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11.9.11

Egipto


Ah no, yo pensaba que esta era la revolucion de Feisbuc, con blabla blacberris; la revolucion de la gente linda, eso. Yo pensaba que a Mubarak no lo querian porque es arabe... Ok, ya se, ellos son arabes tambien, pero digo, no son TAN arabes, son mas lindos, sonrientes, todo bien con ellos, mentendes?

Pero resulta que son unos indios peligrosos y no les gusta Israel, con lo bien que me cae Israel que hasta te deja ser progre.

Lo que pasa es que no estan preparados, ubicas? Eligen todo mal. Es que les lavan el cebro y les dicen que cuando se mueran va a haber virgenes en el cielo, un delirio total captas?

Bueno, te dejo que me voy a la terapia. De vidas pasadas no te conte?

25.5.11

Charlo por la paga


Sabios públicos

En todas las sociedades han existido sabios públicos. Son esas personas que han sido señaladas como poseedoras de una superlativa inteligencia por quienes oportunamente detentaron el poder de hacer circular masivamente lo que se les cantara. Ayer eran llamados sabios, proclamados por bandos reales, decretos y cédulas públicas. Hoy ostentan el más modesto -aunque también más sofisticado- título de intelectuales, y son difundidos por los medios masivos de comunicación a través de los cuales adquieren autoridad. Todo cambia; o nada, según se mire.

Nada cuesta imaginar que su carácter público hace al tal sabio dependiente de la fama, ergo del poder, que a su vez necesita al sabio público para legitimarse. Ambos se señalan mutuamente y se cantan loas, aunque aparentando una estricta, insobornable independencia.

Ahora bien: demostrar inteligencia y justificar lo injustificable son cosas poco compatibles, por lo que el sabio público se ve obligado a numerosos hábitos que le permitan acreditarse como tal con total independencia de lo que exprese. Estos hábitos -por mecánicamente repetidos- se transforman en ritos, tics reconocibles con apenas un poco de ojo fresco.

Tics

Condenado a afirmar cualquier gansada, el sabio público debe su fama antes que nada a las formas. El marketing es vital para su oficio: debe conocer los rudimentos de la sintaxis, y si su estilo es florido mejor que mejor. Debe mostrarse en todo momento preocupado, meditabundo, en posturas reflexivas, y por supuesto: siempre sorprendido en el escenario adecuado. Imposible retratarlo mientras ataca un bife de costilla por ejemplo, o tomando sol.

Y no es que no haga estas cosas, las hace puesto que vive como cualquiera de nosotros, sólo que -paradójicamente imposibilitado de ejercer inteligencia alguna incluso aunque la posea- tiene que decir cosas tan ridículas que sólo una postura radicalmente diferente de la del ciudadano de a pie -una postura intelectual- puede defender su fama del peligro que representa el pensamiento crítico y libre. Hay gente que cree que todo lo que se dice con expresión seria es serio, dijo no me acuerdo quién, y no fallaba.

Un pasado vaga o concretamente izquierdista no es un impedimento para el sabio público, hasta puede ser un plus siempre que haya abandonado esas veleidades, o las sostenga dentro de lo que en el (ya muy maltratado) vocablo "izquierda" se tolera como inofensivo: nada de atacar el derecho de propiedad, los modos de producción vigentes o hablar de lucha de clases; todo eso debe condenarse como "viejo", "pecado de juventud" o crimen liso y llano. Por eso encontrar temas de interés es el desafío del sabio público, quien aplica su certero ojo a temas que estén de moda.

Así por ejemplo perduran ensayos de tanta trascendencia, enjundia y provecho que las generaciones futuras -y no tanto- seguramente entenderán con claridad los problemas urgentes de, digamos, la Argentina de los '90 *.

El contenido

Así que frente al sofisticado intelecto amplificado no nos queda más defensa que el pedestre pitorreo popular. Deleitémonos pues nosotros, incultos exentos de los ritos magnos, los que obtenemos nuestro plato de comida mediante el ejercicio de vulgares menesteres, que no el de exhibir nuestro caletre.

En el importante ensayo citado podemos detectar varios tics. Uno de ellos es el abuso de palabras y giros rabiosamente à la page como "construir sentidos", "torrente de significantes", "fractura", "high-tech", y otros pedantescos abortos que nacen ya tan envejecidos como accesorios de temporada en la costa. El sabio público es esencialmente -aunque lo negará indignado- un astuto comerciante; debe vender rápido porque lo muy a la moda perderá todo interés en apenas unos años, meses si se descuida.

¿Y qué hay del contenido? Porque hasta aquí sólo hemos analizado el estilo. El siguiente extracto -siempre del ensayo citado- es resaltado por Wikipedia, así que inútil es dudar de su calidad:

El shopping, si es un buen shopping, responde a un ordenamiento total pero, al mismo tiempo, debe dar una idea de libre recorrido: se trata de la ordenada deriva del mercado (...) Sólo los niños muy pequeños pueden perderse en un shopping, porque un accidente puede separarlos de otras personas y esa ausencia no se equilibra con el encuentro de mercancías.

Qué falta nos hacía aprender esto: necio sería pretender compensar la pérdida de un niño con la compra de un Feng Shui. El "encuentro de mercancías" es asimismo otro hallazgo de la shoppinglogía, si se me permite el ataque a la glotis. Pero no nos extrañemos, Alan Sokal ya nos reveló parte de esos mundos fascinantes.

Anatemas

El sabio público -a esta altura ya sabemos que se trata en realidad de una sabia- también condena, particularmente todo aquello que escapa a su control. Los blogs -esa molesta actividad de saboteadores que insisten en escribir sin cobrar- suelen poner de los cables a l@s sabi@s públic@s. La defensa de sus valedores -los medios masivos que pagan por escribir- es su propia defensa, y no la hay mejor que un buen ataque:

Los blogs de activistas no aceptan el control de calidad al que está sometida la prensa profesional. Pueden difundir noticias falsas o verdaderas sin que, al día siguiente, sean invariablemente impugnados. precisamente porque viven del rumor, que es un estado "natural" de la opinión pública, no deben obedecer las mismas normas que el periodismo profesional....

Control de calidad y normas de la prensa profesional: he ahí un interesante tema de debate. Yo carezco de argumentos -qué se puede esperar de un aficionado- pero sin exagerar la importancia de internet, diría que impugnar a la prensa profesional es algo muy difícil para el ciudadano común, y no digamos ya "invariablemente". La impugnación a quien escribe en un blog o en twitter la dan los propios lectores de manera directa mediante el uso de fórmulas sofisticadas o no, pero invariablemente inmediatas.

Pasemos a la política doméstica en la Argentina actual:

Es muy fácil: si se formara un frente de centro izquierda donde confluyan los socialistas, los radicales, Stolbizer, yo lo votaría. Si no se forma ese frente voy a hacer un voto institucional y de principios: no un voto útil. No va a haber fuerza en el mundo que me obligue a hacer un voto útil. Voy a votar a Carrió si ella representa un voto de principios. Carrió es el equivalente a un partido liberal europeo, como los liberales ingleses o los liberales alemanes. No es el partido mesiánico, no seamos tan ignorantes. Si Pino se hubiera presentado para presidente de la República podría haberlo votado a él. No va a haber una fuerza que me lleve a votar algo que no pueda defender abiertamente y por escrito.

Aquí debo expresar mi acuerdo sin reservas; como poder, se puede defender abiertamente, por escrito, oral y lenguaje de señas cualquier cosa. Y además "Es muy fácil", veamos cómo:

Si la palabra "izquierda" está muy maltrecha, a la pobre palabra "socialista" no le ha ido mejor; si te meten el ajuste, el recorte y la reforma estructural más liberal de mercado que te puedas imaginar en nombre del "Socialismo Obrero", no extraña que el electorado piense que le irá mejor con el capitalismo burgués declarado. Nosotros ya descubrimos que no, pero eso es otra historia.

Digamos que estos disfraces terminológicos permiten hacernos creer que estamos realmente eligiendo entre opciones, que serían capitalismo a lo bestia versus alguna suerte de capitalismo que nos perdone la vida, con un poco de desarrollo y política social. O sea más o menos lo que hace el gobierno actual de Argentina.

Pero ¡oh! resulta que aquí no se habla del gobierno actual sino de la oposición al mismo. Oposición caracterizada por sus propuestas de liquidar todas las trabas que el presente gobierno impone a la burguesía para impedir que termine de aplastar a la clase trabajadora y transformar la salud, la educación y la vivienda en mercancías puras y duras, como en los '90. Ah, sí: y "calidad institucional", también como en los '90. Y "basta de corrupción", sí, también lo mismo.

Luego la sabia pública afirma que dadas ciertas condiciones "va a votar a Carrió". No sé si hace falta comentar nada, el lector que conserve la cordura entenderá rápidamente que algo anda mal, que votar por Blanca Curi tiene tanto sentido como pedirle a Lenin que te tire el tarot, no sé. Y llega el anonadamiento al leer que "es el equivalente de un partido liberal europeo"... En serio: ¿lo qué? ¿Esto es lo que dice alguien que supuestamente vive de los productos de su intelecto? ¿Esta es la gente inteligente, viajada, leída y pensante? ¿Qué nos queda a los tontitos?

De acuerdo: nos consta que la derecha liberal europea también quiere arruinar a la clase trabajadora, pero lo hace sin necesidad de -por ejemplo- pedir la intervención extranjera en sus propios países, ni de incurrir en la tenaz deficiencia y la furibunda inepcia vidente.

Como para no dejar banda por tocar con este tiro magistral la sabia pública -considerada como vagamente progrezuela- menciona al final a un prominente representante del voto calificado (sí, tambien "izquierdista", izquierdistas que piden el voto calificado sólo en Argentina my dear...) En definitiva: que nuestra sabia pública al final dijo que votaría cualquier cosa menos al gobierno actual, que se dice en una frase. Pero claro, así hablamos los zafios pelagatos.

En fin, esta sabia pública, señora cuyo aspecto general es el de un bufón medieval embutido en ropajes de shopping subde, no deja dudas acerca de su condición.

Beatriz Charlo creo que se llama, algo así.



* Sugiero consultar índices de empleo legal e ilegal, mortalidad infantil, actividad industrial, educación, salud, vivienda, consumo, alimentación, servicios públicos. Lo que sea.

28.4.11

Recordamientos

Che, ¿alguien se acuerda del Club del Trueque?

No... pregunto nomás.

Extraño mucho la profundidad de los análisis ¿se acuerdan? que nos propinaban acerca del Club del Trueque gente de esa izquierda europea monona que jamás hizo trueque alguno. Como Toni Negri, por mencionar a uno: la deserción, la paralela, hacer la tuya, la neohippie, la dispersión, la rizomática, la férrea duda intocable...

No me digan que no les da un poquito de nostalgia. Me pregunto cómo los protagonistas le explicarán a sus hijos que formaron parte de esta intrépida gesta de la izquierda macrobiótica, los días gloriosos de la resistencia rigurosamente desorganizada por mandato del tartamudo intelectual del momento.

¿Qué..., perdón...? ¿Que quién es... eh...?

¿Pero cómo? ¿Nadie se acuerda de Toni Negri?

4.2.11

Inquietud


Hace bastante que no escucho ni leo nada acerca de la clausura de los grandes relatos, el fin de las ideologías, las micropolíticas del deseo, ni siquiera del rizoma que me parecía tan simpático. Hace mucho que casi ningún blog se dedica a glorificar el fragmento o a meter la palabra "clivaje" para referirse a la rotura de la bragueta. Van raleando las críticas al Iluminismo y ya casi no escucho a nadie blasonar su ausencia de certezas ni abusar de la contrahecha palabrita "indecidible". Parece que tener que servirse de la razón para sobrevivir hizo reflexionar a quienes la declaraban prescindible; quizás por eso tampoco encuentro ya esas ambiguamente irónicas reivindicaciones de lo bobo, lo tonto, la divina y crasa taradez.

No menciono el "fin de la historia" porque me fue imposible vender el libro de Fukuyama a algún puestero de Parque Centenario ("¡Uy negro, pero eso es un remache!"). Es verdad: new age sigue habiendo, como habrá siempre tarotistas y ladroncitos de toda clase, pero el núcleo duro de la posmodernidad más rabiosa parece ni haberse dado cuenta de su disolución.

¿Qué pasa con Lyotard? ¿Hay vida después de Deleuze-Guattari? ¿Julia Kristeva ya llenó sus bolsillos? ¿Cómo es que no profundizamos en Luce Irigaray y sus ecuaciones sexuadas?

Che, en serio ¿dónde están?

No sé si esta inquietud se debe a la pérdida de adversario, o más bien al vertiginoso ejercicio de imaginar qué otras terroríficas pelotudeces se estarán cocinando en este mismo momento...

6.5.08

¿Dónde estudiastes a Marx?

I - Del cinismo y la impostura

El cinismo es un arte peligroso y la impostura no lo es menos. Para ejercer cualquiera de ellos hay que ser realmente talentoso. Esto ya lo he escrito - mis ideas son tan escasas como flacas - pero ya que todo el mundo tiene recetas para detectar los males de la Argentina yo no seré menos y diré que si existe un problema nacional, un problema auténticamente patrio es el de la enorme cantidad de imbéciles que quieren ser desesperadamente cínicos e impostores, con el resultado esperable.

II - El episodio

Pasan cosas divertidas en un blog. Recientemente tuve la sorpresa de leer, en el penúltimo post (sin contar éste) un comentario que me dejó patidifuso:

Cruz y Fierro dijo...

JC: Te las tirás de marxistas pero te la pasás chamuyando sobre la superestructura. La Revolución está a las puertas pero tal vez ni vos ni yo la vemos. Así es la cosa, flaco. No hay nada que vos puedas hacer para adelantar los propios tiempos de la historia. Este blog es diletante. Perdoname hermano, pero es así. ¿Dónde o con quién estudiastes a Marx? ¿No estarás sufriendo de progresismo? Volvé a las fuentes, si me permitís el consejo. Tu última posta sobre sicología me hizo a acordar a Miseria de la Filosofía...


Atiné a sujetar la mandíbula. Me apresuro a aclarar: el autor del comentario no es en realidad CyF sino un allegado suyo que al parecer usurpó sin darse cuenta su identidad. Alguien que como vemos no tiene idea de cómo utilizar algo tan simple como Blogger, pero es tan moderrrrrno como para tutear a Marx, a la revolución, a Hegel, a Einstein y llegado el caso a Newton; total... ¡life is a cabarulo, pibe!

Inmediatamente me llegaron las disculpas de CyF via mail y caí en la cuenta. De CyF no hay mucho que decir: políticamente hablando - si se me permite acuñar una frase - caminamos por veredas opuestas ya que sus posiciones son cercanas al nacionalismo católico militante. Su ideología es la ideología del enemigo de clase y eso está claro. Hemos tenido nuestros cruces (fuertes) y no hemos encontrado - posiblemente ni buscado - el menor atisbo de coincidencia. Probablemente porque no lo hay, y eso también está claro.

Nada de esto impidió a CyF la elemental cortesía de aclarar el malentendido tanto más cuanto que el comentario, al aparecer firmado por él, no deja de tener una apariencia más bien extraña. Su sensata sugerencia fue redondamente borrar el comentario, y la consideré seriamente. Sin embargo la sensatez no es mi fuerte y esta situación tiene realmente mucha miga. El hecho de que apareciera "firmado" por CyF me indujo a una curiosa reflexión por contraste.

III - La reflexión

El pensamiento marxista tiene que dar muchas batallas ideológicas, el arsenal del enemigo de clase es sofisticado y presenta diversas variantes, variantes que no se deben a ningún plan maquiavélico sino a la dinámica propia de los actores sociales.

Las ideas que sostiene CyF representan a la fracción más convencida y militante del orden burgués y aún preburgués. Las diversas variantes del corporativismo no son otra cosa que la burguesía dándose cuenta, en la persona de sus ideólogos más radicales, que el propio orden burgués degenera y que la única solución es llamar en su auxilio a los valores preburgueses: el mito, el hacha, la cruz. Valores que por supuesto nunca restauran el orden preburgués (ningún régimen corporativo ha dejado de ser al fin y al cabo capitalista), pero que sirven al propósito de aplastar la revolución, que de eso se trata todo.

El resultado es que con estos ideólogos se debate - bien o mal - acerca de los valores y los fundamentos, es decir: de las cosas que importan.

¿Qué tenemos en el otro extremo del arco que sostiene a rajatabla la sociedad dividida en clases?

Tenemos a los cínicos. A los que dicen que nada debe ser cambiado porque no hay nada que cambiar, pregonan la inanidad de toda acción y el desprecio de todo lo humano. Juegan con las ideas y se ríen de los sacrificios, el epigrama es su arma.

Tenemos a los impostores, los que se disfrazan con las ideas que encuentran y juegan con los conceptos aunque no hayan aprendido nada.

Y se ve venir de lejos el comentario: "Claro, ahora va a decir que prefiere a los enemigos convencidos antes que a los escépticos que dudan. ¿Viste? Los extremos se tocan". Error craso. Con los cínicos y los impostores también se puede debatir y aprender mucho llegado el caso, pero ojo: a condición de que tengan algo en el magín al menos.

El problema argentino - sostengo - es que hay legiones de ineptos enfervorizados con este papel.

Precisamente tenemos aquí al distraído allegado de CyF, al que fue involuntariamente su alter ego: alguien con nulas nociones de redacción y recio analfabetismo que menciona libros en passant, pegotea trabajosamente frases de memoria, descoyunta los verbos y propina a un breve y sufrido párrafo toques de confianzuda suficiencia como "hermano", "te las tirás", "así es la cosa, flaco" y la colección completa de tics que permiten identificar al pelotudo de café porteño en menos de tres segundos.

Por eso que no se crea que desprecio a los analfabetos, sólo desprecio a los analfabetos ilustrados. Los que pudiendo leer, ir a la universidad y tener acceso a la palabra no pueden hilar una simple idea porque están muy ocupados dando consejos, exhibiendo su erudita ignorancia y balbuceando el panegírico de sí mismos.

Mucha gente ha llegado y llega a Marx desde el analfabetismo, gente de muy pocos recursos que vieron en el saber la herramienta para rebelarse contra un orden injusto: obreros cañeros que robaban horas al sueño para estudiar, presos, changarines y jóvenes trabajadores ahorrándose las monedas del colectivo para comprar libros.

Y estos inútiles.

Si me preguntan ahora con quién prefiero debatir, si con los militantes de la cruz o con estos desvaídos flatos del pensamiento, responderé que con estos últimos no hay nada que debatir. No es que sean cínicos o destructivos: simplemente son incapaces de formular un concepto. A lo más que llegan es a ese triste rejunte de menesterosas frasecitas que apenas si alcanzan para justificar lo único que les importa: el tonito suficiente.

Si hay algo para lo que el cinismo y la impostura no sirven es como tabla de salvación: pueden elevar a los talentosos hasta la paradoja, pero a la gilada la hunden sin remedio en el ridículo.

Y del ridículo, lo sabemos, no se vuelve.

Buenas noches.

29.7.07

Yo no juzgo

Esa frasecita anda dando vueltas. Siempre.

Yo no juzgo ¿Quién soy yo para juzgar? No soy quién para juzgar, yo trato de ser feliz, vos tratás de ser feliz, y así, y así...

Y así.

Incluso está el relato bíblico ¿no...? ¿Cómo era...? Ah, sí: no juzguéis para no ser juzgados, con la misma vara con la que midiereis seréis medidos... ¿No?

Ajá.

No sé, a mi no me gusta. Me parece una sutil forma de escurrir los bultos pesaditos.

Yo creo que juzgar es inevitable. Claro, me dirán ¿y vos quién joraca sos para juzgar nada? ¿Juez? Ja Ja.

No. Juzgar no es sentenciar, es más bien tomar una posición frente a algo en búsqueda de lo que uno cree razonablemente bueno. Lo de "yo no juzgo" me parece una de las mentiras más baratas que pueden conseguirse en el negocio Accesorios y Prótesis para la Paz Espiritual.

Vivir es juzgar. Uno va y toma un camino, se come una banana, corre, mira pasar un par de piernas, se inclina sobre una página. Elige una revista y se duerme. Se emociona, se ríe o llora. Juzga todo el tiempo.

Y cuando dice "yo no juzgo" con demasiada frecuencia miente. Es verdad, no se puede juzgar cuando no se sabe; pero demasiadas veces "yo no juzgo" quiere decir en realidad "juzgo conveniente para mí callar mi juicio".

El hábito de esta práctica se vuelve sibilinamente creciente: se calla el juicio frente a los demás, se termina callando frente a uno mismo y por último se evita cuidadosamente todo análisis, toda inteligencia y toda reflexión, no sea que se me escape un juicio sobre algo. En suma: se ahoga la conciencia para que no se ponga molesta.

Porque la conciencia no es otra cosa que juicio.

Para juzgar se necesitan datos, discernimiento, compromiso, interés, sentido crítico. Para juzgar se necesita, casualmente, juicio. Cuando no se tiene nada de esto ni se lo quiere tener uno se transforma paulatinamente en un cretino.

Y francamente la frasecita de Jesús me extraña por oportunista. Mera estrategia ¿Qué es eso de "No juzguéis para no ser juzgados"? La abstención del propio juicio como forma de evitar el que caiga sobre uno no parece un consejo para gente muy dispuesta a mirarse de frente al espejo. Más bien una negociación algo chota: "Disimulá mis miserias y yo disimularé las tuyas".

Esto tampoco es una toma de partido por los virtuosos implacables, no es cuestión de convertir la vida en un infierno del detalle. Todos tenemos nuestros más y menos, pero me ocurre oír a demasiada gente absteniéndose de juzgar cosas más bien jodidas: "Fulanito mi cuñado es soldado en Irak y se cargó a unos cuantos civiles... yo no lo juzgo ¿eh?" Bueno, andate al carajo flaco; si no juzgás eso ¿qué vas a juzgar? Esa misma gente es la que se enfurece si el perro del vecino le mea la puerta.

El horror ante el mal ¿no es un juicio? El amor ¿no es un juicio? La pena o la alegría ¿no son juicios? No me refiero a juicios con tribunales, fiscales y jueces sino a juicios más íntimos y acaso importantes, esos que se llevan a cabo a cada momento y que deciden nuestra conducta.

No hay un Juicio Final, esa idea comporta una sugerencia de pasividad: "vos esperá que al final vas a ver". Lo cierto es que "el día del juicio final" es la expresión más usada para decir simple e irónicamente "nunca", una promesa irrelevante que deja escapar lo más importante y lo que verdaderamente decide la marcha del mundo: los juicios de cada momento en los que participamos o de los que desertamos.

El juego se juega aquí y ahora, la perdición o la salvación no ocurrirán dentro de milenios ni décadas ni al final de nuestra vida, sino que se nos ofrecen como alternativas todos los días. Y elegimos, aún cuando queremos convencernos de que no.

"No juzgar" es posar con sonrisa bobalicona al lado de un Hitler cualquiera. Estrechar una mano ensangrentada, hacerse el boludo hasta que la máscara sea inseparable del rostro, mirar de frente sin ver mostrando los dientes al flash delante de los ahorcados.

En esa clase de tarados se convierten quienes quieren convertirse en esa clase de tarados.

Yo quisiera evitarlo.

Buenas noches.

3.5.07

El fantasmal "postfordismo"

Bueno, seguimos tirando munición. Como siempre, se trata de pavadas que escribe mi amigo en El Combatiente nro. 24 (todavía no lo subieron pero ya está a la venta). Una revista chic, no como esas grasadas de D' Mode.

Allá vamos.

I – Presentación del "postfordismo"

El término de referencia suena con insistencia entre los teóricos de la izquierda posmoderna, esa que insiste en "superar" a Marx. El término viene generalmente asociado con otros conceptos como "producción inmaterial", "fin del paradigma en el trabajo", "sociedad postindustrial" y otro montón de "fin" y "post" que parecen querer convencernos de que algo se ha acabado.

Lo problemático es que ni bien uno se acerca a analizar qué es lo que se ha acabado, y qué es lo que ha empezado, estos teóricos de la izquierda (y la derecha) no pueden precisar exactamente de qué se trata. Primero intentaremos unas definiciones y luego recurriremos nuevamente a estos esclarecidos intelectuales para analizar los términos que nos proponen y qué significan.

II - Definiciones

El término "postfordismo" refiere obviamente al "fordismo". Así que entonces ¿qué es el fordismo? Se hace referencia con esta palabra al modelo que impuso Henry Ford en las líneas de producción de sus fábricas automotores. Henry Ford no fue probablemente el inventor de este método, pero sí fue su exponente más claro. El modo de producción fordista se aplicó a una gran cantidad de bienes de uso de origen industrial: automotores, lavadoras, televisores, etc.

El modelo fordista de producción tuvo su comienzo en los años '30 y se indica su crisis en los '70. Trazado en sus líneas generales puede resumirse así: transformación del esquema industrial a partir de la especialización en maquinaria y en mano de obra, lo que conduce a una alta especialización técnica, instauración de cadenas de montaje y producción en serie a bajo costo. Esta reducción de costos y optimización del tiempo / ejecución permitió la producción masiva de bienes con alto valor agregado a bajo precio, posibilitando una estrategia de expansión de mercado que los hizo llegar a (y alentó la formación de) una clase media relativamente próspera.

Ahora bien, esta reducción de costos, al contrario que en el taylorismo, se logra no mediante la hiperexplotación del trabajador, sino que apuesta a vender masivamente a bajo costo en un mercado con cierto poder adquisitivo. Como es fácil comprender, cualquier modo de producción está indisolublemente vinculado con el mercado al que se dirige, para que tenga éxito debe estar adaptado a dicho mercado. Y el mercado a su vez está vinculado a la política que lleva adelante el estado burgués.

III - Origen y razón de ser del "fordismo"

Entonces ¿qué política fue esta? ¿Se había vuelto el estado burgués humanista? ¿El capitalismo que explotaba el trabajo infantil hacía no muchas décadas había comprendido al fin lo inmoral de semejante práctica? ¿Por alguna razón cambió de idea?

El modo de producción fordista exige expansión de mercado, pero no puede producirla por sí mismo, es necesario articular una política de estado, y esta política tiene un origen. Si observamos el nacimiento y desarrollo de el modo de producción fordista, vemos que tuvo lugar al mismo tiempo que se imponían en el capitalismo las ideas de John Maynard Keynes, precursor de la intervención activa del estado en el mercado capitalista como regulador a través de numerosas medidas como la expansión del crédito, la creación de industrias estatales y entes de regulación, etc. Esto generaba una amplia redistribución de los beneficios y la consiguiente financiación a la capacidad de consumo de los asalariados. Esta política fue conocida como welfare state o "estado de bienestar" y Keynes fue su teórico más lúcido.

Estas ideas no cayeron del cielo ni fueron aplicadas por capricho. El crack económico-financiero del año '30 y la conversión de la URSS en un poderoso estado obrero industrial (salido prácticamente de la nada) llevaron al la gran burguesía a un verdadero terror frente a los conflictos de clase.

Keynes no hizo otra cosa que tomar algunos aspectos de la economía planificada para amortiguar el impacto de conflictos masivos que hubieran puesto en jaque al capitalismo en un momento crítico. El welfare state no fue nunca una graciosa concesión que la burguesía haya hecho de buen grado a los trabajadores debido a su talante humanista sino un producto de la lucha de clases internacional en un momento de debilidad de la burguesía frente al ascenso del socialismo real, que incluso con todas las taras de la burocracia stalinista mostraba a las claras que podía transformar en un tiempo histórico prácticamente nulo un estado precapitalista feudal en una potencia industrial.

IV - Origen y razón de ser del "postfordismo"

El keynesianismo fue una concesión de la gran burguesía frente al ascenso de las luchas de la clase trabajadora, y el fordismo su modo de producción asociado. Desaparecida la causa, desaparece el efecto: este ascenso no desembocó en una toma del poder por parte de la clase obrera; por el contrario, la clase trabajadora inició – precisamente en los '70 – un repliegue a escala mundial.

Una causa no menor de este descenso hay que buscarla en la política vacilante – cuando no traidora – de la burocracia stalinista frente a las luchas internacionales del proletariado, la constante iniciativa de pactar con el capitalismo la "coexistencia pacífica" (recordar la crisis de los misiles en Cuba, la traición del PC boliviano al Che, el abandono de Patrick Lumumba frente a los imperialistas belgas y yanquis en el Congo, la traición a la clase obrera que significó el compromesso istorico del PC italiano, y la vergüenza criminal del PC argentino – a instancias de la política exterior de la URSS – frente a Videla) provocaron que pasada la crisis y la II Guerra la gran burguesía internacional recuperara la iniciativa.

Y esta iniciativa tomó un impulso salvaje con la caída del socialismo real. Es natural que – desaparecido el peligro del bloque comunista – la burguesía se lance nuevamente a acabar con toda conquista obrera: extensión de la jornada laboral, abolición de conquistas históricas, precarización, desocupación masiva, etc.

En otras palabras: el estado actual de cosas es fruto de la lucha de clases que se inclina desfavorablemente respecto de la clase trabajadora a escala mundial. Este y no otro es el origen del famoso "cambio de paradigma".

V - Los "intelectuales" nos explican todo... al revés

Pero la principal característica de los teóricos de la "nueva izquierda" (y derecha) es la rendición ante los hechos consumados. Este cuadro de situación es pintado por ellos no como un producto de la lucha de clases (y por lo tanto reversible en sus términos) sino como algo caído del cielo, o en el mejor de los casos atribuible a causas inevitables. Ya que el marxismo ha sido "superado" escuchemos a quienes han logrado esta hazaña y analicemos sus argumentos, a ver si aprendemos algo.

V.1 - Post... ¿qué?

Pero antes es importante aclarar un aspecto importante, que por sí solo pone en cuestión toda la perorata sobre el "postfordismo": el fordismo, como fenómeno asociado a la política keynesiana, fue un fenómeno circunscripto a los países desarrollados. Contando con mercados en los que introducir bienes con valor agregado a cambio de commodities (materias primas a bajo costo provistas por el tercer mundo), la gran burguesía de los países centrales se aseguraba y se asegura aún hoy la colocación de sus excedentes de producción. Esto permite el empleo de gran cantidad de trabajadores especializados en industrias cuyo marco de competencia es relativamente reducido: las burguesías del tercer mundo no pudieron implementar ni estuvieron nunca interesadas en el modo de producción fordista más que en ciertos aspectos muy limitados, ya que la Argentina – por poner un ejemplo – no exportó nunca masivamente bienes de origen industrial a EEUU.

Por esto el impacto del modo de producción fordista en los países de la periferia fue mucho menos pronunciado o inexistente. Hablar entonces de "postfordismo" en EEUU. es entendible, en Argentina el término ya es mucho menos aplicable, y en Bolivia es una broma casi divertida.

Sin embargo hay gente con ganas de divertirse. Escuchemos a Paolo Virno, filósofo italiano de profusa imaginación, la suficiente como para ser calificado de "intelectual", etiqueta que le permite afirmar cualquier disparate con toda seriedad. Ante la lógica pregunta:

"Si la clave de la época es el paso del fordismo al postfordismo, ¿qué sucede en países como Argentina, donde el fordismo fue precario; donde hoy, más que el trabajo comunicativo, el rasgo dominante es un pavoroso nivel de desempleo?"

La respuesta de Virno es:

"Si bien cada caso es particular, mi impresión es que allí donde el fordismo fue precario, se da un pasaje al postfordismo sin el precedente fordista." (1)

Muy claro: se acabó el fordismo... que nunca existió. Es dudoso que a un estudiante le permitan contestar de esta forma en un examen, pero ¿desde cuándo un "intelectual" se rebaja a la lógica? Si en el primer mundo pasamos del trabajo seguro al trabajo precario, aquí pasamos del trabajo precario al trabajo más precario. Muy sencillo, vamos.

V.2 – La "producción inmaterial"...

Otro fetiche es el "impacto de las nuevas tecnologías" y la "producción inmaterial". Sobre esto se han levantado edificios teóricos enteros que se podrían resumir así: la producción de software y la intervención del conocimiento en los procesos productivos habría modificado la necesidad de mano de obra, lo cual se reflejaría en el fin del modelo fordista de producción standardizada.

En primer lugar hay que puntualizar que las herramientas informáticas tienen una aplicación mucho más inmediata a la administración, precisamente porque optimizan el procesamiento de información; su empleo en la producción directa es con creces más complejo y limitado, los costos y la necesidad de control en la manufactura industrial hacen que la robótica en las líneas de montaje sea lo suficientemente acotada como para desmentir los delirios del "fin de la industria".

Pero no hace falta discutir el impacto de la informática en la producción, simplemente se puede formular esta otra pregunta: ¿acaso la línea de montaje fordista no fue en su momento una innovación tecnológica de enorme magnitud, perfectamente comparable a la revolución informática?

Si las famosas nuevas tecnologías sirvieron en su momento para expandir el mercado y mejorar aunque sea relativa y limitadamente la calidad de vida de la clase trabajadora ¿por qué razón hoy sirven para lo contrario? ¿Ayer la tecnología permitió el bienestar y hoy trae la miseria? La respuesta es simple: la tecnología de producción no tiene absolutamente nada que ver con la distribución del ingreso, dicha distribución es el resultado de una puja entre las clases en conflicto. Lo fue ayer, y lo sigue siendo hoy.

Sin embargo se insiste machaconamente con el fetiche: André Gorz, "filósofo social" austro-francés, publicó en 1967 un libro que previsiblemente se llamaba Socialismo y revolución. El mismo autor en 1985, no menos previsiblemente publicó otro libro llamado Adiós a la Clase Obrera. Y hoy – este señor es muy previsible – afirma que

"...vamos seguramente hacia la empresa sin salarios permanentes (porque) ¿Qué producen y venden los grandes y pequeños Bill Gates? Productos intangibles cuyo costo es imposible de evaluar y cuyo precio depende del monopolio que logren asegurarse durante un tiempo dado." (2)

Cualquier capitalista sonreiría ante esta afirmación. El costo de una mercadería intangible es tan fácil (o difícil) de evaluar como el de una tangible, podemos apostar sin temor a que Bill Gates conoce perfectamente y de memoria sus costos de producción. En cuanto al precio de una mercadería tangible ¿de qué depende? Casualmente: del "monopolio que el capitalista logre asegurarse durante un tiempo dado".

Como se ve, las reglas de mercado son iguales para bienes tangibles e intangibles desde hace mucho tiempo, pero al parecer la "intangibilidad" sirve para justificar cualquier cosa.

Por último Paolo Virno vuelve, superándose a sí mismo:

"El hecho decisivo fue el fin de la fábrica fordista y su línea de montaje, y el advenimiento del intelecto, la percepción, la comunicación lingüística como principales recursos productivos." (3)

Es decir que las heladeras, los lavarropas y los automotores ya no se hacen con líneas de montaje sino con... intelecto y comunicación lingüística. Preguntas de simple sentido común: ¿no hay ya líneas de montaje en las fábricas? ¿El intelecto no tenía ninguna participación en la "fábrica fordista"? ¿No existían la planificación, el marketing ni el diseño en las décadas del '40, '50, '60? Lo de la "comunicación lingüística" es asombroso, uno pensaría que las fábricas en décadas pasadas funcionaban con obreros, capataces y empleados mudos.

V.3 - ...y las "nuevas clases"

Toni Negri, viejo conocido, nos explica que este impacto ha creado "nuevas clases" que han desplazado a la clase obrera:

"Decimos que la clase obrera no es ya el motor fundamental porque forma parte de un conjunto de fuerzas productivas igualmente explotadas, a veces aún más todavía. (...) Se encuentran en el trabajo inmaterial ligadas a la revolución informática. Son gente que trabaja en los servicios y produce mercancías intelectuales e inmateriales." (4)

Que un programador o un trabajador de servicios sea "más explotado" que un obrero industrial es por lo menos discutible. Pero Negri simplemente interpreta un espejismo. El trabajo intelectual existió siempre como parte de la producción.

El avance de la tecnología combinado con la pérdida de posiciones de los trabajadores en la lucha de clases lleva a que la burguesía cuente con herramientas formidables para aumentar sus beneficios, incluso a costa de la pequeño burguesía. Parte del espejismo se explica porque las tareas intelectuales vinculadas a la planificación, la administración, la producción y el marketing eran antes tan existentes como ahora, la diferencia es que antes se trataba de profesiones liberales que expertos de origen pequeño burgués desarrollaban del lado del capital, mientras que hoy en día esos mismos profesionales se cuentan como asalariados, o pseudo profesionales, (facturando como "independientes" cuando en realidad trabajan a tiempo completo para una sola empresa).

Esto es lo que lleva a muchos intelectuales a afirmar que "la producción se ha convertido en inmaterial". Es un simple error de percepción: el trabajo intelectual necesario para esta producción existe hoy igual que ayer, sólo que los trabajadores intelectuales también han perdido posiciones frente a los dueños del capital, asemejándose más a un asalariado corriente. Muchos analistas de sistemas, o de marketing, programadores o consultores funcionales hoy están no muy por encima de un trabajador administrativo. Esto no cambia el carácter de la producción, simplemente hay un reposicionamiento más desventajoso de sus actores.

V.4 - ¡Fin del trabajo!

Pero siempre se puede ir más lejos. Al cerrar los ojos ante la lucha de clases como fundamento del cambio en la relación de fuerzas sociales, los teóricos de la impotencia tienen que describir las transformaciones que ven como tendencias caídas del cielo y por lo tanto inmodificables cuyo rumbo es imposible de torcer. Así que nos auguran que el trabajo ya no es necesario, que evolucionamos hacia una sociedad en la que la tecnología ha suprimido a la mano de obra y nos proponen... lamentarnos.

Por ejemplo, oigamos a Jean-Paul Maréchal, maestro de conferencias e investigador en ciencias económicas de la Universidad de Rennes:

"Los problemas económicos a los que nos enfrentamos no son los de una crisis. Corresponden más bien a los efectos negativos de una mutación que se está realizando cuyo recurso principal es la revolución informática." (5)

El norteamericano Jeremy Rifkin, economista y asesor de varios gobiernos europeos y del suyo propio titula uno de sus libros sin sutilezas: El Fin del Trabajo, en el que afirma redondamente que los robots reemplazarán a las personas y que

"Estamos ante el fin de la clase obrera y del trabajo mismo." (6)

Leamos a Jürgen Habermas, teórico burgués "de izquierda" de escaso rigor pero de fuertes apoyos editoriales. Según él, el paradigma marxista de la producción (el hombre actúa sobre el medio que lo rodea para satisfacer sus necesidades) está acabado:

"El trabajo ya no es una categoría de explicación dominante en nuestra sociedad (porque asistimos al) final históricamente previsible de la sociedad basada en el trabajo." (7)

Hay muchos autores más para nombrar (Claus Offe, Dominique Méda) pero todos discurren de la misma manera, citándose unos a otros y repitiéndose con términos más o menos pedantes. No hay necesidad de aburrir al lector.

VI – Efectos de la prédica

El problema no es tan grave en Europa. Dado que la burguesía tiene en los estados imperialistas una política de relativa redistribución de ingresos (ya que es mucho más sensible a la inestabilidad que causa la lucha de clases en los países centrales que en la periferia) lo que se discute allí es el acortamiento de la jornada laboral para paliar el desempleo (si bien dicha discusión tiene un impacto casi nulo en lo concreto), habida cuenta del formidable aumento tanto de la productividad como de la desocupación. En Francia, por ejemplo, el aumento de la productividad de 1974 a 1998 fue de un 60%, mientras el total de horas trabajadas cayó un 12% (8).

El problema más grave lo constituyen quienes repiten estos disparates en Latinoamérica. La desgracia del "intelectual" colonizado es que reproduce acríticamente un discurso venido de Europa, con lo que deja de hacer lo mínimo que se le puede pedir a un intelectual: pensar.

Si el lector es un obrero o un empleado podría ensayar el siguiente experimento: presentarse ante su patrón y anunciarle que pretende cobrar el mismo sueldo a cambio de trabajar menos, o no trabajar en absoluto ya que unos señores importantes han publicado un montón de libros afirmando que nuestra sociedad ya no está basada en el trabajo. El autor de la presente nota no se hace responsable de los resultados, antes bien sugiere dirigir reclamos al Sr. Habermas, al Sr. Rifkin, o a cualquiera de sus repetidores locales.

Mientras un montón de ilustres pensadores nos dicen que el trabajo se ha acabado y que su papel como generador de valor está en decadencia las jornadas laborales se extienden a 10, 12 o hasta 14 horas, se reducen las vacaciones y se pierden los sábados y aún los domingos.

Un marxista explicaría que esta situación se debe simplemente a que la derrota de la clase obrera ha posibilitado a la burguesía el forzar a un trabajador a hacer el trabajo de tres por el mismo salario. El trabajo necesario no se ha reducido, simplemente se ha reducido la mano de obra, y se reducirá todo lo posible con el objeto – totalmente sensato dentro del capitalismo – de maximizar las ganancias como sea: con tecnología, con hiperexplotación o con trabajo esclavo, como se hace en las factorías que fabrican en Indonesia o la India las zapatillas de marca que se usan en los barrios pudientes. Pero ya sabemos que el marxismo ha sido "superado".

VII – Conclusión y perspectivas

Pensar en términos de lucha de clases es desagradable, es mejor ignorar los conflictos y mirar para otro lado buscando explicaciones mágicas y fatalistas. Ese es el secreto de la "superación" del marxismo. Cabe preguntarse por qué extraña razón a Marx hay que matarlo tantas veces si con una debería bastar. Seguiremos escuchando a decenas de gurúes emitiendo certificados de defunción una y otra vez de aquello que sigue estando vivo y presente.

David Leon

Notas:

1) Entrevista diario Clarín – Entre la desobediencia y el éxodo, Paolo Virno, 19/01/2002.
2) Entrevista Le Monde, André Gorz , 06/01/1997.
3) Ídem 1).
4) Entrevista L’Humanité, A. Negri, M. Hardt, 23/01/2005.
5) Revista ESPRIT, artículo, Jean-Paul Maréchal, 08-09/1995.
6) El Fin del Trabajo, Jeremy Rifkin, Editorial Paidos 1996 p. 23.
7) El Discurso Filosófico de la Modernidad, Jürgen Habermas, Editorial Taurus 1989 p.104. También Autonomy and Solidarity, Interviews with Jürgen Habermas, Peter Dews, Paperback 1992 pp. 140 ss.
8) Fuente: Insitut National de la Statistique et des Études Économiques, Francia.

19.4.07

Antonio Negri, John Holloway o Teoría y Praxis de la Impotencia

Bueno acá va una notita que leí por ahí. La escribió un amigo mío así que no creo que se enoje por el plagio (además ya se la copiaron en un par de sitios...), je.

I – Breve panorama de la resistencia al capitalismo

La influencia de propuestas nefastas en los movimientos de resistencia al capitalismo es hoy uno de los problemas principales con los que se enfrentan. Los rasgos más característicos que se pueden enumerar son:

1) Cuestionamiento y dudas respecto del papel de la lucha de clases.

2) Desconfianza hacia el surgimiento de cualquier dirección.

3) Elogio y exploración del espontaneísmo, la fragmentación y la falta de centralización tanto organizativa como estratégica y aún táctica.

4) Como extensión de lo anterior: desconfianza hacia la idea misma de una ideología, una agenda o un plan de acción determinado.

5) Tendencia a evitar todo enfrentamiento directo con el poder, intentos de "separarse" del modo de producción capitalista mediante "alternativas paralelas", y como consecuencia: cuestionamiento del concepto mismo de "poder", que desemboca en la aceptación más o menos consciente de convivencia con el poder establecido.

6) Aún más allá, y afectando ya áreas que se alejan del pensamiento marxista propiamente dicho: cuestionamiento de la razón humana en sí misma, dudas acerca de su capacidad para hacer concebible la realidad y actuar sobre ella, rechazo de toda certeza como imposible y/o peligrosa, etc.


Es muy útil observar la curiosa coincidencia en la dirección involutiva que forman todos estos puntos. Todos ellos están en mayor o menor medida presentes en el pensamiento que podríamos llamar "altermundialista" y es difícil que se formule uno de ellos sin caer en el resto. La razón es que todos tienen un origen común, que podemos cifrar en dos hechos:

a) La caída del socialismo real en los países del este como consecuencia de la nefasta política de la burocracia stalinista.

b) La derrota de los movimientos revolucionarios en el Tercer Mundo durante los ’70.

En alguna medida esta confusión e inseguridad es entendible en las masas, en los trabajadores no conscientes, en la pequeño burguesía y en el pueblo en general, ya que toda derrota trae su reflujo y su lógica necesidad de recomposición.

Mucho menos entendible es en personas que se autodenominan intelectuales marxistas. El intelectual revolucionario debería justamente señalar la confusión y el retroceso como lo que son: problemas. Sólo así se los puede tomar como punto de partida para una reformulación o desarrollo crítico.

Pero el sistema alienta a "intelectuales" que se limitan a reformular en términos teóricos la impotencia y la confusión para legitimarlas. Estas personas – no importa cómo se autodenominen – trabajan así objetivamente de forma consciente o inconsciente para el poder.

Es también muy interesante constatar que toda esta producción teórica es presentada como "alternativa", "heterodoxa" y supuestamente superadora del marxismo "oficial", "ortodoxo", "dominante" y por supuesto "obsoleto". Pero mientras este "nuevo marxismo" o nuevo pensamiento de izquierda se presenta como "lo alternativo" la realidad es que de alternativo tiene muy poco: sus libros, artículos y opiniones tienen una difusión ensordecedora, es imposible no topárselos en cualquier revista, programa o librería. Los medios masivos los publicitan desaforadamente y cualquier crítica a sus postulados es tachada inmediatamente de sectaria o pasada de moda. El marxismo ortodoxo en cambio no tiene el menor espacio.

Así que analicemos a dos destacados exponentes de esta brillante superación del pensamiento marxista y veamos qué nos pueden aportar:

II - Antonio Negri

Es uno de los más conocidos teóricos europeos. Dice ser marxista, lo cual – visto cuánto se ha manoseado a Marx a lo largo de la historia – no debería alentar la inmediata aprobación de nadie.

Es difícil desentrañar teóricamente a Negri, no porque sus planteos sean complejos sino sencillamente porque son vagos, imprecisos y tienen tantas lagunas que uno se pregunta si ha leído bien. De esa vaguedad e imprecisión es difícil separar conclusiones teóricas de meras afirmaciones banales, tópicos y clichés repetidos que pueden clasificarse fácilmente entre los seis puntos anteriormente mencionados.

Veamos una de sus tesis: la decadencia del estado-nación, que es la que daría origen a su "nuevo sujeto histórico", la "Multitud", que vendría a reemplazar al proletariado.

"Estados Unidos no constituye - y en realidad ningún Estado-nación puede hoy constituir - el centro de un proyecto imperialista. El imperialismo ha terminado. Ninguna nación será líder mundial como lo fueron las naciones europeas modernas" (1)

Nótese en principio la alegre autonomía de este postulado respecto de la realidad: en estos momentos EEUU lleva a cabo un feroz unilateralismo belicista mundial que ha abolido lo poco que quedaba incluso de las apariencias de un derecho internacional, sostiene dos guerras imperialistas al mismo tiempo (Irak y Afganistán), amenaza con nuevas y alberga – junto con Europa – al 75% de las grandes corporaciones multinacionales que tienen allí sus centros de operaciones. Es imposible no ver la vinculación de los estados imperialistas con la OMC, las Rondas Comerciales Doha, el Banco Mundial y el FMI, organismos a través de los cuales ejercen su política.

Un marxista diría que el estado es un instrumento de la gran burguesía, adaptado a los intereses de esta y sujeto a sus contradicciones. Pero Negri – frente a quien todo parece difuminarse – ha descubierto que las clases también están desvaneciéndose misteriosamente:

"El potencial comunista de la multitud es infinitamente superior a la del proletariado" (2).

Cabe preguntarse qué cosa es el "potencial comunista" y por qué es mayor en la "multitud" que en el proletariado. Obsérvese – recordando los puntos citados arriba – la tendencia a la vaguedad, la imprecisión y la impunidad para dejar de lado cualquier pregunta lógica: ¿Cómo se resuelven los intereses de clase dentro de la propia "multitud"? ¿En virtud de qué interés material actúa la multitud si no es un interés de clase? El concepto mismo de "multitud" por oposición a "proletariado" no puede tener otro objeto que negar la importancia de éste como clase y negar el interés de clase como fuerza motora de la acción política. ¿Qué queda de Marx luego de esto?

Por otra parte esto no tiene nada de nuevo más que en su terminología: la célebre "multitud" negriana cumple la misma función que el "pueblo" en las distintas ideologías populistas tomado como sujeto histórico exclusivo para subsumir al proletariado en las masas, negándole su papel dirigente. Incluso el concepto "multitud" representa un retroceso en este sentido. Negri, como tantos intelectualoides posmodernos, presenta una visión vulgar, desecha el análisis y borra diferencias. Esto se conoce hoy día como análisis "superador", quizás porque entiende superada la necesidad de analizar nada.

En cuanto a la organización política de la "multitud" Negri aboga por la horizontalidad reticular, la microrred, el rizoma y otras seductoras definiciones copiadas del posmodernismo europeo:

"Este modelo democrático es lo que Deleuze y Guattari llamaron un rizoma, una estructura en red no jerárquica y sin un centro". (3)

Podemos proponer subir la apuesta: ya que se trata de horizontalidad y de acabar con todo centro jerárquico formemos grupos lo más reducidos que sea posible: una persona. Actuar cada uno por su cuenta, ejemplo perfecto del respeto por la "singularidad" y la organización horizontal / reticular / microrrizomática, sin odiosas imposiciones ideológicas ni centralismos autoritarios. Cada uno en su casa haciendo lo que quiere y le gusta ¿qué puede ser más democrático que esto?

Pero Negri ni siquiera pretende que esta multitud luche contra la gran burguesía. Fiel a la praxis que ya había propuesto al proletariado italiano en los ’60, Negri – junto a todo el posmodernismo teórico – quiere que la oposición al capitalismo se centre en una multitud de pequeñas resistencias, microrredes, horizontalidades reticulares y demás nombres que hoy recibe la impotencia. Disfrútese de esta joya:

"En la posmodernidad, (...) La resistencia se da como difusión de comportamientos resistentes singulares. Si se acumula, lo hace extensivamente, en la circulación, en la movilidad, en la fuga, en el éxodo, en la deserción multitudes que resisten difusamente, escapan de los grilletes cada vez más estrechos de la miseria y del comando. No hay necesidad de toma de conciencia colectiva: el sentido de la rebelión es endémico, atraviesa toda conciencia y la hace rebelde. (...) Así la rebelión no se puntualiza ni se uniforma, pero corre en el espacio del común y se difunde como omnilateralidad incontenible de los comportamientos de las singularidades. Así se define la resistencia de la multitud." (4)

Asombroso: la resistencia al poder se da a través de... ¡la fuga, el éxodo y la deserción! Este es el efecto más perverso de la prédica en la izquierda posmoderna: hacer de la necesidad virtud. Estas "multitudes que resisten difusamente" son evidentemente las víctimas del capitalismo incapaces de organizarse y unirse, aisladas, sin programa, sin herramientas, huyendo como pueden del desastre. Esto es lo que Negri presenta como una cosa excelente ya que la "multitud" es así una suma de "singularidades", en criollo: gente aislada o como mucho en grupitos chiquitos. Para más hundimiento: "no hay necesidad de toma de conciencia colectiva".

Uno no puede menos que coincidir: es verdad, para la fuga y el éxodo no hace falta ninguna toma de conciencia. Basta con vestir la catástrofe de términos seductoramente pedantes como "omnilateralidad" cuyo significado – nuevamente en criollo – es claro: corremos todos para cualquier lado.

¿El gran capital? Preocupadísimo.

III - John Holloway

Es aún menos serio, si cabe. Tiene la innegable virtud de ir aún más lejos que Negri y tomar valientemente el toro por las astas. Desde el título de su libro Holloway nos espeta: Cambiar el Mundo sin Tomar el Poder. Nada de medias tintas, declaración de principios desde el vamos.

Pero antes de que nadie invierta su tiempo leyéndose las más de 300 páginas de su libro en busca del "cómo", Holloway y la crítica laudatoria nos advierten que el suyo no es un libro de recetas – ¿qué es eso de andar buscando respuestas? – así que en la anteúltima página del libro el autor se pregunta "¿cómo cambiamos el mundo sin tomar el poder?" para responderse: "no lo sabemos". Y más adelante: "ya no sabemos que significa revolución (...) hemos perdido toda certeza" (5).

Poco queda sino agradecer al maestro.

Nuevamente aquí podemos ver en toda su claridad esta perversa forma de "fomentar el debate": se comienza postulando una tesis, pero en cuanto alguien pregunta por qué y cómo (que se supone eso es debatir) la respuesta es un despreocupado: "no lo sabemos", "las certezas son peligrosas", "buscamos incitar a la reflexión más que dar recetas". Bien, Holloway y cía, si las certezas son peligrosas entonces ¿por qué mejor no se abstiene Ud. de afirmar las suyas?

En el fondo este libérrimo libertarismo esconde un autoritarismo profundo, ya que postula alegremente cualquier tesis sin necesidad de fundamentarla y al mismo tiempo refuta severamente cualquier punto de vista opuesto acusándolo de no querer el debate. Precisamente queremos debatir, así que si se nos va a sugerir un curso de acción nos encantaría entender el por qué. Si la respuesta es un simple encogimiento de hombros entonces por favor, deje paso a quienes sí tienen una idea.

Holloway niega al estado: "Un mundo digno no se puede crear por medio del estado" (6). Demás está decir que esta negación radical – que parece muy revolucionaria – es otro grosero emborronamiento histórico. Sin duda para Holloway el estado feudal, el estado democrático burgués y el estado obrero son más o menos lo mismo. Un poder revolucionario y un poder reaccionario no se diferencian en nada, por lo que Idi Amin, Kirchner, Fidel Castro o Luis XVI no merecen que se los diferencie. Aquí los modos de producción no cuentan, y por lo tanto tampoco las clases. Pero eso sí: Holloway se declara un "marxista autónomo", lo que sea que eso quiera decir.

Holloway, como Negri, intenta también obviar la importancia de la clase obrera en el desarrollo histórico, al menos el actual, recurriendo al caballito de batalla de su "declive numérico", su menor peso social o la aparición de nuevas formas de "producción inmaterial". Este repetido argumento es un viejo conocido pero perfectamente refutable. Baste decir que ni el trabajo inmaterial es nuevo en el capitalismo, ni puede obviarse que el declive del proletariado en ciertas industrias de producción directa está compensado con el crecimiento en los sectores relacionados con la circulación de mercancías, la proletarización de numerosos trabajadores en sectores de servicios o la aparición de proletariados en otras áreas del mundo, como el sudeste asiático. Cualquiera que mire a su alrededor y se pregunte cuáles de los bienes que lo rodean no han sido hecho por la intervención directa de un trabajador puede contestarse fácilmente la pregunta sobre el famoso "peso social".

En cuanto a las estrategias de lucha, no deja de ser más de lo mismo, a tal punto que es tentador preguntarse qué tan necesarios son Holloway, Negri, Zizek, Hardt, si basta que uno hable para escucharlos a todos. Como muestra gratis Holloway nos recomienda una experiencia que todos conocemos en Argentina: el Club del Trueque:

"¿Cómo conectar estos proyectos alternativos, entre sí y con la sociedad en general? Si se hace a través del mercado, terminan dominados por el mercado. No se puede hacer a través de la introducción de una planificación central porque esto supone estructuras que no existen y que no pueden existir en este momento. La articulación se tiene que hacer desde abajo, de forma experimental. En Argentina actualmente, el movimiento de trueque en sus mejores manifestaciones es un intento de desarrollar otras formas de articulación entre productores y consumidores (prosumidores), pero todavía está en sus inicios." (7).

Atención: ni el mercado ni la planificación centralizada; obsérvese en cambio lo preciso y científico de la definición "desde abajo", la referencia al chanta reaccionario Alvin Toffler (inventor de los "prosumidores"), y la cauta aclaración de que la experiencia "aún está en sus inicios".

No está demás una breve reseña de esta brillante experiencia. Empecemos por describir lo que es: el Club del Trueque no es más que un mercado capitalista precario dentro de un mercado capitalista subdesarrollado, imagine el lector las perspectivas. No hacen falta muchas luces para entender que este sub-mercado heredará todas las miserias del principal, y hasta es posible que ninguna de sus ventajas.

Y así ha sido efectivamente: los créditos o moneda circulante del trueque no tardaron en generar inflación, falsificación, estafas y avivadas varias. El Club del Trueque murió aproximadamente al año mismo de nacer, pero Holloway no pudo enterarse claro, porque para ese entonces estaba dando entrevistas en Italia. Hizo bien sin embargo en aclarar que la cosa "está en sus inicios" como para cubrirse de las posibles críticas de los marxistas obsoletos que no nos dejan soñar tranquilos.

Es desolador ver como el inicio se parece tanto al fin.

IV - Conclusiones

El movimiento "altermundista" no llegará absolutamente a ningún sitio mientras no se plantee las desagradables verdades que la presión de los sectores pequeñoburgueses le impone ignorar: no hay espacio para fantasías, ni para imprecisiones pedantes disfrazadas de teorías para fomentar la autocomplacencia. La fuerza del legado de Marx ha impulsado siempre a multitud de chantas ansiosos por "superarlo", por "ir más allá" y por ejercer interminablemente una erudita ignorancia en su nombre.

Desenmascararlos es urgente, necesario y algunas veces hasta podría llegar a ser divertido, si no hubiera problemas tan graves de por medio.

David León

Bibliografía:

1) Imperio, Antonio Negri, Michael Hardt, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2002 pág. 15.

2) Entrevista L’Humanité, A. Negri, M. Hardt, 23/01/2005.

3) Imperio, Antonio Negri, Michael Hardt, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2002 pág. 278.

4) Kairos, Alma Venus, Multitudo: nove lezioni impartite a me stesso, Antonio Negri, Manifesto Libri, Roma, 2000. pág. 91-92.

5) Cambiar el Mundo sin Tomar el Poder, John Holloway, Revista Herramienta, Buenos Aires, y Universidad Autónoma de Puebla, México, Octubre de 2002 2da. Edición, pág 308.

6) Contrapoder. Una Introducción - Doce tesis sobre el anti-poder, John Holloway, Editorial De mano en mano, Bs. As. 2001, pág. 73 además de numerosas entrevistas.

7) Entrevista de Vittorio Sergi - Semanario Carta, John Holloway, 04/03/2002.

30.3.07

Leopoldito II o nuestra conciencia muerta.


En un post ya algo lejano me metí con el rey Balduino I de Bélgica a propósito de una pequeña hipocresía. Hoy me voy a meter con un antecesor suyo, y por algo bastante más gordo.

Quien camine por Bruselas verá hermosas construcciones. Disfrutará sin duda del Palace de Justice por ejemplo, o de las Arcades du Cinquantenaire; pero disfrutaría menos si supiera cómo se obtuvo el dinero para lograr estas cumbres de nuestra cultura.

El que impulsó y financió estos alardes de gusto fue con justicia llamado "Rey Constructor" por los belgas, aunque con más justicia podría llamárselo de otras maneras. Su busto anodino y respetable decora numerosos museos, y en Bruselas existe incluso un boulevard con su nombre, muy cerca de donde se ha alojado durante más de un año el autor de estas notas.

La burguesía belga enseña hoy a los niños en sus escuelas el nombre de este hombre con patriótico respeto, así que no estará de más conocerlo.

Leopoldo II reinó en Bélgica desde 1865 hasta 1909, año en que libró al mundo de su presencia. Fue incensado en su momento por los medios, la iglesia, los gobernantes y cuanto bípedo viviente amante de la civilización se paseara por ahí.

Era un hombre inteligente, culto y creativo pero fundamentalmente un hombre de negocios. De buenos negocios. Estaba imbuido por la noble idea de trepar lo más alto posible. Y lo hizo. Veamos cómo, a ver si aprendemos algo.

África – todos lo sabemos – es un continente de gente atrasada, de costumbres burdas, sin modales. Gente bruta, vamos. Los occidentales lo sabemos bien ¿Qué mejor que ayudarlos y enseñarles las cosas buenas de la vida? Hoy como ayer desbordamos humanitarismo y buenas intenciones. Leopoldito hizo de las intenciones acción y puso manos a la obra.

En 1876 creó con un grupo de inversores la Asociación Internacional Africana, que en 1879 financió la expedición al río Congo, en el centro-sur del continente africano. Desde esas fechas en adelante el mundo supo que el rey de los belgas conducía una desinteresada cruzada humanitaria: llevar la fe cristiana y la civilización a esa manga de salvajes.

Estratega sin igual en relaciones públicas, Leopoldito invirtió mucho en publicidad. Periodistas adecuadamente incentivados con billetes cantaron las loas previstas. Diversas conferencias fueron brindadas a las que asistían dignatarios, intelectualetes y muchos sacerdotes católicos, ya que la iglesia apoyaba calurosamente la tarea de llevar el evangelio a los caníbales y tuvo una participación destacada, ya vamos a ver cómo.

El Estado Libre del Congo – nombre no exento de ironía en el adjetivo que lo compone – no constituía siquiera una colonia sino una propiedad personal de Leopoldito. Un territorio en forma de cuadrilátero, similar al de la actual república del Zaire, con una estrecha salida al mar y un potencial de explotación impresionante: caucho, resina de copal, diamantes, marfil y otros tantos bienes de los que esos negros no tenían ni la menor noción.

Bien, hacia 1890 empezaron a oírse unas voces algo discordantes. El escritor norteamericano George Williams, el belga Edmund Morel, representante de una compañía naviera en Bélgica y el entonces cónsul británico Roger Casement (más tarde resistente irlandés fusilado por la corona) empezaron a denunciar que el mayor beneficio que podía esperar un nativo en esos momentos era vivir un día más. Se levantó una polémica internacional con diversas acusaciones, se escribieron toneladas de estupideces acerca del valor de la civilización occidental, se lanzaron campañas de difamación... pero la verdad llega. Tarde. Pero llega.

El famoso Estado Libre del Congo era un gigantesco campo de concentración. Los historiadores más serios calculan que entre cinco y diez millones de nativos fueron exterminados. Pueblos enteros eran masacrados si no cumplían con las cuotas de producción. La tortura era no la excepción sino la regla, métodos didácticos para aumentar los beneficios fueron empleados generosamente: corte de manos, pies o brazos a quienes no demostraran el debido amor al trabajo, latigazos, tortura y asesinato de niños frente a padres retobados, en fin: la civilización occidental y cristiana.




Para llevar a cabo esta sublime cruzada Leopoldito organizó un ejército de mercenarios llamado Force Publique, compuesto por cuanto lumpen paseara por Europa interesado en hacerse unos mangos. Se investía a esta basura blanca de un uniforme de oficial y se los mandaba de cacería a reclutar nativos, que pasarían luego a ser soldados forzados.

Como dato histórico: algunos de los reclutas negros de la Force Publique se rebelaron y formaron una guerrilla que estuvo activa hasta 1908. Se cobraron la vida de algunos soldados y de quince oficiales blancos. Quince muertos europeos. Resalto este dato para que puedan intervenir inmediatamente las almas bellas que aborrecen la violencia, los poseedores de esa moral superior que nos enseñan que la violencia es mala venga de donde venga, y que no soluciona nada. Quince muertos, quince vidas humanas: horroricémonos, por favor.

La iglesia católica tuvo su papel también; vamos, que no podía faltar. No sólo no denunció jamás esta bestialidad sino que participó activamente. Con piadoso espíritu humanitario sacerdotes católicos crearon colonias infantiles para huérfanos. Y efectivamente: albergaban huérfanos; cuando la Force Publique arrasaba un poblado, los niños sobrevivientes eran llevados a las colonias infantiles en las que eran sometidos a latigazos y golpes, privados de su identidad, costumbres y creencias, adoctrinados sin escrúpulos en la fidelidad a la iglesia y a Leopoldito, y eventualmente destinados a la propia Force Publique. Las condiciones de vida en estas piadosas colonias se expresa elocuentemente en su tasa de mortalidad, que rondaba el 50%. Bienaventurados los niños.

Pero no todas fueron cosas malas: Leopoldito organizó en 1897 la Exposición Universal de Bruselas, entre cuyas atracciones destacaba la reproducción de una aldea congolesa para cuyo montaje se trajeron 267 nativos que conformaron un simpático zoológico humano para europeos.

Pero ya en 1906 la cosa se puso muy densa. Mucha protesta internacional, mucho lío. Así que Leopoldito le cedió el territorio al estado belga, no sin antes hacerse pagar numerosas indemnizaciones. Este pase de manos fue una verdadera suerte, ya que significó una real mejora en la situación... del estado belga, claro. De los africanos no, la cosa siguió para ellos más o menos igual. Bueno che, al fin y al cabo ¿qué quieren? ¿hoteles cinco estrellas?

El Congo obtuvo su independencia recién en 1960. Pero casi un siglo de barbarie sobró para destruir la cultura, las instituciones y las relaciones sociales de los africanos. Aún así de las primeras (y hasta el 2006 únicas) elecciones democráticas que tuvo el maltratado país surgiría un primer ministro brillante, honesto y antiimperialista (perdón por el arcaísmo): Patrice Lumumba, que intentaría hacer de la independencia política del Congo una realidad. Pero claro, ante semejante insolencia intervinieron ¿a que no adivinan quiénes? los belgas, y ¿a que no adivinan quiénes más? los yanquis para entregarlo a un sátrapa brutal que lo mataría luego de torturarlo salvajemente y gobernaría el Congo por muchas más felices décadas de miseria y represión.

Hoy los occidentales no gobiernan África directamente – cuestiones de imagen – sino que dejan eso a dictadorzuelos, aventureros o carreristas locales bien pagos. Las multinacionales siguen ahí, llevándose lo que no les pertenece a precios de risa y dejando exhausto hoy un continente, mañana el planeta.

Mucha gente piensa que a los africanos "hay que ayudarlos". Incluso que "los estamos ayudando", y que lo que pasa es que los grones son un poco tontitos. Nadie dice que no es ayuda lo que necesitan, que no son subnormales, sino que simplemente son pueblos oprimidos a los que se los deja sin nada y luego se los culpa por no tener idea de lo que es un iPod.

Los medios – algo han aprendido – lo hacen hoy más sutilmente que ayer. Un imbécil de anteojos naranja y ojitos chiquititos hace ruido, aparece en la pantalla gigante como su ego y convierte los antiguos té canasta de beneficencia que organizaban las señoras bien en conciertos de rock que bailan los chicos bienpensantes. La máquina comercial detecta que nuestra conciencia podría despertarse, así que corre a administrar el somnífero, anunciando sin vergüenza el "día que la música cambió el mundo" y exhibiendo obscenamente a un chico desnutrido con el objeto de hacernos creer que algo pasa. Y elegimos creer.

Porque creer es indispensable cuando la conciencia está muerta.

-o-

Quien se interese por conocer más datos sobre el robo sistemático en el Congo puede consultar – entre varias obras – el libro del historiador Adam Hochschild El Fantasma del Rey Leopoldo, o en plan más literario, El Corazón de las Tinieblas, de Joseph Conrad, que también estuvo allí.

19.12.06

La piedad como lujo (Ah mon cher Jean-Claude...!)

Miren qué interesante esto: unos jóvenes parisinos han decidido vivir en la calle para experimentar lo mismo que viven los indigentes.

"Siempre me compadecí de los desamparados, pero sin experimentarlo es imposible comprender lo difícil que es" nos explica uno de estos genios.

El primer detalle que llama la atención son las carpas: muy buenas carpas. Yo no sé si en París los indigentes viven en carpas, me parece que no, porque conozco París y si bien no he vivido como ellos al menos los he observado bien: carpas no tienen.

Pero bueno, digamos que estos sufridos muchachos quieren hacer la experiencia pero tampoco la pavada, macho.

Sin embargo yo creo que hay que ayudar a esta buena gente. Ayudarlos a compenetrarse con el tema. Como primera medida yo les retiraría súbitamente las carpas en medio de la noche, como para que de verdad sientan lo que siente un ñato que simplemente no tiene dónde refugiarse.

Y como segunda medida creo que sería de enorme ayuda expropiarles sus respectivas casas. Así un funcionario se presentaría frente al aprendiz de indigente y le comunicaría que de aquí en adelante ya no tiene a dónde carajo volver, así que váyase acostumbrando.

Porque la verdadera experiencia es esa, muchacho: no tener casa, y no rajarse de paseíto un rato. El frío y el hambre - estoy seguro - se deben sentir de manera muy distinta cuando uno se somete voluntariamente a ellos "para ver cómo es" que cuando se sufren deseando intensamente calmarlos sin tener con qué, como les pasa a los verdaderos indigentes.

Esta es, señores, la Europa pelotuda.

11.12.06

Las dudosas virtudes de la duda

No hace mucho, escuchando el programa en podcaster (no sé si equipararlo con la radio, pero digamos que tiene algo de parecido) del amigo Niño Barroco, me encontré con uno en el que el infante de marras reflexiona extensamente sobre algunos temas que nos hemos tirado por la cabeza varias veces.

Niño Barroco empieza cortejando a nuestra amiga la duda. ¿Quién no la conoce? En los tiempos que corren es una especie de superestrella, el pensamiento contemporáneo de ultimísima hora, ese que suele envejecer desastrosamente y que – observen la finesse – me resisto a llamar "posmo", adora la duda. Y Niño Barroco está, es mi prescindible opinión, subido a este tren, paradójicamente con total convicción.

La primera reflexión que me produce escucharlo es que a mí el pensamiento de moda no me gusta. Nada peor que una idea convertida en opinión pública. Y esto vale también para aquellos tumultuosos ’70, creo que está claro que los psicobolches de oficio tampoco han sido santos de mi devoción.

La segunda reflexión salta ante la frase clave de Niño Barroco durante su monólogo: "A mí me encanta dudar". Creo que podemos empezar por acá.

¿Qué cosa es la duda? A mi me parece que se trata de la incapacidad admitida de tomar un camino, una posición o una decisión. La duda es lo contrario de la opción. Y hoy nos cansamos de escuchar por todos lados que la duda tiene un alto mérito, que la certeza por el contrario es peligrosa, que tener certezas es autoritario, feo, mientras que dudar es genial y muestra de gran inteligencia. Esto nos dicen.

Me permito dudarlo, si puedo socarronear un poco.

Me parece que si uno se pone un poquito dialéctico (y casualmente la dialéctica, mina que me gusta mucho más, aparece siempre en los debates interesantes) la duda está muy bien siempre que evidencie una incapacidad para optar debida a nuestra falta de información o de datos que nos permitan tomar una postura. Falta de información o de datos que la duda debería impulsarnos a remediar. En otras palabras la duda es interesante en tanto apunte a liquidarse a sí misma.

Porque si uno se instala cómodamente en la duda, si a uno le "encanta dudar" como a nuestro barroco amigo, entonces mágicamente la duda deja de ser duda y se transforma en postura, en convicción. Una convicción que prohíbe a todas las otras, o sea: la más estéril e inútil de las convicciones, se trate el tema que se trate.

Sospechar de toda convicción y someterla a prueba está muy bien, no hay que aceptar nada a priori. Pero siempre y cuando este "no aceptar" tenga como motivo la falta de elementos para hacerlo. Si el "no aceptar" se convierte en una postura de principio, entonces estamos simplemente ante la falta de voluntad para recabar información, estamos lisa y llanamente ante el elogio de la ignorancia.

A mí me parece que ni la duda ni la certeza indican la inteligencia o la honestidad de nadie. Se puede dudar y se pueden tener certezas, y en ambos casos se puede ser una persona reflexiva e inteligente, una persona deshonesta o un simple tarado.

El estrellato mundial de la duda permite a innumerables ignaros posar de gente sesuda y reflexiva. "Mire, yo dudo de todo" nos dice muy orondo un tipo que simplemente quiere ahorrarse la mucho menos prestigiosa frase "Mire, no tengo idea de nada". Lo bueno de la duda es que no exige conocimientos, más bien es necesario rechazarlos para poder permanecer cómodo en ella.

Este estrellato tiene una razón de ser: luego de la derrota de los proyectos que vislumbraban una sociedad mejor (históricamente no tan alejados pero que se nos antojan prehistóricos) estamos tan desorientados en el mundo del capitalismo salvaje y triunfante, que a esta altura ya creemos que la posición natural de la mandíbula es colgando.

Tenemos tanto miedo de equivocarnos, de embarcarnos en lo que sea, que no nos damos cuenta de que ya estamos embarcadísimos en el proyecto de quienes sí conservan convicciones muy firmes: numeritos de varias cifras en la cuenta corriente ayudan a sostener profundas certezas, incluso convertirlas en piadosos dogmas religiosos.

En la volteada cae la ciencia. Pobre la ciencia. Las variantes del relativismo cognitivo que nuestro muy amigo Alain Sokal desenmascaró con tanto humor y elegancia tienen el mismo origen. Claro: la ciencia puede ser usada para el mal, los laboratorios hacen negocio, etc. etc. La ciencia carga ahora con las miserias del capitalismo, y la culpa de Hiroshima y Nagasaki, como todos sabemos, no es del imperialismo sino de la física aplicada.

La solución para esto recetada por el pensamiento desnutrido es "¡Desconfiemos del pensamiento científico!", algo así como combatir la especulación inmobiliaria recomendando a la gente vivir en los caños. En lugar de tener el buen sentido de democratizar el pensamiento científico, de promover organismos democráticos de control que impidan el uso de la ciencia en contra de los intereses de la gente, Niño Barroco nos dice: "la ciencia es también una práctica, así que desconfiemos de la ciencia". Lo gracioso es que cuando alguien plantea que sería más lógico desconfiar de las clases dominantes Niño Barroco suele descalificar la advertencia por paranoide, improbable y conspiranoica.

Y por último, la violencia. Es el caso más trágico y el más delicado. Niño Barroco vincula las certezas con la violencia. Claro, para ejercer la violencia hay que contar con certezas, en general la violencia dubitativa es más bien rara: imagínense uds. pegarle un tiro a alguien sin saber muy bien por qué, o no decidirse entre poner una bomba en un cuartel, un partido de izquierda, o un baile de disfraces.

Así que la violencia exige certezas. Y la violencia no es buena, así que esto parecería abogar a favor de la duda. Lo malo es cuando alguien ya la utiliza ¿Qué hacer cuando el sistema cae encima de miles de personas? ¿Aconsejarles la duda? ¿Prevenirlos contra las certezas? ¿Decirles que la violencia es mala? Supongo que los fregados por el sistema nos contestarán que saben bien lo mala que es la violencia porque se la bancan todos los días.

Entonces ¿por cuánto tiempo más seguiremos en esta dudofilia? Yo espero que no demasiado. Porque mientras nos complacemos en las delicias de la duda hay otros que están desmontando el escenario y arreglándolo a su gusto con una idea muy precisa de lo que quieren.

Y a ellos nuestras dudas les importan muy poco.

20.11.06

Breve intervención de Yukio Mishima



No, no es un post sobre Yukio Mishima. Algún día me mandaré un post sobre él. Algún día en el que me sienta capaz de resumir el talento de un tipo como éste en menos de 5.000 palabras y sin tener la sensación de no agregar nada.

Digamos por ahora nomás que Yukio Mishima es uno de los escasos autores de los cuales he leído más de cinco libros sin experimentar en ningún momento la sensación de que podría haberse ahorrado una frase. Tengo la tentación de usar la expresión "uno de mis muy pocos referentes", pero me parece un poco pedante e insuficiente.

Si no lo conocen, y sabiendo que los gustos son algo muy misterioso e imprevisible, me atrevería a sugerir que intentar abordarlo es una inmejorable inversión de tiempo.

Hoy me voy a detener en un parrafito del hombre. El parrafito dice esto:

In its essence, any art that relies on words makes use of their ability to eat away – of their corrosive function – just as etching depends on the corrosive power of nitric acid. Yet the simile is not adequate enough; for the copper and the nitric acid used in etching are on a par with each other, both being extracted from nature, while the relation of words to reality is not that of the acid to the plate. Words are a medium that reduces reality to abstraction for transmission to our reason, an in their power to corrode reality inevitably lurks the danger that the words themselves will be corroded too. It might be more appropriate, in fact, to liken their action to that of excess of stomach fluids that digest and gradually eat away the stomach itself.

Taiyo no Tetsu - Sun and Steel (1970)

Ya que la lengua original no es el inglés me puedo animar a traducir ineptamente:

En su esencia, cualquier arte que se apoye en las palabras hace uso de la capacidad de éstas para erosionar, de su capacidad corrosiva, tal como el grabado depende del poder corrosivo del ácido nítrico. Aunque el símil no es totalmente adecuado ya que el cobre y el ácido nítrico usados en el grabado están en un pie de igualdad, siendo ambos extraídos de la naturaleza, mientras que la relación de las palabras con la realidad no es la del ácido con la plancha de metal. Las palabras son un medio que reduce la realidad a una abstracción para posibilitar la transmisión de la misma a nuestra razón, y en su poder de corroer la realidad inevitablemente acecha el peligro de que las palabras mismas sean también corroídas. Podría ser más apropiado, de hecho, asimilar su acción a la del exceso de fluidos estomacales que digieren y gradualmente erosionan el estómago mismo.

Taiyo no Tetsu - Sol y Acero (1970)

Si este conceptito tan lleno de posibilidades hubiera sido mejor conocido / comprendido nos hubiéramos ahorrado toneladas de papel impreso con fatigosas y aburridas huevadas en los últimos veinte años.

Y tendríamos unos cuántos árboles más.

2.8.06

El dandysmo y el protodandysmo nacional


El dandysmo es un interesante fenómeno, difícil de explicar. Podría decirse que está relacionado con la elegancia, pero se trata de una elegancia que no pasa necesariamente (en ocasiones puede que en absoluto) por el vestir. Me parece que, entre otras cosas, hay una profunda dialéctica en el dandysmo entre las aspiraciones desmesuradas y la completa renuncia.

El mundo posmoderno ha visto el renacimiento de las aspiraciones al dandysmo. Aunque claro: muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.

Bien visto es más o menos lógico: acabadas las perspectivas trascendentes y hundida toda posiblidad de cambio social, poco queda más que empezar a cultivar nuestro jardincito, aprender cocina (notable auge de las escuelas de cocineros), jugar al connaisseur (ídem con los vinos), y ya que no podemos cambiar un pomo de nada, declarar un desapego radical por ce bas monde (este bajo mundo, dicen los franchutes) y dedicarnos al placer en las horitas libres que nos dejan.

En Argentina particularmente, y con ayuda inestimable del blog, una persona de clase media puede terminar sus ocho o más horas de yugo reglamentario, venir aquí y soñar que es Brummell el Hermoso.

Y así, paseando por algunos posts de blogs argentos se tiene la graciosa impresión de que la Argentina está llena de aristócratas, nobles y alegres vividores, caballeros de fortuna y prósperos marchands que no saben cómo combatir el taedium vitae, el gran aburrimiento palaciego. Lo cierto es que a la mañana siguiente irán todos disciplinadamente al laburo y lidiarán con las pequeñas miserias habituales a cambio de un salario sobre el que - despiadada sociedad capitalista que no reconoce sus talentos - deberán poner un atento ojo durante todo el mes.

Pero claro ¿Quién es uno para destruir los inofensivos sueños de gente que no hace daño a nadie? Bueno, me apresuro a aclarar que no estoy intentando destruir nada. Incluso si me lo preguntan, el intento de dandysmo me parece dentro de todo un afán de superación, y en ese sentido es interesante. ¿Quién se niega a darse un gusto, saborear un placer, disfrutar una pilcha que cae bien o fumarse un cigarro? O más refinadamente: renunciar a alguna obvia ventaja a cambio de... nada, por el placer de ver cómo pasa de largo nomás. Habría que ser muy obtuso para no ver ningún valor ahí.

El problema es cuando la cosa deviene en obsesión compensatoria: el dandysmo a toda costa, creerse un Incroyable parisino, o un Macaroni londinense del siglo XVIII, cuando se está más bien lejitos de esos barrios. Ahí es cuando se transforma en un camino de cornisa - si puedo acuñar una frase - extremadamente peligroso estéticamente hablando, se entiende.

Ser un dandy exige talento. Mucho. Oscar Wilde podía hacerlo, declararse abiertamente un arbiter elegantiarum (una autoridad en materia de elegancia, digamos), y podía pisar sin temor incluso los deslizantes terrenos de la extravagancia saliendo incólume y sin un paso en falso. Pero Wilde era Wilde.

Intentar los mismos caminos siendo no Wilde, o Barbey d'Aurevilly sino un porteño que mantiene un tres ambientes acatando órdenes... y, qué quiere que le diga, el peligro de derrapar es alto.

Cuando me cruzo con alguno de estos (y en la blogosfera es difícil que no suceda) es notable lo rápidamente que se pone en su papel. Al conocer mis meras simpatías marxistas, y antes de que yo diga ni pío suelta el discurso que le han enseñado los suplementos gastronómicos:

- Ah, amigo mío, es Ud. marxista ¡Lo compadezco tanto! Ud. no ha alcanzado aún la iluminación que significa ser - como yo lo soy - un alegre bon vivant que disfruta cada partícula de la exquisita vida que llevo. Ud., craso troglodita, sueña en vano con inexistentes revoluciones y sin duda me odia por mi exquisito buen gusto y...

Y así continúa perorando, casi sin escucharme. Lógicamente, el hombre está tan deseoso de soltar su rollo que apenas si puede dialogar. Para el aspirante a dandy virtual es indispensable colocarme en la posición "resentido-marxista-amargado-que-sin-duda-me-odia", desesperadamente necesitado como está de colocarse él mismo en la de "consumado-esteta-irónico-amoral-que-disfruta-la-joie-de-vivre".

Así, me he encontrado con diversas manifestaciones de lo que yo llamaría "dandysmo desesperado" en gente que se complace en declararse firme partidaria de la desigualdad social mientras se hacina en una oficina, personas que me han mentado las virtudes dandísticas del catolicismo (abajito de todo, al final), individuos que no se explican cómo uno no elige alguna ideología más placentera, e incluso un visitante de este blog cuyo estilo realmente me gusta mucho y que me ha dejado perplejo declarando - sin que viniera a cuento de nada - que yo tengo intenciones de fusilarlo a causa de su mucha elegancia.

Como dije, creo que se trata de esa desesperada urgencia que tiene esta gente de convencerse no sólo de ser considerada elegante, sino de ser incluso odiada por ello, cuestionada moralmente por el histérico profeta que clama en el desierto (que vendría a ser yo) mientras ellos se regocijan en su pagana indolencia / conformismo / amoralidad. Supongo que es una imagen seductora.

Bueno, tengo malas noticias. Una, intrascendente, es que me va lo suficientemente bien como para no andar odiando a quien no lo merece. La otra es que si algún cuestionamiento tengo frente a estas minúsculas actividades es más bien de orden estético que ético. El protodandysmo del subdesarrollo es totalmente inofensivo. Sólo señalo que "dandysmo" y "desesperada necesidad de" son términos contrapuestos. El dandysmo de verdad implica más bien una ausencia de toda necesidad, y transitar el camino de lo explícito sólo cuando hay extraordinarias condiciones para hacerlo. En general, machacar sobre un punto cualquiera lo termina malogrando, y la insistencia en declarar el propio buen gusto es de las cosas que más convencen de lo contrario. Si se quiere un ejemplo conciso: se me ocurren pocas frases más mersas que "yo soy elegante".

Y mientras la necesidad es opuesta al dandysmo, es fatalmente inevitable si lo que uno tiene por delante para sentirse Baudelaire son sólo unas horitas post oficina ante un teclado. La despreocupada distancia frente al mundo es una delicada moneda cuya falsificación se hace evidente con demasiada facilidad, y un par de viajes por Europa, el recorrido de unos museos y el reconocimiento de alguna que otra arquitectura nos dejan aún lejísimos siquiera de los arrabales de la cultura, ni mencionar la elegancia.

Alguno preguntará si acaso no se puede ser un dandy sin un mango. Creo que sí se puede. El talento personal puede elevarse sobre cualquier condición material, ya que él mismo es una condición material. Sólo digo que talento de verdad tienen muy pocos.

Es por esto que un servidor renuncia a casi todo dandysmo, conocedor de sus propias deficiencias incurables. Se permite sí, alguna que otra compadrada a veces, pero menor. Si alguna elegancia puede rescatarse de mi paso por el mundo, será seguramente imperceptible, mínima. Prefiero regocijarme admirándola en otros, pero esos otros - como dije - son muy pocos.

Esto es todo lo que tengo para decir de esta simpática actividad, que es bien poco, bah.

Así que, protodandys del sufrido país argento, por favor no crean que se los persigue. Por otra parte es imposible: ustedes son demasiados, una multitud.

Y curiosamente, es a un dandy de verdad a quien le debemos un libro tan comprometido y justo como The Soul of Man Under Socialism.

Salud.