- Ud. sabe, camarada, que los nazis nos estamos organizando en el mundo y necesitamos conocernos más. Como representante de la Argentina, quisiéramos saber qué nos puede decir del ámbito ultraderechista en su país y hacer un informe. Tiene la palabra.
- Bueno, yo no sé bien por dónde empezar...
- ¿Tienen por ejemplo grupos nazis?
- Esteee... sí, hay algunos. Por ejemplo hay uno que se concentra en Parque Rivadavia.
- ¿Una plaza histórica? ¿Escenario de alguna batalla patria?
- No, es un parque. Hay una calesita.
- Ajá... y hacen manifestaciones, homenajes a Hitler...
- No, no. Tienen un puesto de libros.
- ¿Libros? Literatura nacionalsocialista, supongo: Mein Kampf...
- No, en realidad libros de texto.
- ¿Libros de texto?
- Sí, primarios, secundarios, el Manual del Alumno Bonaerense, el...
- ¿Me está jodiendo?
- Bueno, en realidad venden libros de todo tipo, Marcos Aguinis, José Ingenieros, revistas Anteojito viejas...
- Pero escúcheme, le pregunté por grupos nazis: NA-ZIS.
- Si, si, son nazis, mire. Lo que pasa es que hay que financiarse y la venta de libros usados en Argentina es negocio, camarada.
- ¿No conocen la frase del gran Goering?
- Y camarada... la guita es...
- ¿Protagonizaron algún hecho de violencia?
- Si, ojo, eso si. Un día fueron a hacerle el aguante a unos muchachos de un recital en contra de la violencia policial.
- Ahhhh, muy bien, muy bien. Hippies roñosos, drogones debiluchos, infrahumanos... ¿Y qué pasó?
- Los cagaron a trompadas.
- ¡Muy bien, camarada! ¡Muy bien!
- No, no... los cagaron a trompadas a los nuestros. Incluso amasijaron a uno. Quedó estrolado en el piso, pobre. El jefe del grupo tuvo tanto cagazo que se refugió en Uruguay durante un tiempo.
- Oiga, a mí me han dicho que Argentina tiene una tradición de nazismo, que fueron jerarcas nazis allí, en fin... ¿No aprendieron nada?
- Esteeemmm...
¿Algo más serio no tiene? Digamos no nazis-nazis pero autoritarios, fascistas, militaristas...
- Si, bueno, hay unos grupos que reivindican a la dictadura militar y el genocidio.
- Ahí me va gustando... ¿Y quiénes son sus dirigentes?
- Cecilia Pando, Ana Lucioni, Karina Mujica...
- Pero escuche... ¿Me está jodiendo de nuevo? ¡Son todas mujeres!
- Y... sí...
- Pero el fascismo y el militarismo se supone es cosa de machotes, hombre. Las mujeres a la cocina a callarse la boca, los hombres al combate ¿Qué es eso de andar escondiéndose detrás de las polleras de las minas?
- Bueno, no sé. Son las representantes más destacadas digamos. Ellas gritan cualquier barbaridad, reivindican la dictadura y todo, pero los esposos más bien son discretitos.
- ¿Ud. me quiere decir que los militares fascistas de su país son unos calzonudos? ¿No pueden meter en cintura a sus propias mujeres? ¿Y el machismo qué?
- Y... no sé. Lo que sé es que el mayor Mercado comparado con su mujer es una señorita, mire.
- Y esas mujeres ¿a qué se dedican?
- Bueno... eemmm...
- ...porque algo harán de su vida ¿no?
- Si, si, justamente, justamente. Hay una, esta chica Mujica... ehhmm... relaciones públicas...
- ¿No me había dicho la última vez que era actriz?
- Ssssssi... bueno, no, no exactamente.
- Camarada, la verdad nos hará libres. Un camarada debe la verdad al Movimiento. La Verdad ante todo. La Verdad solamente. La Verdad...
- Bueno, parece que es prostituta.
- ¿¿¿Lo qué???
- Si, o sea...
- Camarada, me parece que Ud. no entiende bien a qué vino acá. Este es un Congreso serio para un Movimiento serio. Si viene de joda...
- No, por favor. Créame. En un informativo de TV la mostraron en una ciudad balnearia...
- ¿Ud. me quiere convencer de que el honor militar de su país tiene como defensora y figura principal a una puta?
- Creer o reventar, camarada.
- Pero... pero... ¿Y qué dice la militancia? ¿Qué dijeron los militares? ¿Qué opina el ambiente de la ultraderecha argentina?
- Que está bien.
- ¿¿Cómo que está bien??
- Que bueno, que si es puta es su vida, que cada uno tiene la libertad individual de...
- ¡¡Pero esos son argumentos de progre!! ¿Se da cuenta de lo que está diciendo? Estamos hablando de la fuerza más importante de la Reacción, del Principal Bastión de Lucha contra el Comunismo, de la Reserva Moral de Occidente Cristiano y me viene con que la figura más importante es una mina ¡Y puta para colmo! ¿Qué clase de pelotudos tienen en Argentina?
- Estemmm... bueno, yo...
- Oiga, por lo menos déme un atenuante, ¡no puedo pasar este informe! Quiero pensar que por lo menos, no sé... se tratará de una gran dama. Una de esas cortesanas extravagantes de lujo, con gran cultura. Una condesa rusa por ejemplo, una Tamara Lempicka, una...
- No, no, mas bien popular: Valentina, te hago la completa, 55 pesitos sin globito.
- ...
- La filmaron por la tele y todo.
- O sea que... encima un gato de dos mangos.
- La verdad no es mentira.
- Camarada... me parece que algo anda mal. ¿Esos no son los mismos que ganaron la guerra contra la subversión? ¿No son los que rescataron a la patria del comunismo ateo?
- Si, si. Son los mismos.
- Ud. perdóneme pero parecen una banda de payasos, unos cagones que no pueden dar la cara. Sin honor, sin vergüenza, sin ideales, sin siquiera sentido del ridículo, sin...
- Kissinger.
- ¿Qué?
- Kissinger era judío, camarada. El hombre nos dio los fierros, diseñó nuestra política, puso en marcha el asunto y nos dio...
- ¿Y con eso qué?
- Que el honor es el honor, la raza es la raza y la patria es la patria...
- ¡Claro que sí!
- ...pero la guita es la guita, camarada. La guita es la guita. No se olvide de para quién trabajamos. No se olvide.
Nota I: Este diálogo y los hechos que narra son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es una asombrosa coincidencia.
Nota II: El ejercicio de la prostitución por parte de ciertas personas es una auténtica vergüenza. Para la prostitución.
26.2.07
Memoria Francesa (Creer o reventar, camarada)
20.2.07
Tic tac, tic tac (el cuentito del tano)
Hace algunos posts (che, ¿a alguien se le ocurre un equivalente castellano a esta palabrita? Pero no engendros como "logical inmaterial", que jamás podrá reemplazar a "software") se planteó un encendido debate sobre el repetido tema del feminismo.
Disipo temores: no intento aburrir (más) con el asunto sino exponer una anécdota tangencial que no tiene nada que ver con el temita, pero que ilustra las diferencias que existen entre tener poder y creer que se lo tiene, y la influencia que ejerce el deseo de aprobación en la muy humana circunstancia de hacer el papel del boludo, que a todos nos acecha.
La verdad antes que nada: esto podría ser tanto una anécdota como un cuento, proviene de fuentes inciertas y quién sabe si es cierto. Igualmente creo que podemos considerar todo racconto un invento. El asunto – y acaso lo importante – es que es perfectamente verosímil.
Allá por las primeras décadas del siglo XX había un estanciero argentino próspero que acaso no se distinguía mucho de cualquiera en su clase, hombre de muchas menos palabras que pensamientos, conocedor de su negocio y por lo tanto de la naturaleza humana, acostumbrado a tratar con la peonada con los aires paternales del señor feudal criollo y esa campechanía astuta que escondía el filo de las muchas mañas.
En su estancia trabajaba un italiano que fungía como peón, capataz o arrendatario, no lo sabemos con certeza. El hombre – venido de una Europa que no le ofrecía demasiadas posibilidades – no dejaba sin embargo de ponderar las ventajas de la civilización gringa frente a la América atrasada.
- Ehhhh... no me va a comparar, nell'Italia e mecore...
- ¡Se vedera il Veneto! Voi no conoscete ma nel Nord de l'Italia, la cultura, tutta la cultura europea e là! Maaaa... acá non si capisce...
Aunque era posible que fuera romano, o aún calabrés (el "voi" lo ubicaba más bien en el sur) el hombre decía conocer todas las maravillas de la Emilia Romagna, la Lombardía, la Toscana y si le daban rienda en Viena había saludado al emperador Francisco José, lamentándose en la comparación con la pampa elemental.
Tanto que la locuacidad cocoliche de Giuseppe (vamos a llamarlo así) llegó un día a oídos del patrón, que un día lo mandó a llamar y le dijo:
- Mirá Giuseppe, tengo un problema y necesitaría tu consejo.
- ¡Mande padrone!
- Fijate Giuseppe, resulta que unos señores importantes me han regalado esta maravilla – el patrón sacó de su bolsillo un reloj de leontina, esos con cadena que la moda imponía llevar en el bolsillo del chaleco – y no sé qué pasa, Giuseppe. Al principio andaba lo más bien, tic tac, tic tac...
- Ajá... – el europeo puso cara de entendido con la mano en el mentón y el ceño fruncido mientras examinaba el reloj.
- ...pero resulta que ahora no hace más nada. ¡No anda!
El tano tomó el reloj mientras murmuraba "tic tac, tic tac" y lo miró por todos lados. El patrón – que había previsiblemente recorrido Europa, llevándose la vaca en el barco y gastando esos lujos que en la Francia de la época provocaban las expresiones "rico como un argentino" y "rastacouer" – relojeaba al tano que relojeaba al reloj (que no relojeaba) esperando pacientemente el veredicto experto.
- Mi sembra que va bene... roto no sta...
- Yo no le hice nada Giuseppe ¿eh? Vos sabés, yo de estas cosas que hacen allá mucho no entiendo.
- Ma... ¡padrone! – el rostro del tano se iluminó – ¿Voi li avete dato cuerda?
- ¿Cuerda?
El tano soltó una risa – no una carcajada, que el patrón es el patrón – suave, amistosa y condescendiente, entornando los ojos, levantando los brazos y golpeándose los costados de los muslos, como quien instruye a un niño incompetente pero querible:
- Peeeeeeerooo, ¡ma padrone! ¡Tiene que darle cuerda voi, padrone! ¿Vedete qui? Questa rotolina qui, ¿vedete? ¡Cuerda! ¡Se non le da cuerda, niente padrone!
Y el hombre ejemplificaba didáctico, dándole cuerda al reloj mientras no dejaba de lanzar respetuosas risitas que querían decir "¡estos indios!" pero moderando el tono hasta trocarlo en la cercanía afectuosa a la que se iba sintiendo ya con derecho.
El patrón tomó el reloj en sus manos con temeroso respeto, como si fuera de papel, se lo llevó al oído y miró al tano con ojos más abiertos.
- Che, tenés razón Giuseppe. Ahora sí que suena, tic tac, tic tac...
- ¡Ma claro padrone! – y el tano volvió a su risa amistosa, que hacía equilibrio entre su posición subordinada frente al patrón y su indudable superioridad frente al sudamericano.
Como ajeno a esto, frotándose el mentón y mirando el reloj, el patrón señaló a Giuseppe que la hora exacta se había perdido, y el tano nuevamente dio su clase magistral, encantado de mostrar y demostrar cómo se hacía para ponerlo en hora, darle cuerda, ponderando la mecánica, aventurándose en recomendaciones, afirmaciones técnicas de uso en Europa y presentando resultados con aire triunfal y profuso.
El patrón, luego de dejarlo explayarse a gusto, pedir nuevas demostraciones y observar con atención insegura, miró al europeo con asombrada aprobación y le dijo finalmente:
- Mirá Giuseppe, evidentemente este aparato es muy delicado y yo realmente no tengo costumbre con estas cosas ¿viste? Tengo miedo de romperlo. Así que vamos a hacer esto: pasate por acá al final de la jornada y te encargo a vos, ¡pero sólo a vos! ¿eh? que me lo hagas andar. Sos el único acá que puede entender cómo funciona este aparato y manejarlo.
- ¡Pero por supuesto, padrone!
Y así, todos los días al final de la jornada, el tano se pateaba 500 metros hasta la casa de patrón. La peonada lo miraba pasar, y de vez en cuando alguno preguntaba, no porque no supiera – que estas cosas se saben enseguida – sino por el placer de oír la respuesta pausada:
- ¿A dónde va el Giuseppe?
- A darle cuerda al reloj del patrón.
Y los ojos aindiados se entrecerraban apenas, casi ni se movían las comisuras de la imperceptible sonrisa ladina, haciendo innecesario cualquier comentario.
-o-
Notita al pie: El amigo Peste me ha hecho notar el término "rastaquouère" beacoup plus complex, comme il faut. Mis menesterosos tratos con el francés callejero me indicaban que la palabreja es usada familiarmente en su forma más sencilla. Pero seguro que me equivoco.
Tiene la palabra el que quiera aportar algo más y hacer pasar agradablemente este mal cuarto de hora.
14.2.07
Masacre de estilo
No ha faltado aquí quien me haya irónicamente señalado que escribir un blog es – por el momento – gratis, y que en ese hecho debería cifrarse la razón y el origen de la existencia de éste.
Para confirmar este aserto con el que coincido plenamente, y con la alegre impunidad de siempre vamos a hacer esta vez un poco de crítica de estilo. De todas formas estoy seguro de que si rebuscan con un poco de esfuerzo podrán encontrar cosas incluso peores que esta nueva reflexión, escrita con la habitual incompetencia pero también con el indudable encanto de la audacia, así que ya casi me siento perdonado.
La razón de este post es preguntarse si no se estará perdiendo el gusto por la palabra. En España, por ejemplo, más allá de algunos gracejos, es cada vez más frecuente toparse con errores y feísmos verbales que dan escalofríos.
Y en Argentina, me parece, lo que se impone es un lenguaje que combina por partes iguales lo torpe y lo incoloro. Y no digo que yo no sea un ejemplo. Pero ¿qué esperar del pasajero entretenimiento que distrae a un borroneador de blogs si dentro de lo que se da en denominar “literatura argentina” es posible encontrarse inopinadamente con el espanto?
Hace poco en Buenos Aires ojeando distraídamente un suplemento de Página/12, me encontré con un textito que me dejó petrificado. El autor es un tal Carlos Chernov, al parecer escritor. Digo “un tal” y “al parecer” no para ningunearlo con mi desconocimiento, ya que mi ignorancia en literatura – sobre todo contemporánea – es dramática. Así que es posible que el Sr. Chernov sea un escritor de puta madre. Dense pues desde ahora mismo por aceptadas todas las críticas, denuestos y pullas que mi insolvencia merezca.
Ahora bien, el texto de marras – que espero cuanto menos se trate de una improvisada respuesta oral y no de un escrito – discurre así:
Trato de que lo que escribo pueda circular, no que produzca rechazo o vómito. Por eso utilizo una prosa clásica. Siempre hay algo cuando uno escribe que es disruptivo y duro, y la vida también es dura. No sé qué es lo light, pero el arte tiene que estar en contacto con ciertas verdades. La literatura está a mitad de camino entre la materia, la perversión y el lenguaje humano, el conocimiento, o sea, el lado tranquilo de la vida. Una buena literatura tiene que hacerte sentir algo en el cuerpo tuyo, real.
Lo que me produjo leer esto fue un asombro mudo no exento de alguna incomodidad. La incomodidad creció hasta parecerse un poco a una ligera indignación. Comencé a preguntarme qué es lo que en Argentina se considera hoy un escritor.
Me justifico:
Trato de que lo que escribo pueda circular...
Ya creo que empezamos mal. Si un escritor se enfrenta a la hoja en blanco pensando en que lo que escribe pueda “circular” me parece que estamos menos ante un escritor que ante un oficinista.
Wilde decía que el artista no debe nunca pensar en el público. Y si de todos modos nos resignamos a hacerlo (porque bueno, concedamos que el arte es el arte pero el mercado es el mercado) ¿cuesta mucho decir simplemente “trato de que lo que escribo pueda ser leído con placer” o “fácilmente”? ¿Qué necesidad hay de utilizar el atroz verbo “circular”? El creador nos informa su intento no de lograr que algo sea sentido, comprendido, gustado o disfrutado sino de que “circule”. Incluso “trato de que lo que escribo se venda” hubiera sonado igual de menesteroso, pero al menos más cínico y osado.
...no que produzca rechazo o vómito.
Bueno, digamos que el remate de la frase le confiere una única y débil virtud: la contradicción. La palabra “vómito” era totalmente innecesaria y provoca precisamente ese temido rechazo que se proponía evitar.
Por eso utilizo una prosa clásica.
Nueva declaración de principios administrativos. Hoy voy a utilizar la prosa clásica, el cepillo de dientes y acaso el matafuegos. La prosa de un escritor, hasta donde sé, es un producto de su tensión interna, de su pathos, bah. Uno escribe lo que puede y lo que le es propio, por eso la prosa es personal. Suponer que se puede “utilizar” una prosa, y clásica para más datos, es dar la idea de un cajón lleno de prosas que el autor puede seleccionar como si se tratara de abrochadoras: la clásica, la romántica, la realista, y así.
Es verdad que el escritor de recursos puede variar su estilo dentro de ciertos límites, que pueden ser muy amplios, pero se trata de su propio registro de la realidad que se ha ampliado gracias a sus virtudes y su percepción, no de la “utilización” de una prosa u otra, sino de dejar fluir las variaciones que ha adquirido su propia forma de escribir.
Por otra parte no hay tal cosa como “una prosa clásica” a priori, ya que esas son clasificaciones posteriores. Adscribirse conscientemente a una escuela o estilo (o simétricamente, intentar sustraerse a ella) es más bien un acto de afiliación partidaria que de creación. Shakespeare no sabía nada de literatura shakespereana, como ya lo había señalado agudamente Borges.
Sigamos, por favor:
Siempre hay algo cuando uno escribe que es disruptivo y duro, y la vida también es dura.
Esto quizás es cierto, quizás no. No aporta demasiado y es más bien banal e impreciso. Pero bien, sin haber sacado demasiado provecho digamos que sí, que bueno, y continuemos con esto:
No sé qué es lo light, pero el arte tiene que estar en contacto con ciertas verdades.
Tuve que leerlo varias veces. La relación entre la primera proposición de la frase y la segunda, unidas por la conjunción “pero” es tan misteriosa que sugiere un repentino esoterismo o un error de edición. Propongo otras frases que encajarían tan bien – o mal – como ésta:
“No entiendo nada de yogures, pero la psicología no es una ciencia exacta.”
“No hay arreglos en el sentido de la vida, pero si me mandan voy.”
“Mi tía patea calefones.”
“Mi abuelo cabecea pan dulce.”
Si alguien puede explicar lo que quiso decir, adelante. Yo he agotado las posibilidades. Sigo a tientas:
La literatura está a mitad de camino entre la materia, la perversión y el lenguaje humano, el conocimiento, o sea, el lado tranquilo de la vida.
¡Qué linda frase! “el lado tranquilo de la vida” . Este postulado parcial sugiere que la vida tiene “lados”, de los cuales uno sería “tranquilo”. Creo natural suponer entonces la simétrica existencia de un lado “nervioso” de la vida.
En el tranquilo, si entendí bien esto, estarían el conocimiento y el lenguaje humano, mientras que en el nervioso encontraríamos a la materia y la perversión. En el medio de ambos estaría la literatura.
Esta enteramente arbitraria disposición tiene casi algo de onírico, pero creo que no logra emerger de la ineptitud, aunque sí demuestra que la mediocridad puede superar en extravagancia al más refinado decadentismo.
Por último:
Una buena literatura tiene que hacerte sentir algo en el cuerpo tuyo, real.
La tentación del chascarrillo fácil sugeriría que algo tan tuyo y real en el cuerpo como un dolor de cabeza (o alguna otra dolencia vulgar o infame) pueden ser efectivamente provocadas por ciertas lecturas.
Pero digamos sólo que eso de “una buena literatura” es – otra vez – muy feo ¿Por qué no simplemente “un buen libro”, o “un buen cuento”? Imagínense diciendo: “Ayer leí una buena literatura”. En el afán de rebuscar los términos y evitar hablar como cualquiera se coloca a las palabras en posiciones incómodas, se las fuerza a cumplir tareas que no son las suyas, se las maltrata.
Es curioso lo difícil que es hablar mal.
Ya sé que yo no soy un buen crítico de estilo; mejor dicho: no soy un crítico de estilo ni siquiera malo, pero me atrevo a decir que aquí he dado cerca o en el blanco un par de veces al menos. Y eso es precisamente lo grave: que un pazguato como yo pueda hacer puntería con tanta facilidad en semejante festival cacofónico brindado por alguien que dice ser escritor.
Repito: el Sr. Chernov me es desconocido y seguramente debe tener muchos más méritos que yo, pero no puede dejar de llamarme la atención que alguien supuestamente habituado al trato con la palabra sea capaz de ejercer la fealdad con tanta contundencia.
Y después nos quejamos de Tinelli.
12.2.07
Jack is in the air... la la la la la laaaaaaa II - El Marxista de Peluche
Error.
Grave error.
Niño Barroco, tus pequeñoburgueses días están contados. La revolución proletaria sabrá vengar esta afrenta. Los temibles guardias rojos ya están sobre tu pista.
Ruega que esta entrevista sirva como atenuante. Veremos qué podemos hacer en el Tribunal Revolucionario. Te advierto que lo tenés difícil.
Saludos.
7.2.07
Jack is in the air... la la la la la laaaaa I
El hombre andaba con ganas de conversar, así que conversamos un rato. Nos fuimos a una tabaquería del centro, y ahí entre humo de pipa (él) y cigarro (mío) nos tiramos flores, algunas sin sacar de la maceta.
Se habló de la violencia, de la duda, de Medio Oriente... De minas también, pero eso no se grabó porque somos intelectuales, ¿vistes?
Desde ya disculpas por la calidad del sonido, pero es exclusiva responsabilidad del amigo. Encima le agregó una música de fondo que a mí, francamente... Pero dice que la próxima entrega se va a moderar, el muy salvaje.
Mencionemos que la conversa fue destinada al interesante programa de internet-radio (podcast) Vanitas, que cuenta con Niño Barroco como columnista, reflexionador, entrevistador y monologuista, polemista, cronista y abogado del diablo, además de voz sexy de muchacho judío modelo, ese que toda chica quisiera arruinar moralmente.
Aquí la primera parte.
Salud.
1.2.07
¡Por fin, che!
Yo no tenía la menor idea de quién era Marianne Ponsford hasta que un viejo amigo con el que compartimos notablemente algunos puntos de vista, y que hacía mucho que no veía me mandó un mail con el siguiente texto, por supuesto, de Marianne Ponsford.
Por lo que averigüé esta rubia nació en Glasgow pero vive en Colombia, y ha editado alguna revista. Rebuscando por internet encontré algunas de sus notas y me han gustado, pero ésta es de esas que a uno le hubiera gustado escribir, realzada notablemente por el hecho de que la haya escrito una fémina:
Elogio de los hombres
¿Saben qué? Estoy harta de que las mujeres seamos las heroínas irrefutables del discurso moderno.
Estoy harta de escuchar que somos unas berracas porque hacemos oficio, porque lavamos los platos, porque les cambiamos los pañales a los niños. Estoy harta de que nos llevemos las palmas por el nada milagroso azar de ser parte del cincuenta y dos por ciento de la población: estoy harta del elogio de lo femenino.
Y estoy harta de escuchar que somos mejores trabajadoras, menos corruptas, más eficientes, más prácticas, más terrenales que los hombres. Estoy harta de escuchar que tenemos mejor capacidad de expresión verbal. Estoy harta de escuchar que sufrimos mucho por la avalancha de imágenes de perfección corporal a la que somos sometidas. Y sobre todo y por encima de todo, estoy harta de la absurda trampa que nos hemos tendido a nosotras mismas: nos movemos al vaivén de un extraño péndulo que de un lado tiene la corona de mártires de la cultura patriarcal y del otro el cetro de las grandes triunfadoras del mundo contemporáneo.
No quiero decir que el siglo XX no ha significado una enorme revolución de nuestro papel en la sociedad. Ni que este comentario ataña tal vez sólo a una elite. Lo que quiero decir es que hoy siento, más que nunca, que ese discurso femenino es manco, que me hace falta algo, que hay un vasto territorio de lo no dicho, y que es el que ahora quiero esbozar aquí. Es hora de hacer un elogio de los hombres.
Muchísimas veces he pensado en el difícil y silenciado misterio de la masculinidad. En lo extraño que debe ser tener que hacerse hombre. Porque en nuestra sociedad, las mujeres parecen nacer y los hombres, en cambio, se tienen que hacer. Desde el consabido "no llores", hasta el trago amargo inicial de la posibilidad del rechazo (al fin y al cabo, nosotras elegimos) que tienen que echarse a la boca, los hombres tienen que aprender a crecer de una manera insospechada para nosotras. Nosotras crecemos más rápido. Y ellos tienen que descubrir que de ser nuestros pares hemos pasado a desecharlos, que de golpe y porrazo los consideramos unos niños y preferimos a otros, más grandes, supuestamente más hombres. ¡Eso tiene que ser muy duro!
Si uno intentara resumir nuestro discurso cotidiano acerca de los hombres, pónganse a ver y se darán cuenta de que nos construimos como único referente de ese discurso. No somos capaces de verlos a ellos. Nuestro análisis de lo masculino es de un simplismo bobalicón porque su núcleo es su relación con nosotras. Podríamos llamarlo "el síndrome del nome": no me mira, no me quiere, no me habla, no me escucha, no me llama. Y el hecho real es que rara vez pensamos en ellos. En la filigrana, en la sustancia misma del ego masculino. Sumidas en nuestra propia complejidad y nuestra tendencia a interpretar cada palabra, cada gesto, como un indicio de un designio absoluto, les exigimos que su condición se parezca a la nuestra. Y aquí cito a un hombre: "En una fracción de segundo, la mujer hace de lo mínimo una interpretación del mundo". En el fondo, nos negamos a aceptar aquello que supuestamente deseamos: la condición masculina. Su esencia primitiva, rudimentaria, esa naturaleza cazadora que se enorgullece de la conquista, que nos considera su trofeo. Hay algo animal (y por tanto natural) en su deseo de posesión, pero somos incapaces de admitir que en ello hay un elogio maravilloso. Y, cosa absurda, los tachamos de machistas.
Lo que pasa es que queremos ser queridas sólo en nuestros términos. Ellos intentan ser más flexibles, y en el fondo, son mucho mejores estrategas que nosotras. Cito de nuevo una voz masculina: "El amor parece tener más plasticidad para el hombre".
Pues sí. Ya es hora. Los hemos escuchado decir mil veces que no pueden vivir sin nosotras. Creo que es hora de admitir que les hemos dado tanto palo últimamente que no se atreven a hablar, y de decirles, sin tanta basurita en la cabeza, que son estupendos, y que nosotras tampoco podemos vivir sin ellos. Eso sí que es feminismo.
Bueno, acabáramos.
Por fin un tiro para el lado de la justicia, maestra. Ya pensaba yo que ni una mujer tenía la valentía de empezar aunque más no sea a desconfiar de toda la huevada políticamente correcta que las pinta como lo que no son, de renunciar al discurso autohalagador y forro que es obligatorio especialmente en la progresía imbécil (aunque también tiene su cara conservadora) y extendido a toda la sociedad, de tirar al carajo de una buena vez todos esos suplementitos intelectualoides mediopeleros del culo que hacen de la mujer no un ser humano sino vaya a saberse qué increíble misterio irresoluble, que mártires gloriosas y qué genias de la creación.
Marianne, gracias. Sos inteligente, sos valiente y encima estás buena.
Y en honor a la verdad, conozco otra dama que piensa exactamente igual. Tomé la precaución de seguirla de cerca.
29.1.07
Peronismática Eclesialista
Empecemos con una buena noticia: sabemos que en Argentina, cantemos loas al Señor, los sindicatos están bien lejos de la insidiosa infiltración marxista.
Mientras en otros países nunca falta en los gremios el comunista gritón que vocifera sloganes destructivos e insensateces acerca de la lucha de clases y denunciando vaya a saberse qué inexistente explotación, en los sindicatos argentinos se han impuesto líderes colaborativos, razonables y negociadores hasta el anonadamiento.
Y en esto, amigos, mucho hay que agradecer a la impar ideología peronal con su ínclito tercerposicionismo que ha descubierto el justo medio entre el capitalismo y el asado de tira.
Esta perontogenia de nuestros sindicatos los ha vuelto asimismo profundamente cristianos, católicos, creyentes, fervorosos, religiosos, rezadores. Un poco más y diríamos místicos.
Invito al amable lector a saborear un ejemplo: coherente con la inquebrantable defensa de los intereses de los trabajadores, y decidido a hacer todo lo que esté a su alcance para defender el derecho de los obreros, el Sindicato de Empleados de Comercio ha plasmado en el siguiente volante un mensaje a los trabajadores proponiendo esta audaz acción, muestra de dignidad combativa aliada al más sólido sentido común:

Como se ve, el sr. Cavalieri, dueño... perdón: dirigente del SEC no escatima recursos cuando se trata de la lucha por los inalienables derechos del trabajador. Nada de medias tintas: defensa pura y dura de los laburantes, acciones concretas y medidas que sin duda llevarán a los empleados de comercio a unas mejoras en su nivel de vida que reíte del Primer Mundo.
Invitar a los trabajadores a pedir por sus derechos en la iglesia es una medida que uno no sabe bien cómo tomar: si como último recurso de la desesperación, si como ironía feroz... o como lo que es, una real invitación a que los laburantes pidan por lo suyo ¿en la Plaza de Mayo? ¿frente a las oficinas del patrón? No señor, esos no son los lugares adecuados, cabeza hueca. El lugar adecuado, idóneo y lógico es, claro está, la iglesia.
¿Para qué huelgas, marchas, organización, conflictos y esas cosas desagradables? ¿Acaso alguien duda de la eficaz intervención divina? ¿A quién se le puede ocurrir la estupidez de plantear medidas de fuerza cuando basta con una misa para que los salarios se disparen al cielo? Sólo a los rojos resentidos de siempre, claro, que nos dirán que a la iglesia se va a llorar.
Ahora bien, las buenas acciones generan buenos frutos. Veamos entonces los logros del sr. Cavalieri al frente del sindicato mercantil en su larga (muy larga, más de treinta inconcebibles años) y feliz gestión. El lector (y sobre todo el empleado de comercio) sabrá si agradecer al sr. Cavalieri, a San Ignacio de Loyola, a Dios Nuestro Señor o a todos juntos de manera separada, sucesiva o aún simultánea.
En primer lugar, los salarios. Veamos que el salario de convenio mercantil (por lo demás, uno de los más favorecidos comparativamente hablando) debe andar por los 900 mangos. Con premios y demás agregados extorsivos que se le ocurran al patrón se podría ir a unos... ¿1.300? ¿1.500? Calculo con pocos datos, cualquiera puede corregirme, es que me marean estos montos exhorbitantes. Esto por 45 horas de trabajo semanal, también estipuladas por el convenio.
Esto, claro, cuando el convenio se respeta.
Ah... perdón: es que no siempre se respeta.
Y no, no siempre. ¿Ud. que quiere, insaciable? Un repositor de un hipermercado, esos que hacen ganancias varias veces millonarias (aclaración: el hipermercado, no el repositor), cualquiera sabe que el pibe (y no tan pibe) labura mucho más por mucho menos.
Veamos un análisis que he leído por ahí:
Actualmente, la mayoría de los empleados de comercio como tantos otros asalariados, salvo honrosas excepciones, trabajan sábados y domingos, seis días por semana con un solo franco, pese a que su convenio establece 45 horas de trabajo semanal con medio sábado libre y domingo en familia… A los integrantes de la familia mercantil no les son abonadas las horas extras, no se les reconoce el descanso a mitad de la jornada y son explotados con "legitimidad" en shoppings e hipermercados en los cuales llegan a trabajar hasta bien entrada la madrugada y más de 12 horas diarias.
Más del 50% de los empleados de comercio "legales" tienen blanqueada la mitad de un sueldo de convenio, es decir, una jornada reducida aunque trabajen ocho o más horas diarias, mentira legitimada por la patronal con conocimiento y complicidad de la burocracia sindical para realizar menos aportes patronales y abonar menores indemnizaciones a la hora de los despidos. Más del 50% de los empleados de pequeños comercios trabajan en negro y perciben aún menores sueldos que los establecidos por la miserable escala salarial de convenio.
Evidentemente, el caro lector lo ha adivinado: ridícula propaganda marxista que quiere hacer flaquear la fe de los trabajadores. Resentidos que no conocen la feliz realidad que Cavalieri y San Ignacio mediante abruma de holgura a los obreros argentinos.
Porque no cabe duda de que los trabajadores son plenamente felices con la dirección de su sindicato, que en los sindicatos la democracia obrera es una realidad cotidiana, que cada trabajador es escuchado, que sus planteos son considerados con suma atención y que el menor problema que surja será solucionado de manera veloz y expeditiva por Madonna Quiroz o algún otro intelectual orgánico.
Así que a rezar. A rezar mucho. Ese es el camino para los trabajadores argentinos. El que no lo entienda podrá votar a otra lista.
Si la encuentra.
24.1.07
Introducción al esperanto.
El origen y los antecedentes.
Allá por los años 1860 y pico un judío polaco, el doctor Ludwig Zamenhof, tipo muy pobre, más bien ingenuo e idealista pero de una tenacidad e intelecto notables comenzó la tarea de crear lo que hoy se conoce como esperanto.
No vamos a contar la historia de Zamenhof precisamente porque es muy interesante y merece un post aparte.
El esperanto es un lenguaje que fue inventado para ser una lengua universal. Su nombre lleva implícito el ideal de Zamenhof: esperanto significa "esperanzado" (precisamente en esperanto) pseudónimo adoptado por Zamenhof, dado que suponía que la creación de un lenguaje internacional con pocas reglas sencillas e invariables y gran acople de significados a casi todas las lenguas importantes del mundo serviría para anular la incomprensión humana, acallar el estruendo de las guerras y lograr la hermandad universal. Una bienintencionada confusión de causa con consecuencia, probada por el hecho de que el esperanto, a pesar de sus ventajas, ha tenido muy poca difusión, aunque Internet lo ha revitalizado bastante.
Ha habido intentos previos: el Volapük del holandés Johann Martin Schleyer, o las Interlinguas (la de Peano y la moderna). Borges nos habla también del lenguaje analítico de John Wilkins (escrito que recomiendo), pero creo que ninguno llega a la elegancia, economía y sencillez del esperanto.
Así que vayamos al esperanto. Como se dijo se trata de un lenguaje con pocas (16) reglas fijas e invariables, 100% fonético y especialmente accesible a los hablantes de lenguas romances. Pero lo más interesante que tiene es la elegancia y economía de recursos para crear significados con muy poco esfuerzo.
Conjugando al toque.
Por ejemplo, tomemos los verbos y conjuguemos en presente del indicativo el verbo esti = ser o estar.
Mi estas
Ci estas
Li estas
Ni estas
Vi estas
Ili estas
No hay conjugaciones, verbos irregulares ni defectivos. Las personas son invariables y para crear el pasado y el futuro la regla es sencilla: muta la vocal de la terminación:
"a" para el presente (estas).
"i" para el pasado (estis).
"o" para el futuro (estos).
Con esto ya podemos conjugar de memoria tres tiempos del verbo esti y de cualquier verbo que se nos proponga (kanti = cantar, legi = leer, etc.); todo esto ya al primer contacto con el idioma.
Participe del participio.
Pero las lindezas cancheras del invento son otras. Veamos lo que pasa con el participio en cualquier lengua. Hasta donde conozco, en todas las lenguas importantes (inglés, francés, español, italiano, rumano, alemán, ruso) el participio es siempre pasado, estamos acostumbrados a eso. Observemos como se dice "casa construida" en esperanto:
Domo konstruita.
Hasta aquí nada del otro mundo. Pero por la misma sencilla regla de vocales enunciada más arriba es posible crear los participios:
Domo konstruata = (participio presente) "casa que se está construyendo".
Domo konstruota = (participio futuro) "casa por construirse" o "a construir".
Y saltan a la vista los penosos esfuerzos e ineptas piruetas que tienen que hacer el castellano y otros idiomas para lograr un resultado muy impreciso allí donde el esperanto gasta dos palabras en expresar lo mismo con toda claridad: si hay participios pasados, ¿por qué no presentes y futuros?
Así ya a esta altura es facilísimo hacer frases como:
La domo estas konstruata = La casa está siendo construida.
La domo estos konstruita = La casa estará construída.
Y así.
Fíjese en los sufijos.
Sigamos: Vimos algunos ejemplos de verbos, y la regla invariable es que toda palabra terminada en "i" es un verbo en infinitivo. De la misma forma:
Toda palabra terminada en "o" es un sustantivo.
Toda palabra terminada en "a" es un adjetivo.
Toda palabra terminada en "e" es un adverbio.
Juno = (sustantivo) juventud.
Juna = (adjetivo) joven.
June = (adverbio) juvenilmente.
Maljuno = (sustantivo) vejez.
Maljuna = (adjetivo) viejo.
Maljune = (adverbio) viejamente, de manera vieja.
Ebrio = (sustantivo) ebriedad.
Ebria = (adjetivo) borracho.
Ebrie = (adverbio) ebriamente, borrachamente.
Obsérvese la confusa variablidad del castellano para transformar adjetivos en sustantivos (terminaciones "ud", "ez", "ad") mientras que en esperanto cualquier adjetivo es fácilmente "sustantivable" y aún "adverbiable" sin esfuerzo.
El esperanto cuenta con un sistema de prefijos y sufijos que permite hacer cosas muy interesantes. Veamos algunos:
ul = Sufijo que designa a un individuo poseedor de una característica, así como en español los adjetivos pueden usarse también como sustantivos. El esperanto hace una diferenciación clara:
Nigra = (adjetivo) negro.
Nigrulo = (sustantivo) un negro.
Ruga = (adjetivo) rojo.
Rugulo = (sustantivo) un rojo (podría ser un comunista, uno de independiente, etc.)
E igualmente:
Ebriulo = (sustantivo) un borracho.
Junulo = (sustantivo) un joven.
Maljunulo = (sustantivo) un viejo.
Veamos otros sufijos:
st = Sufijo que designa a quien ejerce la acción, por profesión u oficio.
em = Sufijo que indica amor o afición por algo.
Así que:
Laboro = (sustantivo) trabajo.
Laboristo = (sustantivo) trabajador.
Labora = (adjetivo) trabajoso, laborioso.
Laborema = (adjetivo) laborioso, que ama el trabajo.
Por ejemplo: en español el concepto "joven trabajador" es ambiguo. Como no sabemos el papel de cada término (adjetivo o sustantivo) no sabemos si se trata de un joven que ama el trabajo, o simplemente un trabajador joven. En esperanto en cambio:
Juna laboristo = trabajador joven.
Laborema junulo = joven laborioso.
Otro sufijo interesante es aĉ = Sufijo despectivo ("ĉ" se pronuncia como "ch" en castellano)
Ĉevalo = (sustantivo) caballo.
Ĉevalaĉo = (sustantivo) caballo malo, matungo.
Ebria = (adjetivo) borracho.
Ebriaĉa = (adjetivo) en pedo mal.
Ebriulaĉo = (sustantivo) Un borracho mal, un borracho del orto.
Junulaĉo = (sustantivo) pendejo.
Junaĉe = (adverbio) pendejamente.
El esperanto es un lenguaje de reglas más que de términos, y esto es precisamente lo que permite deducir y aún crear estos últimos con enorme libertad. Un buen ejemplo se encuentra en la frase:
La ebriulo aĉe insultis. = El borracho insultó groseramente.
El término aĉe es en realidad la mera combinación de dos sufijos: "aĉ" (sufijo despectivo) y "e" (adverbio) que dan la idea de despectivamente, malamente.
Así también, usando el sufijo em que indica afición podemos decir:
eme = (adverbio) aficionadamente, con apego.
ema = (adjetivo) apegado, aficionado.
emulo = (sustantivo) un aficionado.
Lo notable es que estas palabras son deducibles sin necesidad de haberlas aprendido, la mayoría de ellas yo las "inventé" sin haberlas leído en ningún sitio.
Engendrando criaturas verbales. Mójele la oreja a Lacan.
Los lenguajes naturales se han desarrollado en el reino de la necesidad y sobre la marcha. El hombre primero empezó a nombrar las cosas y luego extrajo los conceptos comunes generales que le permitieron sistematizar el lenguaje. Por eso la estructura lógica de las lenguas modernas es el resultado de la lucha entre la sistematización y la costumbre.
Pero el esperanto está desde el principio orientado a conceptos de orden general, así que todos sus términos responden a las reglas establecidas. Esto permite la creación de algunos monstruos verbales perfectamente lógicos desde el punto de vista conceptual que en otros lenguajes no se pueden sintetizar en términos que no queden artificiosos.
Por ejemplo:
Konstruito: (sustantivo) si tomamos el participio pasado konstruita (construido) pero lo terminamos en "o" se convierte en sustantivo. He aquí el posmodernísimo vocablo "constructo" (que en español, además de no existir, suena a "eructo"). La realidad es un constructo creado por el discurso, licenciado Bernardez.
Pero el esperanto, si quisiéramos realmente sobrepasar a todo el posmodernaje en el fetichismo de la palabra, nos brinda recursos de elegante economía que nos permiten lindezas como estas:
Konstruato: (sustantivo) Lo que está siendo construido. Más de un Lacan de Villa Luro ha forzado al castellano a parir un contrahecho equivalente: "construendo".
Konstruoto: (sustantivo) Lo que está por construirse, "lo a construir". Orgasmo de Derrida.
Y podemos desvariar con el participio que se nos ocurra:
Lerni = (verbo) aprender.
Lernita = (participio pasado) aprendido.
Lernito = (sustantivo) lo que se aprendió.
Lernato = (sustantivo) lo que se está aprendiendo.
Lernoto = (sustantivo) lo que se aprenderá.
Los esperantistas suelen teñir el uso de esta lengua con algunas alusiones ingenuotas al porvenir de la humanidad, y algunas huevadas políticamente correctas de poco o ningún valor. Pero el aspecto puramente lingüístico del esperanto es más que interesante.
El único defecto que le encuentro es que no es nada eufónico, su elegancia técnica contrasta con un sonido que parece una mezcla cocoliche de tano alcoholizado y turco.
Bien, vistos los resultados del post anterior creo que con éste llegaremos al tema que me interesa realmente que, como habrán adivinado, es el peso político de la patota sindical peronista.
Buenas tardes.
15.1.07
Lógica aristotélico - peronista
Es que señores, el discurso argento es tan poderoso, tan denso que su peso específico es capaz de demoler lo que nos rodea y reconstruirlo mágicamente dejando en la inopia, la patidifusión y el desconcierto al materialista más recio:
- Disparé porque no quería matar a nadie.
Y yo como un boludo perdiendo el tiempo con la dialéctica.
Permiso, me voy a tomar una absenta, a ver si me despierto.
5.1.07
Los maricones
Por supuesto no me refiero a los homosexuales. Se puede ser homosexual y ser valiente. Y se puede ser hetero y un marica de cuidado.
Los maricones nunca van de frente, nunca atacan si no están seguros de ganar, y cuando lo hacen tienen que causar el mayor daño posible ya que temen las reacciones. El maricón tiene miedo y es su propia cobardía la que lo hace temible. Un cobarde es infinitamente más peligroso que una persona de coraje.
El plural está justificado ya que siempre actúan en grupo. Y por su propia naturaleza es lógico que siempre elijan el bando del más fuerte. Los maricones son ideales para defender al poder.
En los ’70 se llamaban a sí mismos "patota", y a confesión de partes las pruebas sobran. Los maricones se ensañan con el enemigo vencido por la sencilla razón de que ninguna victoria les puede dar el valor que no tienen.
Ideología política no poseen ninguna en el sentido estricto. Toman prestada la de sus empleadores y le agregan obsesivas alusiones al honor, a la lealtad y a la rectitud. La razón es que carecen por completo de nada que se les parezca. Tienen por el contrario mucha semejanza con las mafias, y suelen estar conectados con ellas, con la diferencia de que un mafioso tiene al menos la dignidad de asumirse como tal: una forma de hacer negocios. Los maricones en cambio son incapaces de ser delincuentes hechos y derechos con los riesgos que eso conlleva, ellos necesitan siempre la protección del poder.
Los maricones no hacen la guerra. Secuestran, torturan, desaparecen. Ni siquiera se puede decir que realmente maten ya que quien mata pone la firma. El maricón prefiere no dar la cara. El concepto Noche y Niebla, inventado por los nazis, es una obra maestra de la mariconada profunda.
Les encantaría ser guerreros pero el culo se les disuelve si tienen que enfrentar a un enemigo mano a mano. Atacar de frente no saben ni se les ocurre, por eso para ser un maricón de fuste es necesario carecer por completo del sentido de la vergüenza ¿Cuál tener si se ha elegido defender los intereses de otros? Es por eso que la patria tampoco se les cae de la boca. Para ellos la patria no son los argentinos sino quien paga, y cuando hubo que enfrentar al enemigo inglés ya sabemos lo que ocurrió. Los ejemplos sobran y fatigan.
El maricón es experto en amenazar. La amenaza es su herramienta. Prefiere neutralizar al enemigo amenazándolo que actuando ya que el maricón es un obseso del mínimo riesgo. Como vive cagado de terror necesita sembrarlo. Y es bueno en eso: ataca a los hijos, a los familiares, a los seres queridos.
El maricon habita la oscuridad, el lumpenaje, el delito. Huele mal.
A los maricones se los derrota no cediendo. Obligándolos a salir del agujero. Es difícil. Desgraciadamente las fuerzas de seguridad, los servicios de inteligencia y las fuerzas armadas están repletas de maricones, en esa zona infecta que mezcla las instituciones y el delito. Pero hay que saber que combatir es precisamente lo que no saben hacer ni harán nunca a menos que estén muy pero muy seguros de ganar. A la mínima alarma que les haga sospechar una reacción popular, a la menor señal de que el caldo se pone espeso y la gente se hinchó las pelotas largan todo y corren.
Tuvimos una muestra recientemente de cómo corrieron, precisamente la doble muestra de su debilidad y su peligrosidad. Ahora es precisamente cuando hay que ir a buscarlos a donde estén; y si la policía no puede, entonces habrá que ayudarla: hay vecinos, hay laburantes, hay militantes, hay ojos y oídos y manos en el pueblo.
No hay nada que celebrar hasta que no se los identifique y se los castigue. Porque es precisamente la debilidad, la confusión y la indiferencia lo que hará que vuelvan.
24.12.06
Post navideño
Además cada navidad me atrevería a decir que reflexiono más sobre el Flaco que más de una familia de esas que figuran como católicas y que lo único que les interesa de la navidad es hacer shopping (en España cada familia gasta un promedio de 600 euros en regalos, una salvajada consumista de estos campesinos enriquecidos).
Por supuesto, a los que de verdad creen les mando un saludo y una imagen de mi arbolito:

Bueno, claro que la estrella no es muy ortodoxa. Un obrero y un campesino se juntaron y la pintaron de rojo, y se dejaron ahí sus instrumentos de trabajo: una hoz y un martillo. Yo creo que Jesús no se enojaría.
Si alguien me acusa de hereje, creo que no soy el primero en esto de las adaptaciones. Sabemos que en ningún lado dice que Jesús haya nacido un 25 de diciembre, y que sospechosamente la iglesia ha hecho coincidir el nacimiento del Barba con la paganísima Fiesta del Solsticio.
Así que si de heterodoxias hablamos...
Salutes.
19.12.06
La piedad como lujo (Ah mon cher Jean-Claude...!)
"Siempre me compadecí de los desamparados, pero sin experimentarlo es imposible comprender lo difícil que es" nos explica uno de estos genios.
El primer detalle que llama la atención son las carpas: muy buenas carpas. Yo no sé si en París los indigentes viven en carpas, me parece que no, porque conozco París y si bien no he vivido como ellos al menos los he observado bien: carpas no tienen.
Pero bueno, digamos que estos sufridos muchachos quieren hacer la experiencia pero tampoco la pavada, macho.
Sin embargo yo creo que hay que ayudar a esta buena gente. Ayudarlos a compenetrarse con el tema. Como primera medida yo les retiraría súbitamente las carpas en medio de la noche, como para que de verdad sientan lo que siente un ñato que simplemente no tiene dónde refugiarse.
Y como segunda medida creo que sería de enorme ayuda expropiarles sus respectivas casas. Así un funcionario se presentaría frente al aprendiz de indigente y le comunicaría que de aquí en adelante ya no tiene a dónde carajo volver, así que váyase acostumbrando.
Porque la verdadera experiencia es esa, muchacho: no tener casa, y no rajarse de paseíto un rato. El frío y el hambre - estoy seguro - se deben sentir de manera muy distinta cuando uno se somete voluntariamente a ellos "para ver cómo es" que cuando se sufren deseando intensamente calmarlos sin tener con qué, como les pasa a los verdaderos indigentes.
Esta es, señores, la Europa pelotuda.
11.12.06
Las dudosas virtudes de la duda
Niño Barroco empieza cortejando a nuestra amiga la duda. ¿Quién no la conoce? En los tiempos que corren es una especie de superestrella, el pensamiento contemporáneo de ultimísima hora, ese que suele envejecer desastrosamente y que – observen la finesse – me resisto a llamar "posmo", adora la duda. Y Niño Barroco está, es mi prescindible opinión, subido a este tren, paradójicamente con total convicción.
La primera reflexión que me produce escucharlo es que a mí el pensamiento de moda no me gusta. Nada peor que una idea convertida en opinión pública. Y esto vale también para aquellos tumultuosos ’70, creo que está claro que los psicobolches de oficio tampoco han sido santos de mi devoción.
La segunda reflexión salta ante la frase clave de Niño Barroco durante su monólogo: "A mí me encanta dudar". Creo que podemos empezar por acá.
¿Qué cosa es la duda? A mi me parece que se trata de la incapacidad admitida de tomar un camino, una posición o una decisión. La duda es lo contrario de la opción. Y hoy nos cansamos de escuchar por todos lados que la duda tiene un alto mérito, que la certeza por el contrario es peligrosa, que tener certezas es autoritario, feo, mientras que dudar es genial y muestra de gran inteligencia. Esto nos dicen.
Me permito dudarlo, si puedo socarronear un poco.
Me parece que si uno se pone un poquito dialéctico (y casualmente la dialéctica, mina que me gusta mucho más, aparece siempre en los debates interesantes) la duda está muy bien siempre que evidencie una incapacidad para optar debida a nuestra falta de información o de datos que nos permitan tomar una postura. Falta de información o de datos que la duda debería impulsarnos a remediar. En otras palabras la duda es interesante en tanto apunte a liquidarse a sí misma.
Porque si uno se instala cómodamente en la duda, si a uno le "encanta dudar" como a nuestro barroco amigo, entonces mágicamente la duda deja de ser duda y se transforma en postura, en convicción. Una convicción que prohíbe a todas las otras, o sea: la más estéril e inútil de las convicciones, se trate el tema que se trate.
Sospechar de toda convicción y someterla a prueba está muy bien, no hay que aceptar nada a priori. Pero siempre y cuando este "no aceptar" tenga como motivo la falta de elementos para hacerlo. Si el "no aceptar" se convierte en una postura de principio, entonces estamos simplemente ante la falta de voluntad para recabar información, estamos lisa y llanamente ante el elogio de la ignorancia.
A mí me parece que ni la duda ni la certeza indican la inteligencia o la honestidad de nadie. Se puede dudar y se pueden tener certezas, y en ambos casos se puede ser una persona reflexiva e inteligente, una persona deshonesta o un simple tarado.
El estrellato mundial de la duda permite a innumerables ignaros posar de gente sesuda y reflexiva. "Mire, yo dudo de todo" nos dice muy orondo un tipo que simplemente quiere ahorrarse la mucho menos prestigiosa frase "Mire, no tengo idea de nada". Lo bueno de la duda es que no exige conocimientos, más bien es necesario rechazarlos para poder permanecer cómodo en ella.
Este estrellato tiene una razón de ser: luego de la derrota de los proyectos que vislumbraban una sociedad mejor (históricamente no tan alejados pero que se nos antojan prehistóricos) estamos tan desorientados en el mundo del capitalismo salvaje y triunfante, que a esta altura ya creemos que la posición natural de la mandíbula es colgando.
Tenemos tanto miedo de equivocarnos, de embarcarnos en lo que sea, que no nos damos cuenta de que ya estamos embarcadísimos en el proyecto de quienes sí conservan convicciones muy firmes: numeritos de varias cifras en la cuenta corriente ayudan a sostener profundas certezas, incluso convertirlas en piadosos dogmas religiosos.
En la volteada cae la ciencia. Pobre la ciencia. Las variantes del relativismo cognitivo que nuestro muy amigo Alain Sokal desenmascaró con tanto humor y elegancia tienen el mismo origen. Claro: la ciencia puede ser usada para el mal, los laboratorios hacen negocio, etc. etc. La ciencia carga ahora con las miserias del capitalismo, y la culpa de Hiroshima y Nagasaki, como todos sabemos, no es del imperialismo sino de la física aplicada.
La solución para esto recetada por el pensamiento desnutrido es "¡Desconfiemos del pensamiento científico!", algo así como combatir la especulación inmobiliaria recomendando a la gente vivir en los caños. En lugar de tener el buen sentido de democratizar el pensamiento científico, de promover organismos democráticos de control que impidan el uso de la ciencia en contra de los intereses de la gente, Niño Barroco nos dice: "la ciencia es también una práctica, así que desconfiemos de la ciencia". Lo gracioso es que cuando alguien plantea que sería más lógico desconfiar de las clases dominantes Niño Barroco suele descalificar la advertencia por paranoide, improbable y conspiranoica.
Y por último, la violencia. Es el caso más trágico y el más delicado. Niño Barroco vincula las certezas con la violencia. Claro, para ejercer la violencia hay que contar con certezas, en general la violencia dubitativa es más bien rara: imagínense uds. pegarle un tiro a alguien sin saber muy bien por qué, o no decidirse entre poner una bomba en un cuartel, un partido de izquierda, o un baile de disfraces.
Así que la violencia exige certezas. Y la violencia no es buena, así que esto parecería abogar a favor de la duda. Lo malo es cuando alguien ya la utiliza ¿Qué hacer cuando el sistema cae encima de miles de personas? ¿Aconsejarles la duda? ¿Prevenirlos contra las certezas? ¿Decirles que la violencia es mala? Supongo que los fregados por el sistema nos contestarán que saben bien lo mala que es la violencia porque se la bancan todos los días.
Entonces ¿por cuánto tiempo más seguiremos en esta dudofilia? Yo espero que no demasiado. Porque mientras nos complacemos en las delicias de la duda hay otros que están desmontando el escenario y arreglándolo a su gusto con una idea muy precisa de lo que quieren.
Y a ellos nuestras dudas les importan muy poco.
29.11.06
23.11.06
Punga argento contra el imperio.
Y justamente andaba por San Telmo ¿quién se iba a imaginar? Uno se pregunta qué pensará de Buenos Aires esta chica, y probablemente no piense nada: un segundo atrás del otro de una vida consagrada a vivir un segundo atrás del otro. Y no es por ponerse pesado contra ella, quizás es inteligente y sensible. Quizás le importa algo. Pero lo más probable es que sea una inimputable.
En eso estaba, de incógnito en un restaurante rodeada de sofisticados guardaespaldas con microfonito invisible y anteojos oscuros, gringamente hieráticos y tan convencidos de sí mismos, con el regocijo de su parafernalia celosamente oculto. "I’m a pro" piensan. "I’m protecting the Free World" piensan. Intentan no pensar en cambio que podrían estar vendiendo droga en el Bronx, o en la insignificancia de sus nombres, entre los que seguro hay mucho Tony Cardoso o Williams Pereda.
Los gringos estaban tan concentrados en estar concentrados que lógicamente no podían ver a un ladrón argento, especie escurridiza mezcla de artesano e instantáneo psicólogo urbano, capaz de detectar en la actitud, los gestos y la mirada del gil ese segundo imperceptible en el que está justito maduro para cosechar su cartera, su tarjeta de crédito, su celu y su billetera dejando a cambio una enseñanza zen: "Tu espejo te devuelve la imagen de un capo. Funciona mal".
Así que el punga se hizo la cartera de la rubia, pasando discretamente de costado como un monje chino entre orangutanes borrachos, un guerrero de lo mínimo. Su mano ejecutó con elegancia y discreción un pase maravillosamente indoloro, como si ese bolso de mujer fuera su propiedad de toda la vida. Perfecta sincronización con el Orden Universal con el que nuestro punga se tutea en esos momentos, precisamente porque nada la importa menos.
Y seguro que en la fascinante cartera se encontró con cosas triviales: pañuelitos de papel, una billetera con fotitos, papelitos anotados y claro: el celu y los dólares que habrá limpiado antes de dejarla en una pizzería.
Parece nomás que los imperios están construídos por hombres, así que no será descabellado pensar que los hombres pueden derrumbarlos. El punga sin pensarlo siquiera nos acaba de enseñar que se trata de simplemente gente.
Hay una palabra argentina, una palabra porteña y preclara que oculta sus maravillas en la cotidiana y permanente divulgación que el pueblo llano le regala al relanzarla una y otra vez, pero que en ocasiones especiales surge imprevista como la afirmación del adjetivo más exacto, un milagro de precisión poética que vale la pena detenerse a admirar aunque sea por un instante.
Esa palabra adquiere entonces la belleza severa de un haz luminoso que cae impiadoso sobre el rostro, iluminando unos ojos más bien redondos y una incierta boca entreabierta. La palabra nuestra que – gritada libre por una socarrona voz del pueblo – es el majestuoso testimonio de una verdad definitiva:
Boludos.
20.11.06
Breve intervención de Yukio Mishima

No, no es un post sobre Yukio Mishima. Algún día me mandaré un post sobre él. Algún día en el que me sienta capaz de resumir el talento de un tipo como éste en menos de 5.000 palabras y sin tener la sensación de no agregar nada.
Digamos por ahora nomás que Yukio Mishima es uno de los escasos autores de los cuales he leído más de cinco libros sin experimentar en ningún momento la sensación de que podría haberse ahorrado una frase. Tengo la tentación de usar la expresión "uno de mis muy pocos referentes", pero me parece un poco pedante e insuficiente.
Si no lo conocen, y sabiendo que los gustos son algo muy misterioso e imprevisible, me atrevería a sugerir que intentar abordarlo es una inmejorable inversión de tiempo.
Hoy me voy a detener en un parrafito del hombre. El parrafito dice esto:
In its essence, any art that relies on words makes use of their ability to eat away – of their corrosive function – just as etching depends on the corrosive power of nitric acid. Yet the simile is not adequate enough; for the copper and the nitric acid used in etching are on a par with each other, both being extracted from nature, while the relation of words to reality is not that of the acid to the plate. Words are a medium that reduces reality to abstraction for transmission to our reason, an in their power to corrode reality inevitably lurks the danger that the words themselves will be corroded too. It might be more appropriate, in fact, to liken their action to that of excess of stomach fluids that digest and gradually eat away the stomach itself.
Taiyo no Tetsu - Sun and Steel (1970)
Ya que la lengua original no es el inglés me puedo animar a traducir ineptamente:
En su esencia, cualquier arte que se apoye en las palabras hace uso de la capacidad de éstas para erosionar, de su capacidad corrosiva, tal como el grabado depende del poder corrosivo del ácido nítrico. Aunque el símil no es totalmente adecuado ya que el cobre y el ácido nítrico usados en el grabado están en un pie de igualdad, siendo ambos extraídos de la naturaleza, mientras que la relación de las palabras con la realidad no es la del ácido con la plancha de metal. Las palabras son un medio que reduce la realidad a una abstracción para posibilitar la transmisión de la misma a nuestra razón, y en su poder de corroer la realidad inevitablemente acecha el peligro de que las palabras mismas sean también corroídas. Podría ser más apropiado, de hecho, asimilar su acción a la del exceso de fluidos estomacales que digieren y gradualmente erosionan el estómago mismo.
Taiyo no Tetsu - Sol y Acero (1970)
Si este conceptito tan lleno de posibilidades hubiera sido mejor conocido / comprendido nos hubiéramos ahorrado toneladas de papel impreso con fatigosas y aburridas huevadas en los últimos veinte años.
Y tendríamos unos cuántos árboles más.
14.11.06
Compadradas: metiéndose con el origen del Universo

En el debate que surgió hace un par de posts se terminó hablando de dios y el origen del universo. Con qué habíamos empezado ya ni me acuerdo dado que este blog sigue la estricta norma de irse puntualmente al carajo en cada discusión.
Lógicamente, nuestro habitual invitado Mr. Dios no pudo estar ausente del asunto (la divinidad aparece con tanta frecuencia en este blog que pronto será ubicado por místicos a la búsqueda de dios en Internet).
Resulta que ahora me dieron ganas de hablar del origen del universo, tema sobre el que tengo tanta autoridad como sobre todos los otros: ni la menor.
En medio del despelote el amigo Severian planteó algo interesante:
"El mundo satisface ciertas leyes naturales, cuyo origen es una cuestión no científica."
Aquí aparece por primera vez la palabrita: origen.
Y amplía más adelante:
"Digamos que la cuestión del origen de las leyes naturales es puramente filosófica. Casi por definición me parece imposible dar una respuesta científica a eso. El científico puede "descular" las leyes que rigen el universo, darles una forma que sea consistente con todos los datos empíricos obtenibles, y que permita predecir el resultado de cualquier experimento imaginable. Ahora bien, por qué el mundo es así y no de otro modo es una pregunta no susceptible de ser falseada por datos empíricos, luego no científica."
La explicación de Severian parece autosuficiente a primera vista, y muy recatada; pero a mí me parece que se la puede seguir unas cuadras a ver si se le puede sacar algo más, un teléfono aunque sea.
¿Por qué el mundo es así?
Veamos: observamos que llueve, el científico estudia y da con el origen del fenómeno, ah claro, resulta que la masa de aire frío condensa el vapor de la nube y se precipita en forma de gotas. Genial.
Pero... ¿y porqué se forman las nubes? Elemental mi estimado, las mases de agua reciben energía del sol en forma de calor, el agua se evapora, bla bla bla. Hemos dado con unas leyes sencillas: el calor sobre una masa de agua aumenta la energía cinética de las moléculas y forma vapor, el frío las disminuye y se condensan gotas de agua.
OK, ¿Y esto por qué?
Bueno, digamos que la energía aumenta el movimiento de los electrones en los átomos que componen las moléculas y bla bla bla y bla.
¿Y por qué?
Bien, creo que ya nos damos cuenta de la dificultad. Existe un camino interminable de "¿por qué?" detrás de cada fenómeno, pero al mismo tiempo nadie puede declarar que la ciencia debe hacer stop y declararse incompetente para dar el próximo paso. Incluso preguntas más borrosas como "¿Por qué la injusticia, la violencia, etc.?" no tienen por qué ser vistas como misterios insondables. La razón por la que declaramos "por que sí" es sencillamente momentánea ignorancia.
Dialécticamente: momentánea y al mismo tiempo eterna. Nuestra ignorancia es infinita y precisamente por eso nuestro conocimiento no deja de avanzar.
Muchas veces intuyo que los caminos de la fe se deben a una impaciencia en la búsqueda de absoluto, de una explicación definitiva cuando la única explicación es precisamente que lo único definitivo es que todo cambia, que nos movemos en un continuum, si me perdonan el latinajo. Suponer la ruptura de dicho continuum para fijar un comienzo es actuar con la misma arbitrariedad con la que declaramos que la semilla es el origen de la planta, dejando de lado que es válido decir asimismo lo inverso.
Vivimos omitiendo datos para hacer la realidad más fácil. Fijamos un origen para todo olvidándonos que antes de ese origen hubo otro origen, y así.
A riesgo de que me tilden de new age, me interesa la vieja frase del I Ching: "Lo único inmutable es la mutación". Esta declaración es la que el relativismo cognitivo (y ético) quiere aprovechar como grieta para colarse y declarar que nada es cognoscible y que como todo muta entonces mejor no hacerse problemas, procediendo de una manera tan arbitraria como la fe, sólo que en sentido inverso.
Así andamos.
En cambio nuestros amigos los chinos llamaban la atención sobre el carácter dinámico de la existencia, que tiene leyes claramente expuestas, tan claramente que permanecen ocultas. Heráclito coincidía al decirnos que nadie cruza dos veces el mismo río. Y creo que fue Borges quien había notado que la frase tiene dos sentidos: uno manifiesto (el río nunca es el mismo) y otro más sutil (nosotros tampoco somos ya los mismos).
Así que cuando hablamos del origen del universo me parece que caemos en una trampa. El concepto "origen del universo" implica la caída en una zancadilla imperceptible que nos tiende nuestro trato diario con la realidad, que a los fines prácticos ignora la evidencia de que el concepto "origen" es tan inconcebible para nosotros como el concepto "infinito" o el concepto "nada".
Estamos acostumbrados a otorgar arbitrariamente un comienzo a las cosas, pero la verdad es que nadie ha realmente visto jamás un verdadero "origen". Lo sabe cualquiera puesto ante el viejo dilema del huevo y la gallina, planteo metafísico-avicultor que empleado de manera casual por mi abuela tuvo la virtud de proyectarme de golpe y vertiginosamente al origen de todo ya en mi más tierna infancia. Ahí me di cuenta de que sólo la mera comodidad nos lleva a afirmar que algo ha empezado, cuando en realidad sólo hablamos de transformaciones a partir de un estado anterior, nunca de un surgimiento de la nada: el partido comenzó pero antes había una cancha y jugadores en los vestuarios, y antes venta de entradas, y antes...
Suponer un origen de todo es postular la existencia de un punto temporal antes del cual no hay nada, dato absurdo: si no hay nada no puede haber un "origen". Y la invención de dioses como punto de partida es un antropomorfismo que omite por no accesibles al simple mortal las explicaciones acerca del origen del dios, con lo cual seguimos claramente a oscuras, si puedo ponerme gracioso.
Si el concepto de eternidad es igualmente inconcebible, a mí – si mi opinión vale de algo – se me hacen más amigables, o familiares, las teorías que sitúan la existencia como un hecho dado en lo eterno: el Eterno Retorno de Nietzsche, las teorías sobre la eternidad de la materia o el taoísmo. Querer ubicar un "comienzo" es en realidad un error de percepción, un espejismo.
No se me escapa que mi objeción también puede ser cuestionada de la siguiente forma: estoy proponiendo la imposibilidad de un comienzo para la materia en el tiempo, olvidándome que quizás el tiempo también tiene un origen, acaso el mismo para ambos ya que si la materia no es concebible sin tiempo, posiblemente tampoco sea a la inversa. Yo, acostumbrado como estoy a vivir en la dimensión temporal, planteo la pregunta "¿Y qué había antes?", olvidándome de considerar la posibilidad de un punto no espacio-no temporal para el que no hubiera ningún "antes".
La teoría del Big Bang satisface (me parece) una intuición que – dentro de nuestras limitaciones - siento muy redonda e interesante. Según lo que oí por ahí, el universo habría empezado como un punto de dimensión cero y densidad infinita. Sospechando una relación entre materia y tiempo aventuro que no se me hace filosóficamente tan descabellado suponer que en dimensión cero y densidad infinita no hay tiempo. Preguntar "cuándo" ocurrió esto es nuevamente caer en la trampa temporal. Ni la eternidad ni el no-tiempo pueden tener un "cuándo" ya que una es todos los instantes y el otro es la ausencia de instantes.
Son conceptos que forman una síntesis dialéctica estéticamente interesante, aunque algo vertiginosa.
En el medio de ambos, la existencia no parece ser más que una sorpresa, un raro accidente que nos encierra en su dinámica y no nos permite a nosotros – que somos parte – alcanzar sus fronteras.
Todo cambia, y todo cambio es un comienzo y un fin en cada instante. Ese comienzo y ese fin inconcebibles están ocurriendo perpetuamente, y lo que ocurre perpetuamente no ocurre nunca: el tiempo y sus instantes jamás han dejado de existir y por eso jamás han existido ni existirán.
Buenas tardes.
3.11.06
Hoy y ayer
Le decían Valijita.
Nunca supe porqué. Traía una valija, como todos. Quizás fuera la forma de sostenerla, como si llevara algo especial dentro. Una bomba. Cartas de amor. Pruebas comprometedoras.
En el secundario uno aprende a sobrevivir. Se viene todo encima: el mundo, los sueños, el sexo y los ideales, el temor y la vida. Uno se viene a sí mismo encima, ese que vamos a ser, ese que no seremos nunca.
Y encima el parcial de mañana.
Le decían Valijita y siempre se hacía el distraído. Lo cierto es que oía y veía. Y callaba.
Valijita era homosexual. Nunca supe su nombre. Era el marginal, el otro, ese fenómeno ridículo y digno de la doble maldición del escarnio y la lástima.
Lo cierto es que en ese momento de la vida todos somos un caso. Ser diferentes es nuestro orgullo y nuestra vergüenza, y oscilamos permanentemente entre ser parte del grupo y ser ese que no sabemos aún de quién se trata. Remarcamos los rasgos en un esfuerzo de afirmación, y ese esfuerzo muchas veces conlleva el escarnio del otro como forma de exorcizar nuestros fantasmas.
A Valijita no lo fajaban ni lo insultaban, los tiempos ciertamente no daban como para eso. Pero lo cierto es que Valijita no podía de ninguna manera acercarse a "nosotros". Entre "nosotros" posiblemente hubiera algún homosexual o futuro homosexual frecuente o esporádico o diverso, platónico o carnal, pero quien fuera podía hacer algo que Valijita no: disimularlo.
No es que le pegaran. Ni siquiera le hacían bromas. Ni siquiera le daban la posibilidad de contestar una piña o un insulto. Era el vacío. El chiste del puto. No era culpa nuestra, sencillamente el mundo está hecho así, viste. Pobre. Son enfermos. Es que nacieron con hormonas femeninas. Es psicológico, boló. Yo no me le acerco. Cuidado no te agachés. Ja ja ja. Boló, corré que ahí viene.
Entiéndase, era una cuestión de standards sociales. No éramos prejuiciosos, no lo odiábamos. En aquel momento prejuicioso era, qué se yo, un neonazi, unos que fueran en banda y lo reventaran. Nosotros no. Nosotros simplemente lo rodeábamos de ese cordón sanitario normal, digamos. Natural. Lógico.
Yo no era peor que los demás. Tampoco mejor, y eso es lo que cuenta.
A veces me ponía a pensar cómo lo pasaría, o cómo sería su vida. A veces me dolía, o lo juzgaba injusto, pero mucho más fuerte era la necesidad imperiosa de jugar el supremo juego que tan bien jugábamos todos. A veces pensé en acercarme y charlar, pero hacían falta unos huevos que yo no tenía. Si fuera por los pensamientos nobles todos seríamos gente de pro, sin duda.
Hacer, no hice nada.
Las culpas no se lavan, Uno fue lo que fue y es lo que es. Lo que sí se puede es cambiar.
Si una cosa puedo rescatar de los tiempos que corren respecto de otros pasados es que la aceptación de la diferencia tiene una dimensión estrictamente ética – lejos de la multipelotudez – que es la única que me gusta. Es la única pero es fundamental. Hacer sufrir a otro, declararlo inferior, enfermo o inaceptable cuando ese otro no nos hizo nada es indudablemente la conducta de un cobarde o de un flagrante tarado, pero fue durante mucho tiempo la norma.
Las culpas no se lavan, decía. Pero se puede aprender. Es cierto que hoy es más fácil, y seguro que hoy no soy más valiente que ayer, pero sí un poco menos estúpido. Hace unas semanas se cumplió el primer aniversario de una boda que tuvo lugar el año pasado en un pueblito perdido de Catalunya. Un amigo mío que se casó con quien hoy es su compañero.
Adivinen quién firmó como testigo.
2.11.06
Che, una cosa...
¡Tengo una idea genial para un libro!
30.10.06
Ayer y hoy

Es verdad: estaba lleno de chantas, verseros y giles diplomados, nadie trata de negarlo. Tipos que llevaban a Marx o a Sartre o a Fanon bajo el brazo simplemente para levantarse minitas. La nouvelle vague a veces abusaba de la paciencia. En el café hacían la revolución los que hoy nos explican la muerte de las ideologías.
Pero el hecho de que para levantarse a una mina hubiera que posar de intelectual comprometido (incluso siendo un ganso) al menos marcaba una tendencia interesante, una dirección, un zeitgeist digamos, qué se yo.
Hoy... hoy asistimos atónitos a algo que en aquella época parecía impensable: el ataque en toda la línea contra la enseñanza científica en las escuelas, la defenestración de Darwin, la reivindicación de la ignorancia y la cereza sobre el postre: la grave, pormenorizada y solemne discusión sobre la existencia o no del... limbo.
Son tiempos muy, pero muy malos para el pensamiento.
Si me llaman nostálgico diré que a veces no queda otra que serlo. No está nada mal tener nostalgia de tiempos en los que pensar era un mérito y en los que semejante tema hubiera sido contemplado como un impensable delirio de cavernícolas.
Si me apuran, diré que se trata hasta de una cuestión estética.
Francamente, yo iba a escribir algo más, créanme, pero me agarró como un cansancio ¿vieron? Nada puede hacerse frente al ridículo. Mejor dejarlo ahí y contemplarlo con paciencia, a ver hasta cuándo piensa durar.
19.10.06
Obsequio: Memoria Completa

Repiten insistentemente que las cosas no pueden ser unilaterales, que la memoria debe ser completa, que los juicios deben ser ecuánimes, y ya que ha muerto gente a manos de la guerrilla, justo es que también se la tenga en cuenta.
Mucha gente ve este razonamiento como más o menos lógico, incluso en el post anterior he recibido la invitación a "recoger el guante" de parte de Niño Barroco. La frase concreta es "...el guante que arrojan de la memoria completa los progres lo tenemos que recoger...". Dejemos de lado el hecho de que la palabra "progre" me suele dar náuseas, recojamos el guantecito, aunque es un poco insalubre porque el guantecito huele francamente mal.
Haciendo un ejercicio de imaginación (algo intenso) supongamos que limpiamos a esta manifestación de la multitud de nazis, torturadores, golpistas y otros frecuentes subhumanos, e imaginemos que nos quedamos aún con bastante gente. Imaginemos gente a la que la guerrilla le ha matado un familiar y que se pregunta si acaso no deben esperar algo más que un entierro digno, el castigo judicial a los autores (cuando no se han encargado ellos mismos de hacerlo en el poder) y la posibilidad de vivir sin ser amenazados, dejando de lado que eso es mucho más de lo que han ofrecido jamás a sus víctimas.
Vamos allá.
La historia de nuestro país deberíamos conocerla todos pero el lavado de cerebro impuesto a una generación hace que los argentinos parezcan caídos en un planeta sin historia. Así que vamos a ejercer la "memoria completa" que es tan necesaria:
I - Uriburu: El primer golpe de estado data del año 1930, contra un gobierno constitucional. Guerrilla no había y subversión marxista tampoco, había un gobierno popular y democrático que no era lo mejor seguramente, pero el que lo reemplazó, la dictadura del general Uriburu, inauguró una década nefasta en que el hambre era moneda corriente. Recomiendo la lectura de "Del Patriciado a la Oligarquía" de Jorge Abelardo Ramos, por ejemplo.
Para esas fechas se empieza a aplicar en las comisarías un triste invento argentino: la picana eléctrica, instrumento con el que se comienza a torturar a los presos políticos.
II - El monito Farrell: El segundo golpe de estado data del año 1943, y costó una represión importante en la izquierda, que tampoco tenía ni siquiera visos remotos de actuar armada, así como una simpatía en política exterior con el Eje Roma-Berlin.
III - Rojas, ese humanista: El tercer golpe de estado data de 1955. Este golpe contra otro gobierno democrático e indudablemente popular fue particularmente cruento. Si alguien se pregunta cuál fue el bautismo de fuego de la aviación de marina argentina, sabrá que fue bombardear civiles argentinos desarmados en la Plaza de Mayo causando más de 300 (trescientos) muertos. Difícilmente un ejército pueda cometer un acto más deshonroso y traidor contra su propio país. Hubo también comandos terroristas civiles que ametrallaron obreros en la CGT, y una feroz represión posterior que incluyó la famosa matanza en los basureros de José León Suárez.
Recuérdese por favor que hasta el momento no había en Argentina guerrilla marxista ni subversión apátrida alguna, ni actividad armada, ni un militar siquiera agredido con una pedrada.
IV Onganía, todo un caballero: El cuarto golpe de estado fue en 1966, esta vez contra uno de los presidentes más honestos y transparentes que haya tenido nuestro país (un tipo que estaba lejos de ser marxista, claro) don Arturo Umberto Illia, que murió con un patrimonio compuesto por una mesa y dos sillas.
El gobierno del general Onganía fue responsable de las muertes del estudiante Santiago Pampillón, de la desaparición del obrero Felipe Vallese, y de una brutal represión en las universidades que marcó el comienzo de la decadencia educativa argentina con el éxodo de los mejores profesores y su reemplazo por bípedos que exhibían rigurosas credenciales católicas. El plan económico aplicado por este saludable gobierno significó el comienzo de la desocupación como factor crónico de la economía argentina.
Por fin, a mediados del ’67 empiezan las primeras débiles manifestaciones de política armada en nuestro país, principalmente peronistas y nacionalistas, no marxistas: Uturuncos, FAP, y Montoneros.
Ahora bien, más de treinta años de violencia contra los ciudadanos argentinos y la clase trabajadora, sin contar con la caída del poder adquisitivo, la pérdida de trabajo, etc. fueron soportados con paciencia. Con mucha paciencia. Y hoy hay que escuchar de esta buena gente que nos exijan una "memoria completa". Pues bien, aquí está.
La memoria completa dice que las ffaa en Argentina empezaron a asesinar civiles y trabajadores mucho antes de que existiera ninguna guerrilla, que la política armada en Argentina fue una respuesta a la brutal violencia militar contra la población civil y las constantes intervenciones militares en el poder, y no al revés.
Y si hace falta continuar con la historia argentina, digamos que desde el año 1983 en que se recuperó la "democracia" y el "estado de derecho" la policía ha dejado un reguero de víctimas que van desde la masacre de Ingeniero Budge en el '86 hasta la muerte de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, que nunca ha dejado de haber amenazas y agresiones permanentes contra militantes de izquierda (quien escribe ha tenido que ver en directo las heridas de una compañera militante secundaria a la que secuestraron y torturaron en el ’85), y que se ha sumido a la clase trabajadora en una degradación tal que la mitad de la población vive con 2 pesos por día y miles de familias están excluidas de la vida económica.
Todo esto sin que haya habido actividad guerrillera alguna. Otra vez: más de veinte años de violencia soportada con enorme paciencia.
Así que si se quiere "memoria completa" es necesario empezar a considerar los actos de violencia contra pobres y trabajadores no como la inevitable fatalidad que nunca tiene ninguna consecuencia. Es ridículo considerar el comienzo de la guerrilla como si fuera un hecho escandaloso e ignorar olímpicamente que la represión viene desde varias décadas previas como si se tratara de un pecadillo disculpable. La violencia viene del mismo lado durante mucho, mucho tiempo, y sí: llega un momento en que viene una respuesta, que es generalmente cuando ya no se aguanta más.
Es por eso que el que suscribe considera que la guerrilla de los ’70 - lejos de ningún idealismo juvenil, ni de ninguna historia de lobos feroces - representó un fenómeno más o menos lógico en el marco de una violencia social creciente. No se necesitó ninguna guerrilla para que las ffaa usurparan el poder repetidas veces en nuestra historia, bombardearan a la población civil, torturaran presos políticos y destruyeran la economía.
Ahora vienen a hablar de sus muertos. Quizás pretenden que matar civiles es un acto que puede y debe quedar indefinidamente impune, que desde el año 1930 su misión fue dar golpe tras golpe reprimiendo cada vez con más saña y que esto debían lograrlo sin siquiera mancharse el uniforme, que podían cargarse más de 300 personas en una tarde sin que existiese ni un asomo de respuesta.
Quizás algún despistado también lo cree.
Bueno, yo no.
12.10.06
...y siguen.
La tufarada hedionda que se extendió sobre el país desde Plaza San Martín, los discursitos de ex milicos, las diversas manifestaciones de la escoria infrahumana presagian y se articulan con renovadas agresiones.
Ahora se trata de una ex detenida-desaparecida a la que se cansaron de amenazar via mail con las lindezas a las que estos miserables nos tienen acostumbrados, hasta que cumplieron: hirieron con un instrumento cortante a un familiar. No extraña que este sea todo el coraje que pueden exhibir quienes dedicaron toda su vida a la defensa del Poder. Esa es la única patria y el único honor de estos ratones.
Si escuchan el audio, oirán que la amenazada finaliza su declaración al periodista con una frase: "...no sé qué está pasando en el país.". Lo que está pasando parece claro, la pregunta sería cómo es que se lo va a parar.
Porque la Argentina tiene un presidente muy bueno para hacer discursos, un tipo simpático que no se cansa de hablar. Lamentablemente gente de mucho coraje - como Hebe de Bonafini - ha decidido prestar más oídos a las palabras y a los gestos de seducción que a los hechos, pero los hechos dicen que mandar mandan los de siempre.
Y como mandan los de siempre, no es raro que el aparato de represión que supieron montar (no hay que olvidarse que la represión existe en defensa de intereses) permanezca intacto.
Vuelvo a preguntarme - sin que pretenda tener la respuesta - qué es lo que hay que hacer. ¿Cuenta la Argentina con fuerzas que le permitan investigar, atrapar y condenar a los autores de estos hechos? El sentido común y los hechos parecen decir que no. ¿Tienen que seguir aguantando todos los amenazados sin mover un dedo? ¿No existe ninguna manera de parar el terror?
La gente que fogonea esto es muy visible, se exhiben sin pudor en los medios, se agrupan en las plazas, reivindican la represión a los gritos ¿Tiene todo esto que quedar nuevamente - y como hace ya más de 20 años - sin respuesta?
Por favor, no vengan después con el cuentito de la violencia. Que conste que desde hace demasiado tiempo en Argentina la violencia sigue golpeando desde mismo lado.
6.10.06
Bruselas - Tango - Bucarest
Estas ciudades del este tan al borde del abismo, agarrándose a Europa como a un mantel que se desliza para olvidar que están a punto de desplomarse en Asia... La bandera de la Comunidad Europea flamea desesperadamente por toda Bucarest, bonitas construcciones francesas con techos de pizarra intentan recordar que una vez esta ciudad fue "la pequeña Paris". Se impone una melancolía ligeramente similar a la de Buenos Aires, esa sensación nostálgica de ser y no ser, de estar tan cerca de la verdad y al mismo tiempo en el culo del mundo. Esta contradicción es fuente de magias.
Me remonto a un par de años y me corro un poco en el mapa, perdonen el racconto desprolijo. Recuerdo que más o menos para estas fechas pero en el 2004, paseando por uno de los jardines de Bruselas (Bruselas en cambio es una ciudad donde la magia existe, pero está súmamente cansada), mi dama y yo escuchamos una música lejana, pero inconfundible. Tango.
Nos acercamos y vimos en una de esas glorietas antiguas de piedra y verde musgo, varias parejas bailando bajo el cielo bruselense eternamente nublado. Casi todos belgas. Al presentarnos como argentinos nos invitaron a bailar con entusiasmo, pero vimos la gracia con la que bailaban las parejas belgas y tuvimos que resignarnos a decir que no, que no teníamos ni idea. Recuerdo una mujer de raza indefinida pero de piel muy negra, como si fuera una cruza de mulata e hindú, era muy raro verla haciendo esos pasos porteños mientras Corsini cantaba Ventanita Florida en un rinconcito de ese país francés, flamenco, europeo a rabiar.
Hace un par de meses, ya aquí en Bucarest y por la misma fecha paseábamos por el Parc Cismigiu, un jardín público muy parecido a aquel de Bruselas, éste con un lago grande. Y bien, en un momento mi dama y yo volvimos a escuchar esa música inconfundible, con la sensación de ligera alucinación que da percibir algo tan familiar cuando nuestros sentidos ya están acostumbrados a la cadencia de las lenguas extrañas. Nos acercamos y otra vez: parejas practicando tango y una voz porteñísima convirtiendo ese parque cerca de los Cárpatos en el lugar de una inesperada nostalgia argentina. Es curioso que haya sido en fechas cercanas, en parques muy similares, y en las dos ocasiones paseando juntos.
Otra vez nos acercamos incrédulos y una chica rumana se presentó hablando un español aporteñado - regalo de Buenos Aires - que exageraba las vocales finales (o quizás nos pareció eso a nosotros, ya acostumbrados como estamos al poco melódico español ibérico) mezclado con un acento rumano muy gracioso. Otra vez fuimos invitados, y otra vez tuvimos que negarnos ya con la sensación de que es una vergüenza che, todo el mundo lo baila y nosotros ni idea...
Así que el tango me persigue a donde voy. Bruselas, Bucarest. Se embosca y se insinúa de lejos. Paseo por esta ciudad del este y sus calles rotas, mal iluminadas, llenas de cables que entorpecen el cielo; sus desastrados Dacia junto a impresionantes Maserattis de nuevo rico que navegan entre casas viejas y edificios incongruentes, sus negocios de ropa chic frente a terrenos baldíos y sus bellas iglesias ortodoxas en las que siempre hay una boda.
Un perro ladra. Una chica pasa y me mira por un segundo como si me conociera.
El tango parece anterior al mundo.