5.11.07
Esa patria. Esa sí.
Allá en mi pago hay un pueblo
que se llama no me olvides;
quien lo conozca que cuide
su recuerdo como gema,
porque hay olvidos que queman
y hay memorias que engrandecen,
cosas que no lo parecen,
como el témpano flotante
por debajo son gigantes
sumergidos, que estremecen.
Mi pueblo es un mar sereno
bajo un cielo de tormenta:
laten en su vida lenta
los estrépitos del trueno.
Pudo engendrar en su seno
las montoneras de otrora
y cuando llegue la hora,
mañana, también podrá
clavar a su voluntad
mil estrellas en la aurora.
No hay cosa más sin apuro
que un pueblo haciendo la historia.
No lo seduce la gloria
ni se imagina el futuro.
Marcha con paso seguro,
calculando cada paso
y lo que parece atraso
suele transformarse pronto
en cosas que para el tonto
son causa de su fracaso.
Mi pueblo no es argentino,
ni paraguayo, ni austral;
se llama "Pueblo Oriental"
por razón de su destino.
Pero recorre el camino
de sus hermanos amados,
el de tantos humillados,
el de América morena,
la sangre de cuyas venas
también late en su costado.
Mi pueblo no estuvo ausente
ni mucho menos de espaldas
a la trágica y amarga
historia del continente.
Fuimos un balcón al frente
de un inquilinato en ruinas
-el de América Latina
frustrada en malos amores-,
cultivando algunas flores
entre Brasil y Argentina.
Pero mucho no duraron
las flores en el balcón,
el rosquero y su ambición,
imprudente, las cortaron.
Y fueron las mismas manos
que arruinaron el vergel,
las que acabaron con él,
las que hoy muestran, codiciosas,
en vez de un ramo de rosas
unas flores de papel.
No falta el bobalicón
nostálgico del jardín,
pero entre todos el ruin
es el que trajo al ladrón;
ése no tiene perdón:
si protegen sus ganancias,
la decencia y la ignorancia
del pueblo, son sus amores;
no encuentra causas mejores
para comprarse otra estancia.
Ese sí, no es oriental,
ni gringo, ni brasilero;
su pasión es el dinero
porque es multinacional.
Mentiroso universal
desde que vino Hernandarias,
piensa en sus cuentas bancarias
ponderando a los poetas
que hacen con torpes recetas
canciones estrafalarias.
Así pues, no habrá camino
que no recorramos juntos.
Tratamos el mismo asunto
orientales y argentinos,
ecuatorianos, fueguinos,
venezolanos, cuzqueños;
blancos, negros y trigueños
forjados en el trabajo,
nacimos de un mismo gajo
del árbol de nuestros sueños.
Y ahora reciban, señores,
un saludo fraternal;
dice mi pueblo oriental:
ya vendrán tiempos mejores.
Cifra de nuestros amores
poncho patria en el espanto
de mi pueblo y sus quebrantos
no les puedo conversar,
sólo les quise entregar
su corazón con mi canto.
Alfredo Zitarrosa
Para bajárselo.
23.7.07
Chau, Negro
Se fue el Negro Fontanarrosa.
No es que uno tenga quejas acerca del particular, ya sabemos como funciona esto: uno pasa y se va. Eso podemos - aunque yo firmo bajo protesta - aceptarlo. Lo que sí molesta es que la existencia agregue esos chistes estúpidos, como el hecho de que una enfermedad se lo tenga que llevar a los 62 años y obstaculizándole la movilidad de las manos, precisamente, lo que llegado cierto punto no lo dejó ya dibujar.
Pero el Negro era de esos que doblan la apuesta y enfrentan el dolor con ingenio. Asistió a cuanta conferencia o charla lo invitaran, y cuando no pudo dibujar más empezó a recurrir a dibujantes amigos a quienes les dictaba ideas para reproducir, corrigiendo las obras hasta lograr lo que quería.
Fontanarrosa era de esos a quien uno le gusta llamar "de los nuestros"... aunque en realidad es uno el que se pregunta si merecería jugar en su equipo. Era de los buenos tipos, de los inteligentes y lúcidos. De esos que en su obra pueden ser sarcásticos sin ser destructivos y afectuosos sin ser complacientes. La clave del humor y de la inteligencia quizás sea esa: la del equilibrio entre la esperanza y el sentido crítico.
Con Boogie como con Inodoro el Negro representó a dos personajes que a mí me parecen contracaras. Ambos son caricaturas que se tutean con el surrealismo, pero mientras Boogie es un lumpen de mierda al servicio de quien pague (o sea: esos que "cuidan nuestra seguridad"), Inodoro es lo mejor del ingenio criollo. Sin embargo necesitamos a los dos personajes; Boogie no deja de tener muchas reflexiones de un cinismo lúcido que - vistas desde la vereda opuesta - nos enseñan mucho, porque el Negro no podía dejar de prestarle a semejante escoria algo de su inteligencia.
No sé si era comunista ni tiene demasiada importancia, pero en su humor y en su mirada sobre la sociedad y el mundo no puedo dejar de entrever algunos rasgos "de izquierda" que sin ser panfletarios indudablemente van más allá de la progresía bobalicona.
Con decirles que hasta podía transmitir y hacer simpática su pasión por el insufrible Rosario Central a un bostero intransigente como yo.
Nada. Se fue el Negro. Los buenos se van igual que los malos. Quizás un día podamos arreglar ese defecto que hace del Universo un sitio poco serio.
Buenas tardes.
9.6.07
Flojito lo tuyo, pibe

Pese al esfuerzo, el teniente tuvo la sensación de que fue otro quien golpeó su estómago como con una gruesa barra de hierro. Durante algunos segundos su cabeza giró vertiginosamente y no recordó nada de lo que había sucedido. Los doce o quince centímetros de punta desnuda habían desaparecido completamente en su carne y el vendaje blanco, fuertemente sujeto por su puño cerrado, le presionaba directamente el estómago.
Recuperó la conciencia. Pensó que el filo debía haber atravesado las paredes del abdomen. Su respiración era dificultosa, el pecho le palpitaba violentamente y en alguna zona remota, aparentemente desligada de su persona, un dolor terrible e insoportable se alzaba en forma avasalladora como si la tierra se abriera para vomitar un cauce de rocas hirvientes. El dolor se acercó, de pronto, a una velocidad vertiginosa. El teniente se mordió el labio inferior y sofocó un lamento instintivo.
- ¿Es esto el seppuku? - pensó. Experimentaba una sensación de caos total, como si el cielo se hubiera desplomado sobre él y todo el universo girara como consecuencia de una enorme borrachera. Su fuerza de voluntad y su coraje, que tan fuertes se manifestaran antes de la incisión, se habían reducido ahora a una fibra de acero del grosor de un cabello. Lo asaltó la incómoda sensación de que tendría que avanzar, asido a esa fibra, con toda su desesperación.
Algo humedecía su puño y, bajando la mirada, vio que tanto su mano como el paño que envolvia la hoja estaban empapados en sangre. También su taparrabos estaba teñido de un rojo intenso. Le pareció increíble que en medio de aquella agonía las cosas visibles pudieran todavía ser vistas y las cosas existentes, existir.
(...)
La transpiración brillaba en su frente. Shinji cerró los ojos para abrirlos luego nuevamente, como quien hace un experimento. Su mirada había perdido todo brillo y los suyos parecían los ojos inocentes y vacíos de un animalito.
(...)
Usando solamente la mano derecha, el teniente comenzó a cortarse el vientre de lado a lado. Pero a medida que la hoja se enredaba en las entrañas, era rechazada hacia afuera por la blanda resistencia que encontraba allí. El teniente comprendió que sería menester usar ambas manos para mantener la punta profundamente hundida en su cuerpo. Tiró hacia un costado pero el corte no se produjo con la facilidad que había esperado. Concentró toda la energía de su cuerpo en la mano derecha y tiró nuevamente. El corte se agrandó ocho o diez centímetros.
El dolor se extendió como una campana que sonara en forma salvaje. O como mil campanas tocando al unísono con cada respiración y con cada latido, estremeciendo todo su ser.
El teniente no podía contener los gemidos. Pero la hoja ya se había abierto camino hasta lo bajo del ombligo. Al advertirlo Shinji sintió un renovado coraje.
(...)
Cuando el teniente pudo, por fin, desplazar la espada hacia el costado derecho, ésta ya cortaba superficialmente y era posible contemplar su punta desnuda resbalosa de sangre y de grasa. Atacado súbitamente por terribles vómitos, el teniente gritó roncamente. Los vómitos volvieron aún más horrendo el dolor, y el vientre, que hasta aquel momento se había mantenido firme y compacto, explotó de repente dejando que las entrañas reventaran por la herida abierta. Ignorantes del sufrimiento de su dueño, las entrañas de Shinji causaban una una impresión de salud y desagradable vitalidad que las hacía escurrirse blandamente y desparramarse sobre la estera...
Yukio Mishima escribió esto en su cuento Yukoku (Patriotismo) en 1960. Está basado sobre un incidente histórico real que ocurrió en Japón en 1936.
Diez años después de escribirlo, y luego de intentar sublevar al ejército Mishima se mataría exactamente de esta forma.
Lo sublime puede estar a un paso del ridículo, es verdad. Y es que todo lo que vale tiene riesgos. Mishima caminó al filo patinando un par de veces ¿por qué ocultarlo? Pero en el balance general sale sobrado.
Y uno se hubiera tomado un cafecito con él antes que con más de cuatro. Seguro.
Acá tienen el cuento completo.
11.3.07
Macedonio

Creía yo
No a todo alcanza Amor, pues que no puede
romper el gajo con que Muerte toca.
Mas poco Muerte logra si en corazón de Amor su miedo muere.
Mas poco Muerte logra, pues no puede
entrar su miedo en pecho donde Amor.
Que Muerte rige a Vida; Amor a Muerte.
Macedonio Fernández. Poemas, 1953
Poema responsable de una de esas fugaces y perdurables magias, en algún momento en que yo era chico.
Verlo en Wikipedia con una traducción al inglés espantosa me hizo intentar mejorarla, junto al original que tenía - entiendo - ciertos errores (el mucho más prosaico "porque no puede" en lugar de "pues que no puede").
No sé si me la aceptarán, es ciertamente más eficaz que la que había, pero seguramente no deja de ser lamentable:
I Believed
Love reaches not all, for it can not
break the shoot Death touches with.
But little Death gets
if in heart of Love its fear dies.
But little Death gets, since it can not
put its fear into chest where Love.
Since Death rules Life; Love rules Death.
Se me ocurrieron varias cosas, como que "in heart of Love" preserva mejor la cadencia del original castellano que el demasiado sajón "in Love's heart", y otras aún menos valiosas.
A veces, nada tan agradable como el irresponsable diletantismo.
20.11.06
Breve intervención de Yukio Mishima

No, no es un post sobre Yukio Mishima. Algún día me mandaré un post sobre él. Algún día en el que me sienta capaz de resumir el talento de un tipo como éste en menos de 5.000 palabras y sin tener la sensación de no agregar nada.
Digamos por ahora nomás que Yukio Mishima es uno de los escasos autores de los cuales he leído más de cinco libros sin experimentar en ningún momento la sensación de que podría haberse ahorrado una frase. Tengo la tentación de usar la expresión "uno de mis muy pocos referentes", pero me parece un poco pedante e insuficiente.
Si no lo conocen, y sabiendo que los gustos son algo muy misterioso e imprevisible, me atrevería a sugerir que intentar abordarlo es una inmejorable inversión de tiempo.
Hoy me voy a detener en un parrafito del hombre. El parrafito dice esto:
In its essence, any art that relies on words makes use of their ability to eat away – of their corrosive function – just as etching depends on the corrosive power of nitric acid. Yet the simile is not adequate enough; for the copper and the nitric acid used in etching are on a par with each other, both being extracted from nature, while the relation of words to reality is not that of the acid to the plate. Words are a medium that reduces reality to abstraction for transmission to our reason, an in their power to corrode reality inevitably lurks the danger that the words themselves will be corroded too. It might be more appropriate, in fact, to liken their action to that of excess of stomach fluids that digest and gradually eat away the stomach itself.
Taiyo no Tetsu - Sun and Steel (1970)
Ya que la lengua original no es el inglés me puedo animar a traducir ineptamente:
En su esencia, cualquier arte que se apoye en las palabras hace uso de la capacidad de éstas para erosionar, de su capacidad corrosiva, tal como el grabado depende del poder corrosivo del ácido nítrico. Aunque el símil no es totalmente adecuado ya que el cobre y el ácido nítrico usados en el grabado están en un pie de igualdad, siendo ambos extraídos de la naturaleza, mientras que la relación de las palabras con la realidad no es la del ácido con la plancha de metal. Las palabras son un medio que reduce la realidad a una abstracción para posibilitar la transmisión de la misma a nuestra razón, y en su poder de corroer la realidad inevitablemente acecha el peligro de que las palabras mismas sean también corroídas. Podría ser más apropiado, de hecho, asimilar su acción a la del exceso de fluidos estomacales que digieren y gradualmente erosionan el estómago mismo.
Taiyo no Tetsu - Sol y Acero (1970)
Si este conceptito tan lleno de posibilidades hubiera sido mejor conocido / comprendido nos hubiéramos ahorrado toneladas de papel impreso con fatigosas y aburridas huevadas en los últimos veinte años.
Y tendríamos unos cuántos árboles más.
19.7.06
1976 - 19 de julio - 2006

El Comandante Mario Roberto Santucho vive. Cayó combatiendo. El Comandante no nos mira desde una estrella ni ascendió a ningún cielo. Está todavía acá, entre las multitudes que insisten, insisten.
El Comandante Mario Roberto Santucho no está. Sepámoslo. Está aquí, porque jamás se fue. Su imagen generosa se incrustó en la historia de los hombres. Su ausencia vertiginosa es una presencia que es una ausencia. Vertiginosa ausencia. Aquí, allá, no sabemos dónde exactamente, pero sentimos que no pudo irse, que se hizo carne en el aire.
El Comandante es entrañablemente nuestro, y es también de mucha gente que no lo conoce y que jamás ha oído hablar de él. Quizás también el Comandante sea secretamente de mucha gente que no comprende pero que quiere y persigue y siente que hay algo que no encaja, algo que está mal.
El Comandante cayó y con él cayó la Argentina y con él cayó el hambre y la miseria y miles de familias obreras y miles de sueños deshechos. Hay algo llamado buen combate. El Comandante cayó combatiendo. Frente a la miserable miseria y la prudente prudencia y el cínico cinismo de los previsibles previsibles, aquí hay una prueba de que el mundo podría ser un lugar para compartir el pan y el sol y el arte en vez de compartir esta calculada desesperación.
Hay un afecto inexplicable que es el de la distancia justa. Repetir hasta la victoria siempre o simplemente presente o adiós Comandante. Yo prefiero nada más imaginar que le digo algo. No sé qué. No importa.
19.4.06
Gracias, don Alfredo Zitarrosa

Con su apariencia gardeliana, pero de la que estaba ausente la sonrisita canchera, con su voz profunda y neta. Voy a cometer la imprudencia de presentar a don Alfredo Zitarrosa.
Tuve que pensar mucho para escribir este post. Qué digo para escribirlo... para decidirme a escribirlo. Escribir cualquier cosa sobre don Alfredo es difícil. En primer lugar porque dijo tanto y lo dijo tan bien que es inevitable caer en la tentación de copiarlo textualmente para no sentir que se le hace poca justicia a su figura, ya sea por adulación, plagio, o cualquier otro síntoma de torpeza flagrante que sabrán soportar.
Información sobre su vida y obra se puede encontrar en varios sitios. Yo sólo quisiera decir que este artista es de los muy pocos que merecen el calificativo de artista popular y revolucionario en el sentido más profundo y entrañable del término.
Este hombre empezó como locutor de radio, periodista y escritor. Dueño de una prosa elegante, erudita e irónica sin petulancia, no se consideraba apto para el canto. Después de escucharlo cantar y recitar, ese juicio se transforma en el más sorprendente... y más luego de escuchar a más de cuatro.
En Latinoamérica las raíces populares de la música fueron castradas. El folclore o canto popular se estancó en una copia boba, sosa y repetida del folclore antiguo, y pocos fueron los que pudieron hacer evolucionar sus temas y formas. Zitarrosa fue uno de ellos, al punto que dio una fantástica definición de la milonga campera (su género preferido y casi excluyente) diciendo que podía evolucionar hasta ser un "auténtico jazz del sur", lo que significa desarrollar nuestra música popular como lo hicieron los géneros en los países desarrollados (el jazz es un buen ejemplo de música popular devenida clásica). Y escuchar a Zitarrosa es encontrarse con una música tradicional y al mismo tiempo moderna, popular y al mismo tiempo culta, profundamente nacional y por eso universal.
Para mí es imposible escucharlo sin emoción. Habla de su patria oriental. Habla de la dictadura feroz que asesinó a sus compañeros y que intentó asesinarlo a él con la sencilla gravedad de quien busca simplemente justicia, sin dejar de hacer críticas certeras, incluso al pueblo que ama: "Dice mi padre que el pueblo en su inmenso dolor / hoy se niega a beber en la fuente clara del honor" (Adagio de mi país), frases que no son simples versitos sino permanentes llamadas a esa conciencia que parecemos perder con facilidad.
Lacayos de uniforme, hombres pequeños que nadie recuerda, asesinaron a sus amigos, encarcelaron a otros, y lo persiguieron en su patria y en la nuestra. Cuatro años resistió tozudamente, ya que amaba a su Uruguay. Su crimen fue sostener que todo ser humano, por el sólo hecho de nacer, tiene derecho a una vida digna y transformar este principio en militancia, algo que debería ser lo normal y natural en todas las personas, pero que nuestro cinismo – que no es otra cosa que capitulación ante los hechos consumados – ha convertido en mera utopía.
Para quien quiera descubrir a este verdadero artista, a este hombre por el que siento un respetuoso afecto y que jamás conocí personalmente, recomiendo joyas musicales como El violín de Becho, Doña Soledad, Adagio de mi país, El candombe del olvido, Milonga pa’l que se va, composiciones menos conocidas como Triunfo de los vencidos o el impresionante poema Guitarra negra.
Zitarrosa demuestra que el verdadero artista popular es aquel que ofrece a su pueblo la más alta calidad en su arte. Y digámoslo de paso: esta es una concepción marxista del arte, ajena a la barata idea populista (y también reaccionaria) de que el refinamiento es patrimonio de las clases acomodadas y lo popular sinónimo de chabacanería y mal gusto. Popular y culto, tradicional y moderno, nacional y universal no son opuestos sino parte de una síntesis dialéctica. Basta escuchar una fracción de Zitarrosa para entenderlo.
Para finalizar, un par de frases del mismo Zitarrosa, como él, sencillas y militantes:
"Lo que queremos es una humanidad justa, una sociedad de hombres dignos de ser hombres entre los hombres. Es decir, en la que haya auténtica justicia, igualdad, incluso en el sentido cristiano; yo pienso en eso. La revolución es un acto de amor a la justicia, de amor al hombre, a la verdad, a la sociedad humana."
"Escribo porque sé y porque me gusta. Me inspiro en la música y los versos. Más allá de todo eso, no puedo evitar de estar vivo y abierto, por dentro y por fuera, a la vida y a la muerte; a los demás, especialmente a los humildes; atento a los malos, a los mentirosos y falsarios, que me inspiran una curiosidad irresistible, cerrado a cal y canto para los peores, del libertino al ladrón, del egoísta al torturador, del demagogo al adulón, del nazifascista al cobarde, al ideólogo del no te metás".
Y un fragmento de Guitarra Negra, ese poema musical que nos hace percibir "el envión sombrío y generoso de su voz" como dijo el poeta Washington Benavides. Una obra que he cometido la torpe injusticia de recortar a la mitad (unos ocho minutos de los dieciséis totales), con la única disculpa de animar a quien la escuche a buscar la otra mitad. Recomiendo oírla... escuchando.
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Una reseña de su vida, insuficiente como todas, pero interesante:
4.4.06
Hippolyte Bouchard, el corsario argento

La historia que nos enseñan (por lo menos la que me enseñaron a mí) en la escuela se caracteriza no sólo por la deformación y la mentira sino muy particularmente por el aburrimiento. La mediocridad y el recurso de las medias tintas desdibujaron nuestro pasado.
La historia de nuestra patria vieja, de una tensión y un pathos vibrante, fue la de unos perfiles fuertes, tipos llenos de fibra que nuestra "educación" transformó en una manga de calzonudos. Eso junto a la glorificación de nulidades, traidores, asesinos de gauchos y vendidos varios.
Y lo curioso es que nuestra historia, la de América, es fascinante. Veamos a una pequeña prueba de nuestra castración histórica: si escribo la palabra "corsario" quien la lea pensará en Francis Drake, en El Corsario Negro, en aventuras de Emilio Salgari... en cualquier cosa menos en nuestro país.
En tiempos de nuestra independencia los estados otorgaban las denominadas "patentes de corso". Se trataba de reclutar marinos de cualquier parte del mundo y sufragarles algunos gastos (armas, barcos, tripulación, etc.) a cambio de que el tipo se fuera por ahí atacando las naves o el territorio enemigos. Cada año el tipo volvía y pagaba al estado una parte de lo que hubiera podido saquear.
Pero jamás nos han enseñado que nuestro país hizo exactamente eso, y con un éxito impresionante. El almirante Guillermo Brown, ese magnífico irlandés borracho, fue uno de ellos.
Los corsarios armados por Buenos Aires comenzaron a actuar a partir de 1814, unos 60 actuaron en nombre de las Provincias Unidas del Río de la Plata principalmente en el Atlántico Sur el Caribe, pero también en el Pacífico y el Mediterráneo, capturando unas 150 embarcaciones enemigas, causando una seria crisis en el comercio internacional español y llegando casi a bloquear el puerto de Cadiz (!).
Hippolyte Bouchard fue uno de ellos. Este franchute nació en Bormes, Francia, en 1780, tenía un carácter podrido, le gustaba hablar claro y putear alto por lo que se hizo más de un enemigo. Un tipo que sin duda encajaría mal en los ambientes progres bienpensantes. Porque Bouchard era un revolucionario: simpatizaba con las ideas que triunfaban en América, en particular el ideario más radical de Mariano Moreno, por lo que se acercó a las Provincias Unidas a ofrecer sus servicios.
Bouchard era sin duda un compañero.
Participó en varias acciones bajo el mando de San Martín, y a partir de 1817, al mando de la fragata "La Argentina" y una pequeña flota corsaria comenzó lo que sería la vuelta al mundo de una nave criolla representando los ideales de la Revolución de Mayo.
La primera escala fue Madagascar, donde capturaron un barco negrero, y como la Revolución había abolido la esclavitud (esas estupideces idealistas y utópicas que hacen los revolucionarios), Bouchard liberó a los esclavos, además de afanarse los víveres, claro.
Luego de un viaje durísimo, con muchos muertos, llegaron a Java y fueron atacados por piratas malayos, feroces marinos con los que no se jodía, pero Bouchard los derrotó y no dejó uno vivo. Se mandaron para Filipinas, entonces colonia española, bloqueando el puerto de Luzón. De 33 naves enemigas hundió una mitad y se apropió de la otra. De ahí a... Hawaii, que en ese tiempo se llamaba Islas Sándwich y era un reino independiente.
Luego de aprovisionarse (y capturar a varios marinos desertores, ya en ese tiempo las futuras Hawaii eran un paraíso: clima delicioso, mujeres más que simpáticas, y ni un sólo turista), La Argentina inicia la parte más interesante de su travesía: se manda para California.
En ese tiempo California era un enclave de misiones franciscanas y no mucho más, protegidas por una guardia de soldados españoles. Bouchard y sus hombres (a esa altura una prodigiosa mezcla de gauchos, hawaianos, negros y británicos) los hicieron correr y un guerrero hawaiano arrió la bandera española e izó la nuestra. Del 24 al 29 de noviembre de 1818, California fue argentina y su capital Monterrey saqueada. Lo mismo ocurrió con San Juan de Capistrano, donde los hombres de Bouchard se prendieron en una gloriosa borrachera: parece que guita no había pero botellas sí.
Luego de hacer alto en la Bahia Vizcaíno (hoy el famoso Key Biscayne), y de merodear por San Blas y Acapulco, la flotita corsaria atacó América Central, en donde la marina y el comercio español tenían fuertes intereses.
Bouchard seguiría viaje hacia el sur, y se reencontraría con San Martín, pero los ideales revolucionarios ya habían sido traicionados por una burguesía pérfida y parasitaria que balcanizó ridículamente nuestro territorio en "países" que teniendo todo en común (lengua, tradiciones, composición étnica y desarrollo histórico) fueron delimitados al gusto del imperialismo británico.
Sin embargo algunas cosas quedan de la aventura gloriosa de Bouchard, veamos:
1) Mientras nosotros lo ignoramos olímpicamente, en la comuna de Bormes, Francia, todos los 9 de julio se conmemora en un acto la independencia argentina, en homenaje a la patria adoptiva de un hijo de la ciudad, y aquí la Plaza que lo conmemora. Es gracioso que se diga que Argentina es el país “más europeo” de América. Nótese cómo Europa guarda celosamente hasta el menor detalle de su memoria histórica mientras nosotros vivimos la amnesia perpetua de no saber quiénes somos.
2) En Santa Bárbara, California, pueden verse altos mástiles con banderas de las naciones que ocuparon California: España, Rusia, México, EEUU y... la nuestra.
3) En San Juan de Capistrano se celebra la Fiesta Anual del Pirata, recordando el ataque que sufrieron. El Pirata no es otro que nuestro Hippolyte Bouchard.
4) Alguno habrá observado que las banderas de El Salvador, Nicaragua y Honduras son curiosamente parecidas a la nuestra: mismo diseño de franjas horizontales celeste – blanco – celeste. No es casualidad. Este diseño corresponde a la de la antigua Federación Centroamericana, inspirada precisamente en la nuestra, en homenaje a los ideales revolucionarios cuyo embajador fue precisamente Hippolyte Bouchard.
Un servidor se siente mucho más cómodo en compañía de este franchute iracundo que junto a los amantes perpetuos de la miseria intelectual. Bouchard es peligroso. Nuestra bandera y nuestra historia patria han sufrido una apropiación indebida por parte de milicos, fascistas, mediocres y mercenarios. Nuestra bandera y nuestra historia son la bandera y la historia de la Revolución, de los sueños de libertad y de esa profunda sensatez que es locura para quienes vegetan en la amarga mediocridad del cinismo y el miedo.
Viva la patria carajo, la nuestra, la verdadera.
1.3.06
Villiers de l'Isle Adam

Si el conflicto entre la nobleza en decadencia y la pujante burguesía puede ser expresado por una vida, es precisamente la de este escritor francés, noble, católico y monárquico.
Villiers de l'Isle Adam nació en 1838 en Saint Brieuc, en la Bretaña, al norte de Francia. Era hijo de un padre noble pero lo suficientemente loco como para embarcarse en miles de aventuras dudosas (búsqueda de tesoros en el culo del mundo, expediciones a América del Sur, esas cosas románticas que la gente pragmática no entiende) que comprometieron seriamente el patrimonio de la familia.
De todas maneras, Villiers de l'Isle Adam fue en su juventud un bon vivant. Frecuentaba los salones del Café de Madrid en París, o los cenáculos de los poetas Xavier de Ricard o Nina de Villiard, y se apuntaba a cuanto baile de sociedad se armaba. Era algo así como lo que hoy diríamos "los boliches y la gente top".
Me corrijo: nada que ver. Lo que la nobleza de aquel tiempo alentaba y fomentaba tenía un vuelo intelectual y un gusto bastante más elevados. Que estuvieran elevados sobre la miseria de multitudes es otro asunto.
El amigo Villiers era un producto de este ambiente.
Pero a partir de 1870, con el estallido de la guerra franco-prusiana, el hombre comienza a quedar en la ruina. Escribía mucho, un poco porque era de esos genios inagotables: rebosaba de ideas, andaba con los bolsillos llenos de papelitos con argumentos, notas y borradores; hasta le fastidiaba escribir y prefería contar y narrar sus ocurrencias. Otro poco porque - sin un cobre - dependía de la escritura para vivir, si se puede llamar vivir a lo que sobrellevaba: una existencia mísera en sucuchos húmedos, a veces escribiendo en el suelo por falta de mesa, o empleando una mezcla de carbón y agua a falta de la tinta que no podía comprar.
Pero por pobre que fuera, Villiers era un noble, y como noble detestaba a la burguesía. El advenimiento de la burguesía dio comienzo a la producción artística de aquello que hoy conocemos como "comercial", teatro y literatura fáciles, de consumo masivo, adaptados a los sueños del burgués: dinero, logros, argumentos lineales, acción directa. El mundo de ese momento vivía deslumbrado por la idea del Progreso y la Máquina, por la idea de lo útil y lo práctico. Nada a lo que no se le pudiera sacar un provecho inmediato valía la pena. El teatro burgués desbordaba "sentido común", obras en las que no se planteaba la menor interrogación metafísica.
Y Villiers era justo todo lo contrario: un tipo interesado en los refinamientos estéticos del decadentismo, los desarrollos filosóficos complejos, las interrogaciones metafísicas, el movimiento simbolista francés y hasta el ocultismo.
En sus cuentos cortos solía hacer una sátira sarcástica del utilitarismo burgués, sus Cuentos Crueles son muy interesantes en esta línea: describe a dos jóvenes hermanas, prostitutas, y censura irónicamente a una de ellas porque comete la locura de enamorarse y dejar de lado el sagrado trabajo y el dinero; propone la creación de una Máquina para generar el alpauso en los teatros (una claque mecánica), etc.
Consecuente en su rechazo del utilitarismo y noble al fin, era malísimo negociando con los editores, que le pagaban muy poco por sus producciones literarias; y a pesar de que disfrutó en vida de cierta fama, le llegó demasiado tarde; el hambre y las malas condiciones de vida le pasaron una factura pesada: cáncer de estómago entre otras calamidades. Murió en 1889 a los cincuenta años.
¿Tenía razón Villiers en su rechazo del mundo burgués? Me parece que sí y no. Preocupado casi exclusivamente por los nuevos valores (o disvalores) que se imponían con el progreso, no vio lo que tenían de inevitable y positivo: sin ese espíritu no hubiéramos conseguido muchas cosas, como internet, sin ir más lejos.
Pero por otro lado Villiers vio más lejos que muchos, denunció la satisfacción de sí mismo, la estupidización, la comercialización a ultranza... digamos que la gansada como valor supremo. La muerte espiritual a la que todavía nos lleva un sistema hace ya mucho tiempo sacado de quicio en el que parece que toda profundidad es impostura y la vida no puede vivirse sin un ojo en la cuenta corriente.
Y si bien el amigo Villiers no fue un camarada, políticamente llegó a sentir ciertas simpatías nada menos que por La Comuna de Paris (!), a la que se abstuvo de insultar luego de su derrota, como sí hicieron tantos otros miserables.
Así que léanse algo de Villiers de l'Isle Adam, el hombre que dijo: "Mes mots sont pesés dans des balances en toile d’araignée" ("Peso mis palabras en balanzas hechas con tela de araña").
30.1.06
Breve relámpago de Ambrose Bierce

La cita es del Diccionario del Diablo, del maestrísimo Ambrose Bierce.
Poquísimas personas tuvieron como él el don de aunar concisión, profundidad e ingenio.
El famoso Diccionario es una obra mal o poco valorada. Dista mucho de ser lo que la mayoría ve en él: un catálogo de frasecitas ingeniosas. Cada definición sustenta una visión del mundo coherente con las demás, lúcida, de una honestidad implacable que los espíritus fáciles confundirán con cinismo cuando es en realidad todo lo contrario: una denuncia implacable contra la autocomplacencia.
Esta breve definición debe ser de las que más me iluminaron en la adolescencia. El camino está lleno de trampas, y una de ellas queda descubierta por Bierce en esta frase con la elegancia suficiente para sortearla... y no caer en ninguna de las otras (moralismo reseco, miedo, hipocresía, por citar unas cuantas).
Algo más escribiré sobre Ambroce Bierce, uno de esos amigos que uno lamenta no haber jamás conocido.
10.1.06
Luis Chamizo y el Castúo
COMPUERTA
Corre´l tren retumbando por los jierros
de la via. Retiemblan
los recios alcornoques qu´esparraman
al reor del troncón las hojas secas.
Juyen las yuntas cuando´l bicho negro
silvando traquetea.
S´enmorona un terrón y el jumo riñe
con las ramas d´encinas que l´enrean...
Vusotros qu´ajuís pa no sé onde
no queändo´n los jierros ni las juellas,
vusotros qu´asomaus a las ventanas
guipáis las foscas y arrogantes jesas
y las jondas colás con sus regachos
y la tierra e labor onjuta y seria
donde rumian su pan unos gañanes
del coló de la tierra.
Vusotros qu´atendéis a las lerturas
y seis tan sabijondos en las cencias
que quizás nus larguéis de carrerilla
y en romances jazañas extremeñas
que los nuestros ejaron sin contaglas
endispués de jaceglas.
Vusotros los que vais drento del bicho
que juyendo retumba y traquetea,
¿no sentís al pasá junto por junto
al mesmo corazón de nuestras tierras
argo asín com´un juerte deseo
que s´eschanguen del chisme toas las rueas
pa queäros aquí, junt´a nusotros
pa endurzá una mijina nuestras penas,
pa rumiá nuestro pan y p´ampaparos
en la sal del süor que nus chorrea?
Vusotros corriendo, mu corriendo,
sin queär en los jierros ni las juellas,
qu´asina como ´l tren vais por la vida,
retumbando y depriesa...
Si n´os podéis pará, meté pal bolso
este cacho e libreta
y al pasá por aquí mirá pal cielo,
y endispués pa la tierra.
y endispués de miranos con cariño,
precipiar a leegla;
porqu´ella sus dirá nuestros quereles,
nuestros guapos jorgorios, nuestras penas,
ocurrencias mu juertes y mu jondas
y cosinas mu durces y mu tiernas.
Y sus dirá tamién como palramos
los hijos d´estas tierras,
porqu´icimos asina: - Jierro, jumo
y la jacha y el jigo y la jiguera.
Y tamién sus dirá que semos güenos
que nuestra vida es güena
en la pas d´un viví lleno e trabajos
y al doló d´un viví lleno e miserias;
¡el miajón que llevamos los castüos
por bajo a la corteza!
Porque semos asina, semos pardos
del coló de la tierra
los nietos de aquellos machos que otros días
trunfaron en América.
Sorprende darse cuenta de que España está lejos de ser regida por un sólo idioma. Y lo mismo pasa con toda Europa, llena de dialectos locales y lenguas regionales, algunas totalmente diferentes de las lenguas oficiales (y las interminables discusiones sobre qué es una lengua oficial, un idioma y un dialecto son francamente cansadoras, y no exentas de intereses políticos).
En España, además del catalán, el euskera y el gallego, existen otras lenguas como el bable (asturias), el aranés (Vall d'Aran, en los Pirineos), y el castúo, que si bien no tiene la presencia de otros se vio muy revitalizado por Luis Chamizo.
Luis Chamizo Trigueros nació en Guareña (Badajoz, al SO de España, cerca de la frontera con Portugal, la región de Extremadura) y murió en 1945.
De su vida no se puede decir que sea algo apasionante fuera de lo estrictamente literario, por lo menos para mí. Hasta si lo miramos desde esta vereda, cerraremos un ojo ya que el muchacho tuvo un puesto importante con Franco, publicó algún librito aislado dedicado (aunque discretamente) a los muertos por Dios y por la Patria (y las joyas de la reseca Carmen Polo de Franco, con perdón), aunque también tuvo algún gestito de desacuerdo, en fin, nada que importe.
Pero su libro El Miajón de los Castúos - el más conocido - esta decididamente muy bueno, me gusta, y eso sí es lo que importa.
El poema que abre este espacio pertenece a ese libro, y habla a los que pasan en tren (del bicho que juyendo retumba y traquetea) por las tierras de Extremadura y establece una comunicación entre la gente que mira desde afuera, en la tierra de Extremadura, que es muy pobre y sufrida, y aquellos que van dentro, a quienes el autor imagina típicos usuarios de un tren: burgueses, habitantes de la ciudad (Vusotros qu'atendeis a las lerturas / y seis tan sabijondos en las cencias). Hay que pensar que el tren era en ese momento algo así como el avión.
El poema es totalmente modernista desde el título, pero está agarrado al pasado de la tierra con los dientes y las uñas. Mira el tren pasar desde un lugar inhóspito pero querible, sugiere a quien viaja en él la idea de que se desarme, que se vaya todo al carajo... ¿cuántas veces fuimos en un tren y comparamos el afuera y el adentro, tan distintos? ¿Nunca nos imaginamos afuera, preguntándonos qué pasaría en medio de ese lugar desierto, de noche, solos?
Es curioso que algunas palabras y giros del castúo se encuentren en el habla del gaucho argentino, como por ejemplo "asín", o "ansina" por "así", lo que evidencia la presencia de extremeños entre los conquistadores; que precisamente triunfaron en América sin demasiados escrúpulos, entre otras cosas porque venían bastante hambrientos; Extremadura es una de las regiones más pobres de España.
Si quieren traducir todo el poema... búsquenlo. Hay más, claro.
Y sí, estoy literario últimamente. Si quieren kilombo váyanse a Barricada, que ahí sí uno se puede fajar a gusto.
Buenas tardes.
3.1.06
Don Jacobo Fijman

Con una admiración que va pareja al afecto va este homenajito de un don nadie a don Jacobo Fijman.
Jacobo Fijman fue (es, aunque haya muerto) un enorme y poco reconocido poeta argentino. Nació en Besarabia, (región de Europa Oriental, entre Moldavia y Rumania) en 1898 y su familia lo trajo a la Argentina en 1902.
Uno lee poesía hoy (y ya hace demasiado tiempo) y ve que todo el mundo quiere ser personal, indescifrable y único, en la previsible ambición de ser imprevisible. El resultado es que todo el mundo escribe casi exactamente igual, en una cadena de imágenes tan abstrusas como aburridas.
Jacobo Fijman en cambio es capaz de un misterio profundo, un pathos que late en imágenes curiosamente transparentes, mezcla de ingenuidad pura e íntima oscuridad. Una especie de terrible ternura. Ternura sin concesiones.
De familia muy humilde, se graduó de profesor de francés en 1917. Viajó a Francia (nuestra cultura era muy francesa por esos años) donde conoció a André Breton y a Antonin Artaud, con quienes intercambió lecturas y polemizó.
También estudió en el Profesorado de Lenguas Vivas, especializándose en filosofía antigua, griego y latín. Había adquirido conocimientos en leyes y matemáticas. Le gustaba la música clásica; especialmente el compositor y violinista italiano Arcangelo Corelli y la espiritualidad de los cantos gregorianos, cuya superioridad mística y musical no cesaba de ponderar.
Dibujaba y tocaba el violín.
Asimismo, sufría de demencia. Psicosis delirante según el diagnóstico de gente que sin duda sabía de qué hablaba. Me pregunté varias veces qué significa ser demente en un mundo en el que don Jacobo Fijman pasó en el Borda casi 20 años de su vida, mientras tantos locos de mierda andan sueltos. Me dí cuenta de que la categoría "demente" se aplica fundamentalmente a quien no puede defenderse. Que con dinero y poder nadie es demente sino "excéntrico".
Judío converso al catolicismo (bautizado en 1930), su poesía y su palabra están impregnadas de una mística que las gentes de pensamiento simple han intentado confundir con su demencia. Y sin embargo no se trataba de la violenta mística histérica del medioevo, ni tampoco la mediocre hipocresía del catolicismo moderno, sino una mística surgida de una sincera necesidad de dar respuestas, esas respuestas que suben desesperadamente a la garganta, que a veces encuentran un cauce fuera de la razón y se vuelcan en imágenes urgentes.
A pesar de su profundo interés en la religión y sus colaboraciones en revistas católicas ya extintas, el catolicismo actual lo ignora olímpicamente. Poco extraña y es casi de agradecer.
Al mismo tiempo, y como no podía ser de otra manera, es parejamente ignorado por nuestra indigente progresía intelectualoide, tan proclive a derramar ríos de tinta en homenaje a cualquier bosta. Tampoco extraña, y también: casi que mejor así, mire.
Se lo podía ver, en una ciudad cualquiera, tocando el violín por monedas. Internado definitivamente en el Borda a partir de 1942, lo maltrataron con golpes y electroshock por la irrefutable razón de que podían hacerlo impunemente. La policía tampoco se privó de golpear salvajemente y humillar a este hombre que jamás alzó su mano y no estaba hecho para la violenta imbecilidad que enferma al mundo.
Su respuesta era de infinito perdón y una casi ingenua y erudita ironía. Otras veces podía ejercer un humor corrosivo, pero jamás violento.
En el hospicio pinta, dibuja, escribe y charla con ángeles y fantasmas.
Su nombre figura en las antologías de la mejor literatura argentina, pero la pedantería del entorno lo ignora cruelmente. Recién al final de su vida, el entonces joven abogado y escritor Vicente Zito Lema se encarga de darle una mano y de divulgar su obra junto al escritor Juan Jacobo Bajarlía.
Don Jacobo Fijman cometía el imperdonable pecado de escribir sin hacerse el canchero. Tenía la inexcusable virtud de ser incómodo por su sinceridad, molesta aún cuando jamás se haya interesado por temas políticos o sociales. Todo lo contrario: su palara es totalmente personal e íntima, pero tan verdadera que después de leerlo uno no puede hacer comentaritos de compromiso. Su inquietante sensibilidad es un martillo, y después de ella toda impostura queda destruída.
Los que lo recuerdan hoy son, por lo que veo, pocos. En honor a la verdad, hace poco vi este post que me llevó a hacer otro tanto. Un recuerdo salpicado en pocas memorias.
Y quizás sea mejor así. A él no le hubiera disgustado, ya que si algo no persiguió jamás fue la popularidad. Sería terrible que lo conviertan en santo, o en ícono intelectual, o en figurita de cualquier secta. Y quizás al escribir esto, al darlo a conocer, yo estoy de alguna manera traicionándolo torpemente.
Espero que a pesar de mi imprudencia, la modesta semilla caiga en buenos lugares. Internet es un medio demasiado rápido. Si quieren leerlo, yo les pido que lo hagan con calma, que así es más fácil recordar. No olvidemos. Nunca. Nada.
CANTO DEL CISNE
Demencia:
El camino más alto y más desierto.
Oficios de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
Tosen las muecas
Y descargan sus golpes
Afónicas lamentaciones.
Semblantes inflados;
Dilatación vidriosa de los ojos
En el camino más alto y más desierto.
Se erizan los cabellos del espanto.
La mucha luz alaba su inocencia.
El patio del hospicio es como un banco
A lo largo del muro.
Cuerdas de los silencios más eternos.
Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.
¿A quien llamar?
¿A quien llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?
Se acerca Dios en pilchas de loquero,
Y ahorca mi gañote
Con sus enormes manos sarmentosas;
Y mi canto se enrosca en el desierto.
¡Piedad!
ALEGRÍA
Agua de sol,
cencerros de horizontes
enlazaban la intensidad
armónica
de nuestros cuerpos
claros y vigorosos,
en plenitud de luces infinitas.
Sones de llamas
en el aire rosado;
jadear de bosques y expansión de mares.
¡La danza de la tierra!
¡La sinfonización del universo!
Y repicaban los paisajes;
agua de sol,
cencerros de horizontes.
¡La alegría del mundo
en el pecho redondo de la tarde!
POEMA XXXI
En mi gemido
conté mi soledad envejecida; conté todas las noches de mis días.
Mis huesos cantan el misterio del mundo.
El agua perturbada de mi reposo.
Me veo en mi gemido según pavores de inocencia.
Paz, paz:
oído de mis palabras.
El ruego alcanza oído a mis palabras
carne sanada;
y hay espanto de luz en nuestras manos.
Algunos links:
El ortiba, que además es un muy buen site.
La Tecla eñe
Y busquen che...
5.12.05
Eduardo Mallea

Eduardo Mallea fue una de esas figuras que produjo la burguesía intelectual argentina. Y basta leerlo para ver - de aquellos tiempos a estos - lo bajo que ha caído, arrastrándonos lamentablemente a los abismos de la mersada más asfixiante.
El estilo
Me gusta Mallea, su estilo suena raro a un lector de hoy porque – siguiendo la moda de entonces – está plagado de palabras y giros que hoy suenan ligeramente extraños. Se trata de un castellano muy típico de aquella época, un castellano muy francés.
Deseosos de huir del enfático castellano ibérico (considerado una gallegada sin clase en una época en que eran ellos los que emigraban a la Argentina para trabajar de mozos), y sin todavía la influencia del italiano, el castellano argentino de nuestra literatura abundaba – con mayor o menor fortuna – en galicismos, palabras con terminaciones algo raras (« formulativo », « volubilidad »), y expresiones como « bien que » en vez de « aunque », o « de más en más » en vez de « cada vez más », que ahora suenan algo afectadas, pero que precisamente por eso le dan ese aire melancólico y sobrio. Más tarde iba a italianizarse y a hacerse más sobresaltado.
En sus cuentos Mallea habla de casas con turbios espejos de azogue (los espejos de antes devolvían una imágen menos nítida, dado que se hacían con mercurio), vestíbulos en penumbra, casas con olor a té. Una Buenos Aires que aún languidece en las habitaciones secretas de ciertas casas antiguas, pero que está condenada a desaparecer.
Los dramas que plantea Mallea en algunas de sus historias podrían parecer inverosímiles a un lector desprevenido, que se tentaría de calificar a sus personajes de tilingos sin nada que hacer que practican tediosas ceremonias para llenar la nada que habitan. Pero si uno presta un oído atento se dará cuenta de que el escritor realmente cree en esa búsqueda, no se trata de una pose o una afectación. El autor es tan auténtico como sus personajes.
La autenticidad, me parece, es la cualidad que le permite al artista hablar de cualquier cosa – incluso de sí mismo – sin ser fastidiosamente autorreferente. En Mallea esta cualidad se cumple plenamente.
La ideas
No dejó de dedicarse al ensayo, o a algo más que la literatura. Preocupados por el destino del país, intelectuales como él buscaban una explicación que no les podía dar la clase de la que provenían. La corrupción y la estupidez satisfecha son señaladas por Mallea en un libro que lleva el bello título de "Historia de una Pasión Argentina". Se puede leer la insatisfacción, hasta la exasperación con la que Mallea dice que quiere un país distinto.
Claro que Mallea está en las antípodas de mi pensamiento. Las soluciones que propone, o que esboza, son incompletas, impotentes, y en ocasiones hasta perjudiciales desde mi punto de vista. Pero esto importa poco. Hay que leerlo. Porque me parece que en la voluntad honesta de dar respuestas ya hay cosas interesantes. Al menos más interesantes que jactarse alegremente de no saber un pomo.
Como todos los intelectuales que no pudieron romper con su clase, Mallea está condenado a ser interpretado según los códigos de la "decencia", la "honradez" y la "austeridad" que los politicastros burgueses no dejan de repetir todavía hoy. Sin salida en su necesidad de forzar los límites de su mundo, tuvo que recurrir a la teología, al idealismo, a cierto nacionalismo, a la metafísica y a todo lo que le fue permitido dentro de sus limites... que no podían satisfacerlo. Dijo lo que dijo, pero leyéndolo es posible adivinar que quería decir más. Mucho más.
Che, léanse algo de Mallea.
11.11.05
Rachel Corrie is not back (but I am)
Imaginemos esta situación:
Vemos que alguien, con todas a favor (juventud, un buen pasar, etc.) de pronto se la juega y muere en el intento. Podemos pensar dos cosas: a) que hizo algo justo que nosotros no nos animamos a hacer y b) que hizo algo loco e inútil, que "tenía ganas" de morir, que es alguien fundamentalmente "distinto" a nosotros. Yendo algo más lejos podemos hablar de locura, impulsos tanáticos, etc.
Entre ambas posturas hay grises, pero muchísimos comentarios de los que vi (aquí y en otros lados) sobre Rachel Corrie giran mucho entre estos dos polos, en algunos casos uniendo ambos en el mismo concepto ("Lo que hizo es admirable peeeero etc. etc.").
Si me permiten un poco de psicología, me parece que la explicación a) nos molesta. Nos pone frente a la pregunta "¿por qué él/ella sí y yo no?". Contestar simplemente: "Porque yo no puedo sobreponerme a mi miedo y él/ella sí pudo" es feo para nuestro ego, aunque es perfectamente válido.
La explicación b), me atrevo a sugerir, es psicológicamente más cómoda para nosotros. Uno (servidor se incluye, claro), que vive más o menos bien, ve como muy difícil la posibilidad de abandonar ese estado para arriesgarse tanto. De alguna manera lo vemos como "anormal". Lo de esta persona no sería entonces una acción positiva fuera de mi alcance, sino que tendria un origen negativo, una tara de la que yo estoy exento.
Cierto: hay quien cree que la muerte es un valor agregado. Hay quien glorifica la muerte y el martirio como una prueba de la verdad. Hay quien va a la muerte porque no tiene ganas de vivir. Esa gente no es valiente, es simplemente necrófila y el Tío Fritz nos ha hablado de ella. Encasillar a Rachel Corrie en esta categoría "martir cristiano" es tentador.
Pero también hay quien no quiere morir. Quien ama la vida tanto como cualquiera de nosotros, y que aún así no teme jugársela. O mejor dicho: sí teme, pero se sobrepone a ese temor porque cree en algo más importante. Esa gente sí es valiente. Y sigo creyendo, es mejor que yo.
Un concepto que me pareció muy interesante es el de intransferibilidad (perdón por el vocablo atroz). He leído comentarios explicando que "la experiencia no es transferible". Algo así como "no es aplicable a mí, yo no puedo compararme porque de alguna forma estoy exento de esa comparación, no me toca, no me corresponde, esa otra persona es radicalmente diferente de mí". Perdón por el exceso de psicología, pero ¿no suena muy defensivo? A mí me parece que no puedo compararme porque simplemente salgo perdiendo.
Pero quizás no sea malo salir perdiendo de vez en cuando.
Lo que hace "intransferible" la experiencia de Rachel Corrie a mí mismo es algo muy simple y humano: se llama miedo. Un miedo que Rachel Corrie seguramente tuvo, sólo que logró superarlo.
Y yo no.
Preguntas: ¿qué nos autoriza a pensar que Rachel Corrie despreciaba su vida? ¿Y si disfrutaba yendo a bailar, haciendo el amor o contando chistes, sólo que además de eso quería otras cosas? ¿Cuesta mucho pensar que era igual a nosotros? Suponerla igual a nosotros ¿no nos mueve el piso un poquito? ¿Estamos autorizados a suponer que lo suyo fue una forma sofisticada de tirarse de un quinto piso?
Por supuesto, estamos autorizados a conjeturarlo. Pero yo a mi vez conjeturo que tal conjetura tiene por objeto menos buscar la verdad que resguardar nuestra sacrosanta paz interior.
Rachel Corrie hizo muchas cosas antes de morir, decir que fue a Palestina simplemente a hacerse matar, ruego me perdonen, no me parece muy honesto. No se mató. La mataron. Otros.
Y quizás aceptar una cierta incomodidad sirve no para ir a parar bulldozers, sino para apuntar un poco más alto de lo que apuntamos. O saber que quizás tenemos capacidades que desconocemos y que podemos hacer cosas. Quizás no esa, pero sí otras, no sé.
Buenas noches.
6.11.05
Rachel Corrie
Rachel Corrie era una chica de 20 años. Tenía todo: era bonita, había empezado una carrera universitaria, y vivía en yanquilandia. Esto último, unido a que encima era rubia, le hubiera dado incluso permiso para ser boba sin llamar demasiado la atención.
Pero Rachel no sólo era muy inteligente, sino que además tenía una moral muy superior a la media. Sentía que el mundo estaba mal. Y no le alcanzaba con aliviar su consciencia simpatizando con los árboles, o con las ballenas o con los perros, esas coartadas de la gentecita light (que igual en los ignorantes EEUU alcanza para convertirte en alguien "raro"). Tampoco le alcanzaban seguramente las "políticas de género", ni otros entretenimientos baratísimos a los que la gente es tan afecta, incluso en la subdesarrollada Argentina.
Se daba cuenta de que en el mundo había bastante más que el boliche y el pop corn. Vio que además de una inmensa diversidad hay también una infinita miseria. Y que particularmente su país rebosa de familias privilegiadas, que su complejo militar industrial consume una cantidad de recursos desproporcionada en relación a la necesidad de millones, en fin, vio esas cosas tan evidentes que hace rato se nos volvieron invisibles.
Así que un día Rachel tiró todo a la mierda y se fue a Palestina. Dejó su bienestar, dejó su futuro. Su tesis era simple: siendo una persona privilegiada que disfruta de las ventajas de un sistema injusto (pregunta: ¿cuántos de nosotros nos miramos al espejo y somos capaces de repetir esto?), dedujo que su obligación moral era utilizar ese privilegio para luchar por los que no tienen nada.
Y así lo hizo. En los territorios ocupados por Israel, Rachel se oponía con un puñado de pacifistas a la demolición de las casas de los palestinos. Se ponía delante de los soldados que iban a disparar, se ponía delante de los bulldozers que iban a demoler, se manifestaba entre los palestinos frente a la boca de los fusiles, Rachel ponía el cuerpo, pero no metafóricamente hablando. Iba sin armas, con la jeta y los ovarios nomás.
Simplemente ella consideraba que tenía la obligación de hacerlo, porque cientos de niños palestinos no tenían esa inmunidad y morían bajo las balas israelíes. Siendo ciudadana del principal y poderosísimo aliado de Israel, Rachel desafiaba abiertamente a tipos con armas porque creía que ella no era más que nadie, y que si recibió un privilegio en un mundo en el cual otros no tienen nada, su deber era devolver ese privilegio, no aceptarlo, ponerse en juego voluntariamente como lo están otros por obligación Así puede verse en sus cartas en las que describe con angustia la situación espantosa en la que viven los palestinos.
Consecuente hasta el final, Rachel murió bajo las ruedas de un bulldozer que iba a demoler una casa palestina. Rachel no se movió, lo aguantó mientras se venía de frente, no se corrió, no amagó, nada. Su muerte no fue precisamente de las fáciles.
Todo esto lo hizo – recordemos – una chica norteamericana de 20 años. Me pasa algo raro: es muy fácil decir que alguien de 20 años es un/a péndex. Sin embargo prueben aplicar el calificativo a Rachel Corrie. A mí me cuesta.
Me di cuenta de muchas cosas luego de su muerte:
- Que en los EEUU – campeones en propagandear sus muertos – Rachel Corrie ha sido ignorada olímpicamente. No sólo no hubo ni un atisbo de conflicto diplomático con el estado fascista israelí, tampoco hubo ayuda para su familia, ni salió en los diarios, nada. Rachel Corrie fue para su país tan americana como yo.
- Que en los foros de discusión anglófonos que he visitado, por cada persona que la recuerda con al menos respeto, diez descargan sobre ella insultos dignos de lo que muchos (no todos) yanquis son: gentuza.
- Que no es cierto que no se pueda hacer nada, o que no hay ejemplos. Se puede, otra cosa es que no nos animemos, o no querramos dedicar tiempo a saber, a actuar, a ayudar.
- Que hay gente que hace cosas como estas ahora, en este momento, y es silenciada.
- Que los periódicos nos muestran lo que quieren que veamos y nos ocultan cosas importantes.
- Que si el sistema nos oculta cosas, entonces es que debe tener miedo.
A las minas que tanto cacarean y que divagan interminablemente acerca de su condición de mujer como si por sí sola fuera vaya a saberse qué mérito extraordinario, compárense un poco con Rachel Corrie y saquen cuentas.
A los tipos, que tantas veces hemos dicho "yo me la banco", "yo tengo aguante" a propósito de cualquier pelotudez; comparémonos un poco con Rachel Corrie, reevaluemos el sentido de la sentencia, recordemos que los testículos tienen una función meramente reproductiva y que frente a Rachel Corrie nuestros huevos son de codorniz.
Rachel, eras muy bonita. Elegiste ser hermosa.
Adiós.
