19.4.07

Antonio Negri, John Holloway o Teoría y Praxis de la Impotencia

Bueno acá va una notita que leí por ahí. La escribió un amigo mío así que no creo que se enoje por el plagio (además ya se la copiaron en un par de sitios...), je.

I – Breve panorama de la resistencia al capitalismo

La influencia de propuestas nefastas en los movimientos de resistencia al capitalismo es hoy uno de los problemas principales con los que se enfrentan. Los rasgos más característicos que se pueden enumerar son:

1) Cuestionamiento y dudas respecto del papel de la lucha de clases.

2) Desconfianza hacia el surgimiento de cualquier dirección.

3) Elogio y exploración del espontaneísmo, la fragmentación y la falta de centralización tanto organizativa como estratégica y aún táctica.

4) Como extensión de lo anterior: desconfianza hacia la idea misma de una ideología, una agenda o un plan de acción determinado.

5) Tendencia a evitar todo enfrentamiento directo con el poder, intentos de "separarse" del modo de producción capitalista mediante "alternativas paralelas", y como consecuencia: cuestionamiento del concepto mismo de "poder", que desemboca en la aceptación más o menos consciente de convivencia con el poder establecido.

6) Aún más allá, y afectando ya áreas que se alejan del pensamiento marxista propiamente dicho: cuestionamiento de la razón humana en sí misma, dudas acerca de su capacidad para hacer concebible la realidad y actuar sobre ella, rechazo de toda certeza como imposible y/o peligrosa, etc.


Es muy útil observar la curiosa coincidencia en la dirección involutiva que forman todos estos puntos. Todos ellos están en mayor o menor medida presentes en el pensamiento que podríamos llamar "altermundialista" y es difícil que se formule uno de ellos sin caer en el resto. La razón es que todos tienen un origen común, que podemos cifrar en dos hechos:

a) La caída del socialismo real en los países del este como consecuencia de la nefasta política de la burocracia stalinista.

b) La derrota de los movimientos revolucionarios en el Tercer Mundo durante los ’70.

En alguna medida esta confusión e inseguridad es entendible en las masas, en los trabajadores no conscientes, en la pequeño burguesía y en el pueblo en general, ya que toda derrota trae su reflujo y su lógica necesidad de recomposición.

Mucho menos entendible es en personas que se autodenominan intelectuales marxistas. El intelectual revolucionario debería justamente señalar la confusión y el retroceso como lo que son: problemas. Sólo así se los puede tomar como punto de partida para una reformulación o desarrollo crítico.

Pero el sistema alienta a "intelectuales" que se limitan a reformular en términos teóricos la impotencia y la confusión para legitimarlas. Estas personas – no importa cómo se autodenominen – trabajan así objetivamente de forma consciente o inconsciente para el poder.

Es también muy interesante constatar que toda esta producción teórica es presentada como "alternativa", "heterodoxa" y supuestamente superadora del marxismo "oficial", "ortodoxo", "dominante" y por supuesto "obsoleto". Pero mientras este "nuevo marxismo" o nuevo pensamiento de izquierda se presenta como "lo alternativo" la realidad es que de alternativo tiene muy poco: sus libros, artículos y opiniones tienen una difusión ensordecedora, es imposible no topárselos en cualquier revista, programa o librería. Los medios masivos los publicitan desaforadamente y cualquier crítica a sus postulados es tachada inmediatamente de sectaria o pasada de moda. El marxismo ortodoxo en cambio no tiene el menor espacio.

Así que analicemos a dos destacados exponentes de esta brillante superación del pensamiento marxista y veamos qué nos pueden aportar:

II - Antonio Negri

Es uno de los más conocidos teóricos europeos. Dice ser marxista, lo cual – visto cuánto se ha manoseado a Marx a lo largo de la historia – no debería alentar la inmediata aprobación de nadie.

Es difícil desentrañar teóricamente a Negri, no porque sus planteos sean complejos sino sencillamente porque son vagos, imprecisos y tienen tantas lagunas que uno se pregunta si ha leído bien. De esa vaguedad e imprecisión es difícil separar conclusiones teóricas de meras afirmaciones banales, tópicos y clichés repetidos que pueden clasificarse fácilmente entre los seis puntos anteriormente mencionados.

Veamos una de sus tesis: la decadencia del estado-nación, que es la que daría origen a su "nuevo sujeto histórico", la "Multitud", que vendría a reemplazar al proletariado.

"Estados Unidos no constituye - y en realidad ningún Estado-nación puede hoy constituir - el centro de un proyecto imperialista. El imperialismo ha terminado. Ninguna nación será líder mundial como lo fueron las naciones europeas modernas" (1)

Nótese en principio la alegre autonomía de este postulado respecto de la realidad: en estos momentos EEUU lleva a cabo un feroz unilateralismo belicista mundial que ha abolido lo poco que quedaba incluso de las apariencias de un derecho internacional, sostiene dos guerras imperialistas al mismo tiempo (Irak y Afganistán), amenaza con nuevas y alberga – junto con Europa – al 75% de las grandes corporaciones multinacionales que tienen allí sus centros de operaciones. Es imposible no ver la vinculación de los estados imperialistas con la OMC, las Rondas Comerciales Doha, el Banco Mundial y el FMI, organismos a través de los cuales ejercen su política.

Un marxista diría que el estado es un instrumento de la gran burguesía, adaptado a los intereses de esta y sujeto a sus contradicciones. Pero Negri – frente a quien todo parece difuminarse – ha descubierto que las clases también están desvaneciéndose misteriosamente:

"El potencial comunista de la multitud es infinitamente superior a la del proletariado" (2).

Cabe preguntarse qué cosa es el "potencial comunista" y por qué es mayor en la "multitud" que en el proletariado. Obsérvese – recordando los puntos citados arriba – la tendencia a la vaguedad, la imprecisión y la impunidad para dejar de lado cualquier pregunta lógica: ¿Cómo se resuelven los intereses de clase dentro de la propia "multitud"? ¿En virtud de qué interés material actúa la multitud si no es un interés de clase? El concepto mismo de "multitud" por oposición a "proletariado" no puede tener otro objeto que negar la importancia de éste como clase y negar el interés de clase como fuerza motora de la acción política. ¿Qué queda de Marx luego de esto?

Por otra parte esto no tiene nada de nuevo más que en su terminología: la célebre "multitud" negriana cumple la misma función que el "pueblo" en las distintas ideologías populistas tomado como sujeto histórico exclusivo para subsumir al proletariado en las masas, negándole su papel dirigente. Incluso el concepto "multitud" representa un retroceso en este sentido. Negri, como tantos intelectualoides posmodernos, presenta una visión vulgar, desecha el análisis y borra diferencias. Esto se conoce hoy día como análisis "superador", quizás porque entiende superada la necesidad de analizar nada.

En cuanto a la organización política de la "multitud" Negri aboga por la horizontalidad reticular, la microrred, el rizoma y otras seductoras definiciones copiadas del posmodernismo europeo:

"Este modelo democrático es lo que Deleuze y Guattari llamaron un rizoma, una estructura en red no jerárquica y sin un centro". (3)

Podemos proponer subir la apuesta: ya que se trata de horizontalidad y de acabar con todo centro jerárquico formemos grupos lo más reducidos que sea posible: una persona. Actuar cada uno por su cuenta, ejemplo perfecto del respeto por la "singularidad" y la organización horizontal / reticular / microrrizomática, sin odiosas imposiciones ideológicas ni centralismos autoritarios. Cada uno en su casa haciendo lo que quiere y le gusta ¿qué puede ser más democrático que esto?

Pero Negri ni siquiera pretende que esta multitud luche contra la gran burguesía. Fiel a la praxis que ya había propuesto al proletariado italiano en los ’60, Negri – junto a todo el posmodernismo teórico – quiere que la oposición al capitalismo se centre en una multitud de pequeñas resistencias, microrredes, horizontalidades reticulares y demás nombres que hoy recibe la impotencia. Disfrútese de esta joya:

"En la posmodernidad, (...) La resistencia se da como difusión de comportamientos resistentes singulares. Si se acumula, lo hace extensivamente, en la circulación, en la movilidad, en la fuga, en el éxodo, en la deserción multitudes que resisten difusamente, escapan de los grilletes cada vez más estrechos de la miseria y del comando. No hay necesidad de toma de conciencia colectiva: el sentido de la rebelión es endémico, atraviesa toda conciencia y la hace rebelde. (...) Así la rebelión no se puntualiza ni se uniforma, pero corre en el espacio del común y se difunde como omnilateralidad incontenible de los comportamientos de las singularidades. Así se define la resistencia de la multitud." (4)

Asombroso: la resistencia al poder se da a través de... ¡la fuga, el éxodo y la deserción! Este es el efecto más perverso de la prédica en la izquierda posmoderna: hacer de la necesidad virtud. Estas "multitudes que resisten difusamente" son evidentemente las víctimas del capitalismo incapaces de organizarse y unirse, aisladas, sin programa, sin herramientas, huyendo como pueden del desastre. Esto es lo que Negri presenta como una cosa excelente ya que la "multitud" es así una suma de "singularidades", en criollo: gente aislada o como mucho en grupitos chiquitos. Para más hundimiento: "no hay necesidad de toma de conciencia colectiva".

Uno no puede menos que coincidir: es verdad, para la fuga y el éxodo no hace falta ninguna toma de conciencia. Basta con vestir la catástrofe de términos seductoramente pedantes como "omnilateralidad" cuyo significado – nuevamente en criollo – es claro: corremos todos para cualquier lado.

¿El gran capital? Preocupadísimo.

III - John Holloway

Es aún menos serio, si cabe. Tiene la innegable virtud de ir aún más lejos que Negri y tomar valientemente el toro por las astas. Desde el título de su libro Holloway nos espeta: Cambiar el Mundo sin Tomar el Poder. Nada de medias tintas, declaración de principios desde el vamos.

Pero antes de que nadie invierta su tiempo leyéndose las más de 300 páginas de su libro en busca del "cómo", Holloway y la crítica laudatoria nos advierten que el suyo no es un libro de recetas – ¿qué es eso de andar buscando respuestas? – así que en la anteúltima página del libro el autor se pregunta "¿cómo cambiamos el mundo sin tomar el poder?" para responderse: "no lo sabemos". Y más adelante: "ya no sabemos que significa revolución (...) hemos perdido toda certeza" (5).

Poco queda sino agradecer al maestro.

Nuevamente aquí podemos ver en toda su claridad esta perversa forma de "fomentar el debate": se comienza postulando una tesis, pero en cuanto alguien pregunta por qué y cómo (que se supone eso es debatir) la respuesta es un despreocupado: "no lo sabemos", "las certezas son peligrosas", "buscamos incitar a la reflexión más que dar recetas". Bien, Holloway y cía, si las certezas son peligrosas entonces ¿por qué mejor no se abstiene Ud. de afirmar las suyas?

En el fondo este libérrimo libertarismo esconde un autoritarismo profundo, ya que postula alegremente cualquier tesis sin necesidad de fundamentarla y al mismo tiempo refuta severamente cualquier punto de vista opuesto acusándolo de no querer el debate. Precisamente queremos debatir, así que si se nos va a sugerir un curso de acción nos encantaría entender el por qué. Si la respuesta es un simple encogimiento de hombros entonces por favor, deje paso a quienes sí tienen una idea.

Holloway niega al estado: "Un mundo digno no se puede crear por medio del estado" (6). Demás está decir que esta negación radical – que parece muy revolucionaria – es otro grosero emborronamiento histórico. Sin duda para Holloway el estado feudal, el estado democrático burgués y el estado obrero son más o menos lo mismo. Un poder revolucionario y un poder reaccionario no se diferencian en nada, por lo que Idi Amin, Kirchner, Fidel Castro o Luis XVI no merecen que se los diferencie. Aquí los modos de producción no cuentan, y por lo tanto tampoco las clases. Pero eso sí: Holloway se declara un "marxista autónomo", lo que sea que eso quiera decir.

Holloway, como Negri, intenta también obviar la importancia de la clase obrera en el desarrollo histórico, al menos el actual, recurriendo al caballito de batalla de su "declive numérico", su menor peso social o la aparición de nuevas formas de "producción inmaterial". Este repetido argumento es un viejo conocido pero perfectamente refutable. Baste decir que ni el trabajo inmaterial es nuevo en el capitalismo, ni puede obviarse que el declive del proletariado en ciertas industrias de producción directa está compensado con el crecimiento en los sectores relacionados con la circulación de mercancías, la proletarización de numerosos trabajadores en sectores de servicios o la aparición de proletariados en otras áreas del mundo, como el sudeste asiático. Cualquiera que mire a su alrededor y se pregunte cuáles de los bienes que lo rodean no han sido hecho por la intervención directa de un trabajador puede contestarse fácilmente la pregunta sobre el famoso "peso social".

En cuanto a las estrategias de lucha, no deja de ser más de lo mismo, a tal punto que es tentador preguntarse qué tan necesarios son Holloway, Negri, Zizek, Hardt, si basta que uno hable para escucharlos a todos. Como muestra gratis Holloway nos recomienda una experiencia que todos conocemos en Argentina: el Club del Trueque:

"¿Cómo conectar estos proyectos alternativos, entre sí y con la sociedad en general? Si se hace a través del mercado, terminan dominados por el mercado. No se puede hacer a través de la introducción de una planificación central porque esto supone estructuras que no existen y que no pueden existir en este momento. La articulación se tiene que hacer desde abajo, de forma experimental. En Argentina actualmente, el movimiento de trueque en sus mejores manifestaciones es un intento de desarrollar otras formas de articulación entre productores y consumidores (prosumidores), pero todavía está en sus inicios." (7).

Atención: ni el mercado ni la planificación centralizada; obsérvese en cambio lo preciso y científico de la definición "desde abajo", la referencia al chanta reaccionario Alvin Toffler (inventor de los "prosumidores"), y la cauta aclaración de que la experiencia "aún está en sus inicios".

No está demás una breve reseña de esta brillante experiencia. Empecemos por describir lo que es: el Club del Trueque no es más que un mercado capitalista precario dentro de un mercado capitalista subdesarrollado, imagine el lector las perspectivas. No hacen falta muchas luces para entender que este sub-mercado heredará todas las miserias del principal, y hasta es posible que ninguna de sus ventajas.

Y así ha sido efectivamente: los créditos o moneda circulante del trueque no tardaron en generar inflación, falsificación, estafas y avivadas varias. El Club del Trueque murió aproximadamente al año mismo de nacer, pero Holloway no pudo enterarse claro, porque para ese entonces estaba dando entrevistas en Italia. Hizo bien sin embargo en aclarar que la cosa "está en sus inicios" como para cubrirse de las posibles críticas de los marxistas obsoletos que no nos dejan soñar tranquilos.

Es desolador ver como el inicio se parece tanto al fin.

IV - Conclusiones

El movimiento "altermundista" no llegará absolutamente a ningún sitio mientras no se plantee las desagradables verdades que la presión de los sectores pequeñoburgueses le impone ignorar: no hay espacio para fantasías, ni para imprecisiones pedantes disfrazadas de teorías para fomentar la autocomplacencia. La fuerza del legado de Marx ha impulsado siempre a multitud de chantas ansiosos por "superarlo", por "ir más allá" y por ejercer interminablemente una erudita ignorancia en su nombre.

Desenmascararlos es urgente, necesario y algunas veces hasta podría llegar a ser divertido, si no hubiera problemas tan graves de por medio.

David León

Bibliografía:

1) Imperio, Antonio Negri, Michael Hardt, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2002 pág. 15.

2) Entrevista L’Humanité, A. Negri, M. Hardt, 23/01/2005.

3) Imperio, Antonio Negri, Michael Hardt, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2002 pág. 278.

4) Kairos, Alma Venus, Multitudo: nove lezioni impartite a me stesso, Antonio Negri, Manifesto Libri, Roma, 2000. pág. 91-92.

5) Cambiar el Mundo sin Tomar el Poder, John Holloway, Revista Herramienta, Buenos Aires, y Universidad Autónoma de Puebla, México, Octubre de 2002 2da. Edición, pág 308.

6) Contrapoder. Una Introducción - Doce tesis sobre el anti-poder, John Holloway, Editorial De mano en mano, Bs. As. 2001, pág. 73 además de numerosas entrevistas.

7) Entrevista de Vittorio Sergi - Semanario Carta, John Holloway, 04/03/2002.

10.4.07

Otra víctima de la represión

La frase es un lugar común, ya sé, pero que se haya convertido en un lugar común es lo... ¿cómo decirlo? ligeramente inquietante.

Menos mal que tenemos un gobierno progresista y de izquierda y peperepepé. Si llegamos a tener un gobierno reaccionario no me quiero imaginar: condecoraciones al cana asesino, se decreta día de fiesta... no sé.

Es muy gracioso, si cabe el término, ver al presidente hablar de Neuquén como si fuera otra república. La esquizofrenia argentina es maravillosa, como lo único "de izquierda" permitido es el discursito, persisten las estructuras económicas ergo persiste la defensa de los intereses, ergo persiste el conflicto, ergo persiste la represión. Pero hay un discursito instalado, eso es lo bueno.

Y esta esquizofrenia lleva a compartimentar todo de una manera genial, el presidente es el presidente del discursito y lo demás lo manejan otros: la policía es incontrolable, cosa del gobernador, el ministro, el intendente, vaya uno a saber. Que alguien muera durante la represión es criticado por el presidente como si no tuviera la menor responsabilidad. Parece que matar a alguien o no no es una cuestión de estado sino más bien materia de política provincial, problemitas locales. Las leyes de tránsito son más homogéneas a nivel nacional que las políticas de represión.

Si un policía torturador puede permanecer en su puesto y matar a un manifestante por la espalda entonces cabe preguntarse qué clase de gobierno se tiene y qué es lo que se vota en las elecciones.

Y si la vida es tan importante y la violencia es lo que nos inquieta entonces ¿no cabría empezar a debatir qué tan útiles son las armas en manos de la policía? Me interesaría muchísimo saber cuántas muertes ha evitado en los últimos - digamos - veinte años y cuántas ha provocado. Como para hacer un balance de costo-beneficio. Porque a tenor de las declaraciones que hay que oír parece que la vida humana vale menos que la circulación de automotores.

Eso sí: por favor, que no vuelva la violencia ¿eh? La violencia es mala, muy mala, menos mal que vivimos en paz, aunque los que ya fueron asesinados no estén ya para disfrutarla.

30.3.07

Leopoldito II o nuestra conciencia muerta.


En un post ya algo lejano me metí con el rey Balduino I de Bélgica a propósito de una pequeña hipocresía. Hoy me voy a meter con un antecesor suyo, y por algo bastante más gordo.

Quien camine por Bruselas verá hermosas construcciones. Disfrutará sin duda del Palace de Justice por ejemplo, o de las Arcades du Cinquantenaire; pero disfrutaría menos si supiera cómo se obtuvo el dinero para lograr estas cumbres de nuestra cultura.

El que impulsó y financió estos alardes de gusto fue con justicia llamado "Rey Constructor" por los belgas, aunque con más justicia podría llamárselo de otras maneras. Su busto anodino y respetable decora numerosos museos, y en Bruselas existe incluso un boulevard con su nombre, muy cerca de donde se ha alojado durante más de un año el autor de estas notas.

La burguesía belga enseña hoy a los niños en sus escuelas el nombre de este hombre con patriótico respeto, así que no estará de más conocerlo.

Leopoldo II reinó en Bélgica desde 1865 hasta 1909, año en que libró al mundo de su presencia. Fue incensado en su momento por los medios, la iglesia, los gobernantes y cuanto bípedo viviente amante de la civilización se paseara por ahí.

Era un hombre inteligente, culto y creativo pero fundamentalmente un hombre de negocios. De buenos negocios. Estaba imbuido por la noble idea de trepar lo más alto posible. Y lo hizo. Veamos cómo, a ver si aprendemos algo.

África – todos lo sabemos – es un continente de gente atrasada, de costumbres burdas, sin modales. Gente bruta, vamos. Los occidentales lo sabemos bien ¿Qué mejor que ayudarlos y enseñarles las cosas buenas de la vida? Hoy como ayer desbordamos humanitarismo y buenas intenciones. Leopoldito hizo de las intenciones acción y puso manos a la obra.

En 1876 creó con un grupo de inversores la Asociación Internacional Africana, que en 1879 financió la expedición al río Congo, en el centro-sur del continente africano. Desde esas fechas en adelante el mundo supo que el rey de los belgas conducía una desinteresada cruzada humanitaria: llevar la fe cristiana y la civilización a esa manga de salvajes.

Estratega sin igual en relaciones públicas, Leopoldito invirtió mucho en publicidad. Periodistas adecuadamente incentivados con billetes cantaron las loas previstas. Diversas conferencias fueron brindadas a las que asistían dignatarios, intelectualetes y muchos sacerdotes católicos, ya que la iglesia apoyaba calurosamente la tarea de llevar el evangelio a los caníbales y tuvo una participación destacada, ya vamos a ver cómo.

El Estado Libre del Congo – nombre no exento de ironía en el adjetivo que lo compone – no constituía siquiera una colonia sino una propiedad personal de Leopoldito. Un territorio en forma de cuadrilátero, similar al de la actual república del Zaire, con una estrecha salida al mar y un potencial de explotación impresionante: caucho, resina de copal, diamantes, marfil y otros tantos bienes de los que esos negros no tenían ni la menor noción.

Bien, hacia 1890 empezaron a oírse unas voces algo discordantes. El escritor norteamericano George Williams, el belga Edmund Morel, representante de una compañía naviera en Bélgica y el entonces cónsul británico Roger Casement (más tarde resistente irlandés fusilado por la corona) empezaron a denunciar que el mayor beneficio que podía esperar un nativo en esos momentos era vivir un día más. Se levantó una polémica internacional con diversas acusaciones, se escribieron toneladas de estupideces acerca del valor de la civilización occidental, se lanzaron campañas de difamación... pero la verdad llega. Tarde. Pero llega.

El famoso Estado Libre del Congo era un gigantesco campo de concentración. Los historiadores más serios calculan que entre cinco y diez millones de nativos fueron exterminados. Pueblos enteros eran masacrados si no cumplían con las cuotas de producción. La tortura era no la excepción sino la regla, métodos didácticos para aumentar los beneficios fueron empleados generosamente: corte de manos, pies o brazos a quienes no demostraran el debido amor al trabajo, latigazos, tortura y asesinato de niños frente a padres retobados, en fin: la civilización occidental y cristiana.




Para llevar a cabo esta sublime cruzada Leopoldito organizó un ejército de mercenarios llamado Force Publique, compuesto por cuanto lumpen paseara por Europa interesado en hacerse unos mangos. Se investía a esta basura blanca de un uniforme de oficial y se los mandaba de cacería a reclutar nativos, que pasarían luego a ser soldados forzados.

Como dato histórico: algunos de los reclutas negros de la Force Publique se rebelaron y formaron una guerrilla que estuvo activa hasta 1908. Se cobraron la vida de algunos soldados y de quince oficiales blancos. Quince muertos europeos. Resalto este dato para que puedan intervenir inmediatamente las almas bellas que aborrecen la violencia, los poseedores de esa moral superior que nos enseñan que la violencia es mala venga de donde venga, y que no soluciona nada. Quince muertos, quince vidas humanas: horroricémonos, por favor.

La iglesia católica tuvo su papel también; vamos, que no podía faltar. No sólo no denunció jamás esta bestialidad sino que participó activamente. Con piadoso espíritu humanitario sacerdotes católicos crearon colonias infantiles para huérfanos. Y efectivamente: albergaban huérfanos; cuando la Force Publique arrasaba un poblado, los niños sobrevivientes eran llevados a las colonias infantiles en las que eran sometidos a latigazos y golpes, privados de su identidad, costumbres y creencias, adoctrinados sin escrúpulos en la fidelidad a la iglesia y a Leopoldito, y eventualmente destinados a la propia Force Publique. Las condiciones de vida en estas piadosas colonias se expresa elocuentemente en su tasa de mortalidad, que rondaba el 50%. Bienaventurados los niños.

Pero no todas fueron cosas malas: Leopoldito organizó en 1897 la Exposición Universal de Bruselas, entre cuyas atracciones destacaba la reproducción de una aldea congolesa para cuyo montaje se trajeron 267 nativos que conformaron un simpático zoológico humano para europeos.

Pero ya en 1906 la cosa se puso muy densa. Mucha protesta internacional, mucho lío. Así que Leopoldito le cedió el territorio al estado belga, no sin antes hacerse pagar numerosas indemnizaciones. Este pase de manos fue una verdadera suerte, ya que significó una real mejora en la situación... del estado belga, claro. De los africanos no, la cosa siguió para ellos más o menos igual. Bueno che, al fin y al cabo ¿qué quieren? ¿hoteles cinco estrellas?

El Congo obtuvo su independencia recién en 1960. Pero casi un siglo de barbarie sobró para destruir la cultura, las instituciones y las relaciones sociales de los africanos. Aún así de las primeras (y hasta el 2006 únicas) elecciones democráticas que tuvo el maltratado país surgiría un primer ministro brillante, honesto y antiimperialista (perdón por el arcaísmo): Patrice Lumumba, que intentaría hacer de la independencia política del Congo una realidad. Pero claro, ante semejante insolencia intervinieron ¿a que no adivinan quiénes? los belgas, y ¿a que no adivinan quiénes más? los yanquis para entregarlo a un sátrapa brutal que lo mataría luego de torturarlo salvajemente y gobernaría el Congo por muchas más felices décadas de miseria y represión.

Hoy los occidentales no gobiernan África directamente – cuestiones de imagen – sino que dejan eso a dictadorzuelos, aventureros o carreristas locales bien pagos. Las multinacionales siguen ahí, llevándose lo que no les pertenece a precios de risa y dejando exhausto hoy un continente, mañana el planeta.

Mucha gente piensa que a los africanos "hay que ayudarlos". Incluso que "los estamos ayudando", y que lo que pasa es que los grones son un poco tontitos. Nadie dice que no es ayuda lo que necesitan, que no son subnormales, sino que simplemente son pueblos oprimidos a los que se los deja sin nada y luego se los culpa por no tener idea de lo que es un iPod.

Los medios – algo han aprendido – lo hacen hoy más sutilmente que ayer. Un imbécil de anteojos naranja y ojitos chiquititos hace ruido, aparece en la pantalla gigante como su ego y convierte los antiguos té canasta de beneficencia que organizaban las señoras bien en conciertos de rock que bailan los chicos bienpensantes. La máquina comercial detecta que nuestra conciencia podría despertarse, así que corre a administrar el somnífero, anunciando sin vergüenza el "día que la música cambió el mundo" y exhibiendo obscenamente a un chico desnutrido con el objeto de hacernos creer que algo pasa. Y elegimos creer.

Porque creer es indispensable cuando la conciencia está muerta.

-o-

Quien se interese por conocer más datos sobre el robo sistemático en el Congo puede consultar – entre varias obras – el libro del historiador Adam Hochschild El Fantasma del Rey Leopoldo, o en plan más literario, El Corazón de las Tinieblas, de Joseph Conrad, que también estuvo allí.

27.3.07

Ajedrez II: Un estudio elegante

No sé cuántas de las personas que pasan por este blog tienen como yo berretines ajedrecísticos. Hasta ahora he publicado un sólo post que puede accederse mediante el cómodo menú que hemos inaugurado a la derecha de su pantalla, señora.

Ahora bien, el siguiente es un estudio compuesto por Troitzki... no, no Lev Davidovich, ese no. Este es Alexei Troitzky, uno de los mejores teóricos y compositores de finales en ajedrez. Murió en el sitio de Leningrado, a causa del hambre, donde se perdieron muchos de sus papeles y notas. Viendo esta obrita es imposible no lamentarse:

Juegan las blancas y ganan.

Lo más llamativo de este estudio es la economía de recursos. Las blancas ganan con muy poco material sobre el tablero, tan poco que "tablas" parece la sentencia obligada.

Bien, no. Hay un modo de ganar.

¿La solución? Si alguno da con ella puede mandármela. El primero que lo haga será obsequiado con una botella de vino Rioja tintorro español que pienso llevarme a Buenos Aires en abril.

En el
post ajedrecístico precedente expongo la solución en un tablerito móvil que me quedó muy monono, fíjense.

À la santé et aux échecs.

20.3.07

Más "perspectivas de género"

Y si, no puedo con mi genio:

En Ginebra, Suiza, una mujer divorciada recibe de su ex-marido una pensión alimenticia de 1600 francos suizos mensuales, que equivalen a 990 euros (igual a o más de lo que gana un laburante en varios países europeos).

Esta situación es muy común en muchos países, también del tercer mundo, en el que un varón debe pasar a su ex mujer una pensión alimenticia.

Como todos sabemos, recibir dinero sin mover un dedo se denomina "esclavitud".

Lo gracioso de
este caso es que el hijo... no es del padre. Pero ojo: tampoco es el único.

¿Alguien con ganas de hacer una colecta? No para el tipo, claro, que es sin duda un macho opresor, sino para la pobre esclava de su mujer.

17.3.07

Post auxiliar al debate "La mujer oprimida"

Hace un par de posts que se desató un debate sobre el volátil tópico feminista con el amigo Dolmancé, el problema es que - como siempre - la discusión se fue al carajo respecto del tema del post.

Como Dolmancé es insistente, y yo también, transcribo los dos últimos planteos que nos hemos tirado por el marulo, el que quiera y tenga paciencia para consultar el laaaaargo debate previo pase por aquí. Y de ahí en adelante viene esto, antençao:

- Dolmancé:

Sobre la distinción femenino / masculino, si me disculpan, voy a citar a Andrea D’Atri, porque lo pone en palabras mucho mejor que yo:

[…] sostenemos que el género es una categoría histórica y relacional. No se trataría de un atributo ontológico sino instrumental. Es decir, el género comprende al conjunto de las conductas que se construyen socialmente sobre la diferencia sexual y que hacen que mujeres y varones se comporten femenina o masculinamente. Funciones y características asociadas imaginariamente al sexo conformarían el género femenino y/o masculino. Pero esta diferenciación encierra asimismo la trampa de una jerarquización, es decir una valoración positiva y/o negativa asociada, de tales propiedades o conductas. En este sentido, “... el género no es una categoría descriptiva sino una normativa que determina la posición social de las mujeres y de los varones.”. Coincidimos con J.Scott cuando plantea que “el género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales basado en las diferencias que se perciben entre los sexos, y es una manera primaria de significar las relaciones de poder”. Relaciones de poder que se aprehenden en la vida familiar, se experimentan asimismo en las diferentes instituciones por las que atraviesa el sujeto en su socialización y no son más que la reproducción distorsionada de la división entre dominadores y dominados que surca la historia de la humanidad desde la esclavitud hasta nuestros días.

Es decir, la construcción de los condicionantes es social: viene de afuera y ejerce sobre nosotros una coerción que nos predetermina.

Yo no quiero decir que el condicionante de género crea dos clases. Las mujeres integran diferentes clases sociales, no son una clase en sí misma. La plusvalía se crea por la explotación, no por la opresión. La opresión es una relación de sometimiento construida socialmente. Asimismo, me interesa la articulación entre explotación y opresión. La pertenencia de clase de alguna manera determina el nivel de opresión. Ejemplo: las mujeres que mueren por abortos mal realizados son pobres.

El hueco en la tesis de Marx y Engels con respecto a la cuestión de género es bastante evidente en La ideología alemana. Producción en la fábrica, reproducción en la familia. Te cedo que lo de natural y social fue una simplificación burda. Solo intentaba enfatizar para hacerme entender. El tema es más complejo. Se trata de intentar ver a las relaciones de género como relaciones de producción. Después vuelvo sobre esto.

Sobre los cuerpos sexuales entiendo que la autora se refiere a esa differentia specifica de la mujer en relación a la procreación. No es el hombre el que se queda en casa esperando a que la mujer vuelva para hacerle cumplir sus deberes de buen esposo. Es al vesre. De hecho, el hombre que viola la monogamia es considerado un winner por sus pares, mientras que la mujer que decide por su cuerpo y busca otra compañía sexual es reprendida (también por hombres). Nuevamente, el principio activo es el masculino. No está relacionado, al menos directamente, con la plusvalía. Plusvalía es explotación, y acá se habla de opresión.

Vos para explicar la prostitución te basás en leyes de oferta y demanda, como un gurú de la economía de libre mercado. Marx jamás hubiera imaginado semejante heterodoxia. La influencia de la oferta y demanda es muy limitada, y además tardía. No puede interpretarse como fundamento. El trabajo humano es el único patrón de intercambio.

¿Por qué todo lo que contribuye a la producción en el ámbito privado de la familia no es visto como trabajo? ¿Por qué el trabajo doméstico no es remunerado? Creo que nos acercamos a un acuerdo si lo consideramos también fuerza productiva.

Eso de que el trabajo dignifica, y que la guerra es honorífica, y que Freud cometió una “equivocación” da para debatir largo y tendido, pero si me permitís lo dejo de lado por ahora (a menos que digas que es esencial a lo que estamos discutiendo). Pero tomo nota, ¿eh?

Con respecto a la “doma por autohumillación”, hay 2 posibilidades

1. La mujer es consciente: Entonces decide deliberadamente hacerse la mosquita muerta para que el macho la sostenga. Esta concepción interpreta al rol femenino como un mundo interior, esencial. Me concederás que esta hipótesis es fácilmente descartable. Como la que sostiene la existencia de una esencia primitiva, rudimentaria, esa naturaleza cazadora que se enorgullece de la conquista atribuída al hombre.

2. La mujer no es consciente: Entonces es lisa y llanamente un parásito. Tomemos esto, por ahora, como si fuera así: La naturaleza de un parásito es la de vivir del metabolismo del organismo huésped. Solo se asegura su supervivencia, sin regular ni decidir por los procesos vitales del organismo huésped. Difícilmente podamos hablar de “doma”.

Entonces, siguiendo el razonamiento de Esther Vilar, podríamos decir que:

Un hombre sin trabajo es un desocupado.
Una mujer sin trabajo es un parásito que detenta un poder influyente sobre el hombre.
En cuanto a la comparación entre producción y reproducción me refiero a intentar reconocer al trabajo doméstico, al cuidado de familiares, y a la reproducción de la fuerza de trabajo como un trabajo. ¿Por qué no puede ser también socializado? ¿Por qué la producción de los medios de vida tiene más importancia, y subordina la esfera de la vida a una presuposición y a un resultado? Once again: Relaciones de género como relaciones de producción. Más que reproducción y producción, estaríamos hablando de vida y medios de vida.

Con respecto a un proyecto ideal de igualdad entre los géneros, o de eliminación de la carga de los condicionantes, podríamos hablar largo rato. Por supuesto que no es suficiente con la sola inclusión de la mujer al mercado de trabajo. En el total de trabajo necesario para la reproducción social también debería incluirse el trabajo doméstico, ámbito culturalmente femenino, que no es remunerado. El ideal justo debería ser inclusivo y beneficiar a hombres y mujeres. Tendría que permitir ambos sexos en cualquier trabajo, incluyendo el doméstico. Tendría que conceder igualitariamente el tiempo necesario para la crianza de los hijos sin distinguir sexos. La producción tendría que planificarse socialmente. Ahora, ¿cuál es el trabajo del futuro? ¿y cuál es el futuro del trabajo? Teóricamente, cuanto mayor composición orgánica tenga el capital, en cuanto se mejoren -con los adelantos tecnológicos-, las capacidades productivas… menos habría que trabajar (jornada de 3 horas, decía Luk@s). Y sin embargo… no parece ser así. Por otro lado, la inestabilidad laboral tiene actualmente niveles insospechados. El proyecto neoliberal abandonó el fordismo, que sedujo tanto al Estado benefactor como al proyecto socialista. Hay muchas muestras, a mi juicio, de que los condicionantes de género y clase, si bien se interrelacionan y potencian, tienen una naturaleza individual.

Y sí, creo que la división no es justa, pero me gustaría hacer un poquito de investigación estadística, antes de apresurarme a sostener cualquier hipótesis. Primero aclaro que no tengo suficiente formación metodológica para analizar a fondo estos números. Me guío instintivamente, y cuento con la ayuda de ustedes. Vamos a hacer un poco de sociología de entrecasa. Empiezo analizando algunos casos tomados al azar. Por supuesto, los invito a que ampliemos la muestra, pero por lo que estuve viendo, hay tendencias muy estables a nivel mundial. Veamos qué pasa, por ahora, en el ámbito económico y laboral.

En México:

En el 50% de las familias trabaja solo el hombre
En el 44% de las familias trabajan la mujer y el hombre.
En el 2% Sólo la mujer percibe ingresos
y en el resto ninguno de los dos.

De ese 44%:

En el 80% de los casos el hombre percibe más ingresos que la mujer.

Con respecto al trabajo doméstico, está subdividido en:

1. Cuidado de niños, ancianos, enfermos o discapacitados
2. Preparar los alimentos.
3. Lavar y planchar la ropa
4. Limpiar la casa

(Esto está ordenado de mayor a menor tiempo dedicado: no están para nada errados otros estudios que estuve leyendo cuando se refieren al trabajo doméstico como caring activities)

Mirando las estadísticas agregadas, el hombre invierte unas 9 horas semanales. La mujer 40. Este trabajo no es remunerado en absoluto.

(Fuente: INEGI, México, DF, Mayo de 2004)

Sigamos.

A nivel mundial, cerca del 46% de las mujeres mayores de 15 años no tienen ingresos, mientras que sólo el 21% de los hombres enfrenta esa misma situación.

El 90% de las jefas de hogar no convive con un cónyuge o pareja.
El 88% de los jefes de hogar sí convive con un cónyuge o pareja.

(Fuente: CEPAL, Unidad, Mujer y Desarrollo.)

Los hombres que mantienen el hogar tienen a una mujer que se ocupe de las tareas domésticas. Podemos suponer que las mujeres que mantienen el hogar también se encargan de las tareas domésticas, si es que no ponen a trabajar a sus hijos y parientes. Concentrémonos en esos jefes y jefas de familia que salen a trabajar. Con respecto a quién gana más:

Social Watch arroja la siguiente relación entre ingresos (mujer / hombre)

EEUU: 0.62
Argentina: 0.37

Por tomar solo dos ejemplos.

Yo diría que el hombre posee mayor autonomía. Y que a la mujer le cuesta mucho más lograr autonomía, participación, y posibilidad de decidir por sí misma. Las mujeres son frecuentemente trabajadoras domésticas no remuneradas, o tienen trabajos temporarios part time, o en el vulnerable sector informal. Los hombres tienen trabajos más estables y de mayor jerarquía. Las mujeres pasan muchísimo más tiempo que los hombres en trabajos no remunerados. Según la UNECE, a veces más del doble (en Europa y Asia Central). El rol reproductivo de la mujer y la discriminatoria desvalorización del trabajo de la mujer respecto del trabajo del hombre inciden sobre esto. No parece que estemos en condiciones de hablar de mujeres parasitarias. Haciendo números… ¿cuántas Amalita Fortabat habrá? ¿Qué tan representativo es su caso?

Podemos echar un vistazo al estudio Gender In Transition, hecho por el Banco Mundial. A grandes rasgos, encontramos:

Desigualdad en el mercado laboral.
Desigualdad en la educación *
Desigualdad en el acceso a la Salud.

* (mechamos un dato del PNUD: Las niñas constituyen el 70% de los 130 millones de niños que no asisten a la escuela)

Pero sigamos con el aspecto económico / laboral. El desequilibrio de pagos, según este estudio (hecho en países de Europa y Asia Central), se explica de la siguiente manera:

1. Gap en capital humano: tiene que ver con la disponibilidad de trabajadores de acuerdo con las características productivas.
2. Diferentes preferencias según género.
3. Franja sin explicar

Los datos muestran que la franja sin explicar (3) es la aplastante mayoría: los hombres ganan más que las mujeres, invariablemente, y no hay ninguna explicación. Las razones hay que buscarlas en los aspectos culturales. ¿Dónde sino?

El trabajo de la mujer se devalúa: está pobremente pago y es altamente vulnerable. Sufren de falta de oportunidades en el sector formal y se inclinan al sector informal. El trabajo informal (en Argentina, el 54% de las mujeres que trabajan, actualmente, lo hacen en negro) está más cerca de casa y permite a las mujeres hacerse cargo a la vez de sus responsabilidades familiares. La transición a la participación de la mujer en el mercado laboral está significando una desventaja para éstas. De los números se puede inferir esta tendencia. El desempleo femenino está muy por arriba del masculino. El trabajo doméstico no remunerado es un recurso que podría valorizarse en términos monetarios. Pero en la realidad esto no es así.

Me parece que generalizar a partir de Amalita Fortabat es incurrir en la falacia del accidente inverso.

Las estadísticas sugieren que la participación femenina en un mercado laboral cada vez más desregulado no es suficiente para garantizar la igualdad entre los géneros en el contexto de una sociedad donde el cuidado de familiares (como principal actividad doméstica) sigue siendo una responsabilidad primaria de las mujeres, y donde las mujeres son consideradas trabajadores de segunda.

Sobre la cuestión de género se habla mucho y se hace poco. Y no forma parte de ninguna agenda política (que yo sepa).

- Respuesta de un servidor:

Con D’Atri, coincidencia hasta cierto punto, pero a mi esos estudios me parece que caminan por la cornisa del esquematismo. El ser humano es un ser cultural, todo lo que hace esta penetrado por la cultura. La distinción entre cultura y naturaleza no puede hacerse de manera esquemática. Comer, copular, comunicarse, luchar, son actividades que el ser humano realiza con influencia de la cultura. Intentar explicar qué es cultural y qué no lo es es imposible porque el ser humano no existe sin su cultura.

Por otra parte, y esto ya se dijo, el feminismo toma cualquier aspecto de la cultura para denunciar « opresión ». Cualquiera es eso: cualquiera, y nadie denuncia ese discurso como lo que es: una idiotez.

Las leyes de la oferta y la demanda no son inexistentes. Están distorsionadas pero no anuladas, y dependiendo mucho de la actividad que se realice la ley de la oferta y la demanda puede ser aplicable, no para describir el todo de un comportamiento económico pero si parte del mismo. Y en este caso no se trata de un comportamiento económico sino social.

¿Por qué todo lo que contribuye a la producción en el ámbito privado de la familia no es visto como trabajo? ¿Por qué el trabajo doméstico no es remunerado?

Te respondo: el trabajo doméstico sí es remunerado. La mujer tiene por ley derecho a la mitad de los ingresos del varón ya que los bienes adquiridos en matrimonio son gananciales. Esto mientras estén casados, cuando se divorcien la mujer cobrará la pensión de su ex. Y existen casos en que la mujer cobra en ambas instancias.

Y de nuevo: comparar el trabajo doméstico con un trabajo de verdad es un chiste. Yo mismo en estos momentos estoy desocupado, por lo que hago el trabajo doméstico mientras mi mujer tiene la responsabilidad de ganar el sustento. Muy caradura tendría yo que ser para considerar mi situación como « oprimido ». Y efectivamente nadie me ve así, pero sólo porque no soy mujer. Si lo fuera ya podría salir a gritar a la calle lo oprimida que me siento, cuando en realidad la casa está impecable y tengo un montón de tiempo libre.

Por favor: dejémonos de joder con el trabajo doméstico, en serio.

Con respecto a la “doma por autohumillación”, hay 2 posibilidades

1. La mujer es consciente: Entonces decide deliberadamente hacerse la mosquita muerta para que el macho la sostenga. Esta concepción interpreta al rol femenino como un mundo interior, esencial. Me concederás que esta hipótesis es fácilmente descartable. Como la que sostiene la existencia de una esencia primitiva, rudimentaria, esa naturaleza cazadora que se enorgullece de la conquista atribuída al hombre.

2. La mujer no es consciente: Entonces es lisa y llanamente un parásito. Tomemos esto, por ahora, como si fuera así: La naturaleza de un parásito es la de vivir del metabolismo del organismo huésped. Solo se asegura su supervivencia, sin regular ni decidir por los procesos vitales del organismo huésped. Difícilmente podamos hablar de “doma”.


El debate sobre la consciencia o no es inconducente. Determinar el nivel de consciencia de actores sociales es caer en un reduccionismo absurdo. La pregunta sobre si « la mujer » es consciente o no olvida que « la mujer » en este caso es un actor social, por lo que los niveles de consciencia son muy variables.

Voy a plantear un caso extremo para ilustrar (no comparo situaciones, simplemente deseo plantear la mecánica de tu postulado): en el III Reich frente a la masacre de judíos habría alemanes conscientes que se cagaban de risa de los judíos e iban a golpearlos y denunciarlos, habia alemanes que justificaban, había alemanes que miraban para otro lado, etc. etc. Habia tambien alemanes conscientes que actuaron con dignidad, renunciando a sus privilegios relativos y arriesgándose.

¿Tiene sentido preguntarse si « los alemanes » tenían o no consciencia ? No tiene ninguno porque el sujeto « los alemanes » implica a mucha gente.

Lo que vos planteás es exactamente un esencialismo : si « la mujer » es o no es consciente. La respuesta es que las hay conscientes, las hay no conscientes, las hay difusamente conscientes, las hay que no lo piensan demasiado. Pero la realidad es que a la hora de divorciarse todas se quedan con la casa, todas se quedan con la pensión, todas se quedan con la tenencia de los hijos. Salvo algunas poquísimas minas dignas que reconocen esta situación como injusta, que son las menos. Pero ni esto es realmente el problema.

Tu segundo párrafo es un sinsentido: aplicás arbitrariamente el término « parásito » (que yo no uso) y luego saltás al sentido biológico del término para demostrar lo absurdo de mi tesis alegando las diferencias entre una mujer y una taenia saginata. Es tan original como absurdo.

Un hombre sin trabajo es un desocupado.
Una mujer sin trabajo es un parásito que detenta un poder influyente sobre el hombre.


Esto siempre y cuando tengas la amabilidad de no omitir el nada menor dato de que « mujer desocupada » y « hombre desocupado » son situaciones bien distintas a menos que ambos sean solteros. Si están casados entonces una mujer « desocupada », como ya lo dije unas trescientas veces, comparte los ingresos del marido. Si es divorciada tiene una pensión. Si el hombre es desocupado simplemente no cobra nada y se muere de hambre.

En cuanto a la comparación entre producción y reproducción me refiero a intentar reconocer al trabajo doméstico, al cuidado de familiares, y a la reproducción de la fuerza de trabajo como un trabajo. ¿Por qué no puede ser también socializado?

Yo coincido totalmente en que sea socializado es más, y lo cito sólo a modo ejemplo, porque sé de qué hablo: yo practico dicha socialización y no soy el único que lo hace.

Pero creo que es facilísimo ver que para que esto ocurra tiene que darse una simétrica reducción del tiempo que el varón tiene que pasar fuera del ambito doméstico. No hay que ser ningún genio para ver que es absurdo exigirle a un tipo que labure 8 horas y más por día para una mujer que no trabaja, y luego encima tenga que compartir las tareas domésticas. A ver muchachos: no cierra.

Para que el hombre pase más tiempo en su casa, entonces tendría que tener una participación en el mercado laboral menor, más o menos como la que tiene la mujer. Para repartir las cargas en un ámbito es necesario repartirlas también en el otro. Y por supuesto – repito – los derechos sociales deberían también ser democratizados para que el varón tenga la posibilidad de pasar los primeros meses o años con sus hijos un tiempo que le permita desarrollar estas tareas, situación de la que estamos lejísimos.

Si lo que se quiere plantear desde el feminismo es que el varón deba vincularse a lo doméstico laburando lo mismo que labura ahora mi respuesta es simple: no sean caraduras. Este aspecto - que es fundamental - es siempre cuidadosamente omitido por el feminismo.

Ahora pregunto yo ¿Por qué otras tareas – que he mencionado otros tantos miles de veces sin respuesta - no pueden ser asimismo socializadas ? ¿Por qué está prohibido siquiera hablar de socializar la limpieza de las calles o la conducción de trenes o las tareas en una mina desde una perspectiva de género?

Mi pregunta tiene más fuerza si consideramos el hecho de que mientras la participación en las tareas domésticas no es algo ajeno 100% al varón, ya que conozco muchas familias en las que el varón participa del ámbito doméstico, no pasa lo mismo en estas tareas que menciono, donde la participación femenina es del 0%.

Vamos a las estadísticas, y te pido repares en la enorme cantidad de puntos débiles que presentan:

En México:

En el 50% de las familias trabaja solo el hombre
En el 44% de las familias trabajan la mujer y el hombre.
En el 2% Sólo la mujer percibe ingresos
y en el resto ninguno de los dos.

De ese 44%:

En el 80% de los casos el hombre percibe más ingresos que la mujer.


Esto significa que en el 50% de las familias el hombre trabaja y la mujer no, ¡perdón! hace trabajo doméstico. Analicemos este trabajo:

1. Cuidado de niños, ancianos, enfermos o discapacitados

Poner todo esto en la misma bolsa no es muy riguroso. En la enorme mayoría se trata de niños, y no todos los niños requieren el mismo tiempo: a partir de una edad muy temprana un niño pasa un tercio del día en la escuela, las guarderías, los jardines de infantes, etc. que cumplen parte de este trabajo.

Es evidente – como ya dije anteriormente - que para cuidar los niños un tiempo considerable es necesario no ocupar ese tiempo trabajando fuera de casa. Reclamar un salario por el hecho de cuidar los niños que uno trae al mundo me parece éticamente un poco rengo, pero consideremos que – dependiendo del país – existen una cantidad de ayudas familiares por hijo.

En los países de Europa hay ayudas muy considerables, así que nuevamente considerar ese trabajo no remunerado es en buena medida falso (y si - repitámoslo por enésima vez - sabemos que el salario del marido es compartido por la mujer, entonces es falso por completo).

Alguien objetará que estas ayudas familiares sólo son significativas en el primer mundo y que en los países del tercer mundo son mínimas. Esto es cierto, pero no menos cierto que paralelamente la jornada de un hombre que trabaja en el tercer mundo dista muchísimo de ser unas asépticas 8 horitas, extendiéndose a 10, 12 o incluso 14. ¿Socializar el trabajo doméstico? Totalmente de acuerdo: reduzcamos entonces la jornada laboral masculina a límites sensatos con el aporte de la mujer. Ver sólo una cara del problema es sesgar el asunto.

Los ancianos que requieren cuidados especiales, los enfermos y los discapacitados son casos excepcionales, pero el planteo hecho en el párrafo anterior sigue siendo relevante.

2. Preparar los alimentos.
3. Lavar y planchar la ropa
4. Limpiar la casa


Preparar dos comidas al día lleva dos horas cuanto más. Lavar y planchar la ropa de dos personas lleva unas tres horas por semana, cálculo muy generoso, supongamos cinco horas para una familia con dos nenes. Barrer y pasar la aspiradora a un depto. de 74 m2 lleva una hora, y no es necesario hacerlo todos los días.

No olvidemos por favor que las reparaciones hogareñas también constituyen un trabajo doméstico que tradicionalmente hace el hombre: reparar los caños cuando gotean, cambiar el cuerito, arreglar la mochila del inodoro, cambiar la goma al auto, etc. etc. Digo, como para ponernos en plan fino.

Y todo esto sin considerar las veces en que la dueña de casa paga – con el dinero que gana su marido – a otra mujer para que haga ese trabajo, con lo cual el trabajo se convierte en remunerado de manera directa, pero atenti: la dueña de casa sigue siendo « oprimida » porque… porque… ehhmmm… porque sí.

O sea que habiéndome previamente objetado de manera furibunda que haya tomado en consideración « sólo a las mujeres que no trabajan » llamándolas Amalita Fortabat, resulta que... ¡se trata nada menos que del 50%! El 50% es la mitad de la muestra, Dolmancé. No entiendo, no veo, sigo sin captar por qué razón estas mujeres son « oprimidas » por tener que realizar (¡si es que tienen que realizarlas!) las terribles tareas domésticas, y el varón en cambio es un privilegiado por tener que ir al yugo todas las mañanas. Nadie lo explica, y mirá que venimos debatiendo largo ¿eh?

Si me atengo a tu posición estas mujeres son « oprimidas » porque sus maridos - al volver de trabajar seguramente mucho más de 8 horas al día - no se ponen a barrer el piso y hacer la comida. Es delirante, pero el discurso dominante lo sostiene.

Prosigamos: en el 44% de familias trabajan ambos, pero « trabajan ambos » es un poquitín mentiroso: « trabajar » es trabajar 8 horas o más por día toda la vida. En muchos casos la mujer trabaja sólo medio día, o sólo temporalmente, o las dos cosas.

Mirando las estadísticas agregadas, el hombre invierte unas 9 horas semanales. La mujer 40. Este trabajo no es remunerado en absoluto.

Otra bonita forma de manipular las estadísticas, pregunto de capcioso nomás: ¿las 9 horas se refieren al total de los hombres o sólo a aquellos con mujeres que también trabajan?

Porque vamos a ver: si comparamos las horas domésticas de todas las mujeres contra las de todos los hombres olvidarse de que el 50% de las mujeres no trabaja fuera de casa es simplemente hacer trampa, muchacho.

Exigirle a ese 50% de hombres con mujeres que no trabajan que encima hagan las tareas domésticas es querer convertirlos en esclavos tiempo completo, flaco: andá a laburar, ganá el mango, bancate al verdugo de tu jefe y cuando vuelvas por favor barré y preparame la comida porque si no soy una oprimida ¿vistes? Por favor, un poquito de sensatez ¿puede ser?

Lo que hay que demostrar para hablar de « opresión » es que ambos trabajen lo mismo fuera de casa y que en ninguno de estos casos el hombre haga absolutamente nada dentro de ella, cosa que pongo seriamente en duda. Los matrimonios que conozco - por mi mera experiencia personal – en los que ambos trabajan, ambos comparten asimismo las tareas domésticas.

Y lógicamente en la medida en que uno de los dos pase fuera del hogar más tiempo, es perfectamente lógico (para mí, no sé, aclárenme si estoy loco) que el peso de las tareas domésticas recaiga sobre el que no trabaja o trabaja menos. No entiendo qué clase de « opresión » estamos discutiendo aquí. Lo de que ese trabajo no es remunerado ya está refutado veinte veces.

En el 2% en el que sólo la mujer percibe ingresos los hombres- demás está decir - son vistos por la sociedad no como oprimidos sino como proxenetas.

Sigamos:

A nivel mundial, cerca del 46% de las mujeres mayores de 15 años no tienen ingresos, mientras que sólo el 21% de los hombres enfrenta esa misma situación.

El 90% de las jefas de hogar no convive con un cónyuge o pareja.
El 88% de los jefes de hogar sí convive con un cónyuge o pareja.


Interesante, ¿y esto cómo se lee? Significa que las mujeres que no están casadas – esto es: están liberadas de la brutal opresión masculina - tienen que salir a trabajar en un 90%. El término « jefe/a » es bastante mentiroso también, porque « jefe » es quien manda, mientras que aquí se usa para designar a quien debe ganar el mango, y no es lo mismo.

Social Watch arroja la siguiente relación entre ingresos (mujer / hombre)

EEUU: 0.62
Argentina: 0.37


Dolmancé, alguna vez por cuestionar estas estadísticas me llamaste gratuitamente « tilingo » (¡todo un argumento!). Me voy a arriesgar nuevamente a que esgrimas argumentaciones así de precisas. Veamos cómo se elaboran estas estadísticas.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención en el curso de mi vida profesional fue constatar que los salarios de hombres y mujeres en las empresas están más o menos igualados, mientras que en los medios he tenido que ver cómo nos martillean una y otra vez con el asunto de que las mujeres ganan menos.

¿Cómo se elaboran estas estadísticas? Muy simple: se toma la masa salarial total ganada por hombres, y la ganada por mujeres… y se compara. Y luego simplemente se establece esa diferencia como la brecha salarial por género.

Así, en estas estadísticas, las mujeres que no trabajan son consideradas « desocupadas » lo cual oculta el hecho de que son legalmente acreedoras de sus maridos que sí lo hacen. Oculta asimismo el hecho de que muchas mujeres trabajan medio día, o temporalmente porque tienen maridos que trabajan por ellas parte del tiempo, o parte de su vida.

Los puestos de alta dirección – con salarios mayores - suelen ser ocupados por hombres. Demás está decir que para llegar a ellos hace falta enfrentar una feroz competencia. Las mujeres de esos hombres no entran en la muestra, se considera que el dinero que ellos ganan les pertenece sólo a ellos, cuando no es verdad, las mujeres de esos tipos tienen derecho a la mitad de ese ingreso y viven de él.

Así los medios nos bombardean con el versito: ¡La mujer gana menos! Es lisa y llanamente mentira. La mujer recibe una proporción menor de la masa salarial sencillamente porque trabaja menos.

Lo que sí es cierto es que las mujeres que realmente quieren hacer de su vida algo más que « casarme y tener hijos », las minas cuyo sentido de la dignidad les hace querer ser independientes tienen a veces problemas para encajar en el mercado de trabajo.

La razón es sencilla: si un capitalista tiene que tomar para un puesto de carrera a una persona es muy probable que se decante por un hombre. En este cálculo no hay machismo alguno, ningún capitalista es tan bobo como para dejar de contratar a alguien eficiente sólo por una solidaridad de género. Al capitalista lo que le importa es la ganancia y punto. Pero como en nuestra sociedad el hombre es el que lleva el peso mayor de la responsabilidad en el sustento del hogar, es lógico que un capitalista opte por quien tiene menos posibilidades de elegir.

Tus estadísticas, Dolmancé, indican que justamente quien menos autonomía tiene es el hombre: ninguno puede zafar de tener que trabajar, sólo el 2% es mantenido por una mujer. Un capitalista se decantará lógicamente por quien las estadísticas indican que tendrá que trabajar toda la vida; el capitalista no puede saber si está frente a una mujer que realmente quiere trabajar toda su vida, o una mujer que trabaja temporalmente con la idea de pasarse al 50% de mujeres que no trabajan ni bien su marido gane lo suficiente.

Ese 50% de mujeres no son Amalitas Fortabat, son simplemente acreedoras a un salario que gana otra persona para ellas. Tienen (¡cuando tienen!) que hacer un trabajo doméstico que lleva mucho menos tiempo y es mucho menos stressante que el que hacen sus maridos.

Pero nada de esto importa: son « oprimidas » y lo serán por siempre aunque sea imposible precisar exactamente por qué.

-o-

Bien, la idea es seguirla desde acá. Quienes quieran participar y gritar sus verdades, bienvenidos.

Salud.

11.3.07

Macedonio


Creía yo

No a todo alcanza Amor, pues que no puede
romper el gajo con que Muerte toca.
Mas poco Muerte logra si en corazón de Amor su miedo muere.
Mas poco Muerte logra, pues no puede
entrar su miedo en pecho donde Amor.
Que Muerte rige a Vida; Amor a Muerte.

Macedonio Fernández. Poemas, 1953

Poema responsable de una de esas fugaces y perdurables magias, en algún momento en que yo era chico.

Verlo en Wikipedia con una traducción al inglés espantosa me hizo intentar mejorarla, junto al original que tenía - entiendo - ciertos errores (el mucho más prosaico "porque no puede" en lugar de "pues que no puede").

No sé si me la aceptarán, es ciertamente más eficaz que la que había, pero seguramente no deja de ser lamentable:

I Believed

Love reaches not all, for it can not
break the shoot Death touches with.
But little Death gets
if in heart of Love its fear dies.
But little Death gets, since it can not
put its fear into chest where Love.
Since Death rules Life; Love rules Death.

Se me ocurrieron varias cosas, como que "in heart of Love" preserva mejor la cadencia del original castellano que el demasiado sajón "in Love's heart", y otras aún menos valiosas.

A veces, nada tan agradable como el irresponsable diletantismo.

6.3.07

18 de febrero de 1977 - Operación Gaviota

El 8 de noviembre de 1939, en la cervecería Bürgerbräukeller, Fito Hitler iba a dar su histérico discursito celebrando el famoso putsch de Munich de 1923. Por cuestiones de agenda empezó a vociferar media hora antes de lo previsto, y se retiró a las 21:07.

Una lástima.

En una de las columnas, la más cercana al palco, había una bomba, que por desgracia estallaría tarde. La bomba fue puesta por un obrero carpintero: Georg Elser. Las crónicas lo definen como un modesto simpatizante del Partido Comunista Alemán.

Probablemente Elser sabía que matar a Hitler no iba a acabar con el régimen nazi, pero que sería útil para demostrar que los nazis no eran invencibles, que había aún resistentes dispuestos a pelear.

Georg Elser sería apresado y largamente torturado por la Gestapo. Y muerto años después en Dachau. Hoy se lo conmemora en Alemania y se lo mantiene lejos del pozo del olvido.

El 18 de febrero de 1977, el avión Tango 01 carreteaba por la pista de Aeroparque. Dentro iban el genocida Videla, el vendepatria Martínez de Hoz, la cúpula militar y toda la mugre junta.

Hacía varios meses un grupo del ERP había notado que debajo de la pista de Aeroparque pasa el arroyo Maldonado. Con este dato idearon un plan que desafiaba ampliamente a las probabilidades: la colocación de una bomba que hiciera volar el avión presidencial.

La operación no tenía nada de sencillo: se trataba de pasar varios cientos de metros de cables (bajo tierra es dudosa la eficacia de un control remoto), colocar la carga en el techo del túnel debajo del punto exacto en el que pasaría el avión y montar un puesto de observación para indicar el momento justo en el que pasara el aparato, todo esto con la represión prácticamente encima. El ingenio y la audacia de los compañeros no indicaban ninguna predisposición a rendirse.

Estudiaron los planos de la red pluvial, perforaron el piso de una citroneta y se colocaron sobre una boca de tormenta por la que descendieron, navegaron por el Maldonado hasta el punto exacto y comenzaron el trabajo.

Luego, la espera. Varias veces se abortó la operación por mala visibilidad (había que estar seguro del avión para no causar una tragedia), cambio de planes, etc. Se mantuvo la operación con disciplinada paciencia a pesar de que el tiempo siempre juega en contra, ya que cada día que pasa pone al plan en riesgo de ser descubierto.

Entre el montaje y la espera pasaron varios meses tenaces y tensos, hasta el 18 de febrero de 1977.

Cuando el Tango 01 llegó al punto exacto el observador dio la señal y se accionó el detonador. Y como en 1939, la suerte estuvo otra vez del lado de los hijos de puta.

Estalló sólo una de las cargas, la menor. El avión recibió una perdigonada de hormigón que surgió del cráter súbito que se formó en la pista, osciló y se balanceó, pero no cayó.

Otra lástima.

El pasado 18 de febrero se cumplieron treinta años de este acto de resistencia. Lo poco que sabemos del principal responsable y cerebro de esta operación es que se llamaba Alberto Strejer. No sería apresado a causa de este acto, pero sí más tarde. Porque Alberto Strejer continuaría – como otros compañeros – peleando.

Mientras tanto los amantes de la democracia, la paz y los bolsillos llenos rendían pleitesía a Videla, ponían ministros y funcionarios a su servicio y se mostraban como verdaderos atletas del acomodo y el doblez en medio de la dictadura más sangrienta de nuestra historia.

El que borronea estas líneas ha sido más de una vez objeto de insultitos, chicanas y miserias diversas por el modesto hecho - imperdonable para algunos - de recordar y reivindicar a gente como Alberto Strejer. Las asumo y hasta las agradezco.

Estas pobres muestras de hostilidad resentida, más que un ridículo precio a pagar constituyen una satisfacción en la tarea de rescatar a Alberto Strejer y a otros tantos compañeros del pozo del olvido.

26.2.07

Memoria Francesa (Creer o reventar, camarada)

- Ud. sabe, camarada, que los nazis nos estamos organizando en el mundo y necesitamos conocernos más. Como representante de la Argentina, quisiéramos saber qué nos puede decir del ámbito ultraderechista en su país y hacer un informe. Tiene la palabra.
- Bueno, yo no sé bien por dónde empezar...
- ¿Tienen por ejemplo grupos nazis?
- Esteee... sí, hay algunos. Por ejemplo hay uno que se concentra en Parque Rivadavia.
- ¿Una plaza histórica? ¿Escenario de alguna batalla patria?
- No, es un parque. Hay una calesita.
- Ajá... y hacen manifestaciones, homenajes a Hitler...
- No, no. Tienen un puesto de libros.
- ¿Libros? Literatura nacionalsocialista, supongo: Mein Kampf...
- No, en realidad libros de texto.
- ¿Libros de texto?
- Sí, primarios, secundarios, el Manual del Alumno Bonaerense, el...
- ¿Me está jodiendo?
- Bueno, en realidad venden libros de todo tipo, Marcos Aguinis, José Ingenieros, revistas Anteojito viejas...
- Pero escúcheme, le pregunté por grupos nazis: NA-ZIS.
- Si, si, son nazis, mire. Lo que pasa es que hay que financiarse y la venta de libros usados en Argentina es negocio, camarada.
- ¿No conocen la frase del gran Goering?
- Y camarada... la guita es...
- ¿Protagonizaron algún hecho de violencia?
- Si, ojo, eso si. Un día fueron a hacerle el aguante a unos muchachos de un recital en contra de la violencia policial.
- Ahhhh, muy bien, muy bien. Hippies roñosos, drogones debiluchos, infrahumanos... ¿Y qué pasó?
- Los cagaron a trompadas.
- ¡Muy bien, camarada! ¡Muy bien!
- No, no... los cagaron a trompadas a los nuestros. Incluso amasijaron a uno. Quedó estrolado en el piso, pobre. El jefe del grupo tuvo tanto cagazo que se refugió en Uruguay durante un tiempo.
- Oiga, a mí me han dicho que Argentina tiene una tradición de nazismo, que fueron jerarcas nazis allí, en fin... ¿No aprendieron nada?
- Esteeemmm...
¿Algo más serio no tiene? Digamos no nazis-nazis pero autoritarios, fascistas, militaristas...
- Si, bueno, hay unos grupos que reivindican a la dictadura militar y el genocidio.
- Ahí me va gustando... ¿Y quiénes son sus dirigentes?
- Cecilia Pando, Ana Lucioni, Karina Mujica...
- Pero escuche... ¿Me está jodiendo de nuevo? ¡Son todas mujeres!
- Y... sí...
- Pero el fascismo y el militarismo se supone es cosa de machotes, hombre. Las mujeres a la cocina a callarse la boca, los hombres al combate ¿Qué es eso de andar escondiéndose detrás de las polleras de las minas?
- Bueno, no sé. Son las representantes más destacadas digamos. Ellas gritan cualquier barbaridad, reivindican la dictadura y todo, pero los esposos más bien son discretitos.
- ¿Ud. me quiere decir que los militares fascistas de su país son unos calzonudos? ¿No pueden meter en cintura a sus propias mujeres? ¿Y el machismo qué?
- Y... no sé. Lo que sé es que el mayor Mercado comparado con su mujer es una señorita, mire.
- Y esas mujeres ¿a qué se dedican?
- Bueno... eemmm...
- ...porque algo harán de su vida ¿no?
- Si, si, justamente, justamente. Hay una, esta chica Mujica... ehhmm... relaciones públicas...
- ¿No me había dicho la última vez que era actriz?
- Ssssssi... bueno, no, no exactamente.
- Camarada, la verdad nos hará libres. Un camarada debe la verdad al Movimiento. La Verdad ante todo. La Verdad solamente. La Verdad...
- Bueno, parece que es prostituta.
- ¿¿¿Lo qué???
- Si, o sea...
- Camarada, me parece que Ud. no entiende bien a qué vino acá. Este es un Congreso serio para un Movimiento serio. Si viene de joda...
- No, por favor. Créame. En un informativo de TV la mostraron en una ciudad balnearia...
- ¿Ud. me quiere convencer de que el honor militar de su país tiene como defensora y figura principal a una puta?
- Creer o reventar, camarada.
- Pero... pero... ¿Y qué dice la militancia? ¿Qué dijeron los militares? ¿Qué opina el ambiente de la ultraderecha argentina?
- Que está bien.
- ¿¿Cómo que está bien??
- Que bueno, que si es puta es su vida, que cada uno tiene la libertad individual de...
- ¡¡Pero esos son argumentos de progre!! ¿Se da cuenta de lo que está diciendo? Estamos hablando de la fuerza más importante de la Reacción, del Principal Bastión de Lucha contra el Comunismo, de la Reserva Moral de Occidente Cristiano y me viene con que la figura más importante es una mina ¡Y puta para colmo! ¿Qué clase de pelotudos tienen en Argentina?
- Estemmm... bueno, yo...
- Oiga, por lo menos déme un atenuante, ¡no puedo pasar este informe! Quiero pensar que por lo menos, no sé... se tratará de una gran dama. Una de esas cortesanas extravagantes de lujo, con gran cultura. Una condesa rusa por ejemplo, una Tamara Lempicka, una...
- No, no, mas bien popular: Valentina, te hago la completa, 55 pesitos sin globito.
- ...
- La filmaron por la tele y todo.
- O sea que... encima un gato de dos mangos.
- La verdad no es mentira.
- Camarada... me parece que algo anda mal. ¿Esos no son los mismos que ganaron la guerra contra la subversión? ¿No son los que rescataron a la patria del comunismo ateo?
- Si, si. Son los mismos.
- Ud. perdóneme pero parecen una banda de payasos, unos cagones que no pueden dar la cara. Sin honor, sin vergüenza, sin ideales, sin siquiera sentido del ridículo, sin...
- Kissinger.
- ¿Qué?
- Kissinger era judío, camarada. El hombre nos dio los fierros, diseñó nuestra política, puso en marcha el asunto y nos dio...
- ¿Y con eso qué?
- Que el honor es el honor, la raza es la raza y la patria es la patria...
- ¡Claro que sí!
- ...pero la guita es la guita, camarada. La guita es la guita. No se olvide de para quién trabajamos. No se olvide.

Nota I: Este diálogo y los hechos que narra son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es una asombrosa coincidencia.
Nota II: El ejercicio de la prostitución por parte de ciertas personas es una auténtica vergüenza. Para la prostitución.

20.2.07

Tic tac, tic tac (el cuentito del tano)

Hace algunos posts (che, ¿a alguien se le ocurre un equivalente castellano a esta palabrita? Pero no engendros como "logical inmaterial", que jamás podrá reemplazar a "software") se planteó un encendido debate sobre el repetido tema del feminismo.

Disipo temores: no intento aburrir (más) con el asunto sino exponer una anécdota tangencial que no tiene nada que ver con el temita, pero que ilustra las diferencias que existen entre tener poder y creer que se lo tiene, y la influencia que ejerce el deseo de aprobación en la muy humana circunstancia de hacer el papel del boludo, que a todos nos acecha.

La verdad antes que nada: esto podría ser tanto una anécdota como un cuento, proviene de fuentes inciertas y quién sabe si es cierto. Igualmente creo que podemos considerar todo racconto un invento. El asunto – y acaso lo importante – es que es perfectamente verosímil.

Allá por las primeras décadas del siglo XX había un estanciero argentino próspero que acaso no se distinguía mucho de cualquiera en su clase, hombre de muchas menos palabras que pensamientos, conocedor de su negocio y por lo tanto de la naturaleza humana, acostumbrado a tratar con la peonada con los aires paternales del señor feudal criollo y esa campechanía astuta que escondía el filo de las muchas mañas.

En su estancia trabajaba un italiano que fungía como peón, capataz o arrendatario, no lo sabemos con certeza. El hombre – venido de una Europa que no le ofrecía demasiadas posibilidades – no dejaba sin embargo de ponderar las ventajas de la civilización gringa frente a la América atrasada.

- Ehhhh... no me va a comparar, nell'Italia e mecore...
- ¡Se vedera il Veneto! Voi no conoscete ma nel Nord de l'Italia, la cultura, tutta la cultura europea e là! Maaaa... acá non si capisce...

Aunque era posible que fuera romano, o aún calabrés (el "voi" lo ubicaba más bien en el sur) el hombre decía conocer todas las maravillas de la Emilia Romagna, la Lombardía, la Toscana y si le daban rienda en Viena había saludado al emperador Francisco José, lamentándose en la comparación con la pampa elemental.

Tanto que la locuacidad cocoliche de Giuseppe (vamos a llamarlo así) llegó un día a oídos del patrón, que un día lo mandó a llamar y le dijo:

- Mirá Giuseppe, tengo un problema y necesitaría tu consejo.
- ¡Mande padrone!
- Fijate Giuseppe, resulta que unos señores importantes me han regalado esta maravilla – el patrón sacó de su bolsillo un reloj de leontina, esos con cadena que la moda imponía llevar en el bolsillo del chaleco – y no sé qué pasa, Giuseppe. Al principio andaba lo más bien, tic tac, tic tac...
- Ajá... – el europeo puso cara de entendido con la mano en el mentón y el ceño fruncido mientras examinaba el reloj.
- ...pero resulta que ahora no hace más nada. ¡No anda!

El tano tomó el reloj mientras murmuraba "tic tac, tic tac" y lo miró por todos lados. El patrón – que había previsiblemente recorrido Europa, llevándose la vaca en el barco y gastando esos lujos que en la Francia de la época provocaban las expresiones "rico como un argentino" y "rastacouer" – relojeaba al tano que relojeaba al reloj (que no relojeaba) esperando pacientemente el veredicto experto.

- Mi sembra que va bene... roto no sta...
- Yo no le hice nada Giuseppe ¿eh? Vos sabés, yo de estas cosas que hacen allá mucho no entiendo.
- Ma... ¡padrone! – el rostro del tano se iluminó – ¿Voi li avete dato cuerda?
- ¿Cuerda?

El tano soltó una risa – no una carcajada, que el patrón es el patrón – suave, amistosa y condescendiente, entornando los ojos, levantando los brazos y golpeándose los costados de los muslos, como quien instruye a un niño incompetente pero querible:

- Peeeeeeerooo, ¡ma padrone! ¡Tiene que darle cuerda voi, padrone! ¿Vedete qui? Questa rotolina qui, ¿vedete? ¡Cuerda! ¡Se non le da cuerda, niente padrone!

Y el hombre ejemplificaba didáctico, dándole cuerda al reloj mientras no dejaba de lanzar respetuosas risitas que querían decir "¡estos indios!" pero moderando el tono hasta trocarlo en la cercanía afectuosa a la que se iba sintiendo ya con derecho.

El patrón tomó el reloj en sus manos con temeroso respeto, como si fuera de papel, se lo llevó al oído y miró al tano con ojos más abiertos.

- Che, tenés razón Giuseppe. Ahora sí que suena, tic tac, tic tac...
- ¡Ma claro padrone! – y el tano volvió a su risa amistosa, que hacía equilibrio entre su posición subordinada frente al patrón y su indudable superioridad frente al sudamericano.

Como ajeno a esto, frotándose el mentón y mirando el reloj, el patrón señaló a Giuseppe que la hora exacta se había perdido, y el tano nuevamente dio su clase magistral, encantado de mostrar y demostrar cómo se hacía para ponerlo en hora, darle cuerda, ponderando la mecánica, aventurándose en recomendaciones, afirmaciones técnicas de uso en Europa y presentando resultados con aire triunfal y profuso.

El patrón, luego de dejarlo explayarse a gusto, pedir nuevas demostraciones y observar con atención insegura, miró al europeo con asombrada aprobación y le dijo finalmente:

- Mirá Giuseppe, evidentemente este aparato es muy delicado y yo realmente no tengo costumbre con estas cosas ¿viste? Tengo miedo de romperlo. Así que vamos a hacer esto: pasate por acá al final de la jornada y te encargo a vos, ¡pero sólo a vos! ¿eh? que me lo hagas andar. Sos el único acá que puede entender cómo funciona este aparato y manejarlo.
- ¡Pero por supuesto, padrone!

Y así, todos los días al final de la jornada, el tano se pateaba 500 metros hasta la casa de patrón. La peonada lo miraba pasar, y de vez en cuando alguno preguntaba, no porque no supiera – que estas cosas se saben enseguida – sino por el placer de oír la respuesta pausada:

- ¿A dónde va el Giuseppe?
- A darle cuerda al reloj del patrón.

Y los ojos aindiados se entrecerraban apenas, casi ni se movían las comisuras de la imperceptible sonrisa ladina, haciendo innecesario cualquier comentario.

-o-

Notita al pie: El amigo Peste me ha hecho notar el término "rastaquouère" beacoup plus complex, comme il faut. Mis menesterosos tratos con el francés callejero me indicaban que la palabreja es usada familiarmente en su forma más sencilla. Pero seguro que me equivoco.

Tiene la palabra el que quiera aportar algo más y hacer pasar agradablemente este mal cuarto de hora.

14.2.07

Masacre de estilo

No ha faltado aquí quien me haya irónicamente señalado que escribir un blog es – por el momento – gratis, y que en ese hecho debería cifrarse la razón y el origen de la existencia de éste.

Para confirmar este aserto con el que coincido plenamente, y con la alegre impunidad de siempre vamos a hacer esta vez un poco de crítica de estilo. De todas formas estoy seguro de que si rebuscan con un poco de esfuerzo podrán encontrar cosas incluso peores que esta nueva reflexión, escrita con la habitual incompetencia pero también con el indudable encanto de la audacia, así que ya casi me siento perdonado.

La razón de este post es preguntarse si no se estará perdiendo el gusto por la palabra. En España, por ejemplo, más allá de algunos gracejos, es cada vez más frecuente toparse con errores y feísmos verbales que dan escalofríos.

Y en Argentina, me parece, lo que se impone es un lenguaje que combina por partes iguales lo torpe y lo incoloro. Y no digo que yo no sea un ejemplo. Pero ¿qué esperar del pasajero entretenimiento que distrae a un borroneador de blogs si dentro de lo que se da en denominar “literatura argentina” es posible encontrarse inopinadamente con el espanto?

Hace poco en Buenos Aires ojeando distraídamente un suplemento de Página/12, me encontré con un textito que me dejó petrificado. El autor es un tal Carlos Chernov, al parecer escritor. Digo “un tal” y “al parecer” no para ningunearlo con mi desconocimiento, ya que mi ignorancia en literatura – sobre todo contemporánea – es dramática. Así que es posible que el Sr. Chernov sea un escritor de puta madre. Dense pues desde ahora mismo por aceptadas todas las críticas, denuestos y pullas que mi insolvencia merezca.

Ahora bien, el texto de marras – que espero cuanto menos se trate de una improvisada respuesta oral y no de un escrito – discurre así:

Trato de que lo que escribo pueda circular, no que produzca rechazo o vómito. Por eso utilizo una prosa clásica. Siempre hay algo cuando uno escribe que es disruptivo y duro, y la vida también es dura. No sé qué es lo light, pero el arte tiene que estar en contacto con ciertas verdades. La literatura está a mitad de camino entre la materia, la perversión y el lenguaje humano, el conocimiento, o sea, el lado tranquilo de la vida. Una buena literatura tiene que hacerte sentir algo en el cuerpo tuyo, real.

Lo que me produjo leer esto fue un asombro mudo no exento de alguna incomodidad. La incomodidad creció hasta parecerse un poco a una ligera indignación. Comencé a preguntarme qué es lo que en Argentina se considera hoy un escritor.

Me justifico:

Trato de que lo que escribo pueda circular...

Ya creo que empezamos mal. Si un escritor se enfrenta a la hoja en blanco pensando en que lo que escribe pueda “circular” me parece que estamos menos ante un escritor que ante un oficinista.

Wilde decía que el artista no debe nunca pensar en el público. Y si de todos modos nos resignamos a hacerlo (porque bueno, concedamos que el arte es el arte pero el mercado es el mercado) ¿cuesta mucho decir simplemente “trato de que lo que escribo pueda ser leído con placer” o “fácilmente”? ¿Qué necesidad hay de utilizar el atroz verbo “circular”? El creador nos informa su intento no de lograr que algo sea sentido, comprendido, gustado o disfrutado sino de que “circule”. Incluso “trato de que lo que escribo se venda” hubiera sonado igual de menesteroso, pero al menos más cínico y osado.

...no que produzca rechazo o vómito.

Bueno, digamos que el remate de la frase le confiere una única y débil virtud: la contradicción. La palabra “vómito” era totalmente innecesaria y provoca precisamente ese temido rechazo que se proponía evitar.

Por eso utilizo una prosa clásica.

Nueva declaración de principios administrativos. Hoy voy a utilizar la prosa clásica, el cepillo de dientes y acaso el matafuegos. La prosa de un escritor, hasta donde sé, es un producto de su tensión interna, de su pathos, bah. Uno escribe lo que puede y lo que le es propio, por eso la prosa es personal. Suponer que se puede “utilizar” una prosa, y clásica para más datos, es dar la idea de un cajón lleno de prosas que el autor puede seleccionar como si se tratara de abrochadoras: la clásica, la romántica, la realista, y así.

Es verdad que el escritor de recursos puede variar su estilo dentro de ciertos límites, que pueden ser muy amplios, pero se trata de su propio registro de la realidad que se ha ampliado gracias a sus virtudes y su percepción, no de la “utilización” de una prosa u otra, sino de dejar fluir las variaciones que ha adquirido su propia forma de escribir.

Por otra parte no hay tal cosa como “una prosa clásica” a priori, ya que esas son clasificaciones posteriores. Adscribirse conscientemente a una escuela o estilo (o simétricamente, intentar sustraerse a ella) es más bien un acto de afiliación partidaria que de creación. Shakespeare no sabía nada de literatura shakespereana, como ya lo había señalado agudamente Borges.

Sigamos, por favor:

Siempre hay algo cuando uno escribe que es disruptivo y duro, y la vida también es dura.

Esto quizás es cierto, quizás no. No aporta demasiado y es más bien banal e impreciso. Pero bien, sin haber sacado demasiado provecho digamos que sí, que bueno, y continuemos con esto:

No sé qué es lo light, pero el arte tiene que estar en contacto con ciertas verdades.

Tuve que leerlo varias veces. La relación entre la primera proposición de la frase y la segunda, unidas por la conjunción “pero” es tan misteriosa que sugiere un repentino esoterismo o un error de edición. Propongo otras frases que encajarían tan bien – o mal – como ésta:

“No entiendo nada de yogures, pero la psicología no es una ciencia exacta.”

“No hay arreglos en el sentido de la vida, pero si me mandan voy.”

“Mi tía patea calefones.”

“Mi abuelo cabecea pan dulce.”

Si alguien puede explicar lo que quiso decir, adelante. Yo he agotado las posibilidades. Sigo a tientas:

La literatura está a mitad de camino entre la materia, la perversión y el lenguaje humano, el conocimiento, o sea, el lado tranquilo de la vida.

¡Qué linda frase! “el lado tranquilo de la vida” . Este postulado parcial sugiere que la vida tiene “lados”, de los cuales uno sería “tranquilo”. Creo natural suponer entonces la simétrica existencia de un lado “nervioso” de la vida.

En el tranquilo, si entendí bien esto, estarían el conocimiento y el lenguaje humano, mientras que en el nervioso encontraríamos a la materia y la perversión. En el medio de ambos estaría la literatura.

Esta enteramente arbitraria disposición tiene casi algo de onírico, pero creo que no logra emerger de la ineptitud, aunque sí demuestra que la mediocridad puede superar en extravagancia al más refinado decadentismo.

Por último:

Una buena literatura tiene que hacerte sentir algo en el cuerpo tuyo, real.

La tentación del chascarrillo fácil sugeriría que algo tan tuyo y real en el cuerpo como un dolor de cabeza (o alguna otra dolencia vulgar o infame) pueden ser efectivamente provocadas por ciertas lecturas.

Pero digamos sólo que eso de “una buena literatura” es – otra vez – muy feo ¿Por qué no simplemente “un buen libro”, o “un buen cuento”? Imagínense diciendo: “Ayer leí una buena literatura”. En el afán de rebuscar los términos y evitar hablar como cualquiera se coloca a las palabras en posiciones incómodas, se las fuerza a cumplir tareas que no son las suyas, se las maltrata.

Es curioso lo difícil que es hablar mal.

Ya sé que yo no soy un buen crítico de estilo; mejor dicho: no soy un crítico de estilo ni siquiera malo, pero me atrevo a decir que aquí he dado cerca o en el blanco un par de veces al menos. Y eso es precisamente lo grave: que un pazguato como yo pueda hacer puntería con tanta facilidad en semejante festival cacofónico brindado por alguien que dice ser escritor.

Repito: el Sr. Chernov me es desconocido y seguramente debe tener muchos más méritos que yo, pero no puede dejar de llamarme la atención que alguien supuestamente habituado al trato con la palabra sea capaz de ejercer la fealdad con tanta contundencia.

Y después nos quejamos de Tinelli.

12.2.07

Jack is in the air... la la la la la laaaaaaa II - El Marxista de Peluche

En una reciente e interesante conversación chateada por Skype con Niño Barroco, éste me calificó de "marxista de peluche".

Error.

Grave error.

Niño Barroco, tus pequeñoburgueses días están contados. La revolución proletaria sabrá vengar esta afrenta. Los temibles guardias rojos ya están sobre tu pista.


Ruega que esta entrevista sirva como atenuante. Veremos qué podemos hacer en el Tribunal Revolucionario. Te advierto que lo tenés difícil.

Saludos.

7.2.07

Jack is in the air... la la la la la laaaaa I

... y Niño Barroco también.

El hombre andaba con ganas de conversar, así que conversamos un rato. Nos fuimos a una tabaquería del centro, y ahí entre humo de pipa (él) y cigarro (mío) nos tiramos flores, algunas sin sacar de la maceta.

Se habló de la violencia, de la duda, de Medio Oriente... De minas también, pero eso no se grabó porque somos intelectuales, ¿vistes?

Desde ya disculpas por la calidad del sonido, pero es exclusiva responsabilidad del amigo. Encima le agregó una música de fondo que a mí, francamente... Pero dice que la próxima entrega se va a moderar, el muy salvaje.

Mencionemos que la conversa fue destinada al interesante programa de internet-radio (podcast) Vanitas, que cuenta con Niño Barroco como columnista, reflexionador, entrevistador y monologuista, polemista, cronista y abogado del diablo, además de voz sexy de muchacho judío modelo, ese que toda chica quisiera arruinar moralmente.

Aquí la primera parte.

Salud.

1.2.07

¡Por fin, che!

Yo no tenía la menor idea de quién era Marianne Ponsford hasta que un viejo amigo con el que compartimos notablemente algunos puntos de vista, y que hacía mucho que no veía me mandó un mail con el siguiente texto, por supuesto, de Marianne Ponsford.

Por lo que averigüé esta rubia nació en Glasgow pero vive en Colombia, y ha editado alguna revista. Rebuscando por internet encontré algunas de sus notas y me han gustado, pero ésta es de esas que a uno le hubiera gustado escribir, realzada notablemente por el hecho de que la haya escrito una fémina:

Elogio de los hombres

¿Saben qué? Estoy harta de que las mujeres seamos las heroínas irrefutables del discurso moderno.

Estoy harta de escuchar que somos unas berracas porque hacemos oficio, porque lavamos los platos, porque les cambiamos los pañales a los niños. Estoy harta de que nos llevemos las palmas por el nada milagroso azar de ser parte del cincuenta y dos por ciento de la población: estoy harta del elogio de lo femenino.

Y estoy harta de escuchar que somos mejores trabajadoras, menos corruptas, más eficientes, más prácticas, más terrenales que los hombres. Estoy harta de escuchar que tenemos mejor capacidad de expresión verbal. Estoy harta de escuchar que sufrimos mucho por la avalancha de imágenes de perfección corporal a la que somos sometidas. Y sobre todo y por encima de todo, estoy harta de la absurda trampa que nos hemos tendido a nosotras mismas: nos movemos al vaivén de un extraño péndulo que de un lado tiene la corona de mártires de la cultura patriarcal y del otro el cetro de las grandes triunfadoras del mundo contemporáneo.

No quiero decir que el siglo XX no ha significado una enorme revolución de nuestro papel en la sociedad. Ni que este comentario ataña tal vez sólo a una elite. Lo que quiero decir es que hoy siento, más que nunca, que ese discurso femenino es manco, que me hace falta algo, que hay un vasto territorio de lo no dicho, y que es el que ahora quiero esbozar aquí. Es hora de hacer un elogio de los hombres.

Muchísimas veces he pensado en el difícil y silenciado misterio de la masculinidad. En lo extraño que debe ser tener que hacerse hombre. Porque en nuestra sociedad, las mujeres parecen nacer y los hombres, en cambio, se tienen que hacer. Desde el consabido "no llores", hasta el trago amargo inicial de la posibilidad del rechazo (al fin y al cabo, nosotras elegimos) que tienen que echarse a la boca, los hombres tienen que aprender a crecer de una manera insospechada para nosotras. Nosotras crecemos más rápido. Y ellos tienen que descubrir que de ser nuestros pares hemos pasado a desecharlos, que de golpe y porrazo los consideramos unos niños y preferimos a otros, más grandes, supuestamente más hombres. ¡Eso tiene que ser muy duro!

Si uno intentara resumir nuestro discurso cotidiano acerca de los hombres, pónganse a ver y se darán cuenta de que nos construimos como único referente de ese discurso. No somos capaces de verlos a ellos. Nuestro análisis de lo masculino es de un simplismo bobalicón porque su núcleo es su relación con nosotras. Podríamos llamarlo "el síndrome del nome": no me mira, no me quiere, no me habla, no me escucha, no me llama. Y el hecho real es que rara vez pensamos en ellos. En la filigrana, en la sustancia misma del ego masculino. Sumidas en nuestra propia complejidad y nuestra tendencia a interpretar cada palabra, cada gesto, como un indicio de un designio absoluto, les exigimos que su condición se parezca a la nuestra. Y aquí cito a un hombre: "En una fracción de segundo, la mujer hace de lo mínimo una interpretación del mundo". En el fondo, nos negamos a aceptar aquello que supuestamente deseamos: la condición masculina. Su esencia primitiva, rudimentaria, esa naturaleza cazadora que se enorgullece de la conquista, que nos considera su trofeo. Hay algo animal (y por tanto natural) en su deseo de posesión, pero somos incapaces de admitir que en ello hay un elogio maravilloso. Y, cosa absurda, los tachamos de machistas.

Lo que pasa es que queremos ser queridas sólo en nuestros términos. Ellos intentan ser más flexibles, y en el fondo, son mucho mejores estrategas que nosotras. Cito de nuevo una voz masculina: "El amor parece tener más plasticidad para el hombre".

Pues sí. Ya es hora. Los hemos escuchado decir mil veces que no pueden vivir sin nosotras. Creo que es hora de admitir que les hemos dado tanto palo últimamente que no se atreven a hablar, y de decirles, sin tanta basurita en la cabeza, que son estupendos, y que nosotras tampoco podemos vivir sin ellos. Eso sí que es feminismo.


Bueno, acabáramos.

Por fin un tiro para el lado de la justicia, maestra. Ya pensaba yo que ni una mujer tenía la valentía de empezar aunque más no sea a desconfiar de toda la huevada políticamente correcta que las pinta como lo que no son, de renunciar al discurso autohalagador y forro que es obligatorio especialmente en la progresía imbécil (aunque también tiene su cara conservadora) y extendido a toda la sociedad, de tirar al carajo de una buena vez todos esos suplementitos intelectualoides mediopeleros del culo que hacen de la mujer no un ser humano sino vaya a saberse qué increíble misterio irresoluble, que mártires gloriosas y qué genias de la creación.

Marianne, gracias. Sos inteligente, sos valiente y encima estás buena.

Y en honor a la verdad, conozco otra dama que piensa exactamente igual. Tomé la precaución de seguirla de cerca.