más bien un trabajo duro que una gracia.

Me parece que cualquiera que hable de una doctrina elogiándola o denostándola por lo bien o mal que le haya ido personalmente con ella se desvía de la cuestión principal que es la verdad, esa entidad ingrata a la que le importa tan poco nuestro bien o malestar.

1.3.06

Villiers de l'Isle Adam


En realidad el hombre se llamaba Jean Marie Mathias Philippe Auguste, comte de Villiers de l'Isle Adam. Un escritor recomendado para, por ejemplo, reemplazar esos productos de la TV con los que llenamos resignadamente una tarde cualquiera.

Si el conflicto entre la nobleza en decadencia y la pujante burguesía puede ser expresado por una vida, es precisamente la de este escritor francés, noble, católico y monárquico.

Villiers de l'Isle Adam nació en 1838 en Saint Brieuc, en la Bretaña, al norte de Francia. Era hijo de un padre noble pero lo suficientemente loco como para embarcarse en miles de aventuras dudosas (búsqueda de tesoros en el culo del mundo, expediciones a América del Sur, esas cosas románticas que la gente pragmática no entiende) que comprometieron seriamente el patrimonio de la familia.

De todas maneras, Villiers de l'Isle Adam fue en su juventud un bon vivant. Frecuentaba los salones del Café de Madrid en París, o los cenáculos de los poetas Xavier de Ricard o Nina de Villiard, y se apuntaba a cuanto baile de sociedad se armaba. Era algo así como lo que hoy diríamos "los boliches y la gente top".

Me corrijo: nada que ver. Lo que la nobleza de aquel tiempo alentaba y fomentaba tenía un vuelo intelectual y un gusto bastante más elevados. Que estuvieran elevados sobre la miseria de multitudes es otro asunto.

El amigo Villiers era un producto de este ambiente.

Pero a partir de 1870, con el estallido de la guerra franco-prusiana, el hombre comienza a quedar en la ruina. Escribía mucho, un poco porque era de esos genios inagotables: rebosaba de ideas, andaba con los bolsillos llenos de papelitos con argumentos, notas y borradores; hasta le fastidiaba escribir y prefería contar y narrar sus ocurrencias. Otro poco porque - sin un cobre - dependía de la escritura para vivir, si se puede llamar vivir a lo que sobrellevaba: una existencia mísera en sucuchos húmedos, a veces escribiendo en el suelo por falta de mesa, o empleando una mezcla de carbón y agua a falta de la tinta que no podía comprar.

Pero por pobre que fuera, Villiers era un noble, y como noble detestaba a la burguesía. El advenimiento de la burguesía dio comienzo a la producción artística de aquello que hoy conocemos como "comercial", teatro y literatura fáciles, de consumo masivo, adaptados a los sueños del burgués: dinero, logros, argumentos lineales, acción directa. El mundo de ese momento vivía deslumbrado por la idea del Progreso y la Máquina, por la idea de lo útil y lo práctico. Nada a lo que no se le pudiera sacar un provecho inmediato valía la pena. El teatro burgués desbordaba "sentido común", obras en las que no se planteaba la menor interrogación metafísica.

Y Villiers era justo todo lo contrario: un tipo interesado en los refinamientos estéticos del decadentismo, los desarrollos filosóficos complejos, las interrogaciones metafísicas, el movimiento simbolista francés y hasta el ocultismo.

En sus cuentos cortos solía hacer una sátira sarcástica del utilitarismo burgués, sus Cuentos Crueles son muy interesantes en esta línea: describe a dos jóvenes hermanas, prostitutas, y censura irónicamente a una de ellas porque comete la locura de enamorarse y dejar de lado el sagrado trabajo y el dinero; propone la creación de una Máquina para generar el alpauso en los teatros (una claque mecánica), etc.

Consecuente en su rechazo del utilitarismo y noble al fin, era malísimo negociando con los editores, que le pagaban muy poco por sus producciones literarias; y a pesar de que disfrutó en vida de cierta fama, le llegó demasiado tarde; el hambre y las malas condiciones de vida le pasaron una factura pesada: cáncer de estómago entre otras calamidades. Murió en 1889 a los cincuenta años.

¿Tenía razón Villiers en su rechazo del mundo burgués? Me parece que sí y no. Preocupado casi exclusivamente por los nuevos valores (o disvalores) que se imponían con el progreso, no vio lo que tenían de inevitable y positivo: sin ese espíritu no hubiéramos conseguido muchas cosas, como internet, sin ir más lejos.

Pero por otro lado Villiers vio más lejos que muchos, denunció la satisfacción de sí mismo, la estupidización, la comercialización a ultranza... digamos que la gansada como valor supremo. La muerte espiritual a la que todavía nos lleva un sistema hace ya mucho tiempo sacado de quicio en el que parece que toda profundidad es impostura y la vida no puede vivirse sin un ojo en la cuenta corriente.

Y si bien el amigo Villiers no fue un camarada, políticamente llegó a sentir ciertas simpatías nada menos que por
La Comuna de Paris (!), a la que se abstuvo de insultar luego de su derrota, como sí hicieron tantos otros miserables.

Así que léanse algo de Villiers de l'Isle Adam, el hombre que dijo: "Mes mots sont pesés dans des balances en toile d’araignée" ("Peso mis palabras en balanzas hechas con tela de araña").

30.1.06

Breve relámpago de Ambrose Bierce


Libertino: Persona que corre tras el placer con tanto ardor que tiene la desgracia de pasarlo de largo.

La cita es del Diccionario del Diablo, del maestrísimo Ambrose Bierce.

Poquísimas personas tuvieron como él el don de aunar concisión, profundidad e ingenio.

El famoso Diccionario es una obra mal o poco valorada. Dista mucho de ser lo que la mayoría ve en él: un catálogo de frasecitas ingeniosas. Cada definición sustenta una visión del mundo coherente con las demás, lúcida, de una honestidad implacable que los espíritus fáciles confundirán con cinismo cuando es en realidad todo lo contrario: una denuncia implacable contra la autocomplacencia.

Esta breve definición debe ser de las que más me iluminaron en la adolescencia. El camino está lleno de trampas, y una de ellas queda descubierta por Bierce en esta frase con la elegancia suficiente para sortearla... y no caer en ninguna de las otras (moralismo reseco, miedo, hipocresía, por citar unas cuantas).

Algo más escribiré sobre Ambroce Bierce, uno de esos amigos que uno lamenta no haber jamás conocido.

10.1.06

Luis Chamizo y el Castúo

Veamos este poema:

COMPUERTA

Corre´l tren retumbando por los jierros

de la via. Retiemblan

los recios alcornoques qu´esparraman

al reor del troncón las hojas secas.

Juyen las yuntas cuando´l bicho negro

silvando traquetea.

S´enmorona un terrón y el jumo riñe

con las ramas d´encinas que l´enrean...

Vusotros qu´ajuís pa no sé onde

no queändo´n los jierros ni las juellas,

vusotros qu´asomaus a las ventanas

guipáis las foscas y arrogantes jesas

y las jondas colás con sus regachos

y la tierra e labor onjuta y seria

donde rumian su pan unos gañanes

del coló de la tierra.

Vusotros qu´atendéis a las lerturas

y seis tan sabijondos en las cencias

que quizás nus larguéis de carrerilla

y en romances jazañas extremeñas

que los nuestros ejaron sin contaglas

endispués de jaceglas.

Vusotros los que vais drento del bicho

que juyendo retumba y traquetea,

¿no sentís al pasá junto por junto

al mesmo corazón de nuestras tierras

argo asín com´un juerte deseo

que s´eschanguen del chisme toas las rueas

pa queäros aquí, junt´a nusotros

pa endurzá una mijina nuestras penas,

pa rumiá nuestro pan y p´ampaparos

en la sal del süor que nus chorrea?

Vusotros corriendo, mu corriendo,

sin queär en los jierros ni las juellas,

qu´asina como ´l tren vais por la vida,

retumbando y depriesa...

Si n´os podéis pará, meté pal bolso

este cacho e libreta

y al pasá por aquí mirá pal cielo,

y endispués pa la tierra.

y endispués de miranos con cariño,

precipiar a leegla;

porqu´ella sus dirá nuestros quereles,

nuestros guapos jorgorios, nuestras penas,

ocurrencias mu juertes y mu jondas

y cosinas mu durces y mu tiernas.

Y sus dirá tamién como palramos

los hijos d´estas tierras,

porqu´icimos asina: - Jierro, jumo

y la jacha y el jigo y la jiguera.

Y tamién sus dirá que semos güenos

que nuestra vida es güena

en la pas d´un viví lleno e trabajos

y al doló d´un viví lleno e miserias;

¡el miajón que llevamos los castüos

por bajo a la corteza!

Porque semos asina, semos pardos

del coló de la tierra

los nietos de aquellos machos que otros días

trunfaron en América.

Si cuesta entenderlo es porque no es castellano sino el habla de Extremadura, que el poeta Luis Chamizo, autor del poema, dio en llamar "castúo".

Sorprende darse cuenta de que España está lejos de ser regida por un sólo idioma. Y lo mismo pasa con toda Europa, llena de dialectos locales y lenguas regionales, algunas totalmente diferentes de las lenguas oficiales (y las interminables discusiones sobre qué es una lengua oficial, un idioma y un dialecto son francamente cansadoras, y no exentas de intereses políticos).

En España, además del catalán, el euskera y el gallego, existen otras lenguas como el bable (asturias), el aranés (Vall d'Aran, en los Pirineos), y el castúo, que si bien no tiene la presencia de otros se vio muy revitalizado por Luis Chamizo.

Luis Chamizo Trigueros nació en Guareña (Badajoz, al SO de España, cerca de la frontera con Portugal, la región de Extremadura) y murió en 1945.

De su vida no se puede decir que sea algo apasionante fuera de lo estrictamente literario, por lo menos para mí. Hasta si lo miramos desde esta vereda, cerraremos un ojo ya que el muchacho tuvo un puesto importante con Franco, publicó algún librito aislado dedicado (aunque discretamente) a los muertos por Dios y por la Patria (y las joyas de la reseca Carmen Polo de Franco, con perdón), aunque también tuvo algún gestito de desacuerdo, en fin, nada que importe.

Pero su libro El Miajón de los Castúos - el más conocido - esta decididamente muy bueno, me gusta, y eso sí es lo que importa.

El poema que abre este espacio pertenece a ese libro, y habla a los que pasan en tren (del bicho que juyendo retumba y traquetea) por las tierras de Extremadura y establece una comunicación entre la gente que mira desde afuera, en la tierra de Extremadura, que es muy pobre y sufrida, y aquellos que van dentro, a quienes el autor imagina típicos usuarios de un tren: burgueses, habitantes de la ciudad (Vusotros qu'atendeis a las lerturas / y seis tan sabijondos en las cencias). Hay que pensar que el tren era en ese momento algo así como el avión.

El poema es totalmente modernista desde el título, pero está agarrado al pasado de la tierra con los dientes y las uñas. Mira el tren pasar desde un lugar inhóspito pero querible, sugiere a quien viaja en él la idea de que se desarme, que se vaya todo al carajo... ¿cuántas veces fuimos en un tren y comparamos el afuera y el adentro, tan distintos? ¿Nunca nos imaginamos afuera, preguntándonos qué pasaría en medio de ese lugar desierto, de noche, solos?

Es curioso que algunas palabras y giros del castúo se encuentren en el habla del gaucho argentino, como por ejemplo "asín", o "ansina" por "así", lo que evidencia la presencia de extremeños entre los conquistadores; que precisamente triunfaron en América sin demasiados escrúpulos, entre otras cosas porque venían bastante hambrientos; Extremadura es una de las regiones más pobres de España.

Si quieren traducir todo el poema... búsquenlo. Hay más, claro.

Y sí, estoy literario últimamente. Si quieren kilombo váyanse a Barricada, que ahí sí uno se puede fajar a gusto.

Buenas tardes.