
El Emperador Foo Kyu necesitaba un arquero, el mejor que hubiera tras la Gran Muralla, para cuidar de su persona y del Celeste Imperio.
Llegaron tres candidatos: el Arquero Rojo, el Arquero Negro y el Arquero Blanco que se postraron ante el Emperador y Foo Kyu les habló así:
- Escuchadme con atención, oh insectos molestos. Necesito que me hagáis una demostración de las habilidades que os hacen los mejores arqueros del Celeste Imperio. Pero lo que quiero no es simplemente una demostración práctica sino que además deseo me expliquen: por qué tiran como tiran, qué técnica utilizan y el fundamento de las acciones que desarrollan ¿Capito?
- Sí majestad. Nosotros, despreciables gusanos del barro, haremos exactamente lo que dices - dijeron a coro.
Una vez en el campo de tiro, se adelantó el primer participante.
El Arquero Rojo se preparó. Con un fluido movimiento de su brazo extrajo una flecha y la insertó en la cuerda. Sin detenerse y sin temblar en lo más mínimo sus músculos tensaron el arco y luego de una breve pausa sus dedos se abrieron repentinamente. El disparo fue recto, preciso y lineal. Blanco perfecto.
Los cortesanos se reunieron ante la flecha clavada en el centro puntual de la diana poniendo esas caras de asombro que saben poner los chinos (ojos abiertos que casi parecen occidentales, boca haciendo una "O", repetidos asentimientos de cabeza e inclinaciónes del tronco mirándose alternativamente entre ellos). Pero el Emperador, sin dejarse impresionar, se dirigió fríamente al Arquero Rojo y le habló así:
- Sin duda ha sido un buen tiro, pero yo quiero saber qué es lo que lo ha hecho un buen tiro, y quiero que lo expliques sin dudar.
El Arquero Rojo replicó respetuosamente:
- Hijo del Jade, he puesto mi vil persona a estudiar y entrenar durante toda mi vida en esta técnica: la posición del arco, las sutiles variaciones de ángulo, el trabajo sobre los movimientos una y otra vez hasta alcanzar el punto de máxima eficiencia en mi postura y la posición de mis miembros. También he estudiado los materiales que componen la cuerda, el arco y la flecha y sus propiedades como resistencia, tensión y nobleza. Yo, mísero gil de goma, he analizado los factores que influyen en la trayectoria como el viento y la presión. He estudiado arduamente física y geometría para dar con los modelos adecuados y los he sometido a riguroso examen probando una y otra vez, corrigiendo los defectos y volviendo a probar.
Luego de una pausa prosiguió:
- Mi camino no está sin embargo completo y jamás lo estará dado que soy un mero ser humano, un minúsculo ente que apenas supera el rango ínfimo de los dolobus. Sé que nunca alcanzaré la perfección, pero la perseguiré siempre. Apuntar, tirar y clavar son partes armónicas de un todo que se prefeccionará hasta el fin de los tiempos, cuando de mí no quede ni la camiseta.
El Emperador Foo Kyu lo miró fijamente unos segundos, inmutable, y luego aplaudió dos veces enérgicamente.
- ¡El siguiente!
El Arquero Negro caminó hasta el lugar de tiro. Sacó su flecha sin demasiada ceremonia, pero con decisión. Sorpresivamente desechó el arco y comenzó a caminar hacia la diana. Una vez situado a pocos centímetros de ella, alzó la flecha con su puño y la clavó decididamente, aunque aún así no logró hacer realmente centro.
Ante los cortesanos patidifusos, el Emperador interrogó al Arquero Negro:
- ¿Me puedes explicar qué has hecho?
- Puedo, oh Hijo del Cielo - indicó con los ojos bajos pero con seguridad el Arquero Negro - Acabo de clavar la flecha en la diana. Sin necesidad de los tortuosos métodos del Arquero Rojo, mi método consiste en ignorar enteramente las fatigantes estupideces con las que mi predecesor te ha aburrido. Hay que clavar una flecha y clavada está. Eso has pedido y eso te he dado, junto con mi sencilla y directa explicación.
- Pero no has dado en el blanco - replicó el Emperador.
- Es mi predecesor quien no ha dado en el blanco - replicó inmutable el Arquero Negro. - El blanco se encuentra precisamente donde yo he querido clavar la flecha. Lo que marque la diana es irrelevante: no tengo la menor necesidad de probar que soy capaz de dar en un blanco cuya ubicación puedo determinar yo mismo aludiendo a razones de orden superior. Por eso apuntar la flecha es superfluo y tirar también. Apuntar es absurdo. Tirar es absurdo. Lo importante es clavar la flecha, poco importa cómo o dónde.
El Emperador no dijo nada, pero algunos cortesanos creyeron entrever una imperceptible sonrisa en la comisura de Foo Kyu. Nuevamente hizo sonar sus palmas.
El Arquero Blanco se presentó en el lugar de tiro. Sacó cuidadosamente la flecha y apuntó.
Se mantuvo en la posición unos segundos y luego, al parecer insatisfecho, corrigió su postura. Luego de unos segundos volvió a apuntar. Tampoco esta vez pareció satisfecho. Apuntó nuevamente.
Pasó un minuto y el Arquero Blanco seguía apuntando. Cambiaba el arco de posición, incluso de manos, y variaba su forma de pararse pero no se decidía a tirar.
Pasaron tres minutos.
Pasó media hora.
Con los cortesanos medio dormidos, Foo Kyu se dirigió al Arquero Blanco preguntándole cuándo tenía pensado tirar. El Arquero Blanco miró al Emperador con gran sorpresa:
- Sublime Alteza, no tengo ninguna intención de tirar.
- Pero si no piensas tirar ¿para qué apuntas?
- Majestad - dijo el Arquero Blanco sin asomo de turbación - mis predecesores son idénticos en su ridículo afán de clavar una flecha, minúsculo objetivo equiparable a las más inocuas forradas. En un sitio o en otro, de una manera o de otra ambos son vulgares clavadores de flechas. Yo me dedico a la sublime e incomparable tarea de apuntar. Apuntar perpetuamente. Lo que marque la diana es irrelevante: no tengo la menor necesidad de probar que soy capaz de dar en un blanco cuya ubicación será por otra parte eternamente discutible. Por eso tirar la flecha es superfluo y clavarla también. Tirar es absurdo. Clavar es absurdo. Lo importante es apuntar, poco importa para qué.
Otra vez Foo Kyu no dijo nada, pero por algún motivo parecia levemente complacido.
Al día siguiente los tres arqueros se presentaron ante el Emperador y oyeron lo siguiente:
- Os he visto y os he escuchado. Ahora debo decidir de acuerdo a vuestras habilidades qué haré con vosotros.
Foo Kyu se dirigió al Arquero Negro:
- Arquero Negro, tienes brillantes cualidades. Si bien como arquero no podría emplearte contra mis enemigos a riesgo de que me transformen en brochette, me eres indispensable en un puesto capital. Serás Sumo Sacerdote de la Iglesia Unica y Posta y aplicarás tu recta filosofía para instruir al vulgo indocto acerca de cuál es la Verdad y cómo llegar a ella.
Se dirigió al Arquero Blanco:
- Arquero Blanco, tienes brillantes cualidades. Si pretendiera emplear tus habilidades de arquero para defender mi persona sin duda terminaría con más agujeros que el presupuesto del Estado, pero en cambio me eres indispensable en un puesto capital. Serás Ministro de Cultura y Posmodernismo Aplicado y dedicarás tus afanes a enseñar a las masas el camino para devenir un intelectual reconocido en los medios.
Por último se dirigió al Arquero Rojo:
- Tu, infame criatura, rastrera sabandija, guachijodepú; eres más peligroso que un perro rabioso. Tu disolvente filosofía es un peligro para cualquiera que se acerque a tí, y tus torcidas doctrinas deben permanecer alejadas de la feliz masa del pueblo. Te irás a la última torre de la Gran Muralla a disparar flechas, pero antes te haré cortar la lengua para evitar que tus ponzoñosas ideas contaminen siquiera el viento que sobrevuela tu irreverente cabeza.
Y dicho esto se retiró a sus aposentos a continuar con su reinado, que fue muy largo y muy feliz. Para él, claro.













No se olvidó del fulbito, aquí reconozco la cara de Pelé, Maradona también está:



