Hoy se cumple otro aniversario de la derrota que sufrieron los trabajadores a manos de una burguesía asesina, prebendaría e inescrupulosa. Las corporaciones que defienden el privilegio de esta clase triunfaron para imponer un modelo de país siniestro cuya lógica perversa no fue aún desmontada. Los asesinos a sueldo de las fuerzas armadas, policiales y sus estructuras mafiosas paralelas continuaron la “gesta” que comenzó con el bombardeo de su propio pueblo en 1955. La iglesia católica –con excepciones individuales pero con una línea política inequívoca– impuso su modelo de censura e ignorancia recibiendo su parte del presupuesto del estado convertido en botín de guerra. Y los ideólogos del “nacionalismo” fascista (todos ellos hoy agitando la banderita del “campo”) brindaron en el Jockey Club por una patria que sin duda no es esa a la que Martinez de Hoz puso bandera de remate, mientras inclinaban la cabeza hasta el suelo al paso de Henry Kissinger.
Acabado el proyecto del Partido Militar, sus esbirros no pudieron evitar que parte de la ira popular los alcanzara. Hoy lloran mariconamente porque tienen que desfilar por los tribunales y se indignan porque sus amos no los salvan cuando ayer les entregaron la suma del poder público y la decisión de vida y muerte sobre cada ciudadano. Son tan idiotas que no se dan cuenta de que su papel comienza y termina exactamente en la defensa de los intereses de la clase opresora, que son vistos como meros empleados encargados de un trabajo más bien sucio e indigno que sólo por razones de mera propaganda se pintarrajea con la palabra “patria”.
Olvidan que ellos no son ni mucho menos parte de esa clase a la que defendieron como soldaditos obedientes, que la mayoría de sus apellidos carece de toda prosapia y muchas veces aun de dos generaciones de argentinos; defecto que los mandos superiores de las ffaa intentaron subsanar contrayendo matrimonio con mujeres de la oligarquía, que a su vez hicieron de cemento para unir el poder económico al poder de fuego: por eso una señorita de la aristocracia se casa con el hijo de un tano organillero que viste uniforme. La sangre azul es la sangre azul, pero los billetes son los billetes.
Esta clase podrida es la que todavía hoy gobierna, aun con este gobierno que –lo sostengo– es el mejor que tuvo la Argentina en más de 30 años. Lo que ocurre es que se trata de 30 años durante los cuales no hemos conocido mucho más que angustia. Es como decía Groucho Marx:
-Es Ud. la mujer más hermosa que he conocido... lo cual no dice demasiado.
Mientras esa clase no sea despojada del poder por los trabajadores, en Argentina no habrá otra cosa que lucha de clases enmascarada bajo diversas formas. Lucha en la que los trabajadores hoy no llevan ninguna iniciativa, por el contrario: son los representantes más parasitarios y atrasados de la burguesía, aquellos a los que basta haberse adueñado de una parte del territorio nacional para saquear sus recursos naturales sin más horizonte que el que marca la rapiña, los que echan más leña a la caldera del odio y la estupidez. Lo que tienen no les basta y nunca les bastará, porque la codicia no tiene fondo.
La llamada “clase media”, mezcla de pequeña burguesía y trabajadores privilegiados, disfruta de un bienestar como hace décadas no conocía. Sin embargo el dominio ideológico del gran capital le ha metido en la cabeza a un montón de descerebrados que deben votar en contra de sus propios intereses. Adivino que mucha gente declaradamente antikirchnerista está meditando cuidadosamente si al fin y al cabo no deberían votar al gobierno habida cuenta de lo que les espera si gana la oposición. Ten cuidado, que tus sueños no se vuelvan realidad, decía uno...
El gobierno enfrenta la arremetida apelando a los intereses de otra fracción de la burguesía ligada al sector industrial (o lo que en Argentina aún pueda llamarse así). Y el drama actual es que los partidos de la izquierda marxista –que se supone representan los intereses de la clase trabajadora– son incapaces de hacer una lectura adecuada de lo que ocurre, limitándose –en el mejor de los casos– a declarar que ambos bandos son fracciones de la burguesía y que por lo tanto el resultado del conflicto es indiferente. Dije “en el mejor de los casos” para no hablar del peor: sumisión indigna a los intereses de la Sociedad Rural.
Lo que no parecen haber aprendido los partidos marxistas es que los conflictos interburgueses afectan a los trabajadores objetivamente, y que la defensa de los intereses de los trabajadores exige que se identifique qué es lo que está en juego en cada caso.
La clase trabajadora debe tener una política independiente de los partidos burgueses, es cierto. Pero “una política independiente” significa entre otras cosas la defensa intransigente de sus intereses en el presente. Un ejemplo que espero la izquierda marxista haya asimilado: si la mamarrachesca “oposición” amenazara en este momento con un golpe de estado o cualquier interrupción del régimen democrático, la misión de los trabajadores sería sin duda defender –en defensa de sus propios intereses de clase, no de un “democratismo” abstracto– el orden constitucional. Sería suicida proclamar ante los trabajadores que “¡Se trata de un conflicto entre capitalistas, la salida es obrera y socialista!”.
Lo mismo ocurre con este conflicto. Es verdad que se trata de una disputa entre capitalistas, pero también es verdad que los intereses de una fracción capitalista coinciden parcialmente con los intereses de la clase obrera, mientras que la otra fracción capitalista quiere barrer lisa y llanamente con la actividad industrial y con ella a la clase obrera, convirtiendo a la Argentina un una republiqueta africana en la que un puñado de familias posean los recursos naturales con el objeto de venderlos al mercado internacional, mientras el 90% de la población se consume en la miseria.
Como ha ocurrido tantas veces a lo largo de la historia argentina, ante los ojos de una izquierda atónita los trabajadores votan una y otra vez al partido que ha sabido entender esto mejor que nadie: el peronismo.
Da pena leer al PO –tal vez el más lúcido de los partidos de la izquierda marxista– cuando escribe, refiriéndose a los cortes del ruta del “campo” y la posibilidad de enfrentarlos que plantearon algunas organizaciones oficialistas:
El gobierno (y sus secuaces del piqueterismo trucho y la burocracia sindical de la CGT y la CTA) ha montado una seguidilla de provocaciones, que van desde sus tropas de choque, la movilización de la gendarmería y hasta el aliento de ‘contra lock outs' de transportistas, para favorecer una mayor concentración de poder y una suerte de dictadura civil
El lock out del “campo” buscaba el desabastecimiento de alimentos y su carestía infinita (el lomo a 80 pesos, que predicaba De Angeli), lo que golpea antes que a nadie a la clase trabajadora. Que el PO se indigne con la expresión “hasta ‘contra lock outs’” y los denuncie como una maniobra para obtener “mayor concentración de poder” y “dictadura civil” tomando prestada la fraseología de la oposición demuestra la total desorientación de la izquierda cuando la lucha de clases concreta se desarrolla delante de su nariz. Piensan que la lucha de clases es algo que se desencadena sólo cuando ellos tocan la trompeta, no como un proceso histórico independiente de sus deseos, al que el partido de la clase debe servir, y no al revés.
Me encantaría que el PO explicara cómo un contra-lock out, una acción destinada a destruir un lock out patronal puede ser mala para los trabajadores. “Es malo porque no lo decidimos nosotros sino el gobierno” es precisamente la explicación del partido marxista argentino, que no entiende que el juicio sobre una acción cualquiera tiene que basarse en los intereses de la clase, y no sobre quién la lidera, sólo así se gana a la clase para el partido. Una regla de oro de cualquier partido marxista tendría que ser esta: los trabajadores tienen que participar en todo conflicto que toque sus intereses, así sea un conflicto interburgués, eso es precisamente “independencia política de la clase”.
Así estamos entonces en una situación en la cual a la izquierda del actual gobierno burgués hay una pared. Y esto es malo para los trabajadores, resignados a no tener aún un partido que identifique sus intereses inequívocamente. Esto merma las posibilidades de lucha y obliga a optar precisamente por el mal menor, reforzando el aislamiento de las opciones a la izquierda.
Romper este círculo vicioso implica antes que nada entender que la política revolucionaria no se agota en la verborrea estentórea de Jorge Altamira, que los intereses de clase se plantean no sólo en los conflictos fabriles sino también en la dirección general de la política actual, y que se enfrenta a un enemigo inescrupuloso, poderoso y dispuesto a todo con tal de extraer del trabajo humano hasta la última gota.
Así que la lucha no termina.
24.3.10
24 de marzo
18.3.10
Yo acuso
Mr. Wilde se quedó corto: la realidad no imita al arte sino que lo supera hasta dejarlo reducido al nivel de una banqueta.
Pensaba que en materia de odio, histeria, ridiculez, resentimiento y baba venenosa respecto de este gobierno –que al fin y al cabo es el mejor que tuvo la Argentina en varias décadas aunque no sea decir demasiado– ya lo había visto y oído todo. La porción habitual de demencia la aportaba normalmente Elisa Carrió, punta de lanza de la oposición; digo yo exigiendo la imaginación del lector para que vea como “punta” a una especie de gran globo anaranjado.
Pero no.
Hay por ahí un pasquinete diario llamado “Crítica”, y no tuvo mejor idea que sacar en su tapa a... adivinen a quién. Mejor no adivinen que es mucho esfuerzo: a Alfredito Astiz, nada menos. Si, si: el héroe de las Georgias y paremos de escribir aquí.
Bien, la noticia de tapa de este diario, lo más importante con lo que tienen que desayunarse los argentinos según este desopilante criterio editorial es que el sirviente de marras “acusa” a la presidenta de turbios manejos. Y de paso acusa también al ex presidente Néstor Kirchner de orquestar un... adivinen qué. No, no, mejor no que es muy loco: ¡un golpe de estado!
Pruebas.
Ser acusado de golpista es fiero, pero que Astiz te acuse de golpista… No sé, tendrías que estar todos los días tratando de enfilar contra la Casa Rosada con un tanque. Y que la noticia salga en primera plana de un diario demuestra que los medios en Argentina han llegado a un nivel circense pocas veces visto.
Nuevos titulares se avecinan:
De Narvaez acusa a Néstor Kirchner de ser colombiano.
Reutemann acusa a Cristina Kirchner de lacónica y apática.
Ricardo Arjona acusa a Néstor Kirchner de no saber cantar.
Hitler acusa a Cristina Kirchner de nazi.
Jeffrey Dahmer acusa a Néstor Kirchner de asesino serial.
Eric Cartman acusa a Néstor Kirchner de ser un gordito turro.
¿Develaré este íntimo pensamiento? Pero es que me parece muy evidente: para mí que esta tapa la pagaron los Kirchner. Clavado, macho ¿Qué puede ser mejor para causar hilaridad general que poner a Astiz en la primera plana de un diario acusándote de “golpista”?
Eso, o en Argentina la opinión pública está más intoxicada que Sid Vicious en su último cumpleaños.
23.2.10
La revolución y el amor como objetos de la moral (tomá mate!)
El post anterior ofreció un ejemplo de moral reseca feminista. Pero la moral reseca por desgracia dispara desde varias posiciones: hay una moral reseca machista, hay una moral reseca religiosa, y hay también –y ésta nos ha hecho mucho daño– una moral reseca pretendidamente marxista preconizada por una legión de mediocres.
¿Moral? ¿Y eso?
¿Qué es la moral? Se impone la definición y la verdad es que de todo lo que he leído –francamente poco– me cuesta extraer una, pero menos cuesta intentar ponerse de acuerdo sobre algún aspecto: me parece claro que la moral es una guía para la acción, propia o de otros. La moral indica una actitud a tomar frente a determinados fenómenos aconsejando unas acciones y desaconsejando otras.
Si se me ocurre una diferencia con la ética, creo que es esta: la moral incluye los efectos que determinadas conductas tienen sobre nosotros mismos, aunque no tengan necesariamente efecto sobre los demás; porque lo que hacemos a otros también nos hace: every little action of the common day makes or unmakes character decía uno que de esto sabía un rato largo, y me parece que va por ahí el asunto.
La moral suele entrar en juego cuando hay que decidir cuidadosamente qué hacer respecto de algo que nos atañe, individual o colectivamente. Y aunque los cursos de acción son infinitos, creo que podemos perfilar dos actitudes básicas que corresponden a modelos contrapuestos: la moral reseca y la moral revolucionaria.
Mama said be careful of that girl / Mama said you know that she’s no good...
Es indudable que frente a la oportunidad del bienestar entramos en una dinámica no exenta de tensión. Y se entiende: la posibilidad del placer y la realización es también la posibilidad de la frustración y del fracaso, en algunos casos de la catástrofe. Tomemos el amor por ejemplo: es indudable que es peligroso, ¿a quién no ha hecho sufrir, hacer cosas que mejor no recordar, escribir poemas horrendos, ensayar todas las formas de la ineptitud? Simétricamente el amor es indispensable, así que no es raro que el amor cause temor, el temor que causa afrontar cualquier cosa crucial.
Para colmo el amor es complejo: implica la relación entre dos seres que son a la vez sujeto y objeto; la posibilidad de malentendidos, de heridas, de acusaciones, de ilusiones rotas y de melancolía es muy alta. También es posible la violencia en sus muchas formas: el engaño, el cinismo y hasta el crimen.
Y sin embargo a pesar de todo esto, no podemos prescindir del amor.
Así se presenta muy naturalmente el temor. Y ojo, porque es una actitud con serios fundamentos. Como vimos el miedo no es ajeno a las cosas importantes. Y el miedo tiende a retraernos, a evitar el contacto. Nos impone una serie de estrategias de elusión y defensa. Y cada fracaso refuerza esta línea de acción.
Para colmo hay factores que conspiran: en cierta medida el hecho de vivir en una sociedad crecientemente inhóspita, el tener que enfrentar una realidad amenazante no hace mucho por mejorar este panorama. Gastamos muchas energías en sobrevivir a diario y cuando llegamos a la posibilidad de felicidad solemos no estar en las mejores condiciones.
Y aquí es donde entra a tallar la moral reseca. La moral reseca receta la falta de ilusiones como antídoto contra la frustración. La relación entre dos personas tiene que estar regimentada y establecida como un rito seguro en el cual no haya metas demasiado ambiciosas en lo que a comunicación se refiere. Mejor dejar todo como está. Como vimos argumentos no le faltan: el amor es peligroso. Evitar los riesgos y sustraerse a las heridas impone que todo sea lo más previsible y despojado de ilusiones que se pueda. Así se reduce nuestra vulnerabilidad.
La moral reseca se basa fundamentalmente en el temor. No aspira a mejorar sino que apenas promete no empeorar. Y para esto tiene que anunciar peligros fatales, única forma de resignarnos a la mediocridad. Para lograr su propósito la moral reseca pone el acento en las terribles pérdidas y condena la búsqueda de algo más como ilusiones estúpidas, irrealizables y peligrosas. Es mejor jugar sobre seguro, ser maduro y adulto.
Hay varias formas de hacer que el amor sea previsible; el matrimonio puede ser una, la prostitución otra: yo hago esto, vos hacés aquello, listo. Recuerdo el alado aforismo de San Agustín, que decía que la prostitución es como las cloacas de un castillo: inmundas pero necesarias.
Sin embargo la promesa de seguridad que brinda la moral reseca es falsa. Porque hay en nosotros fuerzas que siempre aspiran a más, y ahogarlas implica pagar un precio en cuentagotas que en el momento parece pequeño, pero que con el tiempo acumula cordilleras de frustración y tensión no resuelta. Y un día nos preguntamos de dónde vino tanta infelicidad si no hicimos otra cosa que cuidarnos. Precisamente.
La otra moral
Hay otra moral que en cambio nos invita a no renunciar, a no ceder, a seguir buscando a pesar de todas las frustraciones. Aspirar a más y no quedarnos con lo posible. Esto no implica negar los peligros, sólo ponerlos en contexto y darles su real valor, cosa no fácil que requiere a la vez disciplina e imaginación.
Saltamos del amor a la política... salto no tan extraño, la moral funciona aquí de manera notoriamente similar. El cinismo es el mismo: respecto del amor al igual que respecto de todas las relaciones humanas, sociales y políticas. El ser humano no puede mejorar porque "es así", cualquier búsqueda de mejoramiento social no sólo es inútil, es además peligrosa. Lo dice el socio de quien maneja el garrote: combatir al poder es riesgoso; y esto es muy cierto, lo es. Pero es falso que no combatirlo nos otorgue una seguridad si no es al precio de deteriorar cada vez más nuestras posibilidades de realización. El poder siempre intentará hacernos elegir entre dos males.
Por eso la moral reseca es cínica. Prescribe las bondades del statu quo y declara perversamente inseparables las alegrías del sexo con los terrores del SIDA, el piropo con la violación, la felicidad con la violencia, la revolución con la represión. Al participar en política el militante de izquierda con un poco de experiencia reconoce con frecuencia esta escala de valores al toparse con provocadores y buchones que pronostican calamidades e intentan sembrar el temor. A escala mediática: cuando un pueblo se levanta contra el poder Radio 10 aterroriza a la gente con los negros que vienen del conurbano.
Theodor Adorno acuñó una frase certera que divide estos dos mundos: la paranoia es la sombra del conocimiento. La moral reseca es la moral de la paranoia, la moral revolucionaria es la moral del conocimiento.
Frente a cualquier evento crucial (la revolución y el amor lo son) la moral revolucionaria prescribe la cabeza fría y el corazón animoso, actuar en el momento justo con audacia y prudencia, que no son incompatibles.
Así como la moral reseca miente, también es engañoso cierto optimismo desenfrenado y ciego que con el tiempo se vuelve su aliado. No ver los peligros o desestimarlos como meros fantasmas es también un error. Así el enamorado desengañado convierte su frustración en crueldad y se dedica a destruir ilusiones ajenas. Quienes durante los ’70 confiaban ilimitadamente en el progreso humano y la ineluctable revolución (generalmente desde la mesa de un café), en los ’90 no perdieron oportunidad de ejercer respecto de otros la burlona suficiencia con la que creyeron exorcizar al pelotudo que fueron.
La moral reseca da por sentado el fracaso, nos invita a la resignación y al temor. En su versión religiosa antepone unas improbables alegrías del más allá como consuelo frente a las alegrías de este mundo, que declara dudosas o deleznables. En su versión feminista o machista la moral reseca criminaliza al otro sexo: cuidado con ellos/as, que son malos/as y ruines. En su versión política amenaza con cataclismos cada vez que protestamos y nos conmina a quedarnos en casa, ganar menos, laburar más y zafar como podamos.
La moral revolucionaria en cambio dice que la felicidad pertenece a este mundo y es nuestra responsabilidad: o la hacemos aquí y ahora, o no será.
30.1.10
Defensa del piropo (dedicado a las mujeres bellas)
Persistiendo con esta mala costumbre de deleitar el morbo frente a la consagrada estupidez, vamos a encarar otro valioso aporte progre al malestar de los seres humanos. Pagina/12 (25/01/10) continúa con su campaña “Si Tienes Pene, Malo Eres”, con la que machaca el cráneo del sufrido lector masculino heterosexual, ambas condiciones merecedoras del más enérgico repudio ¿No lo creen? Ja, sigan leyendo amiguitos.
I - Frivoludeces
Se trata de otra habitual ignota que sin embargo es una de las mayores expertas en temas de género y derechos humanos de las mujeres a nivel regional e internacional, presentación que –lo prometo– se justificará largamente. La periodista Mariana Carbajal, que sirve habitualmente este tipo de platos, nos asegura de entrada una mirada rigurosa y ayuna de toda frivolidad:
Es imposible no fijar la vista en sus anteojos: tienen marco turquesa y patillas verde fluorescente. El cabello corto y gris plata, a fuerza de canas que no pretende disimular, es otro de sus sellos distintivos. Está claro que la jurista costarricense Alda Facio busca romper con los estereotipos de género
Está más que claro, pero hay que decirlo porque si no la gente no se da cuenta. Hay quien dirá que Florencia de la V lo hizo mejor, afirmación errada: Florencia de la V sólo usa anteojos convencionales.
Así que ya podemos dejar ese artículo de Rosa Luxemburgo y pasar de nivel:
…las mujeres tienen que hacer esfuerzos mucho más grandes para llegar a los mismos puestos y, una vez que llegan, se encuentran con que los hombres hacen arreglos políticos en los bares, jugando al golf, fuera del área del Congreso. Las mujeres, aunque tengan una empleada en su casa, tienen que administrar el hogar: se ha visto que las mujeres que están en cargos políticos no tienen la misma facilidad para ejercerlos que los hombres.
Llama la atención la valentía de la denuncia en medio del silencio general: los hombres hacen arreglos en los bares. Ya sé: Ud. no quiere creerlo; es muy, muy horrible. Y falta lo peor: ¡a las pobres mujeres no les dicen dónde queda el bar! O se reúnen en Los 36 Billares, pongalé, mientras a ellas las mandan a El Botín de Marito, que queda por Quilmes y encima se les rompió la heladera. Claro, uno no quiere creer semejante brutalidad, piensa que es sensacionalismo.
Y ellas por supuesto no hacen ningún arreglo, son básicamente incapaces. Inocentes como palomas, y casi igual de inteligentes, se desorientan las pobres; buscan, preguntan, miran para arriba con los papeles en la mano… En fin, miren, no quiero seguir porque en cualquier momento me compro unos anteojos turquesa y verde loro y rompo todos los estereotipos de género contra el piso de rabia.
Por supuesto: la empleada doméstica bien, gracias. Nuestra intelectual rompedora la ignora porque sin duda no es un caso representativo. Al fin y al cabo sólo sirve para lavar los platos.
Porque la gente muchas veces tiene miedo y cree que la igualdad significa tratar a las mujeres como si fueran hombres, y no se dan cuenta de que están partiendo de un estándar masculino. (…). La eliminación de la discriminación exige trato diferente para personas que están en posiciones diferentes
Clarísimo. O sea: queremos igualdad, pero no que nos traten igual porque estamos en posiciones diferentes, o sea desiguales. Mmmhhhh… No, no, es así fijate: está el feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia ¿viste? Y la verdad es que no nos pusimos muy de acuerdo sobre lo que queremos… O sea: sí, onda que queremos tipo que nos traten igual, pero no igual-igual sino con un poco de diferencia ¿Entendés? O sea que yo te voy a decir cuándo quiero que me trates igual y cuando quiero que me trates diferente… Zas! Ahí me tenés que tratar diferente! Y vos tenés que obedecer siempre si no querés ser un machista opresor. Pero ojo, tampoco me obedezcas siempre-siempre en todo porque me aburro ¿ubicás? Tenés que ser caballero y protegerme y todo, pero bueno, un poco guacho también… No, no, ojo, no te zarpes. O sea: tenés que hacer lo que yo quiero sin que te lo diga, pero tampoco siempre, porque la verdad no sé muy bien lo que quiero y me siento re molesta y me angustio no sé por qué pero NO ME BANCO MAS!!!!
¿Ves cómo sufro por la opresión?
II - Plato (quizás demasiado) fuerte
Hasta aquí puedo tomármelo con sorna. Pero lo que sigue ya no me deja así que ruego condescendencia:
–¿Cuáles son los delitos que afectan en mayor medida a las mujeres en la región?
Atenti con la pregunta, porque miren que da espacio como para explayarse con temas serios, no olvidemos que responde una “experta”:
–Todos los que tienen que ver con la violencia sexual, que van desde la violación hasta los piropos en la calle.
Sic, sic señoras y señoritas. La periodista, supongo que un poco alelada, pide confirmación:
–¿Los piropos?
–Son una forma de hostigamiento sexual que se vende más bien como si fuera algo bonito y bueno para las mujeres, pero que en realidad no deja caminar libremente: usted va pensando en su trabajo y un hombre pasa diciéndole piropos y la perturba y la saca de lo que tiene que hacer. Es una forma de agredir.
Sin darse cuenta esta mujer habla mucho de sí misma y su triste vidita. Lo malo es que en lugar de hablar por sí misma convierte su miseria en la voz de todas las mujeres y la defensa de sus “derechos”.
La periodista aún da otra oportunidad con la re-repregunta, a ver si la luminaria se da cuenta y aunque sea matiza un poco. En vano:
–¿Aunque el piropo sea lindo?
–Claro. Si les dijéramos frases bonitas a ellos no les gustaría. Casi siempre cuando una acción es unidireccional, no es buena para las mujeres…
Se me ocurren tantas acciones unidireccionales… que me las voy a callar todas.
III - La guerra del aquelarre
Ya sé que se leen estupideces todos los días, pero esto me parece especialmente dañino… y revelador de una hilacha muy larga. Creo que cualquiera se da cuenta: la condena al piropo no tiene por objeto eliminar aquello que perjudica las relaciones entre varones y mujeres, sino todo lo contrario: ataca justamente lo que conservan de bello y de bueno identificando pérfidamente ambas cosas, el piropo y el crimen. Un mensaje muy hijo de puta que no se espera ya ni de la boca del moralista más cavernario, pero está permitido para esta caterva de fascistas con pasaporte progre.
¡El piropo nada menos, que hay que ser miserable! El gatillo que puede disparar todas las aventuras, el comienzo de miles de historias, el lance desenfadado del deseo, la voluntad de romper la barrera que nos hace ajenos, el desafío y la invitación al juego más auténtico que podemos jugar. Esa poesía improvisada acaso es responsable de nuestra existencia. Y en el menor de los casos es el triunfo de la mujer, que se lo lleva en el aire con una sonrisa.
La pregunta de siempre: ¿maldad o estupidez? ¿Qué tanto de cada cosa se necesita para condenar el requiebro que dedica un varón a una mujer? ¿Y para publicar esa condena como si fuese digna de otra cosa que desprecio?
Qué pobre, pobre gente.
Así que esta reflexión va dirigida a las mujeres: a estas munificentes benefactoras que se arrogan su representación deberán agradecer lo que presiento está ya ocurriendo: varones mudos, queja ya oída en boca de algunas féminas. Pero ¿cómo sorprenderse si esta basura es el pan nuestro de cada día en Pagina/12 y otros varios medios?
Me preocupa la insulsa chatura, la falta total de belleza, la indigencia ética y estética que se propone desde la izquierda cultureta para las relaciones entre varones y mujeres. Y me temo que esto extravía a muchos. Varones que se creen emancipados de la religión no se atreven a enfrentar esta castración que les exige ser invisibles como tales; y muchas mujeres inteligentes, talentosas y bellas no tienen voz en los medios para repudiar el baboso halago del que son objeto por parte de estas ridículas brujas que se postulan como sus “defensoras”.
Están muy lejos de serlo. Esta chusma de resentidas, ignorantes y fracasadas constituyen un lobby para obtener todo lo que puedan del enfrentamiento con el varón, por eso es que en realidad no soportan ni quieren la menor igualdad. Por el contrario: plantean exigencias y “denuncias” sociales tan ridículas como contradictorias con el objeto de sancionar conductas y dictar reglas sin sujetarse al menor principio con la histeria típica de quien, habituado a la inmediata satisfacción de todo capricho, ya ni sabe qué es lo que quiere. Porque lo que quiere es nada. Para nadie.
Y es verdad que han logrado avances, pero ninguno en lo que concretamente está relacionado con la violencia o la explotación, temas que no les importan en lo más mínimo. Lo que exigen son leyes abusivas que generalmente impactan en la pequeña y gran burguesía (las “mujeres con empleada” de las que habla esta canalla), y siempre tienen que ver con la tenencia de los hijos como rehenes, el cobro de pensiones vitalicias, la explotación inmisericorde del ex marido y el odio infinito que sienten porque ningún varón en su sano juicio puede permanecer con ellas más de cinco minutos, a pesar del mandato social que obliga a ser caballeros y no decir en la cara lo que se piensa:
-A tu lado cualquier placer es imposible, porque sos horrorosa, aburrida y estúpida. Chau.
Sin embargo estas ventajas vienen con veneno: sólo se realizan en el conflicto y la enemistad, lo único que les interesa promover. El moralismo reseco del feminismo sólo ofrece a la mujer el paupérrimo halago de declararla una mártir cotidiana y señalar un culpable para todos sus problemas, reales o imaginarios: el varón. El resultado es un círculo vicioso de insatisfacción, tedio e incomprensión impuesto por este aquelarre de enanas mentales.
Este odio no se dirige tanto al varón como a la mujer que es capaz de ser feliz con un varón. La progresía feminista machaca una y otra vez con este mensaje torcido: cuanto más feliz sea la relación con el varón, tanto más merecerá para esta escoria el nombre de “sometimiento”. Varones y mujeres se declaran clases antagónicas en una caricatura tosca de marxismo transpuesto, “varón” y “opresor / agresor / violador” son sinónimos atávicos impuestos en el inconsciente social a fuerza de repetición acrítica.
Detrás de la condena al piropo se esconde una pérfida envidia hacia las mujeres que lo reciben, no por seguir las pautas de determinado modelo físico, sino simplemente porque nos gustan, falta que el resentimiento no puede perdonar. Para vaciar de piropos la calle (¿puede haber un propósito más bajo?) no pueden atacar a sus destinatarias, que la reacción de una mujer digna frente a esto no se haría esperar. Así que la emprenden con el varón, blanco mucho más accesible y dispuesto a creer que si una mujer habla con tanta soltura en nombre de todas y ninguna sale a desmentirla, entonces será eso lo que quieren: desterrar el piropo, el deseo y el placer equiparándolos de forma repugnante con el crimen y la violencia.
Y bien, el varón finalmente lo hace. Cierra Pagina/12 y en lo profundo de su ser se pregunta si no será un violador porque le gusta esa morocha de la mesa de enfrente. Y la morocha, que seguramente también ha recibido su dosis de bosta feminista diaria, lo mirará con la hostil desconfianza con que se mira a un esclavista ¿Hay que asombrarse? El tipo prudentemente calla su piropo, paga su café y se va. No se animará ya a encarar la aventura de una relación ¿Para qué? Hay demasiados riesgos. Hay un inconsciente social, una artillería legal y una agenda que esta horda de arpías ya impuso mezclando de la manera más sucia lo hermoso con lo bajo: el piropo es violación. Mejor no.
Y en medio de tantas catástrofes, de gente que muere y gente que mata, la desaparición del piropo no es algo frívolo y menor, es una pésima noticia. La noticia de un mundo al mismo tiempo violento y desabrido en el que la vieja moral asfixiante tiene ahora el estúpido nombre de “corrección política”. El arma eterna de la mísera, pequeña gentecilla que –como si nos faltaran problemas– quiere quitarnos eso que sólo podemos inventar. Si me disculpan que sea tan franco: hablo del amor.
Buenas tardes.
21.1.10
Haití y el cinismo sobrenatural
Primero un hecho que viene a cuento: entre las valiosas personas que están ayudando a gente en Haití hay sacerdotes, creo que incluso uno argentino. También seguramente habrá gente que no es siquiera creyente. Lo que quiero señalar no apunta en principio ni a sacerdotes ni a laicos, sino a gente que creo dominada por una perversa estupidez. O una estúpida perversidad. Como siempre: dependiendo del caso es difícil determinarlo.
En España
Atendamos por ejemplo a lo que dice este sacerdote católico, obispo de San Sebastián, respecto de la tragedia, transcribo exactamente el párrafo para evitar habituales quejas acerca del "contexto":
Existen males mayores que los que esos pobres de Haití están sufriendo estos días… ¿no? Nosotros nos lamentamos mucho de los pobres de Haití, pero igual también deberíamos además de poner toda nuestra solidaridad en ayudar a los pobres, nuestros medios económicos, etcétera; también deberíamos de llorar por nosotros, por nuestra pobre situación espiritual, por nuestra concepción materialista de vida, ¿no? Quizás es un mal más grande el que nosotros estamos padeciendo que el que esos inocentes están sufriendo.
Vale la pena escucharlo, porque Fritz Perls enseñaba a escuchar más allá del significado formal de las palabras.
Se percibirá que escribí el "quizás" de la última oración por mor de exactitud, pero en realidad está apenas susurrado, apresuradamente insinuado. Es evidente que este señor patina velozmente haciendo equilibrio, sabiendo perfectamente que lo que dice es una bestialidad. Primero dispara: Existen males mayores, porque eso es lo que quiere decir: 200.000 vidas humanas son un mal menor respecto de esto que yo afirmo, señores. Y luego el ridículo vaivén de "peros" y "¿no?" y "quzssss". La brutalidad se da la mano con la hipocresía en una torpe muestra de habilidad.
En buena lógica y dada esta escala de valores, los sacerdotes que están colaborando y arriesgando sus vidas en Haití van detrás de un objetivo menor, cuando deberían estar atendiendo la crisis espiritual de las señoras majas de San Sebastián, por cierto una de las ciudades más caras de España.
Me pregunto si este señor se hará alguna pregunta acerca de su propia situación espiritual, lo que sea que eso quiera decir. Yo lo llamaría decoro, o simple empatía humana. Algo así como si un marxista muy retardado dijera: "El terremoto es terrible, pero más importante es la educación revolucionaria de las masas" o alguna gárrula estupidez por el estilo que nos obligaría a hacerlo callar.
Lo peor no me parece esto aún. Frente a la lógica indignación y repudio que despertó este proselitismo desenfrenado, la derecha católica no se arredró: el sacerdote de marras retrucó penosamente adivinen qué... Exacto: que lo sacaron de contexto (no hay premio, era muy fácil). Y la cadena COPE, reducto ultraderechista gestionado por la Conferencia Episcopal denunció adivinen qué... una campaña izquierdista. Otra vez, demasiado fácil. Con esta gente todo es muy previsible.
Pero sirve para confirmar. Bien hubiera estado admitir un fallo en las prioridades, una declaración inoportuna, un error. Nada de eso, ya sabemos que esta gente es infalible.
El imperio
Hablamos de la España bruta, pero ¿qué esperar de ese circo siniestro llamado fundamentalismo yanqui? Aquí la cosa ya... qué se yo qué decir: el pastor evangelista Pat Robertson afirmó muy sereno que Haití hizo un pacto con el demonio y atrajo sobre sí el terremoto. El video es muy, muy repugnante, búsquelo el que quiera satisfacer su morbo. Y ya la estupidez y la perversidad alcanzan un punto muy cercano a la demencia, como es habitual en una sociedad cuya decadencia borra cada día más el sentido de la realidad y del ridículo.
El mundo y después...
Igual de alarmantes son las numerosas alusiones en foros y blogs de internet a "advertencias" divinas, castigos al pecado, advenimientos apocalípticos y muestras del irracionalismo más cerrilmente ignorante disparadas desde posiciones enmarcadas en ese amplio arco que une al fundamentalismo religioso, la new age, la superstición y la literatura para analfabetos.
Todo tiene sin embargo una única raíz, que –pido disculpas, voy a citar mi propio blog un par de veces– creo haber señalado en otras oportunidades: el conflicto insalvable que existe entre el idealismo y el materialismo.
Y aquí sí marco una diferencia: este conflicto sólo toca a los creyentes. La arrogancia del obispo, la demencia del pastor y los balbuceos de la superstición tienen un origen común que es la explicación de los fenómenos reales a partir de causas situadas fuera de la realidad. Supongo que el sacerdote que va a Haití y da una mano, por muy convencido que esté de la verdad de su religión considera sin duda que es más valioso eso que hace que ponerse a rezar; o que al menos ambas cosas están en un mismo plano. Y tiene razón. Cuanto más urgente el problema, cuanto más desesperante es la situación y dolorosa la tragedia, más necesidad tenemos de actuar sobre la realidad, porque el edificio que se derrumba sobre el niño es dolorosamente contundente, pertenece exclusivamente a este mundo.
Me alarma tener que escribir esto: el altísimo costo en vidas y dolor que produce el terremoto tendría que despertar nuestra urgente necesidad no de remediar ninguna "pobre situación espiritual" sino nuestro insuficiente conocimiento respecto de la prevención y detección de estas catástrofes, sin mencionar la escasez de recursos y la pobreza que agravan la tragedia. La mención del espíritu y sus prioridades cuando se está hablando de un terremoto con cientos de miles de muertos, de cuerpos reales que sufren, muestra claramente que lo que deshumaniza no es la razón sino su ausencia.
Lo intangible
Se dirá que la solidaridad es un valor inmaterial, que hay una disposición necesaria para ayudar y que esa disposición es espiritual, intangible. Responderé que la razón es igual de intangible, pero está formada a partir de la praxis concreta: sé lo que es el dolor porque puedo imaginarlo, y puedo imaginarlo porque yo mismo soy capaz de experimentar dolor. Cuando sufre el prójimo, todos sufrimos algo no por ninguna voluntad trascendente sino porque compartimos con él una realidad.
La única forma de insensibilizarnos frente a ese dolor es rebajarlo a la categoría de un fenómeno producido por fuerzas misteriosas contra las que nada podemos hacer, o que no nos es permitido enfrentar, o que expresan una voluntad trascendente que en última instancia es misteriosamente justa: se lo merecían por sus vidas pasadas, porque hicieron pactos con el demonio, o no es para tanto porque lo importante es la vida futura. De allí al cinismo hay nada.
Lo que aquí se llama "intangible" o "espíritu" o acaso "moral" es la razón bien entendida: actuar aquí y ahora, curar la enfermedad, enfrentar el caos, corregir. Por eso el mal y la estupidez son siameses casi imposibles de separar, aunque el perverso sea muy inteligente en realidad es profundamente estúpido. También por eso lo que llamamos "inteligencia" es en última instancia imposible de medir, porque involucra valores.
Y ya que estamos...
Me gustaría que alguien mencionara ahora el famoso "diseño inteligente". Dada esta catástrofe parece que el diseño tiene fallas serias. Y actuar aquí y ahora no es otra cosa que (insistamos) enfrentarlas, corregirlas; según el sacerdote ultra: oponerse al (o al menos omitir temporalmente el) designio divino, palabras con las que define la obediencia a su propia voluntad.
El creyente que actúa de buena fe tiene al menos que poner en un mismo plano el aquí y ahora con el trasmundo; lo escribió una vez un católico que aprecio, que afirmó algo así como que era necesario rezar como si actuar de nada sirviera, y actuar como si rezar de nada sirviera. También escuché a un rabino decir que había que ayudar al prójimo como si no existiera ningún dios, afirmación peligrosamente materialista. Y justa.
Pero ocurre que si se actúa todo el tiempo como si no existieran dioses, uno se convierte sencillamente en un... ateo.
Innecesario, pero necesario
Hagamos algo por Haití, donemos lo que podamos aunque parezca poco. Sí, también: exijamos que la ayuda llegue, que no se la afanen; que haya más comida, más medicinas, y menos tropas.
Pero entretanto compartamos algo de lo que tenemos, que inesperadamente es mucho.
15.1.10
Mira por donde, Paraguay
Ayer
La historia de Paraguay parece partida brutalmente en dos. Desde 1862 con el gobierno del mariscal Francisco Solano Lopez llegó a tener una industria pujante, hornos de fundición propios, y fue el primer país de Sudamérica capaz de construir sus propios trenes.
Obviamente la corona británica no podía permitir semejante barbarie, término que como todos sabemos designa a aquellas acciones cuyo carácter revista peligro para los bolsillos de la gente importante. Imagínense: un país que no se endeuda con empréstitos de la banca inglesa, no consume los tejidos de Manchester y se atreve a tener industria propia, un escándalo. El representante de su graciosa majestad británica en Buenos Aires, Edgard Thornton escribía al Foreign Office desde Asunción el 6 de septiembre de 1864 haciendo votos para que la guerra de exterminio contra el Paraguay instaurara de una buena vez la “libertad comercial” en ese pueblo al que tildaba de "ignorante", "que se siente feliz con su tiranía y se cree igual a los más poderosos".
Creerse igual a los más poderosos es un grave, gravísimo error.
Y nuestro inefable "padre del aula", Dominguito Faustino de los amulatados belfos, se expresaba en ese sobrio estilo tan caro a los amantes de la civilización y enemigos de la barbarie:
Estamos por dudar de que exista el Paraguay. Descendientes de razas guaraníes, indios salvajes y esclavos que obran por instinto o falta de razón. En ellos, se perpetúa la barbarie primitiva y colonial... Son unos perros ignorantes... Al frenético, idiota, bruto y feroz borracho Solano López lo acompañan miles de animales que obedecen y mueren de miedo. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní. Era necesario purgar la tierra de toda esa excrescencia humana, raza perdida de cuyo contagio hay que librarse. (Sarmiento en carta a Mitre. 1872. Artículo de "El Nacional", 12.12.1877).
El carácter lacayuno de nuestra oligarquía quedó entonces más que demostrado: la deshonrosa Guerra de la Triple Alianza a la que nos arrastró el mitrismo cipayo de la mano del inglés diezmó la heroica resistencia paraguaya, destruyó adrede sus pujantes industrias para dejar paso al "libre comercio" de las mercancías europeas. De paso esta contienda sirvió para desangrar estúpidamente a nuestro propio país, que de esa guerra miserable no obtuvo absolutamente nada. Especialmente doloroso es el recuerdo de la terrible batalla de Acosta Ñu, en el que para nuestra vergüenza miles de niños paraguayos fueron masacrados por las tropas mercenarias de la oligarquía porteña aliadas al imperio esclavista de Brasil.
Hoy
Así las cosas, Paraguay, que había sido una potencia económica, quedó convertido en un oscuro lugar en el que nada pasa, un país amateur sin más instituciones que el poder omnímodo de una oligarquía minúscula cuya expresión política fue la dictadura de Alfredo Stroessner primero, y una democracia trucha, manipulada e inestable después.
La barbarie unitaria, precursora de la sumisión al imperialismo, dejó su huella deforme: Paraguay es hoy uno de los países más pobres de Sudamérica (lo que ya es decir) y el mundo, y también uno de los más desiguales: la renta nacional se divide entre una minúscula oligarquía propietaria y una masa de pobres, en su mayoría de origen campesino ya que en el país que construía trenes durante el siglo XIX, la industria es hoy prácticamente inexistente.
Existe una economía informal instalada como parte de la supervivencia de amplios sectores de la población, la desnutrición infantil es preocupante: el 76% de las muertes infantiles por enfermedades infecciosas se vinculan a cuadros de desnutrición y el 14,6% de los niños menores de 5 años tienen una talla baja para su edad. La pobreza alcanza alrededor del 40% de la población, todos datos oficiales.
Y esto no ocurre porque el país carezca de recursos: Paraguay es el sexto productor mundial de soja y el cuarto país exportador del mundo, también un importante proveedor de carne vacuna en la región. Pero tal como en Argentina, se trata de recursos concentrados en pocas manos, y esas pocas manos parecen ser la única "patria" que importa.
A pesar de este cuadro de situación, que no es nuevo sino que se arrastra desde que la feliz civilización llegó a redimir a esos guaraníes ignorantes, en Paraguay no se han registrado prácticamente movimientos de resistencia armada al poder establecido. A duras penas la población ha intentado expresarse a través de un sistema político casi monopolizado por el Partido Colorado (nombre histórico ya carente de sentido, que por otra parte no necesita ya que su ideología es la mera defensa del orden establecido). La reciente designación del ex obispo Fernando Lugo muestra el intento de la población de salir de ese clima asfixiante a pesar del férreo control que se ejerce sobre el sistema político desde el poder económico.
Por el contrario, son habituales los abusos y violencias contra la población pobre, principalmente campesina. Las comunidades campesinas que intentan organizarse soportan toda clase de desmanes, robos y crímenes por parte de terratenientes que cuentan –situación similar a la de las zonas más pobres de Brasil– con guardias armadas fuera de todo control del estado, por lo que la palabra "democracia" es más bien una cortesía destinada a satisfacer estadísticas. Existen incluso tropas norteamericanas que operan en suelo paraguayo como asesores de estas bandas criminales.
¡Violencia, qué horror!
En este contexto surgió recientemente una noticia: al parecer un grupo denominado EPP (Ejército Popular Paraguayo) secuestró a un rico hacendado y lo obligó a repartir carne entre una serie de comunidades en las que la extrema pobreza se ceba a diario.
Que se trate de carne no es casual: cuando yo era chico tenía varios amigos paraguayos, o hijos de familias paraguayas afincadas en Argentina; y me sorprendía que mientras las quejas por la situación económica eran habituales en cualquier familia, para los paraguayos "argentino" era casi sinónimo de "rico", aunque se tratara de argentinos modestos. La razón principal era que una familia argentina consumía carne habitualmente, lo cual en Paraguay es un lujo prohibido para la mayoría de la población.
Las reacciones no se han hecho esperar: escándalo, alarma, rechazo a "la violencia". Es terrible que se secuestre a alguien, es terrible que se lo obligue a desprenderse de parte de sus bienes, es todo muy terrible. Sólo que al parecer es la primera vez que en Paraguay alguien es desposeído por medio de la violencia. Ante esta reacción lo primero que uno piensa es que Paraguay es un maravilloso país en el que la violencia se desconoce por completo, donde cada uno de los ciudadanos tiene pleno derecho a un desarrollo autónomo y libre, donde no hay un solo niño desnutrido y donde a ninguna familia le falta el pan en la mesa.
El presidente Lugo y todo el poder político han tomado cartas en el asunto con premura: se declarará el estado de excepción. Las comunidades que hayan aceptado la carne provista por el EPP (sólo una se negó a aceptarla) ya son objeto de severas sospechas.
Antes de esto, el poder político ni se alarmó, ni movió un dedo frente a la miseria y la violencia imperantes. El estado de excepción no fue declarado cuando el niño Silvino Talavera murió a causa de agrotóxicos y su hermano fue descuartizado por paramilitares a modo de advertencia frente a las denuncias, ni cuando las organizaciones campesinas denunciaron más de 30 desapariciones y muertes, ni cuando terratenientes sojeros brasileños atacaron a campesinos paraguayos; ni durante otros muchos episodios en los cuales se robó la propiedad de gente que ciertamente ya tiene muy poco.
Y "todo el poder político" incluye a la "izquierda", que se ha apresurado a emitir su declaracioncita de horror, gritando con más fuerza que nadie su escandalizada indignación, no vaya a ser que alguien se confunda. Se lee en Página/12 14/01/10 que
El Espacio Unitario Congreso Popular (EUCP), que agrupa siete partidos de izquierda, emitió ayer un comunicado. "Repudiamos el secuestro y la extorsión, más aún si ellos son considerados medios de 'lucha social'. Los derechos sociales de las mayorías no serán realizados por medio de 'cortesías' o regalos de delincuentes, sino por medio de la lucha democrática de las grandes mayorías por la igualdad y la equidad".
Uno puede imaginar a estos imbéciles mirándose entre sí con el ceño fruncido en reconcentrada seriedad y asintiendo con la cabecita: ¡sí señor, delincuentes! ¡eso es lo que son!
Ni media palabra de lo que ocurre en Paraguay desde hace décadas. Ni una mención de autocrítica de estos señores, que al fin y al cabo se supone están en el Parlamento para representar a y servir a un pueblo que ciertamente no vive fácilmente. Ni siquiera una reflexión mínima sobre las causas sociales por las que esto pueda estar sucediendo. La condena a la metodología del grupo sin la más leve mención a las habituales metodologías por las cuales se deja a amplios sectores del Paraguay en la miseria denuncia al hipócrita, al farsante, al "izquierdista" a sueldo del estado burgués.
Tolerar plácidamente la violencia cotidiana contra un sector de la población y alarmarse como una señora gorda cuando de ese sector surge un intento de respuesta luego de más de un siglo de sufrimiento es transmitir un mensaje claro: los débiles a callarse y a aguantar. Con la careta sonriente de la democracia se promueve el totalitarismo más feroz. Si estos miserables son de "izquierda", yo no lo soy.
Y sin duda, quienes integran el Ejército Popular Paraguayo puede que estén muy extraviados, puede que efectivamente se crean Robin Hood, puede que no tengan la menor formación y que estén simplemente desesperados. O no. Se les pueden formular todas las críticas que se quiera, pero olvidar el contexto en el que esto ocurre es sencillamente ejercer una perversa hipocresía. Y en el contexto paraguayo, si hay que elegir me quedo mil veces con el Ejército Popular Paraguayo antes que con la parla parlamentaria de estos paniaguados que gritan cuando no callan.
Proveo entonces mi granito de arena para explicar las causas de este alarmante fenómeno de violencia: el EPP está financiado por el oro de Moscú... ¿No? Ehmm… ¡Ah! no, no... ¿El judaísmo internacional? ¡No, tampoco! Ehmmm...
¿Alguien tiene una respuesta?
5.1.10
¡Más Obamalabarismos!
La paz
Barack Obama es un tipo inteligente, no cabe duda. El Nobel de la Paz que recibió no le impidió esgrimir reflejos de prudencia, gestitos de modestia, guiños de simpatía. Atildado y políticamente correcto, Obama demuestra estar a la altura de su misión histórica: hacer durar el capitalismo todo lo que se pueda. Hay que admitirlo, lo hace bien.
Ante todo aclaró que "mis logros son escasos" en comparación con "gigantes de la historia" que lo recibieron antes que él, como Albert Schweitzer o Nelson Mandela. Podría haberse pasado de vivo mencionando a otros gigantes del pacifismo como Henry Kissinger o Menahem Begin; demostrando que al fin y al cabo se trata de un premio que podría ganar hasta Lord Darth Vader, llegado el caso.
El longilíneo morocho prosiguió: "Además hay hombres y mujeres en todo el mundo que están en prisión o son golpeados por buscar la justicia. No puedo replicar nada a aquellos que piensan que esos hombres y mujeres (...) merecen este honor mucho más que yo".
Bien ahí, como para demostrar que el hombre no es ajeno a lo que ocurre en el planeta. Seguramente no hay ni una sola persona que esté en prisión o sea golpeada bajo su responsabilidad, pero no nos vamos a detener en tanto detalle, tampoco la pavada.
La violencia
Como sea, el hombre no rodea pantanos: con la frente bien alta y mirando hacia adelante inmutable como una estatua de bronce (pero buenita) metió los zapatos relucientes en el barro profundo: reconoció que mucha gente cree que no merece el premio porque es el presidente de un país que libra dos guerras y acaba de ordenar el envío de otros 30.000 soldados a Afganistán.
Como el mundo está lleno de obtusos Obama explicó con paciencia: la gente debe aceptar la "dura verdad" de que la violencia no puede erradicarse y que a veces es necesario que los países vayan a la guerra para proteger a sus ciudadanos. La guerra a veces "no sólo es necesaria sino también moralmente justificada".
Por suerte nadie tuvo el mal gusto de repreguntar, que al fin y al cabo nadie estaba allí para eso; y por otra parte estos obamalabarismos son bastante más sustanciosos que lo que recibimos de los políticos burgueses de turno. Pero de todos modos me gustaría saber qué país manda tropas al otro lado del planeta "para proteger a sus ciudadanos". En última instancia me parece que este razonamiento suena mucho más creíble en boca de quien pelea una guerra en su propio país contra un invasor extranjero.
Y no es que yo tenga ni una mínima simpatía por los talibanes, esos atrasados cabezas de trapo armados por la CIA que ahora decidieron volverse una piedra en el zapato yanqui; sólo constato que ellos podrían –y con mucho más fundamento– repetir el argumento del americano, sobre todo si se tiene en cuenta que el gobierno afgano –una entelequia palaciega, violenta y corrupta que sólo existe gracias a varios ejércitos de ocupación– debe mantener golpeados y encarcelados a más de cuatro.
La violencia violenta
Quedémonos entonces con el concepto: la violencia es a veces necesaria, y puede estar moralmente justificada... lo cual no deja de confundirme ¿No era que la violencia es mala venga de donde venga? Ni bien alguien alza la voz para defender el derecho a la resistencia de los más pobres aunque sea a pedradas, es inmediatamente tachado de sanguinario y acerbo extremista. Estrellas de la literatura drugstore y mandarines de la filosofía correcta se encargan de las indispensables impugnaciones, con amplia cobertura de los medios. Cuento en este menesteroso blog un sinnúmero de intervenciones de este tipo.
Es necesaria pues una pequeña aclaración: la violencia está moralmente justificada cuando la practican profesionales: ejército, policía, agencias de seguridad privada, mercenarios o incluso patovicas de discoteca. Y más importante, cuando la sufren los previsibles: pobres, descontentos y gentes que viven en lugares desangelados como África, Palestina o Fuerte Apache.
En cambio la violencia en manos de desharrapados se vuelve fea, inelegante, poco seria. Es una violencia inmoral, injustificada, inesperada sobre todo. En definitiva: una violencia violenta.
16.12.09
¿Qué hacer?
La crisis mundial del capitalismo lleva a la burguesía a convertirse en una lumpen-burguesía, cada vez menos capaz de respetar los límites del sistema que ella misma ha impuesto. Consecuentemente, los representantes políticos de esta lumpen-burguesía no pueden comportarse como otra cosa que lúmpenes. Es así como la corrupción y aún el delito devienen moneda corriente y todos gritamos “¡Qué barbaridad!”.
Así como el capitalismo destruye el medio ambiente, su dinámica lo lleva también a destruir su propio medio ambiente económico que es el mercado. Cuando las fuerzas incontroladas del capital destrozan el mercado, las contradicciones en su propio seno se vuelven amenazantes y se manifiestan políticamente. Es entonces cuando la burguesía recurre a un político salvador, cuyo perfil ideológico dependerá básicamente de la capacidad que demuestre la clase trabajadora para amenazar la estabilidad del sistema.
Si esta capacidad es alta y peligrosa, la burguesía entrega el poder político a un dictador de las variantes bonapartista o fascista. Si en cambio la clase obrera ha perdido la iniciativa –que es lo que hoy ocurre– entonces basta con un político eficiente, culto, pletórico de gestos “de izquierda”. En todos los casos se produce ese fenómeno que denominamos “populismo”, que consiste en despilfarrar gestos simbólicos para preservar lo importante, que es el poder burgués.
Pero la burguesía en realidad odia ceder nada, y si esto es cierto incluso para un dictador fascista, lo es mucho más para un Obamalabarista progre. No pasan unas horas desde que asume el poder que los sectores más aventureros del capital conspiran y comienzan a preguntar cuándo se va el marxista ese.
El caso argentino es paradigmático. No es casual el odio que concita Cristina Fernández de Kirchner, una de las pocas dirigentes burguesas lúcidas y capacitadas que intenta convencer a la clase que representa de la necesidad de un proyecto nacional. No lo logrará, como no lo lograron en condiciones infinitamente mejores Miranda en el ’45 y Gelbard en el ’73, (no) curiosamente también bajo gobiernos peronistas.
El peronismo es uno de los movimientos políticos más versátiles. Demasiado para una burguesía obtusa que no está interesada en otra cosa que no sea la acumulación de la mayor cantidad de dinero posible en el menor tiempo posible. Las consecuencias no le interesan en lo más mínimo, ni siquiera si involucran crisis severas: para eso están el aparato represivo, el submundo policial y los llamados “servicios de inteligencia”, que no son otra cosa que delincuentes al servicio del estado burgués.
Planteadas así las cosas, los operadores políticos pagos que pululan en los partidos y los medios de comunicación se han dedicado a crear el clima conveniente para abortar este gobierno como sea y volver a la fiesta.
El plan económico y social comenzado durante la dictadura militar con Martínez de Hoz no fue episódico sino una manifestación de la firme voluntad de nuestra burguesía de destruir el país tal como lo conocemos y convertirlo en un territorio de nadie, similar a cualquier republiqueta africana, en la cual la riqueza nacional sea objeto del despilfarro animalesco de una minúscula oligarquía rentista e inútil, una caterva de funcionarios venales y el circo de la farándula; mientras el grueso de la población sobrevive en condiciones de precariedad, sin trabajo, sin infraestructuras, sin educación, sin salud y sin futuro.
La actual administración es un obstáculo para lograr este objetivo. El gobierno de CFK insiste en la ilusión de un país integrado bajo el capitalismo, para lo cual necesita a una “burguesía nacional”, que no es otra cosa que una contradictio in adjectio. Construir un país es una tarea muy superior a las fuerzas de nuestra burguesía, que no está dispuesta al menor sacrificio ni siquiera en vista de sus propios intereses en el largo plazo. La razón es sencilla: el “largo plazo” y las “futuras generaciones” son un mantra repetido desde hace décadas para consumo de la clientela electoral (en porteño: verso para la gilada), pero nadie mejor que la clase opresora conoce las ventajas inapreciables del aquí y ahora. Mientras la enorme mayoría de la población argentina vive de promesas desde hace décadas, los privilegiados no toleran la más mínima demora a la hora de comprar un yate.
Las recientes amenazas de muerte proferidas contra la presidenta, el clima de constante agitación e insulto, los pronósticos de destacados golpistas que incluso ocupan posiciones de poder son el aviso de que no habrá negociación capaz de detener a esta horda, que es la de siempre. El odio zoológico, el insulto soez, la histeria y la grosería de una farándula política ignorante y canallesca intentan arrastrar el descontento de lo que queda de las clases medias hacia una acción que será suicida incluso para muchos de los que hoy comparten el odio por la actual administración.
Porque no hay que dudarlo: esta ofensiva que escala el conflicto de manera criminal e irresponsable intenta arrastrar a los sectores más atrasados e ignorantes de la llamada clase media (que son muchos) para imponer un modelo de país que –al igual que lo que ocurrió con el proceso de desnacionalización que desembocó en el corralito– hundirá a esos mismos sectores en una miseria aún más pronunciada. Trotsky recordaba que la política no es agradecida.
La amenaza de muerte a CFK, la reciente designación de un apologista de la dictadura por el macrismo, la frase de un candidatejo:
Es como estar en la guerra, hay que ir matando a los de la primera fila y seguir
no son hechos aislados. Se trata de fomentar una nueva interrupción violenta en el proceso democrático, interrupción cuya justificación ya no proviene de ninguna guerrilla, ni siquiera de la menor resistencia. Porque nunca fueron esas las razones necesarias para que la burguesía argentina imponga su agenda. Los sucesivos golpes de estado, el golpe de mercado que derribó al primer gobierno democrático desde el año '83 y esta ofensiva brutal repiten el ciclo histórico de nuestro país.
Frente a esto la militancia que apoya al gobierno de CFK tiene que entender que en lo que respecta a esta ofensiva no importa lo muy civilizado que sea este gobierno, no interesa en lo más mínimo si se plantea alguna clase de resistencia organizada o no: la ofensiva proseguirá hasta obtener lo que desea, que es imponer una nueva vuelta de tuerca a un proceso de degradación social e institucional que si parece no tener fin, es sencillamente porque no lo tiene.
Como siempre ha ocurrido el conflicto, lejos de ser promovido por los oprimidos, es furiosamente impuesto por los privilegiados. La tarea de la hora es decidir qué hacer frente a esta enésima ofensiva.
4.12.09
Placebo
Kirchner, Lula, Correa, Evito Morales... No sé por qué pero a alguien se le ocurrió que son "de izquierda".
Como no se trata de tocarle a la burguesía ni una moneda, o de expropiarle a la oligarquía ni la maceta del potus, propongo llamar a estos novedosos y moderrrrrnos idearios políticos "izquierda placebo".
Es como un estado de bienestar ¿viste? Pero sin bienestar.
Igual ojo: el placebo también molesta, porque imaginate: mucho placebo, mucho placebo al final se van a terminar creyendo alguna idea rara. Así que a Zelaya le pegamos una patada en el culo, hacemos unas elecciones controladas por la Internacional Derechista y el ejército (una garantía) y bueno, qué importa... si total ya saben que más que placebo no van a conseguir.
¿No?
26.11.09
La utopía me tiene harto
El concepto
Hace un tiempo me perseguía el capricho de escribir algo acerca de la famosa. No se teman aquí profusos estudios etimológicos, históricos o referencias a Tomás Moro. Más bien me interesa eso que se entiende hoy cuando se menciona el término.
Y navegando sobre las olas virtuales en busca de ejemplos, caí en el blog de un personajito asiduo, representante desmañado pero voluntarioso del pensamiento enemigo del pensamiento. Lo que escribe carece de otro interés que no sea antropológico, pero me interesa esta frase:
...nos burlamos de los zurdos por su fe ingenua en un paraíso socialista.
Pero que fe más estúpida, pudiendo desear el Apocalipsis. De todas formas -¿necesito aclararlo?- el personajito de marras no es tema del post, se trata de un mero inimputable. Lo que sí me interesa es la frase porque reprsenta un prejuicio compartido también por gente normal.
Sueños insensatos
Está muy extendido el concepto de que los marxistas creen en utopías, en cosas imposibles. En esto van del bracete toda clase de vivos: desde neoliberales que sólo creen en el billete hasta fascistas que sólo creen en el dios que otorga los billetes. Si algo comparten los clericales cerriles, los posmitos de ideología macrobiótica y los American Psycho del mercado financiero es un rampante desprecio por cualquier cosa que signifique cambio social. Para ellos el ser humano es necesariamente una criatura incorregible, mucho menos capaz de pensar que de obedecer a un garrote.
Cualquier propuesta en ese sentido despierta en ellos esa risa despectiva de la que se jactan como el zar Nicolás II, que ante un pedido de los zemtsvos para obtener representación política (nada revolucionario por otra parte) respondió con estirado desprecio “¡Sueños insensatos!”. La historia le probaría que hay que tener un poquitín más de cuidado.
Maldad vs. Estupidez
Me parece que era Borges quien señalaba el hecho de que lo que llamamos maldad es en realidad la expresión última de una profunda estupidez. Y creo que eso es cierto. Muchas veces me encuentro ante muestras de lo que no sé cómo calificar, si maldad intrínseca (desprecio por el ser humano, cinismo) o mera estulticia.
No sé si es una percepción mía, pero en general suele prevalecer en la sociedad la idea contraria: el cinismo es frecuentemente asociado a vaya a saberse qué clase de agudeza intelectual, mientras que las buenas intenciones parecen ser relacionadas en el mejor de los casos con candidez y falta de comprensión de las cosas “posta”.
¿De qué utopía me hablan?
Si puedo repartir un palo a la izquierda, al menos a cierta izquierda que se engolosinó con la palabreja, diré que estoy hace bastante tiempo harto de ella. Prefiero la frase del tío Vladimiro, que decía que le gustaban los soñadores, pero sólo los que intentan hacer realidad sus sueños. Parece que eso es justamente lo que despierta ese cinismo crispado, señal de alarma entre los defensores del sistema.
Y me gusta mucho más una frase de Trotsky, que con la sencilla elegancia de lo evidente despeja toneladas de basura conceptual y pone blanco sobre negro la ridiculez de los ridículos:
La base material del comunismo deberá consistir en un desarrollo tan alto del poder económico del hombre que el trabajo productivo, al dejar de ser una carga y una pena, no necesite de ningún aguijón; y que el reparto de bienes en constante abundancia, no exija más control que el de la educación, el hábito, la opinión pública.
Hablando francamente, es necesaria una gran dosis de estupidez para considerar como utópica una perspectiva a fin de cuentas tan modesta. (La revolución traicionada, cap. III)
Me cuesta encontrar una forma tan pragmática y sobria de expresar las mejores esperanzas humanas, que como vemos no necesitan pomposos discursos sino apenas buena lógica.
¿Paraíso? ¿De qué paraíso me hablan? Estamos señalando lo mínimo indispensable que debería desear cualquiera que no sea un cretino sin remedio: que no haya –en este mundo en el que recursos y técnica no faltan– ni una persona a la que le falte algo tan estúpidamente elemental como el pan. Declarar que eso es vaya a saberse qué paraíso inalcanzable e imposible es ser… y aquí es donde no me decido: o bien un cínico que se complace en el sufrimiento humano, o bien un retrasado que repite como un loro lo que los cínicos difunden. Y no sé qué es peor.
No se trata de ningún paraíso. Entre otras cosas porque incluso alcanzado ese objetivo seguiríamos teniendo varios problemas, como por ejemplo la explotación racional de los recursos, que ya se ha demostrado imposible bajo el capitalismo. Vivimos además en un mundo que –aunque a largo plazo– está destinado a perecer, y si hoy la solución de ese tema no nos preocupa es menos porque falte mucho para que eso ocurra que porque, tal como están las cosas, ninguno de nosotros cree que a este paso la humanidad sea capaz de conservarse viva tanto tiempo.
¡Ja ja, se pudre todo! (ehhmmm... pero a mí no me toquen ¿eh?)
Por esto un mundo sin violencia y sin hambre no es algo meramente deseable, ni siquiera meramente posible, es una necesidad impostergable y urgente que si continua ignorándose hará sencillamente inviable a la especie humana en un plazo no demasiado largo.
Convencerse de que no lo es, de que sólo nos queda hacer toda la guita que podamos o rezar y esperar un milagro (típicamente las dos cosas juntas) es degradarse por debajo del último microorganismo, convertir la vida en mera duración.
Llamar “paraíso” a lo que apenas es justo y razonable equivale a plantear con todo candor una escala de valores rastrera. Por lo demás, este risueño orgullo de creerse un vivo bárbaro por resignarse a lo atroz está estrictamente supeditado a que lo atroz acontezca bien lejos de la propia persona. Vea uno lo que ocurre cuando la injusticia toca el bolsillito de estos dilectos amigos de la ironía: la cacareada ataraxia deja paso al lamento amargo y aún a la combatividad más ruidosa, lo vimos en 2001.
El trabajo
De cada quien según su capacidad a cada quien según su necesidad, famoso postulado marxista, significa que el trabajo humano no debe ser un yugo, una carga y una maldición. Es una necesidad, sí, pero no tiene por qué ser una pesadilla. Si hoy lo es, es porque vivimos en un mundo de competencia perpetua en el que nadie tiene garantizado nada. Las declaraciones de derechos humanos se convierten en papel mojado frente a la regla de hierro: si se tiene se es, si no se tiene no se es.
“De cada quien según su capacidad” significa algo tan bobo como que el ser humano no debe trabajar por encima de sus fuerzas, porque el capitalismo –en su carrera demente– impulsa al ser humano no sólo a explotar a otros sino a explotarse antes que a nadie a sí mismo. El trabajo tiene que ser una función de las capacidades creadoras, acaso orientado por las necesidades sociales, pero no espoleado por la servidumbre, el esclavismo o el crecimiento del capital.
Y “a cada quien según su necesidad” significa que el producto social total del trabajo debe y puede perfectamente satisfacer las necesidades de todos. Si esto podía ser complicado en épocas pretéritas, la técnica actual hace que esto esté lejos de cualquier delirio utópico: con los sofisticados medios de producción que posee hoy el ser humano si todos trabajáramos más o menos en la medida de nuestras posibilidades y habilidades, el producto social total de dicho trabajo alcanzaría para satisfacer nuestras necesidades, incluso las recreativas.
Y es verdad: hay que tener la cabecita muy blanda para no ver algo tan simple.
El mundo fue y será una porquería
Pero el cuestionamiento que plantean los profesionales del desaliento se apoya siempre en la famosa “naturaleza humana”: ¿y si alguien se aprovecha? ¿Y si uno no trabaja un cazzo y vive del trabajo de los demás? ¿Ves que el ser humano es una porquería?
Lo que no entienden el cínico y el desesperado (que suelen ser la misma persona) es que el hombre cambia con su situación material. Lo que los filosofastros llaman “naturaleza humana” no es más que una colección de hábitos adquiridos bajo determinadas condiciones.
A esa sociedad descripta por Trotsky, que no es “paradisíaca” sino que se limita a no ser atroz, solemos contraponer escépticamente la imagen del ser humano actual, que efectivamente acosado por numerosas miserias no parece el sujeto de una sociedad en la cual nadie toma más de lo que necesita ni produce menos de lo que puede. Y por supuesto: dichos hábitos pesarían durante un tiempo incluso bajo nuevas condiciones, pero la nueva realidad los iría borrando como ya ha borrado otros muchos a lo largo de la historia.
Si trajéramos a un hombre de la antigua Sumeria a nuestra sociedad, seguramente incurriría en hábitos adaptados a su situación primitiva. Los hábitos adquiridos no están impuestos por más coerción que la costumbre de vivir bajo determinadas condiciones. Lenin ponía un buen ejemplo: si en medio de una multitud que asiste a un concierto dos tipos se agarran a piñas, esa misma multitud civilizada se encargará de separarlos. Es una buena aproximación –para que tomen nota los anarquistas– a la autoorganización sin necesidad de coerción estatal.
El negociete
No creo que esto sea ningún gran descubrimiento: detrás de esta escala de (des)valores hay un interés. Y es el interés del privilegio. El privilegio cuenta con nuestro desaliento, con nuestra renuncia a ser y a tener un futuro. Pero renunciar al futuro es renunciar también al presente.
Para impedir toda mejora es necesario declararla imposible, inviable. Se recurre entonces a la “naturaleza humana”. El filósofo burgués pinta al ser humano ambicioso, cuya máxima expresión de virtud son la hipocresía y los buenos modales. Es decir: pinta lo que moldea una sociedad que exige precisamente esos rasgos si se quiere “triunfar”. Y entonces declara: “¿Ven? El ser humano es así, no hay vuelta que darle”.
Cuando lo lógico es señalar los muchos ejemplos de generosidad de los que es capaz el ser humano incluso bajo condiciones muy poco favorables a la generosidad. Contrariamente a lo que se difunde desde el cinismo, la tendencia natural del ser humano no es otra que la de todos los seres vivos: el conflicto es sólo un último recurso. La violencia y la depredación son taras impuestas por condiciones objetivas, no resultantes de ningún “pecado original”.
La risa idiota
No hace falta tampoco entender qué clase de régimen político podemos esperar de quien declara inviable y utópica la mera idea de dar educación, salud, comida y vivienda digna a todos y cada uno de los seres humanos ¿Para qué otra cosa se supone que existe la ciencia política?
Sin embargo, como afirma Chomsky: si se declara que nada es posible, entonces se asegura que nada sea posible. Si tenemos una chance de ser viables como especie, es tener fe. Pero no fe en los vapores del más allá sino fe en nuestras propias fuerzas aquí y ahora.
Tengamos la insolencia de afirmar que los seres humanos podemos darnos una vida digna a todos y cada uno; y aún más que eso. Entretanto, podemos ignorar esa risa gárrula y neurasténica de aquellos que se congratulan del fracaso humano. Alegrémonos de no ser como ellos, de no compartir esa perversa imbecilidad.
Hay cosas mucho más interesantes para el oído. Elvis Schoenberg no me deja mentir, escuchen lo que hace el loco con la quinta de Beethoven:
21.10.09
Y dale con el origen
Durante el debate anterior se tocó obviamente la existencia o inexistencia de ese ente tan famoso denominado “Dios”. Tengo ganas de divagar más sobre el tema. Estoy seguro de que el lector sacará mucho provecho de estas lecturas al momento de amenizar sobremesas o intentar algún ocasional levante. Pero como siempre: es mejor leer a los que saben de verdad.
I – Un asunto original
La vieja pregunta acerca del origen de la existencia sigue allí, y en ella se esconden todos los dioses que hemos creado. Pero antes de debatir sobre la respuesta me atrevo a declarar que esa pregunta tiene trampa, que plantea supuestos falsos.
a) La Palabra
El ser humano está acostumbrado a hacer cosas, y también a ver unas cosas desarrollarse a partir de otras. Un alfarero fabrica un jarrón a partir de arcilla, una semilla se transforma en planta, las nubes devienen tormenta, y así. Eso es lo que observamos. Y entonces decimos: el alfarero creó el jarrón, la semilla dio origen a la planta, las nubes a la lluvia.
Percibimos el universo y para transmitirlo de nuestro entendimiento al del prójimo utilizamos unos fonemas representativos llamados “palabras”. Esta práctica es útil, pero tiene trampas que a veces no vemos; por el constante uso que hacemos de ella llegamos a confundir la palabra con la cosa en sí: primer paso a creer en abstracciones como si fueran la realidad.
El misterio del universo se revela a nuestros ojos en todo su esplendor en cuanto nos damos cuenta de que las cosas en realidad no tienen nombre: el perro no se llama “perro” ni el abedul se llama “abedul”. Hemos dado esos nombres a esos entes por cuestiones prácticas pero en realidad no vinieron con ningún nombre. No lo tienen como tampoco nosotros tenemos un nombre aunque nos hayamos acostumbrado a definirnos según algunos casuales fonemas (“ser humano”, “argentino nativo”, “estudiante”, “Alejandro”, etc.)
De aquí esa interpretación para mí pervertida del diálogo socrático que menciona Platón. No son las ”ideas” lo que el hombre busca fuera de la caverna sino todo lo contrario: el encuentro con las cosas reales a plena luz del día es lo que revela la distancia entre ellas y las ideas que se había formado sobre las mismas debido a unas condiciones de percepción deficientes. Para obtener la verdad el hombre va en busca de un contacto más estrecho con la realidad. Sus ideas sobre las cosas están supeditadas a la praxis y cambian con ella. La conclusión lógica del diálogo socrático es que la praxis manda y las ideas reflejan, conocer y aprender no son otra cosa que eso.
b) La Cosa
El famoso “origen” es una abstracción típica: hacemos una separación entre cualquier cosa y su origen; y así llegamos a pensar que en la realidad están tajantemente separadas.
Pero en realidad no se trata de dos entes separados sino de las distintas etapas en un mismo proceso de desarrollo. El alfarero y su jarrón pertenecen al mismo mundo, se mueven dentro de las mismas leyes y ambos forman parte del mismo proceso creativo. Es verdad: podemos distinguir en ellos a dos entes distintos, pero si vamos a ser sinceros ¿en qué momento exacto ese montón informe de arcilla se transforma en un jarrón? No podemos decirlo con precisión porque ese momento no existe, es una mera convención. El jarrón no es más que arcilla modificada mediante un proceso gradual; el alfarero no “creó” realmente cosa alguna, no sacó algo de la nada; sólo modificó los elementos ya existentes en su entorno.
La ciencia corrobora el punto: nadie “crea” una cosa de la nada porque nada se pierde ni se crea sino que todo se transforma. Descubrimiento nada tonto: todo está en permanente transformación, no hay en la realidad “origen” ni “fin”. Inventamos esas palabrejas para distinguir etapas de un proceso que en realidad es un continuum.
Separamos la semilla de la planta sólo para facilitarnos la clasificación del universo, pero como bien decía Borges en El idioma analítico de John Wilkins: en realidad no sabemos qué cosa es el universo. El interesante ensayo muestra los límites de toda clasificación, es decir, de toda abstracción. El examen más atento de la realidad nos dice que en verdad semilla y planta son una misma cosa, que el alfarero tomó elementos de la tierra y les dio otra forma, pero él mismo también es resultado de un proceso de transformación previo. Y a todos los procesos de transformación sucesivos y simultáneos que ocurren desde que tenemos memoria los llamamos “existencia”.
Preguntamos a renglón seguido por el “origen de la existencia” sin darnos cuenta de que el primero es sólo parte de la segunda, y que si la “existencia” tiene un origen, sólo puede ser dentro de otra existencia a la que remitirse. La pregunta es fallida: la existencia no puede tener origen.
II - God strikes again o El elefante tras la rosa
Esta separación fallida entre “origen” y “creación” es la que nos lleva a los dioses, que lógicamente son antropomórficos. Pero en realidad esto no resuelve el problema: si estamos preguntando por el origen de la existencia, entonces estamos hablando de TODA existencia. La religión no es más que un malentendido respecto de la palabra “todo”. El “todo” al que se refiere la religión es un “todo” chiquito, parcial, del cual el dios de turno está excluido rigurosamente: él sí no tiene origen, no tiene fin y es el muro frente al cual se estrella el conocimiento humano, según se enorgullecen las religiones.
Este efecto grandilocuente se logra de manera sencilla: para que los dioses sean inasequibles al conocimiento humano se los coloca cada vez más allá de la realidad: “fuera”, en lo “externo” del cosmos, en lo inasible / inverificable / incognoscible. Los dioses son así iguales al famoso elefante escondido tras la rosa, que prueba no su mera inexistencia sino su habilidad para el escondite. Y cuando uno se encoge de hombros diciendo que tales “existencias” inasequibles a la experiencia son irrelevantes, entonces vuelve el sacerdote a la carga:
- Ah no, mire: dios es así y asá. Hizo esto y quiere aquello, mandó a su hijo, ascendió al cielo, predicó en la tierra, se transformó en llamas…
- Pero caramba, ¿cómo es que sabe Ud. todo eso?
- La fe.
Para poder revelar a los dioses primero es preciso esconderlos del conocimiento normal, si fueran asequibles al conocimiento normal el sacerdote no contaría con ninguna “revelación” para hacer. Hay que poner al dios fuera del alcance de todo conocimiento humano justamente para poder afirmar de él lo que a uno se le cante sin tener que verificar nada. Del dios vendrán luego la legislación y el poder político, bien terrenales ambos. La historia humana está repleta hasta la náusea de leyes, reglas, edictos, mandamientos y poderes caídos del cielo.
Normalmente para justificar a los dioses se recurre a este ejemplo del origen y lo creado, que como vimos es arbitrariedad pura. Y esta es toda la prueba irrefutable que se consigue: como nada surge de la nada, entonces la existencia tampoco puede surgir de la nada ¿nocierto? Inmediatamente se fabrica el famoso origen y se lo llama “Dios”. Pero ¡ay! Resulta que si existe también tiene que tener un origen… Solución inmediata: lo declaramos eterno y decimos que a partir de ahí, pelito para la vieja, no podés indagar más, se acabó: no tiene origen, no tiene fin ¿Su propósito e intenciones? Ya mismo te explico, resulta que…
Cuando uno manifiesta dudas acerca del relato, inmediatamente se vuelve atrás: ¡Pero nada puede surgir de la nada, así que ALGO hay! Ese “algo” se vuelve a revestir con el invisible color de lo ignoto y se le vuelven a otorgar los atributos de lo desconocido para que sea admisible, puesto que todos los seres humanos con una mínima honestidad admitiremos que hay cosas que no sabemos:
- De acuerdo: no sé cuál era exactamente la situación antes del Big Bang
- ¿Lo ve? ¿Lo ve? ¡Ud. admite la existencia de Dios!
No, chantujes: Ud. está llamando “dios” simplemente a lo desconocido. Coloca a su dios bien lejos, fuera del cosmos y luego dice tan pancho que yo no lo puedo negar.
Lo gracioso es que la ciencia avanzó tanto que ya ni la estratósfera ni el espacio son escondites seguros, así que para colocar al dios fuera del conocimiento hay que mandarlo al –perdónenme el galleguismo gruesón– quinto coño de la inasibilidad. Para no ser negado adelgaza tanto que está un paso de negarse solo.
III – ¿Sed de absoluto? Aquí hay uno
Dejando de lado estas maniobritas, me parece que se puede intentar un planteo de esos de cafecito.
La expresión “origen de la existencia” presupone un estado antes del cual no había existencia. Esto es contradictorio con la palabra “origen”: no puede haber ningún origen en la “no existencia”, un origen ya presupone existencia.
- ¡Pero la existencia también presupone un origen, Jack!
Alguno podrá pensar que hemos caído en una trampa tonta, una inútil persecución del huevo y la gallina. A mí en cambio me parece que aquí está precisamente la respuesta.
Si descubrimos que nada se pierde ni se crea, y que en realidad no hay “origen” ni “creación” sino etapas de un proceso de transformación sin principio ni fin… ¿entonces por qué no suponer la eternidad de la materia y la energía?
En la realidad que conocemos nada se crea ni se pierde… Veo ahí un atributo de eternidad que ni pintado queda mejor, mire. No se puede, ninguno de nosotros puede “crear” cosa alguna (hacerla surgir de la nada) ni podemos realmente destruir nada (hacerla desaparecer, borrarla del universo). Ni la creación ni la destrucción son realmente posibles, sólo la transformación ocurre. Todas las “creaciones” (y también las “destrucciones”) que conocemos son en realidad transformaciones que se suceden en un continuum.
Nuestra manía de abstraer declara que el jarrón “no existía” antes de que el alfarero lo "creara", pero sólo se trata de una insuficiencia de nuestro lenguaje: en realidad el “jarrón” ya existía con otro nombre igual de arbitrario: “arcilla”.
Si la realidad está tan a la vista ¿por qué no aceptarla?
Al que me diga que esto es poco razonable, le responderé: menos razonable me parece sostener que –contra toda evidencia y aún contra toda lógica– la existencia tuvo un origen en un ente fuera de la existencia (¿?) que es a su vez eterno y sobre el que nada se puede saber, a excepción de lo que dicen unos señores vestidos con túnicas.
La eternidad de la materia/energía no es menos inconcebible para nuestra mente que la eternidad de cualquier dios, y de hecho es mucho menos arbitraria: puedo constatar que es tan imposible destruirla como crearla: si la eternidad no es eso que me expliquen qué es. Y si al final vamos a caer en la eternidad ¿por qué no reconocerla en aquello que a todas luces y frente a nuestros ojos es eterno?
- Está bien Jack, Ud. Habla de “la realidad que conocemos”, pero puede haber otras…
- Claro, pero de lo que no conocemos nadie puede hablar con autoridad, precisamente porque no lo conocemos ¿vio?
Si alguien anda con ganas de pavear, puedo remitirlo a este otro post mío en el que desarrollo el tema con la habitual mezcla de audacia, disparos en la noche y confusión general.
Pero estos divagues necesitan obviamente del aporte por parte de gente que realmente sepa algo del asunto, así que espero me iluminen.
Buenas tardes.
4.10.09
Trampas y origen de la creencia
Hace unos años hablaba con un judío ortodoxo de… ¿de qué iba a ser?, de religión, claro. No me explico muy bien por qué intentaba detallarme los pormenores de sus creencias ya que tengo muy poca madera de creyente. Le respondía con mis razones, que no son demasiado sofisticadas: no puedo creer en un dios bueno y al mismo tiempo todopoderoso. Basta echar una ojeada al mundo para darse cuenta de que si existe un creador es una cosa o la otra, pero no ambas; me parece que con eso basta para cuestionarlo.
A esto el ortodoxo me respondía que
- Es como si entraras a un cine con la película ya empezada, y te fueras antes de que la película termine. No tenés suficientes elementos de juicio.
La frase me iluminó, pero no en el sentido que él esperaba. Comprendí súbitamente las trampas que nos tiende la creencia.
La razón se parece a un asistente discreto que nos ayuda silenciosamente en todas y cada una de las cosas que hacemos: impide que nos estafen, nos pone en guardia contra la mentira, y nos permite constatar que la Carrió carece de toda coherencia. Aplicada sistemáticamente la razón se transforma en ciencia y permite acabar con la viruela y la poliomielitis.
Pero no somos muy agradecidos con la razón, más bien tendemos a restarle méritos. Una de las causas puede ser el hecho de que vivimos en un mundo competitivo, y no es raro que a nuestro alrededor nos inviten permanentemente a prescindir de nuestra razón. Cualquier curandero, vendedor de baratijas o insolvente consuetudinario que intente aprovecharse de nosotros lo primero que intentará es hacernos renunciar a nuestro juicio crítico, desarmándonos.
Los brujos y los sacerdotes cuentan con nuestro desaliento. Porque la razón es una herramienta, cuanto más la frecuentemos mejores resultados nos ofrecerá; ergo tenemos que poner algo de nosotros: el caletre debe abocarse, la mollera debe pensar. Es un esfuerzo sin duda, pero como ocurre con el ejercicio físico cuesta menos cuanto más se practica, y viceversa. Hoy sabemos más que ayer, ahí está nuestra herencia cultural y sus logros que prueban lo irrefutable: la supervivencia del mono desnudo es obra de su inteligencia.
Pero no nos basta. Queremos soluciones rápidas, inmediatas, cómodas. Y cuanto menos pensamos, cuanto más nos echamos en brazos de la creencia fantástica a la hora de resolver nuestros problemas, menos capaces somos de pensar por nosotros mismos, el juicio crítico se oxida, perdemos el hábito de juzgar según nuestra experiencia… nos comemos cualquiera, bah. Por eso los traficantes de ultramundos nos ofrecen soluciones que no piden de nosotros más que la pura y fervorosa creencia. No pienses hijo mío, la existencia tiene misterios pero yo los conozco porque tengo línea directa con lo Trascendente.
No hay más que salir a la calle para percibir esta sutil subversión de los valores: toda creencia es alabada como enorme virtud, y todo uso del pensamiento racional es defenestrado. En cualquier película de difusión más o menos popular ocurren hechos sobrenaturales que confirman la fe y desmienten a la razón. En el cine barato el sacerdote siempre derrota al científico porque "hay cosas que nuestra razón no alcanza a entender". Se fomenta la creencia de que cerrar los ojos y pegar alaridos es más efectivo para resolver cualquier problema que meditar cuidadosamente en términos reales.
A fuerza de esto la estupidez -me parece- se ha vuelto seductora.
Los antiguos hindúes vivían en una sociedad brutalmente dividida en castas. La movilidad social no existía y los parias -desgraciados entre los desgraciados- eran y aun hoy son oprimidos hasta que sus huesos crujen. La pregunta acude de inmediato: ¿qué mal ha hecho un niño para merecer ese destino adamantino? La respuesta de los opresores es simple: esta no es más que una existencia en un ciclo de muchas; cualquier mal que te alcance tiene su origen en pecados cometidos durante existencias anteriores. Similarmente: todos los privilegios de los que disfruto aquí y ahora me corresponden en recta justicia gracias a que he sido abnegado, sufrido, generoso y justo… en incontables vidas pasadas.
¿No es un caradurismo maravilloso? ¿Y no tiene una graciosa similitud con el ejemplo de la película en el cine? Todas las vidas pasadas y futuras que inventa el opresor demuestran una sola cosa: lo mucho que le importa esta existencia.
Cuando no se puede probar lo que se dice en este mundo, se recurre a otros mundos. El centro de gravedad de la existencia pasa así a estar fuera de la existencia, en el "más allá". Si algo es injusto o inexplicable en términos que podamos entender, entonces hay que justificarlo como una voluntad extraterrena, algo que tiene su explicación en “vidas pasadas” o la tendrá cuando ya estemos muertos. El sacerdote pide un crédito pagadero post mortem, que como todos sabemos es el mejor momento para rendir cuentas.
Se me dirá que la razón no ha resuelto un montón de cosas, que tenemos todavía muchas dudas. Y es cierto. Pero la razón ha desenmascarado ya demasiadas mentiras: una simple vacuna demuestra que la enfermedad y la muerte prematura están lejos de ser voluntad de ningún dios. Las invectivas contra el humanismo prometeico y satánico son los rancios chillidos del sacerdote; quiere seguir haciéndonos creer que él sí sabe y que nosotros no sabemos ni podremos saber nunca si no es por su intermediación munificente y salvífica.
Hija secreta de nuestra desidia, la creencia se alimenta de la impotencia. Los fantasmas se desvanecen allí donde vemos claro, pero prosperan a la sombra de la ignorancia. Atónito he escuchado a algunos creyentes burlarse de las insuficiencias de la razón con una risa crispada y revanchista, como si las derrotas de la razón no fueran también sus derrotas. No puedo evitar asociar a esos infelices con los drogadictos que te llaman “careta” sólo porque uno no comparte sus miserias; lo del opio de los pueblos no deja de ser una definición sorprendentemente certera.
Una demostración vale más que el reino de los persas, decía Demócrito; y yo diría que vale mucho más que cualquier reino. Se me dirá que soy enemigo de la fantasía, y responderé que nada me parece más fantástico que la realidad. Que el mundo ofrece toda clase de maravillas (y espantos) perfectamente reales, y que el deseo de "otra" existencia es más bien una muestra de impotencia para transformar ésta, aquí y ahora.
No sé qué cosa serán los diversos Paraísos, pero digamos que mis aspiraciones son mucho más modestas. Montones de cosas me reconcilian con la existencia y me permiten intuir lo que este mundo podría ser si fuéramos un poquito menos tontos.
Les presento una de esas cosas, Jun Togawa ejerce la belleza:
6.9.09
Más cuentitos sin moraleja ni provecho
El Sr. Gildegomi era un laburante argentino de esos con corbatita. Desde hacía décadas veía como el poder adquisitivo de su salario caía y caía y caía, y no había piso que lo detuviera. Así que un día el Sr. Gildegomi fue a ver al Sabio Gurú Que Aparece en Televisión y le preguntó:
- Oh Sabio Gurú Que Aparece en Televisión, ¿podrías explicarme por qué mi magro salario cae y cae y cae?
- El problema es simple, pequeño mortal. Sucede que un ogro malvado llamado Estado Keynesiano gasta enormes sumas de dinero para dárselas a vagos e ineficientes. Así se ha generado una bestia llamada Déficit Fiscal, la cual no deja que los esforzados empresarios de la patria acumulen la suficiente cantidad de teca. Y como no logran acumular un toco de teca, entonces a ti no te toca ¿Capito?
- Ah...
- Hace falta pues que el ogro malvado deje de intervenir en la economía y permita jugar a las libres fuerzas del mercado, así eliminaremos a Déficit Fiscal y los esforzados empresarios de la patria acumularán y acumularán y acumularán hasta que no les quepa más guita en los bolsillos. En ese glorioso momento, la guita caerá de ellos y se derramará generosamente sobre ti.
- Aaaaah... ¡mire qué bien!
- Lo que debes hacer entonces es gritar con todas tus fuerzas para que el ogro Estado Keynesiano deje tranquilos a los esforzados empresarios de la patria que generosamente te dan trabajo, así se llenarán sus bolsillos y las mieles de la abundancia caerán sobre tu cabecita.
- ¡Pero qué macanudo!
Así que el Sr. Gildegomi gritó y gritó:
-¡Fuera el Estado Keynesiano! ¡Basta de cobrar impuestos a los que producen! ¡Hay que eliminar el Déficit Fiscal! ¡Basta de darle guita a vagos ineficientes! ¡Estoy con el campo!
Y efectivamente el estado se desprendió de todas las empresas, desnacionalizó los servicios, disminuyó todos los presupuestos, bajó las retenciones. Todo se convirtió en mercancía privatizada: la salud, la educación, la vivienda, las jubilaciones, la comida; todo fue campo fértil para los negocios privados y así las bolsas subieron y subieron. El Sr. Gildegomi pudo soñar con que era Gordon Gekko, se fue a la calle Florida y por U$S 200 se compró un buen par de tiradores ridículos.
Pero el salario del Sr. Gildegomi no crecía sino que seguía disminuyendo. Así que fue a ver al Gurú y preguntó nuevamente:
- Disculpe, o sea... ¿Qué onda?
- No seas impaciente, pequeño mortal. Estas cosas llevan tiempo y negocios muy importantes están en marcha. Los esforzados empresarios de la patria trabajan día y noche juntándola con pala y no pueden fijarse en huevaditas.
- Pero tengo que comprarle zapatos a los pibes, los libros de texto están carísimos, el alquiler se fue por las nubes...
- ¡Insensato! -rugió el Gurú- ¿Crees por ventura que tus miserables minucias tienen prioridad sobre los sagrados intereses del país? ¿Cómo osas anteponer tus mezquinos avatares personales sobre asuntos cuya importancia exceden largamente tus carnales apetitos de gusano materialista? ¿Acaso eres un comunista resentido sin dios y sin patria? ¿Eh?
- No, no, nada más lejos...
- Ten paciencia, valoramos tus esfuerzos -dijo el Gurú con una voz más dulce y mostrando a lo lejos un tenue resplandor de donde venían confusos ruidos de fiestas privadas, el eco de copas entrechocadas y coristas bailando pegadas al caño- ¿Ves allá a lo lejos esa lucecita al final del túnel?
- Más o menos...
- Allí hay hombres probos y gente linda y salas VIP con señores que trabajan duro día y noche para que en una gloriosa jornada futura se derramen las mieles del éxito sobre ti, que no haces otra cosa que cumplir un simple horario y fichar tarjeta sin preocuparte de nada ¿Entiendes, oh desagradecido? Está allí el futuro venturoso en el que los bolsillos de los empresarios estarán tan llenos que se derramará la abundancia sobre tu pequeña mollera ¡Mira las bolsas! ¡Mira las nuevas tecnologías! ¡Estamos implementando el nuevo sistema! Observa este pauerpoint: Misión, Visión, Valores ¡Nuestro crecimiento anual fue de un toco por ciento y hemos hecho caja por dólares una parva!
- Si claro, pero es que me vence el cable y...
- Estamos mal pero vamos bien, recuérdalo. Sólo que el maldito estado aún no deja en paz a los hombres virtuosos, todavía pagan pesados y abusivos impuestos y no pueden siquiera aumentar su colección de Ferraris ¡Y no olvides que en parte es tu culpa, porque con tu mentalidad estatista y retrógrada no has gritado con suficiente fuerza! ¿Acaso no quieres pertenecer al selecto club? Pues eso requiere esfuerzo, amiguito. Pertenecer tiene sus privilegios, pero debes ganártelo.
Así que el Sr. Gildegomi se ajustó aún más el nudo de la corbatita, puso cara de yuppie feroz, redobló sus esfuerzos y laburó catorce horas por día en la city porteña. Y cada vez que podía opinar vociferaba que la libre empresa, que hay que trabajar duro, que el estado aún es ineficiente y deficitario, y que parece mentira que el aire sea todavía gratis. Sólo por pronunciar estas sentencias el Sr. Gildegomi ya se sentía un poco parte del estáblisment. Encima la empresa le dio una blacberri llena de botoncitos que se complacía en exhibir -siempre onda cashualgüear ¿viste?- ante sus amistades, aunque tuviera que contestar imeils a las cuatro de la matina.
Ya todo estaba privatizado, entidades financieras se quedaron incluso con el manejo de la guita de las jubilaciones, la economía estaba desregulada hasta las verijas y no había actividad que diera guita que no estuviera en manos privadas. El cuco comunista cayó, el mercado era libérrimo por todo el planeta ¡Aleluya!
Pero pasaban los años y el derrame famoso no llegaba. El Sr. Gildegomi no sólo no vio crecer su salario sino que incluso tuvo que empezar a pagar por cosas que antes eran más o menos gratarola. Mandaba a los pibes a escuelas privadas de cuarta sólo porque tenían uniforme. Sin embargo siguió creyendo en las profecías del Gurú, porque las bolsas subían y subían. Hasta que un día...
- ¡¡El derrame!! ¡¡Por fin!! ¡Ahora viene la posta! ¡Abran cancha, manga de vagos, y sírvanme un champú del bueno que me lo gané laburando! ¡Quiero mi ascenso! ¡Iujuuuuuu!
No, no. No vino ningún derrame. Lo que vino fue la Gran Crisis Gran. Todo voló por el aire. Los informes optimistas cambiaron de un día para el otro por profecías oscuras, siniestros anuncios recorrieron el planeta. El estado -sí, ese ogro despilfarrador cuyas cuentas debían ser severamente recortadas- ¡...de repente fue llamado a poner ingentes cantidades de guita! Pero no para socorrer al Sr. Gildegomi, nada de eso; sino para tapar súbitos agujeros negros en los creativos balances de prósperas y reconocidas firmas presididas por directivos con generosos sueldotes de los que nunca más se volvió a saber qué onda.
Nadie más habló del terrible Déficit Fiscal, se acabó la prédica de la austeridad en el gasto público y la prescindencia del estado en la economía. Igual ojo: el ogro Estado Keynesiano no volvió, porque donde se recortó el presupuesto ya no se volvió invertir, pero quichicientosmil millones de verdes cayeron en bolsillos que ¡oh sorpresa! no sólo no se habían llenado sino que parecían mucho más hambrientos -y obviamente prioritarios- que cualquiera de esos morochitos de África o el norte argentino.
Así que el Sr. Gildegomi fue a ver al Gurú con las manitos agarradas tras la espalda y le preguntó:
- Oh Gurú... Oh sabio maestro... Oh dueño del insondable futuro... ehhmmmm... esteee....
Pero el Gurú se encontraba muy ocupado renegociando unos contratos y al parecer estaba a las patadas con unos señores importantes (que parecían algo resacosos) por el cobro de unas primas. El Sr. Gildegomi pudo oír de pasada unas palabras sueltas:
- ... o sea, yo quiero mi parte... sí, ya sé hay que seguir... el verso... la gilada... OK, pero el tanto por ciento para mi... Se pudre todo... y… ya inventaremos alguna otra cosa…
Y apenas notó la presencia del Sr. Gildegomi el Gurú se dio vuelta, lo miró como quien descubre un insecto sobre la milanesa con fritas y le dijo:
- ¿Y a vos quién te juna?
Así que el Sr. Gildegomi le recordó:
- ¿No se acuerda maestro? Soy yo... ¿hay algo de lo mío?
- ¡Ah! Si, si, claro... vos... -se puso serio- Mira hijo mío: hay graves problemas por causas muy complejas que tú jamás entenderías. Los grandes asuntos de la economía mundial son muy pero muy difíciles y estamos trabajando duramente para solucionarlos, así que no podemos ocuparnos de boludeces. Bien harías, infecto mortal, en dejarnos trabajar a mí y a estos señores que tratamos de evitarte males mayores. Así que quédate quietito y muzzarella.
- Pero... ¿Y el derrame?
- ¿Derrame? ¡¿Pero de qué me hablas, obtuso cenutrio?! ¿No sabes cómo están las bolsas? ¿Acaso te imaginas las preocupaciones por las que estos importantes señores están pasando? ¿Es que ignoras los apuros económicos de aquellos que ya no pueden ni siquiera mantener su flota de aviones privados? ¿Crees acaso que esta vida regalada que estás haciendo será para siempre? Lo que tienes que hacer es volver a tu casa y rezar mucho a San Cayetano para que te conserve el laburo. Mucho agradecerás si no terminas arrojado al Infierno de los Excluidos. Y mejor que no alces la voz ni te metas en cosas raras porque de otro modo te perseguirán la policía y sus perros; que, créeme, son casi indistinguibles.
Así que vía pibe, derechito por la tapuer y respetando la fila. ¡Aire, va!
Y así el Sr. Gildegomi aprendió que...
Bah, en realidad soy muy optimista. Lo más probable es que todavía no haya aprendido un pomo.
Y colorín colorado, seguí participando.